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Vanessa Peretti
En boca de todos

Esta morena, de 20 años, hará historia al convertirse en la primera candidata sorda que participe en el Miss Venezuela. ¿Ventaja o desventaja? Da igual: ella ya se siente ganadora. Pablo Blanco. Fotos: Natalia Brand

“Siempre fue una niña coqueta, alegre y cariñosa. Desde que yo me acuerdo, le encanta ver el Miss Venezuela, es un programa que la hipnotiza”.

“Es cierto, su ídolo es Osmel Sousa. Cuando lo conoció, lloró”.

“Ella es bastante echadora de broma, ahí donde la ves con su carita de yo no fui. Además, le encanta bailar. Me ha dicho que siente el ritmo por las vibraciones del piso. Si va a una fiesta no toma, no come, pero ¡cómo baila!”.

“Es como un robot, toma las indicaciones que uno le da para la pasarela y las repite a la perfección. Una concursante en condiciones normales quizás no lo haría tan bien”.

Los testimonios anteriores describen a Vanessa Peretti, Miss Sucre 2006. Esta bella morena es sorda de nacimiento. Es por ello que sus ideas “se escuchan” en la voz de sus interlocutores; en este caso, su mamá, su profesora y sus tres asesores: los dos que la descubrieron en su Cumaná natal y el que la está preparando para concursar en el próximo Miss Venezuela.

Su historia, por donde se le mire, posee un guiño telenovelero o, en el mejor de los casos, puede conformar un buen guión para Hollywood: tiene 20 años, creció en Cumaná y, desde muy pequeña, ha sido una fiel aficionada a los concursos de belleza y modelaje. Hoy día su sueño se hizo realidad: obtuvo la aprobación de Osmel Sousa para participar en el certamen más famoso de bellezas criollas. Su madre, Edith Peretti, asustada por los prejuicios e “historias verdaderas” que existen en torno al mundo del espectáculo, no era muy simpatizante de que su Vanessa incursionara en estas lides. Es el mismo temor que le causaba el hecho de que dejara de estudiar en un instituto de educación especial. 

Una chica tímida. “Ella cursó primaria en la Escuela Especial de Cumaná. Al culminar sexto grado, las maestras me llamaron y me dijeron que la muchacha estaba en condiciones de estudiar en un liceo normal. La idea me aterraba, ¿cómo se iba a desenvolver?, o ¿qué haría si se metían con ella?; eran tantas cosas... Afortunadamente la experiencia fue grata, aunque debo mencionar que, en parte, gracias al apoyo que me brindó la profesora Judith Millán del Equipo de Integración Social, un servicio docente del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes que ofrece su ayuda, de manera gratuita, a niños y jóvenes con discapacidades. Su aporte, en este caso, fue asesorar a todos los profesores que tuvo Vanessa para que supieran cómo impartirle los conocimientos. La acompañó hasta que se graduó —el año pasado— de técnico medio en Informática en la Unidad Educativa Modesto Silva”. La profesora Millán, quien tiene una especialización en Dificultad del Aprendizaje, recuerda gratamente esta experiencia: “Tengo que aclarar que esta joven no es muda, por lo cual el término sordomuda, en este caso, es incorrecto, es más adecuado decir que ella presenta una deficiencia auditiva. Las personas que poseen esta discapacidad tienen un nivel cognitivo normal, por lo cual no es inusual que se les vea asumir los retos personales y profesionales que puede tener cualquier otro individuo. Claro que Vanessa siempre ha contado con el apoyo de su familia y eso es vital para que haya podido superarse como lo ha hecho”.  

Agrega la señora Peretti que a  su hija nunca le gustó ponerse aparatos para la audición porque le generaban dolores de cabeza. Tampoco ha sido asidua a emplear el lenguaje clásico de los sordos, pues no le resulta atractivo. Prefiere crear su propio idioma, con el que se ha hecho entender desde que tiene uso de razón, pasando por “chica tímida”. “Es que la gente no se da cuenta de su problema hasta que tiene ya rato comunicándose con ella”. El apellido Peretti es de ascendencia francesa y pertenece al bisabuelo materno de esta exótica joven. La señora Edith explica que compartió la crianza de Vanessa con su propia madre: “Una abuela que consiente mucho a la niña”, según comenta.

A tres voces. La casa donde se llevó a cabo este encuentro es la sede de Princesa de Venezuela, una empresa que colabora permanentemente con la Organización Miss Venezuela y que, entre otras cosas, se encarga de hacer castings regionales para captar modelos y reinas de belleza. Allí se prepara Vanessa para el certamen. Al traspasar sus puertas, el espacio simula una suerte de “culto” a la belleza criolla. Más de una decena de portarretratos dorados y plateados albergan los maquillados rostros de recientes concursantes de la llamada Gala de la Belleza. En una mesa central resalta, entre las demás, la cara de Jictzad Viña, Miss Venezuela 2005, quien antes también portaba la banda de Sucre. De hecho, fue ella quien coronó recientemente a Vanessa como la nueva representante de ese estado. ¿Correrá esta última con la misma suerte? Es muy pronto para hacer apuestas.

