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VIVIR MEJOR FAMILIA

Atendiéndole según su EDAD
A medida que los hijos crecen sus padres van enfrentándose a distintas y, muchas veces, exigentes situaciones. He acá algunos consejos para superar sólo una pequeña parte de ellas

RECIÉN NACIDO¿POR QUÉ ESTÁ AMARILLO?
Si tu bebé presenta una tonalidad amarillenta en la parte blanca de sus ojos, que afecta también a su piel, pide cita con el pediatra. Es muy posible que tenga ictericia.
La coloración amarillenta de la piel y de las mucosas, producida por el aumento de los niveles de bilirrubina en sangre (es un pigmento que aparece cuando los glóbulos rojos se descomponen), se denomina ictericia. Se debe a que el recién nacido tiene una cantidad extra de glóbulos rojos, de vida muy corta, que al destruirse provocan el incremento de bilirrubina. Esta situación, que afecta a más de 60% de los bebés nacidos a término, ocurre porque en los primeros días de vida el organismo del pequeño produce un exceso de bilirrubina que su hígado, todavía inmaduro, no puede asimilar bien, y esta sustancia se deposita en los ojos y en la piel, dándoles ese color amarillento tan característico.

Cómo detectarla
Esta alteración, en principio, no es grave, pero debe tratarse cuanto antes para prevenir posibles complicaciones.

Los padres suelen ser los primeros en percatarse de la ictericia. Conviene que presten atención a cualquier cambio de coloración en los ojos y en la piel de su pequeño. Para detectarla mejor, obsérvenlo bajo la luz natural. Ante la duda, pueden presionarle la piel con un dedo. Si al levantarlo la zona está blanca, el pequeño no tiene ictericia. Pero si aprecian un tono amarillento, deben llevarlo al pediatra cuanto antes para que valore su situación.

Cuando la ictericia, en lugar de mejorar, se agudiza, el tono amarillento de los ojos y la cara progresa hacia el abdomen y las extremidades (brazos, manos, piernas y pies).

La mayoría de los casos son leves y se resuelven en seis o siete días, con el simple tratamiento de exponer al pequeño a la luz solar (no al sol directamente), ya sea acercando su cunita a la ventana o llevándolo de paseo por la calle. Y es que la radiación solar degrada las moléculas de bilirrubina y favorece su eliminación.

El tratamiento es fácil
Sin embargo, si a pesar de tomar la medida antes citada durante cinco o seis días, el pequeño no mejora, está cada vez más amarillo y sigue teniendo niveles de bilirrubina muy elevados (150 mg/l), hay que ingresarlo en un hospital para someterlo a un tratamiento con fototerapia. Éste consiste en exponerlo a la luz ultravioleta de una lámpara durante varias horas al día hasta que los niveles de bilirrubina desciendan. Esta luz hace que la bilirrubina sea mucho más soluble y pueda ser expulsada más fácilmente.

Con este tratamiento, además de otro farmacológico si el pediatra lo cree oportuno, el bebé se pondrá bien en dos o tres días. Aun así, es muy importante que el recién nacido que ha tenido ictericia sea valorado por su pediatra a los dos o tres días de haber sido dado de alta en el hospital. Eso sí, una vez que la ictericia desaparece, es muy raro que vuelva a presentarse.


foto:www.shutterstock.com / Monkey Business Images

Las canciones de cuna tranquilizan al bebé y le AYUDAN a conciliar el sueño

3-6 MESES
EL PODER DE TUS NANAS

Las madres de todo el mundo conocen el efecto calmante que tienen las nanas. Cántaselas a tu hijo en voz baja y conseguirás que deje de llorar y que se duerma antes.

Desde el quinto mes de embarazo el pequeño escucha la voz de su madre y empieza a familiarizarse con ella. Cuando nace, todo le parece extraño y hostil menos la voz de su mamá (y de su papá), y escucharla de nuevo le tranquiliza y le hace sentirse más protegido, como si aún permaneciera en el cálido ambiente del útero materno.

