Marialejandra Martín
Por la puerta franca
No ha dejado de cultivarse en la actuación desde que un día Iván Feo la descubriera como la Ifigenia que buscaba. Entonces transitaba por sus tempranos veintes, pero ya cuenta con más de dos décadas dedicada a lo que tanto le apasiona, a lo que tanto respeta y a lo que tanto se entrega bien sea sobre las tablas, en la pequeña pantalla o en la grande. Venezuela seguirá escuchando en 2007 de esta mujer de risa honesta y sonora. María Elisa Espinosa/
Fotos: Dumont & Regalado
Sube el telón y se escucha una agradable carcajada. Baja el telón. Sube el telón
y se vuelve a escuchar lo mismo. Baja el telón. Sube el telón y una vez más
la sonora risa… Y así sucesivamente… ¿Cómo se llama la obra?
¿Y cómo más se podría llamar?: Marialejandra Martín en todo su esplendor.
Ni más ni menos, porque eso es ella: una sonora y contundente risa, casi todo el tiempo, en los mejores momentos y en los no tanto. Como una filosofía, como una manera de ganar siempre en la vida. Y así se presenta esa mañana, aunque apresurada también. No quiere llegar tarde y no lo hace. Todo justo a tiempo.
No pudo más que ella la larga cola en una entidad bancaria, aunque tampoco
se privó de advertir, por eso mismo, que a este país se le tendría que cambiar el nombre. “Más que Venezuela, debería llamarse Anarquía”… Y vuelta la carcajada.
Los últimos tres años no han sido desahogados para Marialejandra Martín, pero
sí muy felices. Entre otras cosas por estar haciendo lo que tanto le gusta: actuar,
actuar y seguir actuando, como lo estará haciendo a partir del próximo jueves 25
de enero en la Sala Anna Julia Rojas del Ateneo de Caracas , en la obra de teatro Ladrona de almas, del escritor checo Pavel Kohout, así como en la telenovela Puro humo, de Alberto Barrera Tyszka, que recién han comenzado a grabar en Venevisión.
Debe ser por eso que se le nota tanto la alegría en su rostro fresco, lavado,
lozano. ¿Quién diría que ya cumplió los 42? Ella, ella lo dice, y sin temor a caer en imprudencias que se le vayan a revertir luego en su carrera artística: “No me enrolla para nada hablar de mi edad, nunca he tenido problemas con eso, me parece una tontería. Esa es la que tengo, nací en 1964, y si no lo digo, igual a mí todo el mundo
me conoce desde hace muchos años, desde que hice Ifigenia en 1986, así que igual sacarán su cuenta… Aparte de eso, tengo un hijo (Luis Alejandro Maryniok) que está por cumplir 26… Así que prefiero que quien me vea diga: ‘¡Oye, Mariale está muy bien para la edad que tiene’, en lugar de que diga… ‘¡Coye, esa bicha dice que tiene 30 años… ¿Qué es eso? ¡Está destruida!’… Jajaja”.
Más venezolana que la arepa
Así de franca y así de práctica se muestra Marialejandra Martín. Tanto, que no disimula, por ejemplo, su fascinación hacia Estados Unidos, independientemente de la sangre “izquierdosa” que le corre por las venas. “Yo soy la cosa más imperialista que conozco”, espeta un poco en broma y un poco en serio esta hija de uno de los líderes de la izquierda venezolana de los sesenta y setenta, Américo Martín, y de Adicia Castillo, de quien tampoco se puede negar una marcada y reconocida sensibilidad social.
“Obviamente en un momento uno sueña con cosas y las idealiza, quien no lo haya hecho pues no tiene sensibilidad de ningún tipo… Pero hay tanta demagogia y todo esto se ha utilizado tanto para engañar —y, ojo, desde hace mucho tiempo— que a mí me termina sacando la piedra”, comparte sin tapujos, como es ella, y sin temor a que le caigan encima quienes desconfían tanto de todo lo que queda en el “norte”.
“Yo estudié en la escuela de actuación de Lee Strassberg de Nueva York y adoro ese país porque allá te respetan, te aceptan y te reciben con amor cuando tienes algo que dar. Allá he sido súper bien recibida para estudiar, para disfrutar, para viajar, para aprender, para trabajar incluso, y por ser una persona seria y honesta a quien no le gusta estafar a nadie, es que me fue tan bien… Yo no tengo ninguna razón para detestar los Estados Unidos, muy por el contrario, tengo mucho que agradecerle, pero en realidad lo que yo soy es ciudadana del mundo y, obviamente, más venezolana que la arepa… Aquí he trabajado, aquí he hecho mi carrera y aquí estoy. A pesar de todo aquí estoy”, concede igualmente la actriz.
¿Cómo asume su regreso a Venevisión?
