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Julianne Moore y Dennis Quaid
han sido alabados por su actuación en Lejos del cielo

El regreso del melodrama
Diego Lerer

Finalmente llega a las pantallas del país, el 24 de este mes, uno de los filmes más laureados de 2002: Lejos del Cielo (Far from Heaven) del realizador Todd Haynes. Todo un rescate del melo, género que encuentra en Almodóvar a su más firme aliado.

En Un cine visceral, su libro de conversaciones con Frédéric Strauss, Pedro Almodóvar ofrece un extraordinario ejemplo para entender el espíritu melodramático. "Estoy en un lugar y veo en un televisor a una señora que está diciendo: 'Fulanito ha muerto'. Esa es la primera línea, la de la realidad directa. La segunda, la que yo quiero ver, tengo que escribirla. Allí la presentadora dice: 'Fulanito ha muerto y yo sé quien lo ha matado, porque lo he matado yo'".
El melodrama no ha muerto sino que planea su regreso triunfal. Nunca desapareció del todo, de hecho, sólo que ha mutado y hoy duerme cómodamente en los anales de la televisión por entregas. En el cine parecía brillar por su ausencia. En estos tiempos cínicos, en los que la relectura irónica no parece permitirnos que nos tomemos en serio a sus personajes exaltados con sus desventuras lacrimógenas, el melodrama no parecía encontrar su lugar.

Un clásico del cine mudo, Amanece, de F.W. Murnau, quien aportó a Hollywood la tradición alemana en la materia
Barbara Stanwyck era una de las heroínas de los años treinta que sufría con glamour
Josef von Stemberg se conoció por sus filmes junto a Marlene Dietrich. Marruecos protagonizado por Dietrich, es todo un clásico del melodrama


Tal vez no se trate de otra cosa que de la casualidad. Todd Haynes, el director de las interesantísimas películas Safe y Velvet Goldmine, tiró en 2002 una bomba retro en Hollywood. Se trata de Far from Heaven (Lejos del cielo), un melodrama hecho y derecho que remeda a los clásicos de los años cincuenta del gran Douglas Sirk. De hecho, su argumento parece una combinación precisa de dos clásicos como Imitación de la vida y Lo que el cielo nos da. Muchos críticos la consideraron como lo mejor de 2002, y contó con cuatro nominaciones a los premios Oscar (Actriz principal, Guión original, Dirección de fotografía y Banda sonora). Los halagos recayeron muy especialmente en la pareja protagónica -Julianne Moore y Dennis Quaid- en los papeles de una ama de casa que un día descubre a su marido perfecto abrazado con otro hombre.
Pero fuera de las fronteras de Hollywood el género nunca terminó de morir. Y si bien habría que escribir otro artículo para centrarse en el melodrama iberoamericano, vale destacar la cada vez más profunda y menos irónica dedicación de Almodóvar al género, desde La flor de mi secreto hasta Hable con ella, con sus personajes que liberan bien merecidas lágrimas. Y la de Arturo Ripstein, que en su universo único e inclasificable sigue lanzando misiles conceptuales y trágicos como el reciente La virgen de la lujuria, que es un voluptuoso (aunque digital) monumento a las pasiones contrariadas.
"El melodrama es la forma narrativa más degradada que existe -dice Haynes-. Vivimos en tiempos de ironía y de exceso de psicologismo. Lo que me interesa de los melodramas es que son prepsicológicos. Si mi película hubiese sido hecha para la televisión, me imagino que al final tendrían que ponerle una escena en la que el personaje de Julianne Moore le diga a su mucama: 'Sabes, he pasado mi vida pendiente de los hombres, y ya es tiempo de...'. En el melodrama clásico los personajes se quedan extrañamente callados, no articulan lo que ven ni lo que aprenden. Sólo queda un espacio a llenar con música, color o movimientos de cámara".
Almodóvar coincide: "El género al que más le ha hecho mal la televisión es el melodrama. Lo ha distorsionado y subvertido. Si haces un melodrama corres el peligro de que te identifiquen con ello, pero hay que luchar contra ese prejuicio".