La medicina más natural
Por eso es tan recomendable que las madres dediquen palabras cariñosas a sus bebés... y que les canten canciones de cuna en voz bajita y al oído (hasta los seis meses tienen los tímpanos muy sensibles), no sólo porque escucharlas les da seguridad, sino por más razones:

• La cadencia monótona de estas canciones es similar a la de los latidos del corazón, lo que les relaja mucho. Y no es palabrería: está demostrado que la frecuencia cardíaca y el ritmo respiratorio de los bebés disminuye mientras están escuchando nanas, lo que les ayuda a conciliar el sueño y a sentirse mucho mejor si están enfermos.

• El tono cariñoso de la voz de mamá o de papá les hace sentirse queridos y cuidados, lo que contribuye a reforzar sus lazos de unión. Y es que al bebé le gusta mucho que también su padre le cante. Aunque tradicionalmente son las mujeres las creadoras e intérpretes de estas canciones, está claro que los niños también conocen la voz de su papá desde que estaban en el útero materno y, además, sienten predilección por los tonos graves (les resultan más agradables que los agudos).

• Al mecer al bebé al ritmo de la nana, el efecto sedante de la canción aumenta. De hecho, los antropólogos aseguran que las madres empezaron a mecer a sus bebés moviéndolos en las rodillas y cuando se dieron cuenta de que su voz ayudaba a los pequeños a calmarse, acompañaron estos balanceos con improvisadas canciones de cuna. Estos movimientos rítmicos también alivian las molestias por cólicos y gases, favorecen el proceso digestivo y ayudan a los niños a perfeccionar el sentido del equilibrio.

Despiertan su inteligencia
El objetivo fundamental de las canciones de cuna es tranquilizar al bebé y ayudarle a conciliar el sueño, pero también pueden utilizarse para favorecer su desarrollo intelectual (si no te sabes ninguna puedes cantarle cualquier canción moderna, siempre y cuando lo hagas bajito). Tenlo en cuenta y mientras cantas a tu hijo, acerca tu cara a la suya, a unos 25 centímetros de distancia para que pueda verte bien. Tu pequeño observará tus expresiones, lo que le ayudará a mejorar su capacidad de atención y a perfeccionar su sentido del oído.

Aunque aún no entiende lo que le dices, al escucharte y mirarte mientras le cantas irá archivando en su memoria muchas de tus palabras y el tono con el que las pronuncias, algo que cuando empiece a hablar le será de gran ayuda.


foto:www.shutterstock.com / niderlander
Nómbrale las partes de su cuerpo mientras lo ENJABONAS

6-12 MESES
A LA BAÑERA GRANDE

A partir de los seis meses el baño es un momento ideal para que él se divierta, aprenda y estreche sus lazos contigo.

A medida que tu hijo va cumpliendo meses, se vuelve más autónomo: aprende a gatear y luego a andar, a curiosear, a explorar lo que le rodea... Así que, desde el punto de vista higiénico-sanitario, el baño cobra aún mayor importancia que antes, pues el niño lo chupa y lo manosea todo (cuando enjabones a tu bebé presta especial atención a las manos y las uñas, donde los gérmenes se acumulan más fácilmente). Bañarlo antes de la cena sigue siendo una buena opción: el efecto relajante del agua le ayudará a dormir.

Seguridad y comodidad
Una vez que tu hijo aprenda a mantenerse sentado (hacia los seite-ocho meses), podrás pasarlo a la bañera grande. Para prevenir accidentes, sigue llenando la bañera antes de meter al niño y comprueba que el agua está a 36-37 ºC. Cubre los grifos con protectores, pega una alfombra antideslizante en el suelo y acomoda al bebé en un aro de seguridad o en un asiento especial para el baño; así se mantendrá bien sentado (no adoptará posturas forzadas) y no se resbalará. En todo caso, no le dejes solo en la bañera ni un segundo.

Obsérvale y si ves que se siente inseguro rodeado de tanta agua, durante unos días prueba a meter su bañerita en la de adultos (ésta, vacía). Así se irá habituando a ella. Otra buena opción es que cuando te bañes tú, lleves al niño en al cuarto de baño para que vea que no te pasa nada por utilizar la bañera grande.