En todo caso, y volviendo al motivo de la visita, el preámbulo maternal ya indicaba que entender a Vanessa sin la presencia de un intérprete especializado no iba a ser tarea difícil. No obstante, al principio costó un poco romper el hielo. ¿Cómo “hablar” con una persona sorda? La respuesta estaba a la vista: Esteban Velásquez, Luis Enrique Lemus y Jesús López, quienes literalmente hicieron “maromas” para traducir lo que la simpática candidata quería expresar.

Estos tres caballeros son los que se han entregado en cuerpo y alma a la preparación de Peretti. Tanto, que hasta se han amoldado a un lenguaje corporal que la joven creó exclusivamente para ellos: una seña con las manos a la altura de la barbilla se refiere al largo del cabello liso de Velásquez, quien es el director de Princesa de Venezuela. Otra seña con las manos a la altura de los pómulos recuerda el corte de pelo de López, quien junto a Lemus —cuya seña es una “inflada” de cachetes, dada su contextura rellena— regenta la Fundación Reinas de Sucre, donde la joven fue descubierta como modelo y coronada como representante de la región para el Miss Venezuela. 

La candidata, llena de una elocuencia gestual impresionante, regañaba a estos amables personajes y se desesperaba cuando no la entendían, aunque lo que más hizo fue reírse sin parar del aparatoso comienzo. El rato fue, por demás, ameno. Minutos después, en efecto, el intérprete experto ya no hacía falta, ella se hace entender. Su belleza habla por sí sola. 

Reinventada. Durante este encuentro lo que sonaba de fondo no era precisamente el famoso estribillo de “En una noche tan linda como esta…”, sino un reproductor que repetía incesantemente un tema reggaetonero cuyo coro no paraba de decir, como si se tratara de un mantra, la misma palabra: “Olvidarte… olvidarte… olvidarte…”. A los pocos minutos, ya se dejaba colar. Además, Vanessa acaparaba toda la atención. Muy a su manera dejó entrever que es dueña de un gran sentido del humor. Entre otros “chistes” contó que, minutos antes de la entrevista, estaba luchando para desmontar un complicado peinado que le habían hecho en la peluquería para esta sesión de fotos.

Ciertamente, el copete no era lo único que le había complicado la comodidad, también grandes atuendos y un vestuario que la obligaba a cierta rigidez postural. Pero no hubo mayor complicación para reinventarla: a los pocos minutos se despojó de sus zarcillos, de sus zapatos y literalmente se “soltó el moño”. El resultado permitió descubrir un físico al natural, aún más interesante, y con un derroche de actitud se lanzó a posar ante el lente de la fotógrafa. 

Tras la meta. Vanessa es puntual en sus observaciones. Así lo hicieron saber ella misma y sus tres principiantes “traductores”. De momento no quiere entrar en temas amorosos ni ponerse a pensar en qué haría si obtiene la corona. Sin embargo, no estaba de más “jugar” a uno de esos momentos culminantes del Miss Venezuela: el interrogatorio final. Porque cualquiera de estas preguntas le podría tocar...

¿Por qué decidiste participar en un concurso de belleza?
“Porque Osmel me escogió y porque más adelante quiero incursionar en el modelaje; este evento representa toda una escuela para esa profesión. Me encanta posar para fotografías, desfilar en la pasarela y aparecer en revistas. Además del Miss Venezuela soy fanática del canal Fashion TV”.

¿A qué le temes?
“A nada. Soy una mujer fuerte”.

¿Qué cambiarías de tu físico?
“Me gusta todo mi cuerpo así como está”.

¿Cómo eras cuando estabas pequeña?
“Bonita. Feliz”.

¿Cómo ha sido para ti participar en el Miss Venezuela?
“Muy fuerte. Me levanto todos los días a las 6:00 de la mañana, voy al gimnasio, hago dietas y tengo ensayos de las coreografías. También ha sido muy lindo cuando voy de visita a Cumaná, todo el mundo me felicita. Mientras estoy aquí me mandan mensajes de texto a mi celular dándome ánimos para el concurso”.

¿Qué te gustaría hacer por Venezuela?
“Demostrarle a las personas sordas que nosotros también podemos hacer nuestros sueños realidad”.

Al final de este encuentro se supo que Vanessa sería apoyada, en el concurso, por una intérprete de la Asociación de Sordos de Venezuela, organismo que, al enterarse de su participación, se puso totalmente a la orden para lo que la joven necesitase antes y durante el certamen. En septiembre, el país escuchará su voz. l

pblanco@eluniversal.com

 

 

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