La actriz que hizo la transición del melodrama entre los treinta y los cuarenta fue Bette Davis, llamada "la reina de las películas para mujeres" Olivia de Havilland marcó toda una época con su interpretación en La Heredera de William Wyller El director William Wyller brilló con sus filmes en los años cuarenta


El género -clave en la historia del cine de los años veinte hasta los primeros sesenta en sus distintas variantes- dejó de ser producido por Hollywood. ¿Los motivos? Varios. Los críticos y politizados años sesenta no se llevaban del todo bien con los conflictos íntimos y burgueses del melodrama, su estética preciosista de estudio de filmación, y sus habitualmente conformistas posturas morales.
De hecho, hoy el término melodrama se usa casi de manera peyorativa para describir comportamientos, personajes o hasta filmes cuyos excesos dramáticos superan y por mucho los límites del realismo psicológico. Su artificialidad los convierte en objetos extraños, que sólo pueden ser reapropiados mediante una mirada retro, cargada de guiños cómplices. Pero no todos lo ven así. "Las emociones que uno provoca tienen que ver con la realidad de uno mismo, su propia sensibilidad -continúa Almodóvar-. Para mí, una película es siempre una representación y en la representación siempre hay artificio".

James Cameron, en Titanic,
supo adaptar en los noventa los conceptos del deseo
prohibido en el marco de
una sociedad restrictiva

Desde La flor de mi secreto hasta Hable con ella, Pedro Almodóvar se
ha destacado por su cada vez más profunda y menos irónica dedicación al género

Haynes, por su parte, aclara que, más allá de su interés por el género, lo que él quiso hacer es "una película para llorar y a la que puedas llevar a tu abuela. Mi película es lo opuesto a Belleza americana. Muchos filmes de hoy le hacen el juego al cinismo y nos dan excusas para no entregarnos emocionalmente a los personajes. Pero el que sufre así es el sentido. Para que una película tenga sentido, el espectador tiene que poder comprometer sus sentimientos. Lo que quiero es que mi película reavive esa clase de compromiso".
Pero lo suyo no es un pastiche hecho con retazos del pasado: es una apuesta política, que compara directamente a los Estados Unidos de Bush con aquellos de Eisenhower. "Creo que no hay tantas diferencias entre ahora y los años cincuenta en Estados Unidos -dice-. No hay más que abrir un diario hoy para preguntarse si realmente hemos progresado tanto como creemos. Mirando el filme creo que es fácil reconocernos y vernos como estamos como sociedad". l Clarín

Llorar de buena gana
1) Julianne Moore, Todd Haynes,
Dennis Quaid y Dennis Haysbert
2 y 3) Afiches de dos de los filmes
más alabados de Haynes
4) El director en acción
Hacía mucho tiempo que la prensa norteamericana no se deshacía en elogios unánimes como los que recibió la última propuesta de Todd Haynes, Far from Heaven (Lejos del cielo).
El director, surgido del cine independiente, se destacó en los años noventa por películas
como Poison, Safe (A salvo), una magnífica metáfora sobre una mujer (Julianne Moore) víctima de una enfermedad inexplicable, y la extravagante y tierna Velvet Goldmine, centrada en leyendas del glam rock como David Bowie e Iggy Pop.
Far from Heaven es la historia de los Whitaker, Cathy (Moore) y Frank (Dennis Quaid), una pareja perfecta de un suburbio de Connecticut. Se les conoce socialmente como Mr. and Mrs. Magnatech, ya que él es un alto directivo de una compañía que manufactura televisores así llamada. Tienen, claro, dos hijos bellísimos. Pero la placidez de la pareja se resquebraja cuando ella lo descubre en brazos de otro hombre. Angustiados por lo que llaman "la enfermedad de Frank", deciden tratar de curarlo. Pero, claro, las cosas se complican y él empieza a beber. Ella, buscando consuelo, empieza una relación afectiva, tímida y tierna, con Raymond (Dennis Haysbert), su jardinero negro. En poco tiempo, la familia Magnatech se transforma en parias de
la ciudad. Y ella sufre en soledad. Y llora. Y llora todo el público también.
"Como lo hizo antes Sirk, Haynes usa el melodrama para descubrir lo que se esconde debajo de la superficie de las cosas, exponiendo las rajaduras del ideal norteamericano -escribe Manohla Dargis en Los Angeles Times-. Lo que hace Julianne Moore está más allá de los parámetros de lo que llamamos una gran actuación. Lo suyo no entra en ninguna categoría.
Su Cathy quiere lo que todos quieren: abrazar y ser abrazada, amar y ser amada. Y aunque no haya nada más simple que eso, tampoco hay nada más profundo. Haynes lo sabe y es por eso que Cathy puede estar lejos del cielo, pero nunca fuera de su abrazo".
En la otra costa, el crítico del New York Times, A.O. Scott, también se desvivió en elogios. "Lo que logra el filme es redescubrir a una humanidad que sufre y desea en un género y un período a menudo sujeto a la parodia o a la apropiación irónica -escribe-. En una palabra, es un filme divino".
Pues, bien, finalmente podremos soltar nuestras lagrimitas también en Venezuela.

Ver también en Encuentros:
- Gloria Estefan
- Everybody Loves Raymond

 
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