“Sabes que yo no me veo como que pertenezca a un canal o a otro. Yo soy actriz venezolana y lo que sí trato de respetar -es más, respeto de un tiempo para acá- es mi criterio a la hora de hacer un proyecto. Yo escucho, yo acepto sugerencias, pero realmente quien decide al final soy yo… ¿Por qué? Porque uno trabaja un año dentro de un proyecto y si tú no fuiste quien lo decidió, a lo mejor te vas a quedar con un resquemor, pero si lo decidiste, asumes toda la responsabilidad. En mi caso, me tomo mi ‘pastillita’ y me quedo tranquila hasta el final de la novela, me la disfruto y le pongo el 100 por ciento”.
¿Cómo es su personaje en esta historia?
“Es una mujer que guarda un secreto muy importante; me gusta porque es un personaje
muy diferente a los que había hecho últimamente. Además hay toda una cosa del lugar donde se graba, que vamos a tener que estar muy concentrados con nosotros mismos
y con lo que se está haciendo. Eso me encanta”.
Alguna vez aseguró que entre el cine,
el teatro y la televisión se quedaba con las tres.
¿Sigue pensando igual?
“Totalmente. Y me quedo con las tres precisamente porque así no me quedo con una sola todo el tiempo, aunque es verdad que últimamente estoy mucho más enfocada hacia el teatro que hacia cualquiera de las otras dos. En teatro me ha tocado producir, ahora voy a hacer la dirección artística de una sala nueva que abre en el Piso 5 del centro comercial Paseo El Hatillo, y así otras cosas como traducciones, que me fascinan, y teatro infantil, que hice por primera vez el año pasado con
la obra Rapunzel”.
¿Y cree que se termine decidiendo exclusivamente por el teatro?
“No lo sé, yo siempre me doy permiso para todo. Lo que me vaya pidiendo el cuerpo y el alma, ahí me concentro… Y te voy a citar una frase que amo: “Del rigor no queda sino el rigor mortis”. Se la escuché a un buen amigo y me la he agarrado. Uno no sabe realmente hacia dónde va… ¿y qué es la actuación sino el espejo de lo que es la vida? Si tú te pones normas demasiado estrictas, también te estás limitando en un sentido. Yo creo que lo que me ha ido pidiendo más el cuerpo es el teatro, y yo respeto lo que mi cuerpo me pide”.
Con la suerte de tener mucho
Alguna vez a Marialejandra Martín se le escuchó decir que era una persona abrumadora, que no paraba, que no descansaba… Hoy, lo pone en estas palabras: “¡Ay!, yo como que no sé cómo soy. Quizás más hacia apasionada que hacia abrumadora”.
¿Y esa pasión la pone en todo lo que hace o en algo en particular?
“Bueno, últimamente estoy muy enfocada hacia mi trabajo. A lo mejor es porque he tenido tanto, y uno es apasionado o no lo es. Hay gente a quien la vida no le entusiasma tanto, yo no soy así. O sea, a mí me apasiona lo que hago, me apasiona mucho; y si me enamoro, me apasiona también el amor… Lo que pasa es que tengo tiempo que no me enamoro. Ahorita estoy zumbada hacia mi trabajo”.
¿Desde cuándo no se enamora?
“Bastante… Yo diría que desde hace más de un año”.
¿Y cómo se siente estando así? ¿Más tranquila que si estuviera enamorada?
“Es diferente. Uno siempre está bien, está feliz cuando está enamorada. Pero no estoy mal, estoy bien así, lo que pasa es que, claro, se llenan los vacíos con otras cosas y la suerte de ser actor es que tienes como que mucho. Es muy interesante”.
¿En qué caso se le llega a apagar esa sonrisota que parece acompañarle siempre?
“Yo soy una persona súper optimista, siempre lo he sido, desde que era chiquita. Además soy una persona muy reservada, parece mentira, y soy brutalmente franca. De hecho no me gusta andarme por las ramas con mentiras con nadie, con absolutamente nadie… Con mis padres, con mi hijo, tengo una relación súper honesta y me parece que con mis parejas también la he tenido. Lo que pasa es que, claro, a veces es contraproducente ser tan honesta (jajaja)… Pero creo que soy fuerte. De repente pasan cosas y tienes esperanzas en algo, y de pronto esas esperanzas se desvanecen… Pero a mí no se me desvanecen… No sé por qué, pero no se me desvanecen. Más bien me digo: ¿Así es la cosa? ¡Pues menos que menos me desvanezco!”.
¿Y la sonrisa sigue allí?
“¡Peooooor, más grande! No sé por qué… Será instinto de supervivencia, no puedo explicarlo, pero así es”.
Parece su filosofía de vida...
“Sí, creo que sí. Aunque eso no significa que no me ponga triste, ni que no haya alguna cosa que de pronto extrañe. A mí se me murió mi hermana (María Eugenia) y la extraño, pero no es una cosa que me paraliza, aunque sí me ha marcado… Soy una persona muy optimista”.
¿En qué país estamos viviendo?
“Este país es una locura, es como un potro salvaje que está loqueando y nosotros somos los responsables de eso, todos. ¿Y qué vamos a hacer para agarrarlo?
No lo sé, ojalá tuviera yo la respuesta”.
¿Cree que todo este caos termine en algún momento?
