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Recuerdos falsos

Usted fue secuestrado por alienígenas, vio a Bugs Bunny en Disneylandia y luego viajó en un globo aerostático. ¿Que no hizo nada de esto? Es posible que sean recuerdos implantados. Laura Spinney

Alan Alda no tenía nada contra los huevos sancochados hasta la primavera pasada. Luego el actor, mejor conocido por interpretar al personaje Hawkeye en la serie televisiva MASH, visitó la Universidad de California. En su nuevo papel como presentador de una serie sobre ciencia en la TV estadounidense, Alda estaba explorando el tema de la memoria. Los investigadores le mostraron las instalaciones y luego lo invitaron a un picnic en el parque. Cuando le llegó la hora de marcharse, había desarrollado una aversión hacia los huevos sancochados debido a un recuerdo de haberse enfermado de niño por comerlos -algo que nunca ocurrió.

Sin querer, Alda fue el conejillo de Indias de Elizabeth Loftus, psicóloga de la universidad que ha estado obsesionada con el tema de la memoria y la falta de confiabilidad en la misma desde que Richard Nixon fue juramentado presidente de EEUU. Al principio de su investigación invitaba a personas a su laboratorio, les mostraba accidentes de tránsito simulados, les proporcionaba información falsa, les hacía preguntas capciosas y encontraba que luego recordaban los detalles de la escena del accidente de distinta manera -un descubrimiento que desde entonces ha sido repetido cientos de veces.

Más recientemente, la científica ha llegado a creer que los estudios de laboratorio pueden subestimar la capacidad de sugestionarse de la gente porque, entre otras cosas, las emociones de la vida real tienden a ser más intensas que las simulaciones de la realidad. Así que en la actualidad lleva sus investigaciones fuera del laboratorio. En un estudio, Loftus y sus colegas describen cómo una pequeña información errónea condujo a testigos de un ataque terrorista ocurrido en Moscú en 1999 a recordar haber visto animales heridos en las cercanías. Más tarde les informaron que no había habido animales. Pero antes de indicarles esto, los testigos incluso adornaron los recuerdos falsos con detalles inventados, y uno declaró haber visto un gato que sangraba y yacía sobre el piso.

"Fácilmente podemos distorsionar los recuerdos de los detalles de un acontecimiento que experimentamos", dice Loftus. "Y también podemos llegar hasta el punto de implantar recuerdos totalmente falsos; los llamamos 'recuerdos falsos enriquecidos' porque son muy detallados y extensos".

Loftus ha convencido a personas de aceptar recuerdos falsos -por ejemplo, que a la edad de cinco o seis años tuvieron la inquietante experiencia de estar perdidos en un centro comercial-, además de recuerdos improbables, tales como haber presenciado una posesión demoníaca o haber tenido un encuentro con Bugs Bunny en Disneylandia. El famoso Conejo de la Suerte es un personaje de Warner Brothers.

La investigación de Loftus tiene implicaciones obvias para la confiabilidad del testimonio de testigos oculares. En 1994, como resultado de sus investigaciones, adoptó una posición firme en el debate que surgió en los años noventa sobre la recuperación de los recuerdos, posición por la cual la denigraron quienes afirmaban que habían desenterrado recuerdos reprimidos de abusos -bien sean sexuales, por parte de seres alienígenas o de otro tipo.

La Asociación Estadounidense de Psicología ahora asume la posición de que la mayoría de las personas que fueron objeto de abuso sexual en su niñez recuerdan todo o parte de lo que les ocurrió, y que es raro (aunque se conocen casos) que la gente olvide tales eventos de alta carga emocional y luego los recupere. Pero la asociación afirma que, "en cuanto al tema de un recuerdo recuperado en contraposición con un recuerdo falso, al igual que muchas cuestiones en la ciencia, la respuesta final aún se desconoce". El debate continúa caldeándose. Varias clases de evidencias sugieren que la interacción entre recuerdo y emoción es más compleja de lo que se pensaba. Emociones poderosas, al parecer, pueden tanto reforzar como debilitar los recuerdos reales. Podemos ser capaces de reducir la importancia de recuerdos dolorosos. Además, los recuerdos falsos, una vez aceptados, pueden evocar fuertes emociones e imitar por tanto los sentimientos reales.