Nuevos descubrimientos
Puedes aprovechar este momento para ofrecer a tu pequeño nuevos aprendizajes. Nómbrale las partes de su cuerpo mientras le enjabonas, para que se familiarice con ellas, y dale juguetes para el baño (cuentos, objetos que floten, envases que pueda llenar y vaciar...). Así irá asimilando conceptos muy útiles sobre su entorno. Y anímale a chapotear: este ejercicio, además de fortalecerle la musculatura, le ayuda a ser más consciente de su cuerpo y de lo que es capaz de hacer con él. Además, puedes empezar a bañarte con él; al estar contigo no se asustará y será un momento genial para los dos.

No olvides, en todo caso, que los niños a medida que crecen son más sensibles a nuestros miedos. Por eso hay que quitar importancia a los pequeños percances, como que les entre agua en los ojos o por la nariz, que pierdan el equilibrio... Cuando tu hijo viva estas situaciones, hazle ver que no pasa nada y muéstrale tu afecto para que se sienta protegido y seguro dentro del agua.

1 AÑO
DESTROZA TODO

Tu hijo prefiere desmontar y romper las cosas a jugar con ellas. ¿Por qué? ¿Éste es un comportamiento normal?

Es el día de su cumpleaños y Marcos está feliz con su regalo. O, mejor dicho, con el papel que lo envuelve. De hecho, hasta la noche no repara en el precioso camión que le han comprado sus padres. No es el único niño al que le parece más interesante el envoltorio que el regalo. Y tiene una explicación: doblando y rasgando el papel, el pequeño descubre que puede hacer muchas cosas y se siente orgulloso de sí mismo. Es él quien convierte en trocitos el papel, sin ayuda de nadie. ¿Cómo no va a estar entusiasmado?

Descubriendo el "yo"
En el primer año el niño se vive a sí mismo como una parte de su madre, pero esto cambia en el segundo año: por sus nuevas habilidades (como desplazarse él solo), descubre que es una persona autónoma. Y éste es el comienzo del descubrimiento del "yo", un hallazgo en el que el juego desempeña una función importantísima. Por ejemplo, en esta etapa le encanta tirar objetos. Observa atento cómo caen y escucha el ruido que producen. El siguiente paso es darse cuenta de que es él quien provoca este efecto. Por eso lo repite una y otra vez, hasta que ata cabos. Así aprende la relación causa-efecto.

Aún hay más: lanzando objetos aprende mucho sobre sus características. Al tirar una pelota, rebota y se aleja más que un bloque de madera, que se queda fijo. Pero el bloque hace más ruido. Apretar, desgarrar, sacudir y morder son otras actividades que le permiten conocer mejor los objetos, algo básico para poder ir asimilando conceptos abstractos como pequeño-grande, arriba-abajo, delante-detrás, fuera-dentro...

¡Abajo esa torre!
El niño de un año disfruta llenando y vaciando distintos recipientes. Al llenar una caja, cerrarla y volverla a abrir, comprende que los objetos del interior permanecen ahí, aunque él no los vea. Es el llamado "concepto de permanencia", que le ayudará a entender que su madre sigue existiendo aunque se vaya a trabajar. También le encanta derrumbar torres (¡es más fácil que construirlas!). Así, al tiempo que se desahoga, experimenta las leyes de la gravedad. Se ha comprobado que los niños juegan así más que las niñas, que tienden a ser más cuidadosas y a usar los juguetes para lo que se han ideado: acunan a los muñecos en vez de convertirlos en balones, intentan encajar las piezas del rompecabezas en lugar de lanzarlas de un lado a otro del salón... Su forma de actuar tan distinta se explica por las diferencias cerebrales entre ellos y ellas.

A menudo piensas: "Mi hijo no juega, sólo rompe". No es cierto. Golpear, romper y lanzar son modos de jugar que, además de divertirle, le permiten investigar. En definitiva, le ayudan a familiarizarse con el mundo que le rodea y a comprender las leyes que lo rigen.