“Creo que sí. Ya te dije que yo soy súper optimista. Yo creo que sí, ¡mano!…
O por lo menos que esto nos enseñe algo, que nos permita tener una rienda
que nos controle a nosotros mismos”.
¿Hombre no es gente, o prefiere llevarle la contraria
a las mujeres que piensan así?
“Los hombres son maravillosos. Yo creo que los hombres son absolutamente maravillosos, tengo amigos extraordinarios y yo amo a los hombres, los hombres me fascinan… ¡Me encantan!”.
¿Y qué piensa de quienes afirman lo contrario?
“Cada cual hace lo que quiere y lo que puede…”.
¿El artista se debe a su público o no?
“No, yo no me debo a mi público para nada. Yo me debo a mí y a mi conciencia, y respeto y amo a mi público, pero eso es otra cosa. A mí mi público no me paga ni me obliga a nada; yo hago lo que mi conciencia y mi amor por lo que hago me dictan y lo que yo creo que debo darle a cualquier persona que ame”.
¿Pero por qué entonces algunos actores afirman eso?
“Porque a la gente le encanta vivir en frases hechas, pero yo no creo en eso… Yo no me debo a mi público, ni siquiera me debo a mi mamá, ni a mi papá, ni a mi hijo. Yo me debo a lo que creo que debo hacer en el momento y ni siquiera por el dinero, ¡muérete!, ni siquiera por el dinero. Me interesa mucho más estar haciendo lo que creo que debo hacer”.
¿Miami, Venezuela o Hollywood?
“Definitivamente, Venezuela. Miami fue una experiencia interesante, pero no, Miami no es una ciudad para mí, es una ciudad para ir a la playa, un restaurante, pero para vivir eternamente no estoy segura de que Miami sea la ciudad para mí”.
¿Y Hollywood?
“¿Hollywood? Hollywood ni siquiera la conozco. La verdad es que nunca ha sido una meta que me haya trazado. No sé por qué, pero nunca me ha interesado”.
¿Su papel impostergable?
“Hay un personaje, pero no te lo voy a decir, porque todavía tengo ganas de hacerlo,
y todavía sigo teniendo ganas de que lo dirija Alberto Issola”.
¿Cómo acude a una entrevista? ¿Aprehensiva? ¿Temerosa? ¿Cómoda?
“Trato de no estresarme por cosas que no están en mis manos. Es decir, hago lo que puedo y cada vez me perdono más tonterías. Antes me preocupaba mucho más”.
¿No le preocupa que se tergiverse lo que diga? ¿Qué la interpreten distinto?
“No. Nadie tiene que hacerme algo por maldad, y si interpreta algo distinto, será porque yo lo dije de una manera… No es que voy a asumir que la otra persona me quiera hacer un daño, me quiera cambiar lo que yo dije… ¡Ay, no!”.
Es decir, no desconfía de la genteY tampoco estoy a la defensiva, por que no entiendo para qué”.¿Existe la felicidad para Marialejandra Martín? ¿Dónde queda?
“Sí, la felicidad existe, sí existe. Existe cuando veo que la gente que amo está bien, eso me hace profundamente feliz. Existe cuando se logran cosas que parecían imposibles”. •
mespinosa@eluniversal.com
|
Un recuerdo…
“¿Un recuerdo? Son muchos…”.
Una pérdida…
“Mi hermana María Eugenia, mi profe Enrique Porte”.
Una meta…
“No perder la fuerza, la pasión que me guía en mi trabajo”.
¿Qué le gustaría heredar?
“Un cuartico de la inteligencia y el brillo de mi mamá, de mi papá, de mi otro papá (Héctor Silva Michelena) y de mi hijo”.
Una rutina indispensable…
“Tengo mis rutinas sencillas, y la más indispensable de todas es desayunar apenas me levanto, sufro de hambre de camionera en la mañana… Jajaja.
¿Con cuál prejuicio ha tenido que luchar?
“No soy una mujer con prejuicios, para nada. Por el contrario, creo que por deformación profesional soy súper abierta y comprensiva en cuanto a las diferencias de las personas”.
¿Lo más difícil de tener pareja?
“Bueno, ahorita no tengo (jajaja)… pero todo depende de dos personas. Tiene que ver con no ponerse máscaras de ningún tipo y respetarte a tí mismo”.
¿Cuál es el objeto más tonto que atesora?
“Guardo programas de obras de teatro que he visto aquí y por el mundo. Lo que guardo con más cariño es la entrada de mi primera obra como productora (El cisne de Elizabeth Egloff, dirigida por Alberto Issola).
¿Por qué vendería su alma?
“No vendería mi alma”.
¿Cuántas horas debería durar un día para usted?
“No, el día está bien. El día debe durar sus 24 horas. Si durara menos, a lo mejor sería corto, pero si durara más, hay días en los que no quisiera que durara más… Entonces, que dure lo que tiene que durar”.
|
Ver también en Encuentros:
-Marialejandra Martín por la puerta franca
- Borat políticamente incorrecto
|