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Air Orlando
Stefan Wagner. Especial para Estampas. Fotos: Kurt Pinter
Orlando Duque es el mejor clavadista del mundo. Su magia no solamente enamora a los jueces más exigentes, sino también a estrellas y famosos. La prueba evidente de todo ello se pudo ver en la competición Red Bull on the Rocks que tuvo lugar sobre las rocas de Montecarlo.

El sudamericano de ojos brillantes y largos cabellos negros estaba sentado en el lobby del lujoso hotel Columbus de Montecarlo, boquiabierto y asombrado. Acababa de ver pasar a David Coulthard a unos metros de él. En la recepción había un sobre en el que ponía: "Para el señor McCartney" (Paul). Orlando no pudo evitar que un "¡Uauh!" saliera de su boca. "Es como en la tele", decía. Sin embargo, al día siguiente sería él la estrella en el principado. El príncipe Alberto de Mónaco, entre otros famosos, celebraría sus saltos. Orlando Duque, un colombiano de 28 primaveras, era el gran favorito para la primera competición de clavados que tendría lugar en Montecarlo, el Red Bull on the Rocks.
Orlando Duque es el mejor clavadista del orbe. Además de haberse metido en el bolsillo los dos últimos campeonatos del mundo se impuso en todas las competencias importantes en los dos últimos años, excepto en una única ocasión. Ningún clavadista tiene esa elegancia en sus saltos, ninguno de ellos seduce con sus vuelos acrobáticos de tal manera tanto al jurado como al público. Ni uno solo de todos ellos describe saltos y curvas tan perfectas en el aire. Ninguno confiesa de un modo tan sincero el miedo que le produce saltar desde 30 metros de altura. Orlando declara sin vergüenza alguna: "Soy el primero en retirarse y en no saltar si no me siento un ciento por ciento seguro". De cualquier forma, el riesgo sigue siendo enorme. Los clavadistas aceleran de cero a cien. Como si de un Ferrari se tratara en apenas unos segundos se estrellan contra el agua a 100km/h y frenan en apenas un segundo hasta detenerse por completo. Orlando lo describe como un choque contra un muro. El miedo vuela con ellos en cada salto y así debe ser, dice Orlando. "Sin el miedo no seríamos capaces de concentrarnos al ciento por ciento y no tendríamos ninguna posibilidad de salir sanos y salvos del salto".
En el propio riesgo está el morbo. Orlando lo describe así: "La adrenalina inunda la sangre. Es como un estallido".

¿Cómo se convierte uno en el mejor clavadista del mundo? Orlando mueve los hombros con un gesto de duda. "Supongo que a punta de entrenamiento".
Comenzó a saltar con apenas diez años. Entrenaba seis horas al día. Cada vez era mejor. Ganó los campeonatos de Colombia en diez, once o doce ocasiones. Ni él mismo lo recuerda con exactitud. Los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 habrían sido su gran oportunidad, habría podido hacerse con una medalla, pero la federación colombiana no contaba con los medios económicos suficientes y no pudo enviarlo a los Juegos.
Poco después, decepcionado, comenzó a estudiar y con ello empezó a entrenar para la que sería la segunda parte de su carrera, como clavadista profesional. Dejó de saltar desde una altura de cinco o diez metros para pasar a hacerlo desde 20 ó 30 metros de altura. Lo que sin duda lo ayudó a mejorar, fueron sus actuaciones en un parque de atracciones, en el que saltaba con otros colegas desde escaleras que se balanceaban, cayendo en el agua de diminutas piscinas, algunas veces como extra en un campeonato de boxeo y otras en llamas. Como extra o como payaso volador realizó cientos de saltos.
Cuando Orlando cierra los ojos puede reconstruir cada uno de sus saltos. Nos comenta: "Todo tiene que funcionar de un modo automático, si no se convierte en algo muy peligroso". Lo único a lo que no se ha acostumbrado nunca es al miedo: "Cada vez que me veo allí arriba y miro hacia abajo siento como el corazón me late hasta el cuello".
Red Bull on the Rocks. Orlando Duque volvía a imponerse en Montecarlo en el Red Bull on the Rocks y lo hacía por delante del australiano Joe Zuber y del americano Todd Michael y ante los ojos de todas las personalidades monegascas reunidas, entre ellas el príncipe Alberto de Mónaco.
La competición de Montecarlo era sólo una parte del todo. Antes del Red Bull on the Rocks los saltadores se dieron cita en Beirut, donde realizaron saltos de exhibición junto a algunos jóvenes locales para después volver a reunirse en la costa italiana durante cuatro días en los que se dedicaron a saltar simplemente por el placer de hacerlo con una jam session detrás de otra. Red Bull on the Rocks 2002 realizó una pequeña pausa tras Montercarlo y concluyó en Hawai a finales del verano.



Ver también en Encuentros:
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