2 AÑOS ¡PESADILLAS!
Ésta es la típica edad de las pesadillas. Mantener la calma y saber cómo actuar es básico para convertir estos episodios en algo anecdótico.

Es difícil saber con qué sueña un niño, puesto que su capacidad para expresarse es limitada. Su mundo es más sensorial que lingüístico, por lo que en sus sueños deben predominar las sensaciones táctiles, auditivas y visuales por encima de las palabras. Las pesadillas constituyen la parte "fea" de este mundo onírico y son tan inherentes al ser humano como los buenos sueños.

Causas muy habituales
Las pesadillas son sueños desagradables que airean las angustias del niño. Cuando ocurren, el pequeño grita e intenta huir (puede incluso caerse de la cama), activando involuntariamente sus músculos. Esta agitación física supone la ruptura del sueño paradójico (durante el cual el cuerpo permanece relajado aunque la mente esté activada), por eso el niño recuerda mejor las pesadillas que las ensoñaciones placenteras. Ello explica su negativa a volver a cerrar los ojos.

Del mismo modo que un sueño da pistas sobre lo que desea una persona, las pesadillas revelan la existencia de un problema. Pueden tener que ver con...
Problemas físicos. Puede que el niño esté demasiado cansado, que haya cenado mucho, que tenga fiebre.... Por eso su sueño es más agitado y ligero.
Miedos instintivos. Al abandono, a la noche, a los monstruos... Estos temores se acrecientan cuando se queda solo y a oscuras en su cuarto.

Conflictos psicológicos. Aunque aparentemente no se enteran de nada, los niños acusan las situaciones de angustia y estrés (discusiones de los padres, muerte de un familiar...). Otra causa de las pesadillas es el exceso de estimulación.

Las pesadillas son sueños desagradables que AIREAN las angustias del niño

Soluciones que funcionan
Para prevenir las pesadillas, conviene:
• Rodear al niño de un entorno tranquilo y relajado, especialmente cuando llega la hora de acostarle.

• Evitar los juegos muy movidos y los dibujos de la tele antes de ir a la cama e intentar que no tenga demasiados objetos en las estanterías de su cuarto y encima de su cama.

• Establecer un ritual para dormir y seguirlo todos los días (el baño, la cena, el cuento...). Esto hará que el pequeño se sienta más seguro y tenga un sueño más tranquilo y reparador.

• Los colores de su cuarto deben ser suaves y la temperatura de su habitación, moderada (unos 22 ºC). Y su cena tiene que ser ligera (debe cenar al menos hora y media antes de acostarse).

El niño que tiene pesadillas se despierta angustiado y llorando. No es bueno dejarle llorar, porque así se siente abandonado y su malestar aumenta. El pequeño no nos reclama para manipularnos, sino porque realmente nos necesita. Para que se relaje debemos ir enseguida a su cuarto, abrazarlo, ofrecerle agua (beber tranquiliza), sentarnos al borde de su cama y explicarle que esa sombra que ha visto en la pared sólo es eso, una sombra, y no un monstruo (aún no distingue entre fantasía y realidad). También podemos cogerle la mano o acariciarle la barriga, pero sin sacarlo de la cama (si lo hacemos, al recordar la pesadilla no querrá volver a acostarse). En poco rato se habrá calmado y podrá volver a dormir. Si insiste, durante la noche podemos dejar la luz del pasillo encendida y la puerta de su cuarto entreabierta o poner una foto nuestra cerca de él, para que se sienta más acompañado.

Por último, ten en cuenta que las pesadillas esporádicas son normales. Pero cuando el niño las tiene durante varios días seguidos, conviene observarle y, si es posible, hablar con él para intentar averiguar qué le asusta y solucionarlo cuanto antes.

Al disfrazarse el niño se divierte, se vuelve creativo... y SUPERA temores

3 AÑOS
"¿JUGAR CON DISFRACES?"

Cuando tu hijo se pone un disfraz, juega a ser otra persona. Así se entretiene, expresa sus sentimientos, se vuelve más creativo... y también supera dificultades y temores.

