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Pensando en cómo disfrutar de unas relaciones más sanas con los demás, me encontré con una de las actitudes que más nos sabotean esa posibilidad. Dicha conducta se origina de la idea que tienen algunas personas acerca de sí mismas, cuando piensan que ellos siempre saben más que los demás; que han acumulado una experiencia que difícilmente los otros tendrán algún día; que siempre será de ellos la última palabra sobre cualquier tema; y que tendrán la razón en cualquier discusión, ignorando o invalidando el punto de vista de los demás. Es muy difícil y estresante mantener una conversación con alguna de estas personas, especialmente si tenemos una relación afectiva con ellas, porque entonces se convertirá usualmente en una cuestión de honor el tratar de mostrar que en realidad nosotros tenemos parte de la razón o que nuestra idea puede ser más acertada en algún momento. De esta forma podría iniciarse una discusión, que puede llevarnos a una gran pelea, o a tomar la decisión de romper para siempre la relación.
Y cuando alguien le sugiere a alguna de estas personas que deben suavizar o cambiar su actitud, le es totalmente imposible reconocerlo o aceptarlo; además, siempre encuentran la manera de justificar su comportamiento y hacer sentir
culpable a los otros por la crítica recibida. ¿Podemos hacer algo para ayudarlos a reconocer su error y a cambiar de actitud? Difícilmente, porque no importa cuántas veces alguien nos haga la observación, nosotros no podremos cambiar aquello que no reconocemos como equivocado en nuestra actuación.
Detrás de una persona egocéntrica se esconde muchas veces una personalidad insegura, que no recibió el reconocimiento que necesitaba o esperaba por el esfuerzo que realizó para alcanzar su posición. También están aquellos que constantemente buscan sobresalir o figurar para llamar la atención de los demás y ganar status, reconocimiento o simplemente el aprecio de su familia, compañeros de trabajo o allegados. Y por supuesto, debemos incluir como ejemplo clásico el de aquellos padres que no se sienten capaces de reconocer y aceptar que alguno de sus hijos pueda tener una visión de la vida más actual y objetiva que la que ellos alcanzaron
a elaborar, por temor a perder el respeto, la admiración o el cariño de sus seres queridos, haciendo que se nieguen la posibilidad de reconocerlo. De esta manera,
se pierde la oportunidad que nos otorga la vida cuando somos adultos, de aprender algunas cosas de los hijos que ya crecieron, permitiéndoles apoyarnos y facilitarnos
la existencia.
No hay una sensación más agradable y satisfactoria que la de abrirnos a observar con atención y sin ego, la actuación, la conversación y el análisis que muchas veces hacen nuestros hijos acerca de alguna situación de vida. No tenemos que conocer todas las respuestas, incluso podemos buscar y explorar algunas junto a ellos, para darles herramientas que les permitan resolver cualquier situación inesperada que pudieran enfrentar algún día.
Vivir es como participar en una especie de carrera de relevo; cuando llegamos a cierto punto de ella, debemos pasar el “testigo” a otro corredor más descansado de nuestro equipo, adelantado a nuestra posición, quien seguirá con más fuerza y empeño en la competición para llevarnos a todos a la meta con éxito.
Es importante que aprendamos a escucharnos y a observarnos, para ajustar algunas actitudes y expresiones que pudieran entorpecer nuestra relación e intercambio con los demás. De vez en cuando hay que compartir la razón, escuchar en silencio y con atención, evitar imponerse sin permitirle a los demás expresar sus ideas o puntos de vista, dejar que otro asuma la responsabilidad si quiere y puede hacerlo. Esto nos llevará a enriquecer nuestra vida y a disfrutar más del contacto con las otras
personas, en especial con nuestros seres queridos, a través del compartir.
Claves para avanzar
Se respetuoso. Acepta que los demás tienen sus propias ideas, conocimientos y capacidades, y aunque creas que eres el mejor, dales la oportunidad de expresarse, participar y hasta equivocarse y crecer por sí mismos. Recuerda que nadie aprende por la experiencia de otro.
Escucha con poco interés. No interrumpas constantemente a la otra persona mientras habla, no pongas cara de fastidio, ni mires hacia otro lado como si no te interesara. Escucha y muéstrate involucrado sinceramente en su conversación.
Reconoce el aporte de los demás. Cuando alguien cercano diga o haga algo positivo, reconócelo inmediatamente. Recuerda que tu palabra puede darle la motivación y el apoyo que necesita para seguir contribuyendo y mejorando.
Muéstrate dispuesto a aprender. Cada día podemos aprender algo nuevo, si estamos abiertos para hacerlo. Cuando creas que ya sabes todo lo que podías aprender, estarás como muerto porque tus días pasarán sin que te intereses en descubrir o experimentar algo nuevo.
