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Internetitis
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Así como ante al surgimiento de
la televisión se elaboraron conjeturas en relación
con los supuestos efectos perjudiciales que ocasionaría
en el individuo, la exposición constante ante dicho
artefacto, algunos especialistas se han dedicado a estudiar
la fiebre alta que tienen algunas personas en relación
con el uso de Internet. Al fenómeno de estar conectado
permanentemente a la red ya se le puso nombre, se le denomina
"desorden compulsivo on line", según
revela una información publicada en el diario argentino
Clarín.
Se dice que quienes viven chateando, enviando correos y navegando
(más de 10 horas al día), pueden presentar trastornos
en el nivel de concentración, productividad y creatividad,
así como pérdida de la memoria y de la inventiva.
Sin embargo, no todos se unen a la comparsa que afirma que
Internet produce adicción. Otros prefieren pensar que,
más bien, los hiperconectados, sólo presentan
conductas compulsivas, cuyos efectos no trascenderían
más allá de aquellos más obvios como
el sedentarismo y la disminución en la relaciones interpersonales.
De ser ciertos estos diagnósticos, como que no hay
mucho para donde correr, así que, prudencia, pues.
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Otra vez a la carga

Criticada por muchos, amada por otros. Se le
cuestiona su literatura que, dicen, se vale de recursos demasiado
parecidos a los utilizados por García Márquez. Se
le admira su trabajo prolífico y su talento creativo. Se
le critican sus opiniones polémicas (dijo que no le gustaba
la obra de su compatriota Roberto Bolaños); se le reconoce
su constancia y, sin duda, su éxito.
Con diez novelas en su haber, más su biografía, Mi
país inventado, la escritora chilena, Isabel Allende,
decidió escribirle a un público al que no le había
coqueteado antes: el juvenil. Algunos dijeron que la narradora vio
en ese target un terreno fértil, a juzgar por el éxito
comercial de la saga de Harry Potter; sin embargo, la escritora
salió al paso negando la especie. Argumentó que decidió
adentrarse en los temas de aventuras juveniles, como una manera
de darse un "respiro" y "volver al realismo mágico
que no había empleado por muchísimos años".
De manera pues que se lanzó a escribir una trilogía
que se inició con La ciudad de las bestias (2002),
donde los protagonistas son dos jóvenes adolescentes, Nadia
y Alexander, quienes viven una aventura en la selva amazónica,
lugar donde llegan a conocer a una tribu de indios que vive como
en la Edad de Piedra y que dominan el arte de hacerse invisibles.
Ahora, Allende entrega la segunda parte de esta historia a la que
bautizó como El reino del dragón de oro. La
novela (Editorial Sudamericana) traslada a los protagonistas a las
montañas del Himalaya para que entren en contacto, en esta
oportunidad, con la sabiduría de los monjes budistas y su
mundo milenario. "Es una aventura fascinante", señaló
la autora de la obra, quien ya concluyó la tercera parte
de la trilogía, En los bosques de los Pigmeos, el
cual se editará próximamente.
En el reino del dragón de oro, vale comentar, fue
presentado en Chile, tierra natal de Isabel Allende, como una manera
de saldar sus deudas pendientes con el país que la vio nacer,
y del cual emigró hace 30 años. País que, por
cierto, la fustigó cuando se mencionó su nombre como
posible ganadora del Premio Nacional de literatura de Chile. ¿Profeta
en su tierra?
Ver también en Protagonistas:
- Esta noche con
los Emmys
-
De nuevo con los Fisher
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