Disfrazarse es un juego muy beneficioso. Con él le es fácil dar rienda suelta a su imaginación y comportarse igual que el protagonista de los cuentos o de la tele al que admira. Y, además, su disfraz le convierte en el centro de todas las miradas y esto le hace sentirse importante. Ten en cuenta de qué quiere disfrazarse y, en la medida de lo posible, atiende a sus preferencias. Fijándote en su elección conocerás mucho de él: qué profesiones le gustan, qué cualidades aprecia o cuáles desearía tener. Darle la oportunidad de convertirse durante un rato en lo que quiere ser, además de entretenerle, le ayuda a acercarse al mundo adulto, que le encanta. Por eso también insiste en ponerse tu ropa y calzarse tus zapatos. Con su capacidad simbólica, le basta meterse en los zapatos de mamá o en la camisa de papá para sentirse como ustedes.

Por una buena elección
Recuerda estas pautas para que no se canse del disfraz cuando se lo pongas:
• Que sea sencillo, para que pueda moverse con libertad y ponérselo y quitárselo él solo, sin ayuda (así perfecciona su habilidad manual y se hace un poco más autónomo).

• Para prevenir accidentes, evita los botones pequeños, las cuerdas y cintas largas, los tacones y todos aquellos detalles que puedan resultar peligrosos.

Su valor terapéutico
Las ventajas de disfrazarse no se limitan sólo al aspecto lúdico. No es raro que un niño al que le asustan las inyecciones pida un disfraz de médico ni que quiera disfrazarse de monstruo o de fantasma, aunque estos seres le persigan en sus pesadillas. Disfrazado participa de "eso" que en la vida cotidiana le asusta, puede reírse de ello y así, poco a poco, sin ser consciente, va desdramatizando esas situaciones y superando su temor.

Si se siente inseguro cuando no estás con él, tolerará mejor tu ausencia tras vestirle de león o de rey. Disfrazarse también le ayuda a afrontar las novedades que le inquietan (una mudanza, un cambio de colegio...). Y si es muy tímido, le resultará más fácil saludar a las visitas disfrazado de algún personaje decidido, como Mickey Mouse o la Sirenita.

Por todo ello, procura tener en casa un "baúl de disfraces" con ropa y accesorios que ya no se pongan, para que pueda jugar con ellos en cualquier época del año, no sólo en Carnaval.

Para concluir, no te alarmes si tu hija quiere vestirse de pirata o tu hijo de bruja. A esta edad desean un disfraz por lo llamativo que es o por la relevancia del personaje que representa, sin plantearse cuestiones de diferenciación sexual.

4 AÑOS
SI LE DUELEN LAS PIERNAS

Últimamente tu pequeño se queja a menudo por este motivo. No creas que se lo inventa, son los llamados "dolores de crecimiento", pero carecen de importancia y pueden aliviarse fácilmente.

foto:www.shutterstock.com / Christopher Futcher

El crecimiento no tiene por qué ser un proceso doloroso. Sin embargo, aproximadamente 15% de los niños con edades comprendidas entre los tres y los siete años, de vez en cuando se quejan de dolores en las piernas y en los brazos. Si no aparecen otros síntomas (no hay fiebre, hinchazón, enrojecimiento ni calor en las zonas que molestan), no hay por qué alarmarse. Estos pequeños no tienen reúma ni tendinitis ni falta de calcio en los huesos.

Sus molestias se deben a que al mismo tiempo que crecen los huesos, también se estiran los músculos, los nervios, los tendones y los vasos sanguíneos. Y todo esto, lógicamente, hace que el organismo se resienta. Estos dolores sordos y persistentes se localizan en las extremidades porque es en estas zonas donde se encuentran los huesos más largos y, por tanto, los que más crecen. Suelen presentarse cuando el niño se relaja y los músculos se enfrían, generalmente por la tarde o la noche.