En un intento de aclarar estas complejas relaciones, el psicólogo Daniel Wright y sus colegas en la Universidad de Sussex han estado estudiando qué hace que algunas personas sean más susceptibles a los recuerdos falsos que otras. En promedio, los estudios muestran que cerca de una tercera parte de los individuos sometidos al "efecto de información falsa" adoptan total o parcialmente un recuerdo falso, pero ello parece depender tanto de la persona como del recuerdo. Alan Alda se tragó la historia del huevo sancochado, al punto que rechazó uno en el picnic realizado en la universidad, pero no aceptó lo de ver a Bugs Bunny en Disneylandia. En un estudio publicado el año pasado, 50% de los voluntarios fueron persuadidos de que habían realizado un paseo en un globo aerostático, aunque en realidad nunca lo habían hecho. Pero cuando Kathy Pezdek, de la Claremont Graduate University, trató de hacer creer a la gente que les habían introducido un edema rectal, encontró una resistencia casi universal.

En medio de toda esta variabilidad, el grupo de Wright encontró una correlación significativa, aunque no impresionante: quienes eran más vulnerables a los recuerdos falsos también tendían a sufrir fallas de atención y memoria. Según el investigador, el problema es que "la gente que ha sufrido un trauma también tiende a tener un mayor puntaje en las pruebas sobre fallas de memoria". Su experiencia traumática puede contribuir a su falta de memoria, aunque sus olvidos pueden dejar a estas personas propensas a la distorsión de recuerdos -por lo que verdadero y falso se tornan más difíciles de distinguir.

Entre los síntomas que sufren las víctimas de desorden de estrés postraumático (DEPT) se encuentran flashbacks escalofriantes. Sin embargo, Michael Anderson, de la Universidad de Oregon, señala: "La gente que sufre DEPT representa una fracción muy pequeña de las personas que experimentan traumas. La gran mayoría de la gente que pasa por un trauma nunca desarrolla DEPT y finalmente llega a adaptarse de cara a estos acontecimientos". Asevera que estas personas lo logran al suprimir el recuerdo y que tal supresión gradualmente borra el trauma.

Dos años atrás, el grupo de Anderson mostró que a las personas que deliberadamente tratan de mantener una palabra fuera de sus mentes les cuesta más recordarla posteriormente que si no la hubieran suprimido. Aunque la intuición dicta lo contrario, esta forma de olvido parece tender a ocurrir más cuando la gente es confrontada por elementos que le recuerdan justamente la experiencia que desean evitar.

Anderson dice que un ejemplo extremo de esto puede ser un niño que es obligado a vivir con una persona abusiva y debe poner el recuerdo del abuso a un lado a fin de interactuar con esa persona. "Si la gente continúa trabajando en ello, la cantidad de olvido aumenta con la repetición y el tiempo", indica.

En la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Neurociencia, Anderson y sus colegas presentaron nuevos datos sobre cómo este "olvido motivado" puede desarrollarse en el cerebro. Cuando la gente trató de suprimir los recuerdos de ciertas palabras al tiempo que sus cerebros eran explorados digitalmente por una máquina de imágenes por resonancia magnética, los investigadores no sólo observaron una disminución de la actividad del hipocampo, una estructura que se sabe es crucial para la formación de recuerdos, sino que también la corteza frontal estaba muy activa. Dado que la corteza frontal es importante para el control consciente, creen que las neuronas de esta región pueden estar suprimiendo la representación de la palabra indeseada en el hipocampo y, en el proceso, obstaculizando su recuerdo.

