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Un cuerpo en el campanario
Max Haines

Theo era lo que cualquier madre desea para su hija

No se podría pedir un joven más apuesto que William Henry Theodore Durrant. A sus 24 años, Theo tenía todo un futuro brillante frente a él.

Cuando se inicia nuestro cuento de sangrientos asesinatos, Theo estaba en su último año en la Escuela Médica de Cooper. Tal vez más significativo, el chico era ayudante superintendente de la escuela dominical en la iglesia Emmanuel Baptista. Sin lugar a dudas, el callado y religioso Theo era lo que cualquier madre aspira para su hija.

La familia Durrant se había mudado de Toronto a San Francisco cuando Theo tenía sólo ocho años. El padre trabajaba en una fábrica de zapatos, pero se esforzaba por ofrecer a sus hijos todas las oportunidades que estuvieran en sus manos. De pequeño, Theo siempre fue a escuelas privadas. Una hermana, Eullah, estudió música en Europa. En fin, el futuro lucía promisorio para ambos. Era natural que las damas jóvenes de 1895 se ajustaran sus corsés cuando nuestro Theo hacía acto de presencia.

El chico de este cuento no era ciego ante aquellos avances, pero no era siempre muy receptivo a los encuentros con las mujeres. En retrospectiva, sabemos que fue así hasta dos años antes de 1895. Theo había confesado ante varios compañeros de la escuela de Medicina que él nunca había disfrutado de los encantos femeninos.
Algunas veces, muchos inicios lentos en el tema del amor, una vez probada la fruta prohibida, se aceleran para resarcir las oportunidades perdidas. Theo fue uno de estos casos.

Blanche Lamont era miembro de la iglesia Emmanuel Baptista. Era una joven hermosa de 18 años, estudiante de bachillerato, cuando ella y Theo empezaron a salir juntos. Sus citas no eran mucho más que largos paseos por la ciudad, aunque se sabe que si Theo hubiera conseguido lo deseado, sus encuentros hubieran sido mucho más carnales. Pero Blanche era lo que se solía conocer como "una buena muchacha".

Theo no se limitó a salir únicamente con Blanche. También se le había visto con Minnie Williams. Minnie era empleada de una fábrica de ataúdes, lo que se supone es suficientemente apropiado.

Aquí va un poco de cotilleo. Minnie le contó a su jefe, Clark Morgan, que su amigo, Theo Durrant, una vez la llevó a un rincón de enamorados y le hizo las sugerencias más vulgares. Por supuesto, Minnie se había negado a todas sus sugerencias.

El 3 de abril de 1895, los juegos y la diversión se iban a convertir en tragedia. A las 2:55 de la tarde, justo después de su clase de cocina, Blanche se encontró con Theo afuera de la escuela. Juntos se dirigieron hacia la iglesia Baptista de Emmanuel.
No se sabe si Theo sugirió algo de naturaleza sexual, que fue rechazado por Blanche. Lo cierto es que, en un ataque de ira, Theo perdió los estribos y Blanche murió estrangulada. Su cuerpo fue arrastrado hacia una sala de la biblioteca, y después hasta la planta superior. Más tarde, Theo llevó a Blanche hacia la torre del campanario. El cuerpo fue lanzado a la base de la torre, donde quedó desgarrado y golpeado. Entonces, el asesino colocó dos bloques de madera bajo la cabeza de Blanche e intencionadamente dobló los brazos de la muchacha muerta.

El estudiante de Medicina bajó de la torre y corrió hacia un amigo, el organista George King, quien acababa de entrar en la iglesia. Theo parecía estar tembloroso y pálido. Explicó a George que estaba arreglando una válvula de gas y creía que había inhalado algo de las emanaciones. George ofreció agua carbonatada de bromo a su amigo, quien se recuperó en pocos minutos.

Arriba, en el polvoriento campanario, el cuerpo desnudo de Blanche Lamont yacía en paz. Por supuesto, su ausencia era la comidilla de la comunidad eclesiástica, e incluso de todo San Francisco. La gente tenía sus teorías. Sólo una persona sabía la verdad y tenía una gran necesidad de confiársela a alguien. Ese alguien era Minnie Williams. Durante nueve días consecutivos, Theo llamó a Minnie. Se sabe que le dijo algo, porque Minnie comentó a sus conocidos que sabía demasiado sobre la desaparición de Blanche Lamont.

La noche del 12 de abril, un poco después de las ocho de la noche, Theo y Minnie entraron por la puerta de atrás de la iglesia. La pareja tuvo relaciones sexuales. Nunca sabremos si Minnie lo consintió o no. Lo que sí sabemos es que Theo rasgó partes del vestido de Minnie y las metió dentro de la boca de la pobre chica. Acto seguido, tomó un cuchillo y apuñaló el cuerpo hasta que Minnie murió.

Un poco antes de las nueve de la noche, Theo asistió a una reunión de la misión cristiana en la casa del médico de la zona. Lo último que recordaba el doctor es que Theo preguntó si podía lavarse las manos antes de que empezara la reunión.

Al día siguiente, el 13 de abril, las buenas damas de la iglesia de Emmanuel Baptista quedaron aterradas cuando se presentaron para decorar el recinto en vista de las celebraciones de Pascua. Descubrieron el cuerpo sangriento y mutilado de Minnie Williams. Llamaron a la policía. Estos registraron la iglesia metro a metro. Fue entonces cuando encontraron el cuerpo de Blanche Lamont.

El caso recibió gran cobertura en la prensa. Después de todo, no ocurre todos los días que dos mujeres resultan asesinadas en una iglesia.

Debido a la cobertura tan masiva, los testigos se presentaron a declarar al darse cuenta que el día de la desaparición de Blanche la habían visto junto a Theo.
Elizabeth Crosset vio a Theo y Blanche en un tranvía que se dirigía hacia la iglesia. El abogado Martín Quinlan estaba observando a unos trabajadores poner un pavimento nuevo en la calle 22, cerca de la iglesia, cuando vio a la pareja acercarse a Caroline Leak, de sesenta y seis años, quien vivía enfrente del recinto religioso. En ese momento se produjo una confusión: no se sabía claramente si Theo y Blanche habían entrado solos al lugar del asesinato.

Con respecto a Minnie, ocurría la misma cosa. Todo el mundo recordaba haber visto a Theo y Minnie entrar en la iglesia la noche de su muerte. Un testigo vio a Theo salir de la iglesia solo.

Cuando se le detuvo, Theo sólo admitió haberse encontrado con Blanche después de la escuela. Al contrario de todos de los testigos, él aseguraba que después de un rato cada uno se había ido por su lado. Su juicio, bautizado El cuerpo en el campanario, era considerado como el crimen del siglo. Reporteros hasta de Europa cubrieron el acto judicial. Todos los días la sala estaba repleta de cientos de mujeres, todas muriendo por echar un vistazo a Theo Durrant.

A pesar del jolgorio que acompañaba al juicio, no cabía duda de que Theo era culpable. El jurado estableció un récord al volver tras cinco minutos de discusión para entregar el veredicto de culpable. Tres años después del juicio, Theo subió a la horca y estaba en la mitad de un largo discurso cuando la puerta de la trampilla se abrió. Justicia divina. l

Ilustraciones: David Marquez

 
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