Alcance su yo ideal
Fije bien sus metas y manténgase firme en su decisión de alcanzarlas. Hara Estroff Marano
El año nuevo siempre trae consigo
la tradición cultural de nuevas posibilidades. Lo vemos como una oportunidad de renovación; y cuando pensamos en posibilidades, nos ponemos a nosotros mismos en el centro del escenario. Comenzamos
a soñar con posibles “yoes”.
Diseñamos nuestro “yo ideal”
y creamos una imagen
de nosotros mismos que de varias maneras es distinta
a lo que somos ahora.
Algunos de nosotros repasamos
la película de nuestra creación
sólo porque es el comienzo de
un nuevo año, pero no somos
serios a la hora de realizar los cambios necesarios para lograr esa idealización.
La atmósfera cultural simplemente prescribe estas fantasías en esta
época de año, pero ellas no resuenan con algún impulso profundo
dentro de nosotros. Declaramos algunas resoluciones con mediano entusiasmo
y éstas se evaporan luego de una semana o dos.
Para algunos de nosotros, sin embargo, las intenciones de realizar cambios en nosotros mismos están impulsadas más desde el interior, y utilizamos la temporada
de los nuevos comienzos como pilar al cual enlazamos nuestras buenas intenciones. Si éstas tambalean, nos sentimos un poco golpeados. La experiencia nos afecta, merma nuestra autoestima y nos hace sentir menos exitosos. Pensamos que no somos muy buenos. Dudamos de nuestra habilidad de realizar cambios en el futuro.
La diferencia entre buenas intenciones e intentos fallidos reside en un factor: reconocer que el cambio en nosotros mismos es una de las cosas más difíciles
que podemos hacer. Entre nosotros, tal y como somos ahora, y la imagen
de nuestro yo ideal, yace la obstinada realidad de nuestros hábitos enraizados.
No se trata de que el cambio sea imposible, sino que no es probable que dure, a no ser que nuestras decisiones se vean fortalecidas con un plan de acción para su consecución. Tenemos que establecer en detalle exactamente cómo vamos a alcanzar las cosas. Debemos hacer que nuestras intenciones sean algo manejable detallando los pasos específicos que nos llevarán al logro de nuestra meta.
lPrimero, dice Timothy A. Pychyl, Ph.D, profesor adjunto de sicología en la Carleton University, en Ottawa, es necesario que escoja proyectos personales que tengan significado para usted. Estos tienen que encarnar sus valores, resonar con su identidad y proporcionarle cierto disfrute.
lLuego tiene que enfocarse en hacer del cambio algo manejable. Expresar su decisión es un primer paso, pero tiene que ser específico sobre qué va a hacer, adónde irá y cuándo.
“Como siempre dice la gente que trota, lo más importante es simplemente poner
el pie en la calle”, afirma Pychyl. Una vez que usted esté en la calle, es más
probable que trote.
Hacer del cambio algo manejable significa que
tiene que estructurar su entorno personal para facilitarse el logro de su meta. Por lo tanto, debe crear los ambientes que le permitan estar listo
para salir a trotar a primera hora de la mañana.
La noche anterior, usted coloca los zapatos deportivos justo al lado de la cama de modo que estén tan a la mano como el cepillo de dientes.
Los zapatos se convierten en el impulso para poner el pie en la calle.
En el argot de sicología, estos pasos se denominan intenciones de ejecución. Toman el lugar de los hábitos hasta que los nuevos comportamientos pierden parte de su sabor desagradable y se convierten en algo más atractivo por sí mismos. Después de todo, correr le será difícil al comienzo si no está en forma, aunque
hacer el esfuerzo lo haga sentirse bien con usted mismo.
Tómese ciertas libertades en su nuevo esfuerzo por controlarse. “Es normal que fallemos de vez en cuando”, dice Pychyl. En realidad, de lo que debe cuidarse es del efecto “qué me importa”.
Digamos que su meta es bajar de peso haciendo dieta y reduciendo los dulces. Pero una noche, usted siente la necesidad de tomar una galleta y sabe que hay un paquete de sus galletas favoritas en la despensa. Usted quiere una, se come dos, revisa la bolsa y se da cuenta de que acaba de ingerir 132 calorías. Se dice “qué me importa”
y se come el paquete entero.
Después comienza a llegar a una serie de conclusiones desagradables sobre usted mismo. Para proteger su autoestima, empieza a restarle importancia al objetivo; piensa algo así como “bueno, la dieta no es realmente tan importante para mí
y no voy a lograrlo de todos modos”. Entonces, abandona la meta.
En lugar de esto, piense que puede salirse del camino de vez en cuando; luego vuelva al carril. l |