Sin embargo, Anderson admite que su experimento no toma en consideración el efecto de la intensidad emotiva de un recuerdo en la capacidad de una persona de suprimirlo. Por otra parte, hay mucha evidencia de que los recuerdos de acontecimientos con una alta carga emocional pueden ser realzados. Entre tanto, Bryan Strange, del University College London, y varios de sus colegas mostraron que las personas tendían más a recordar una palabra si ésta tenía una carga emocional -"asesinato" o "grito", por ejemplo, que si era neutra. Además, las palabras más propensas a ser olvidadas eran términos neutrales presentados justo antes de los que suscitaban emociones intensas. El efecto era más pronunciado en mujeres que en hombres, y tanto el recuerdo realzado de la palabra con carga emotiva como el olvido del término neutral precedente podrían ser revertidos suministrando antes a los voluntarios el fármaco propranolol.

Propranolol, un betabloqueador comúnmente prescrito, interfiere con la ruta neuroquímica que se cree es responsable de hacer que acontecimientos que suscitan emociones intensas sean más memorables -el sistema beta-adrenérgico y ya ha sido empleado experimentalmente en el tratamiento de pacientes con DEPT.

En un estudio, Guillaume Vaiva, de la Universidad de Lille, y varios de sus colegas ofrecieron propranolol a víctimas de asaltos o accidentes viales poco después de su experiencia traumática y las sometieron a pruebas psicológicas dos meses después. A su regreso, casi todos los pacientes mostraron los mismos síntomas asociados con DEPT, pero éstos eran dos veces más graves entre los que no habían tomado el fármaco.

El descubrimiento de que el propranolol puede ser efectivo en el bloqueo de los recuerdos cuando se suministra tanto después como antes de un acontecimiento es importante porque, como explica Loftus, "en el mundo real, una persona no puede ejercer sus manipulaciones justo en el momento en que algo está ocurriendo, pero puede ir a la escena del acontecimiento más tarde". Se ha propuesto que el propranolol debería ofrecerse a víctimas de violación como la medida estándar para evitar que desarrollen DEPT. Pero, ¿podría usarse también para borrar recuerdos falsos -por ejemplo, recuerdos "recuperados" de secuestros por seres alienígenas- que sin embargo evocan todas las respuestas psicológicas relacionadas con recuerdos desagradables reales?

"Si la formación de recuerdos falsos depende de la activación beta-adrenérgica, entonces parecería muy posible que la administración de propranolol pudiera afectarlos", indica Larry Cahill, neurobiólogo de la Universidad de California, quien también ha investigado los efectos del fármaco en pacientes de DEPT. Pero Ray Dolan, del University College London y coautor junto a Bryan Strange del estudio sobre el recuerdo de palabras con carga emocional, señala que no todos los recuerdos falsos tienen una base común. Si son extrapolaciones de brechas en la memoria, tales como la brecha que se abría antes de la presentación de una palabra con carga emocional, o posiblemente la brecha en la cual Alan Alda insertó el recuerdo de haber comido huevos en exceso, entonces es concebible que el fármaco pueda surtir efecto. Pero, dice Dolan, "otras clases de recuerdos falsos, por ejemplo, en los cuales los recuerdos son fantasías o puras ficciones, serían inmunes al propranolol".

La idea de que los médicos tengan el poder de borrar la memoria le causa escalofríos a mucha gente. Los recuerdos falsos pudieran ser eliminados de manera segura, quizás, asumiendo que hubiera una forma confiable de diferenciar entre ellos y los verdaderos. Aunque las técnicas de producción de imágenes del cerebro ponen de relieve algunas diferencias en los patrones de activación del cerebro cuando una persona recuerda algo cierto, en oposición a algo falso, estas diferencias son sólo estadísticas. "Estamos muy lejos de estar en capacidad de usar estas técnicas para clasificar de manera confiable un único recuerdo como verdadero o falso", dice Loftus. "Sin embargo, esto es lo que los tribunales tienen que hacer". l

 
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