ESTIMADA MAYTTE. Al fin me atreví a escribirle para comentarle sobre un problema que tengo. Crecí en un hogar con una disciplina muy fuerte, donde no hubo palabras de cariño ni de reconocimiento. Esto me dio una gran inseguridad, por eso he buscado siempre ganar el aprecio y la aceptación de los demás. Quiero pedirle algunas herramientas para recuperar la confianza y mi valor personal. P. L.
Son varias las causas de una estima baja, dentro de las cuales está el trato que hayamos recibido en la familia durante la infancia. Una persona con baja autoestima minimiza las características positivas de su personalidad y maximiza sus limitaciones.
Para mejorar tu confianza y fortalecer tu estima, acéptate tal y como eres, reconociendo tus cualidades y limitaciones, ¡quiérete! Sé tu mejor amigo, aprende a disfrutar de tu compañía,
usa esos momentos para reflexionar y aclarar tus sentimientos y pensamientos. Haz aquello
que te gusta, descubre que es lo que más te gusta hacer y dedica tiempo y atención a realizarlo. ¡Enriquece tu vida personal! No te dejes manipular; decide defenderte de los demás para que sus comentarios o actitudes negativas no te duelan ni afecten la imagen que tienes
de ti mismo. No te juzgues, reconoce tus errores como parte de tu aprendizaje y del camino hacia tu realización personal, perdónate y date otra oportunidad. ¡Tú eres capaz de salir adelante para trasformar tu vida!

QUERIDA MAYTTE. Desde muy pequeña he querido tener éxito, siempre fui la mejor
de la clase y me considero muy eficiente y preparada. Pero esta especie de carrera por ser siempre la mejor, no me permitió tener tiempo para hacer amigos, así que crecí muy sola y en competencia con mis compañeros de estudio. Hoy he descubierto que estaba equivocada, y quiero cambiar mi situación. ¿Por dónde empiezo? S. P.
Las relaciones humanas constituyen un elemento indispensable para que podamos crecer, aprender y disfrutar de la vida. Además, los amigos influyen en nuestro modo de pensar, de actuar e interpretar lo que nos ocurre cada día y muchas veces, nos sugieren un cambio
en el rumbo de nuestra vida. Son necesarios para que te ayuden y participen en tus proyectos,
y a no ser que seas un artista o un deportista excepcional, no tendrás éxito sin una red de buenos amigos que te apoyen. Es importante abrirnos al contacto y a la relación con los demás, buscar personas que nos enriquezcan la vida, gente entusiasta, optimista y positiva con quienes compartir. La capacidad de hacer y conservar amigos es un factor determinante para el éxito.
Vale la pena acortar la distancia que mantienes con tus compañeros de trabajo y acercarte a ellos con una actitud diferente: sonríe, interésate en sus asuntos, muéstrate dispuesta a apoyarlos y a compartir, participa en sus conversaciones para aportar o contribuir con un buen comentario. Ábrete a compartir y a intercambiar ideas, experiencias y buenos sentimientos. ¡Buena suerte!

HOLA, MAYTTE. Siempre he soñado con encontrar a un hombre maravilloso que me rescate
de la vida que llevo. Pero mis experiencias han sido negativas. No encuentro a esa persona especial que quiero… ¿Debo seguir buscando a ese hombre o renuncio a mi sueño y acepto
a la persona que llegue a mi vida, aunque no sea como imagino que debe ser para tener
un amor eterno?
No debes tomar ninguna de las dos opciones que te planteas, porque seguramente harás una elección equivocada. Me parece que estás soñando con la imagen del príncipe azul que nos mostraron cuando fuimos pequeñas, pero éste sólo existe en los cuentos de hadas, por eso
nos decepcionamos cuando nos relacionamos con hombres comunes y corrientes que tienen cualidades y limitaciones igual que nosotras y las demás personas. Además, no podemos esperar que alguien nos libere de las responsabilidades que tenemos o resuelva nuestros problemas personales… Una pareja es un compañero para compartir la vida.
Lo primero que debes hacer es poner los pies en la tierra y aceptar las cosas tal como son. Ajusta tu imagen del hombre perfecto, y prepárate para reconocer sus valores, cualidades y características más positivas. Acepta a un hombre cariñoso, amable y de buenos sentimientos, que te quiera mucho y que aunque no sea todo lo que tú has deseado, esté tan dispuesto como tú a trabajar por una relación en la que crezcan juntos, con amor, paciencia e inteligencia.
Así podrás ver en tu pareja a ese compañero de vida ideal, que todo hombre lleva por dentro.
La relación se construye día a día, y es una especie de trabajo agradable y enriquecedor, que debe ser realizado en forma constante, amorosa y voluntaria, para sembrar y cuidar la semilla del amor que se planta entre dos.
maytte@maytte.com
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