En el Teleférico de Caracas, Maripérez
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ELIA SCHNEIDER
Directora de Punto y Raya (2005) y de Huelepega (1999), usa a la capital como el punto de partida para cada uno de sus filmes
Por Johan M. Ramírez
Foto: Natalia Brand
Ya que no puede usar la ciudad entera como quisiera, Elia Schneider se vale del cine para fantasear y, así, en su imaginario de 35 milímetros, vuela sobre Caracas, la camina, la reconstruye, la idealiza y hace de los grandes monumentos capitalinos insospechados lugares para estar toda la vida, como soñaba de niña. "Muchas veces es un trabajo inconsciente que sólo entiendo luego, cuando analizo por qué escogí tal locación o tal ángulo", dice quien, con cerca de 70 premios, es la realizadora más laureada del cine venezolano. Schneider fue productora de películas como Sicario, El Don, Oro Diablo, y directora de Punto y Raya, Des-Autorizados y Huelepega, uno de los filmes más polémicos que se han hecho en el país.
"Eso fue muy importante para mí porque, como parte de la investigación, debí estar casi un año visitando a niños de la calle -dice. Me iba a una construcción en la avenida Andrés Bello donde vivían algunos, y pasaba horas hablando con ellos". También visitaba el barrio El Setenta (cerca del Cementerio General del Sur), las márgenes del Guaire y hasta La Bonanza. Por eso suelta sonoramente: "Yo conozco los intestinos de Caracas".
"Esa ciudad está oculta bajo la urbe que conocemos, y cobra vida a partir de las 12 de la noche. Es inimaginable". Por esos días recuerda haber visitado la casa de un indigente que vivía junto al Guaire; le impresionó verla desde adentro, el lugar donde dormía, la cocina, la comida, los clósets, su ropa "de trabajo", pues, cuenta como anécdota, ellos usan un atuendo especial para pedir dinero. "Es como una suerte de uniforme", apunta.
"Yo soy así, como una autómata que sólo va a los centros comerciales y a los restaurantes que conoce... de allí no salgo, mi ciudad
es pequeñita" |
También pasó días en La Bonanza, un sitio recurrente para ella (en sus tres filmes ha incluido basureros). Allí reconoció un arcoiris de olores capitalinos, desde la inofensiva fetidez hasta la pestilencia más macabra. "A eso huele La Bonanza: a muerte", señala. "Allá grabamos muchas escenas de Huelepega y vimos otra realidad absolutamente caraqueña, familias que viven en ese horizonte de desechos y derroche".
Tras semejantes experiencias, Elia cree que una parte de Caracas se integró a su vida, y se pregunta con frecuencia: "¿Cómo pude ignorarla por tanto tiempo?".
Pero la ciudad, como tema, siempre ha estado en su carrera. En 2000 escribió Rooms, una obra que planteaba su visión de esta urbe: "El escenario era una gran prisión donde tres mujeres vivían encerradas en sus vidas. Una planchaba, otra era carnicera y otra contadora de basura. No se veían ni se hablaban, eran como autómatas", describe. Y se lamenta al llegar a una conclusión que la sorprende por un segundo: "Actualmente también yo soy así, como una autómata que sólo va a los centros comerciales y a los restaurantes que conoce… de allí no salgo, mi ciudad es pequeñita", dice.
Justo por eso fantasea a Caracas en el cine, descubriendo en estas calles un set incomparable, vital, caótico, "kafkiano", una caja de sorpresas llena de luz, color y locura. "Filmar acá me apasiona por lo arquitectónico, lo espacial, las formas, la gente y la particular iluminación natural, ninguna urbe es como esta", afirma.
Por eso opta siempre por exteriores para grabar. En Des-Autorizados se fue, incluso, a las memorias de su niñez, a El Calvario y al Hotel Humboldt, y los convirtió en las insólitas viviendas de sus personajes. "Después entendí porqué lo había hecho: cuando era pequeña moría por pasear en esos lugares. Por mí, habría vivido en ellos para siempre. Ves, mis películas reflejan mi Caracas ideal".
johan_ramirez3@hotmail.com
Asistente de fotografía: Anita Carli
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