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| PERNDAS CON VOLUMEN |
La nostalgia por la década de
los años ochenta viene de la mano de los vestidos y faldas globo. La variante de esta temporada se afinca en la gama de colores: no a los tonos estridentes. El blanco, el gris perla y el negro serán los preferidos, en unas piezas
ya de por sí suficientemente llamativas.

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En la cima de la torre

Foto: Marcos Delgado/Efe
Con un reconocimiento en Cannes como mejor director —para el momento de redacción de esta nota no podía saberse qué pasaría con los Globos de Oro—, el mexicano Alejandro González Iñárritu cierra con Babel la trilogía del poder del azar, la fatalidad y la inexorabilidad del destino, que comenzara con Amores Perros (2000) y 21 Gramos (2003). La película, que ha recibido el aplauso de la crítica y podrá ser vista en Venezuela a partir del 26 de enero, muestra, al igual que sus antecesoras, historias cruzadas —aunque
con menos ruptura de planos temporales—, y exhibe un elenco que incluye a los estelares Cate Blanchett y Brad Pitt, junto al talentoso Gael García Bernal, la japonesa Rinko Kikuchi y la también mexicana Adriana Barraza. Babel marca, sino el fin, el comienzo de un receso bien largo, de la labor en conjunto que ha realizado González Iñárritu con el guionista Guillermo Arriaga. “Después de nueve años de trabajo hemos considerado interesante y necesario explorar nuevos caminos… Guillermo quiere dirigir… Por mi parte, exploro con emoción y entusiasmo un cambio que, al fin y al cabo, es lo único permanente”. En ese sentido, el director ha expresado que le gustaría hacer una comedia, “poder hacer reír a la gente… pero unas son las cosas que quisieras hacer y otras las que puedes hacer”. Y lo que, en opinión de muchos, sabe hacer magistralmente es este tipo de filmes, donde la emotividad es tocada hasta su última fibra. Tanto, que algunas personas salen muy abrumadas de las salas de cine y sin ganas de volver a ver otra película de su autoría, cosa que, por otro lado, para Iñárritu es un gran halago, pues está es precisamente para entretener o cautivar a la audiencia. “Mi obra está hecha de luz y de sombra, y el que quiera sólo luz, que se vaya a la oscuridad de Disneylandia”. Sin embargo, los que ya han tenido la oportunidad de ver a este “hijo de cuatro cabezas” —así se refiere el director a Babel, aludiendo a los distintos idiomas y entornos de la cinta—, y les ha gustado, salen con un sentimiento esperanzador y con ganas de vivir profundamente. “Empecé rodando acerca de las diferencias que nos separan, pero en el camino me di cuenta de que hacía una película de lo que nos une, el amor y el dolor”.