Los niños muy activos son los más propensos a este tipo de molestias. También se sabe que existe una cierta predisposición familiar a padecerlas. Y que son más frecuentes durante los meses de otoño, que es la época en la que más crecen los niños. A diferencia de las agujetas, que se manifiestan en forma de pinchazos simétricos, los dolores de crecimiento son asimétricos. Es decir, al niño le duele sólo una pierna, o las dos, pero en zonas distintas.

Si a tu hijo le duelen las PIERNAS es casi seguro que sean dolores de crecimiento

Remedios eficaces
Si tu hijo se queja de molestias en los brazos y piernas, pide cita con el pediatra para que le realice una exploración y descarte cualquier otro posible motivo de su dolencia. Y si te dice que le encuentra perfectamente (es lo más seguro), tal vez te aconseje darle un analgésico suave, como el paracetamol, cuando se presenten estos episodios. Además de este medicamento existen otras formas naturales, también rápidas y eficaces, de relajar las extremidades y calmar el dolor. Son éstas:

• Báñale con agua tibia y cuando le seques, aprovecha para practicarle un masaje en los brazos y en las piernas. Así, además de aliviarle, le relajarás y podrá volver a dormirse de nuevo.

• Aplícale calor local en la zona dolorida, con una manta eléctrica (en el nivel más suave, para no quemarle) o con un paño caliente (comprueba que no lo esté demasiado).

• Estírale la pierna (o el brazo) que le duele y mantenla así 15 segundos. Repite el movimiento cuatro o cinco veces.

Como medida preventiva, dile a tu hijo que realice ejercicios de estiramiento antes de hacer ejercicio e incrementa en su dieta los alimentos ricos en vitaminas C (naranjas, papas, brócoli...) y D (pescado, leche, yema de huevo...). Así, pronto olvidarán estas molestias.

5 AÑOS UNA TARDE EN EL CINE
¿Una buena opción de ocio para esas tardes de ocio? ¡El cine! Repasamos contigo todos los detalles que debes tener en cuenta para que su salida sea un gran éxito.
A casi todos los pequeños les gusta ir al cine, ya que en las películas ven reflejadas su enorme fantasía e imaginación. Aun así, a esta edad conviene preparar la situación de antemano y poner en práctica ciertas pautas para que todo transcurra de maravilla.

Prepáralo para la ocasión
Busca en una guía las películas más adecuadas para la edad de tu pequeño, procurando que, además, se adecúen a sus gustos, y déjale elegir entre las diversas opciones que existan. Una vez tomada la decisión, y antes de ir, hazle un breve resumen del argumento; los niños acogen mejor las actividades cuando tienen una cierta idea de lo que va a suceder.

foto:www.shutterstock.com / fmatka_Wariatka

Si es la primera vez que tu hijo va a ir al cine, el día antes cuéntale cómo es la sala. Dile que allí habrá una pantalla gigante y que mientras proyecten la película estarán totalmente a oscuras. Explícale también cómo tiene que comportarse: debe ir al baño antes de que se apaguen las luces, para no tener que salir en mitad de la película, no puede dar patadas al asiento de delante ni alborotar, y cuando quiera preguntarte algo, debe hacerlo bajito y al oído. No tiene sentido que le pidas que permanezca callado hasta el final. Las preguntas y los comentarios sobre lo que están viendo le aclararán el argumento y le harán disfrutar mucho más de la situación.

Otro modo de aprender
Una vez que acabe la película, pregunta a tu hijo qué le ha parecido. Sus respuestas te ayudarán a conocerle aún mejor. Ayúdale con tus comentarios a aclarar sus dudas, a entender mejor el argumento y a sacar conclusiones. También es un buen momento para hablarle de los comportamientos de los personajes que no te han gustado y de los que te han parecido dignos de admiración. De esta forma lograrás que su tarde de cine, además de ser divertida, sirva para enseñar a tu pequeño a analizar las diversas situaciones y a reflexionar sobre ellas un poco mejor.

© PRISACOM, S.A./HACHETTE FILIPACCHI. Derechos de El Universal.

 

 


 
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