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Cuando el Ratón Pérez
se adelanta

No es la situación ideal, pero puede ocurrir que los niños pierdan sus dientes antes de lo que la naturaleza tiene previsto para ellos. Es decir, los accidentes pasan, y mucho más en cierta población infantil propensa a ello.
Lo importante, en todo caso, es saber cómo reaccionar frente a los más comunes traumatismos dentales para que las consecuencias no sean las peores.
María Elisa Espinosa

Siempre lo mas facil será pensar que, “para que a mi niño no le pase nada, lo mejor es guardarlo en una cajita de cristal”. Pero nada más lejos de la realidad –mención aparte que el vidrio también corta-, por lo cual lo más sano será asumir que, en lugar de truncar las oportunidades de desarrollo y disfrute de los hijos, lo oportuno es dejarlos ser y hacer. Eso sí, siempre y cuando se tengan los ojos bien puestos sobre ellos.

Con todo y eso, los accidentes pasan, y entre ellos aquellos relacionados con la boca del niño, una de las zonas del cuerpo más propensas a sufrir tras una caída o un desafortunado pelotazo. De allí que los traumatismos dentales ocupen un importante espacio en la agenda del especialista en Odontopediatría, tal como lo admite la doctora Sonia Feldman, del Instituto Diagnóstico de San Bernardino.

A su consultorio suelen llegar madres angustiadas con su niño agarrado de una mano y un diente desprendido en la otra, sin saber si lo que hicieron llegando así estuvo bien y con todas las esperanzas cifradas en la experticia de la odontóloga para que les resuelva el problema. Eso, en el mejor de los escenarios, pues no faltan aquellos padres que dejan la solución en manos del destino y la buena suerte, sin siquiera llamar al médico u odontólogo de la familia.

Según Feldman, no obstante, lo primordial es que en tales circunstancias los adultos tengan muy claro cómo actuar desde el primer momento en el lugar donde ocurre el accidente, pues esos minutos que se pierden pueden costar, según la gravedad del caso, la sana y bonita sonrisa de quien sufre el infortunio.

Calma antes que nada
“Entre los traumas dentales, el tipo más frecuente es la fractura del tercio incisal y medio de la corona del diente, y, en ese caso, se puede reconstruir con resina el pedazo perdido; inclusive, si el paciente trae la porción del diente, se le puede pegar con un cemento resinoso”, explica la doctora antes de dar otras especificaciones: “Mientras más pequeña sea la fractura, mejor es el pronóstico; asimismo, cuando el ápice del diente (o raíz) está abierto, el pronóstico es mejor a cuando el ápice está completamente formado; muchas veces, en este último caso, hay que realizar tratamiento de conducto para preservar con éxito el diente”.

Otro traumatismo dental frecuente es la avulsión o pérdida completa del diente. Para atender esto hay dos indicaciones, en función del tipo de pieza que se trate. “Si el diente es de leche o temporal –comienza explicando la especialista- se contraindica colocarlo otra vez en posición en su alveolo o cavidad”. La razón por la cual no se debe ubicar este tipo de dientes en su lugar, está directamente relacionada con el hecho de que así se pondría en riesgo el diente permanente que se está formando, además de que también es factible que se propicie una infección.

De cualquier manera, siempre es recomendable acudir al especialista lo más rápido posible, pues éste determinará si hace falta prescribir la colocación de un mantenedor; muchas veces (y especialmente cuando ya están formados los caninos) esto se hace más que todo por razones estéticas y fonéticas, y no tanto por resguardar el espacio, según advierte Feldman.

Ahora bien, en el caso de que la avulsión ocurra con una pieza ya permanente, sí es determinante colocar de inmediato el diente en su sitio e ir directo al odontólogo para que lo revise, tomar radiografías de ser necesario y ver si hace falta una férula que evite su movimiento. “Es importante que se puedan volver a formar ahí los tejidos de soporte del diente para que se instale firmemente”, puntualiza la especialista.

No obstante, suele pasar que la persona adulta que atiende al niño cuando ocurre el accidente no se sienta segura de colocar el diente en posición, por lo cual allí lo que procede es introducir la pieza en suero fisiológico o leche, e incluso colocarlo debajo de la lengua de la persona a la que se le cayó (siempre y cuando no sean niños muy pequeños) y acudir lo más rápido posible al odontólogo.

La ecuación que hace Feldman a propósito de esto es contundente: “Mientras más rápido se acuda al odontólogo, mejor será el pronóstico. Si se tarda mucho, el pronóstico pasa a ser reservado, pudiendo ocurrir que se comience a absorber la raíz y se formen abscesos, lo cual podría implicar la pérdida definitiva del diente”.

El tercer tipo de traumatismo dental frecuente en los inquietos niños de la casa es el desplazamiento. Según explica la doctora Feldman, puede ocurrir que, ante un golpe o tropiezo, el diente se mueva hacia arriba (intrusión) o hacia los lados (lujación). Para ambos casos sigue siendo recomendable acudir al odontólogo, pero particularmente en el primero de ellos, se debe hacer una radiografía para determinar si no está afectado el diente permanente en formación; lo que toca después de eso es esperar a que el diente baje solo (cuestión que usualmente ocurre). En el caso de una lujación, muchas veces el odontólogo o el propio adulto que acompaña al pequeño pueden colocar el diente en posición.

Lo fundamental en todo esto, según termina por advertir Feldman, es mantener la calma. Cosa difícil, dirá cualquier persona implicada alguna vez en un atolladero de este tipo, pero habrá que hacer el mejor esfuerzo. De ello dependerá que una llegada intempestiva del ratoncito Pérez no pase a mayores. l

mespinosa@eluniversal.com

 

INFORMACION AL DENTE

l Los traumatismos dentales suelen ser causados por accidentes comunes como las caídas en la casa y en los parques, seguidos por la práctica de algún deporte, y, en tercer lugar, por los accidentes automovilísticos o de motocicleta.

 

l Igualmente están las causas que la doctora Feldman denomina predisponentes o hereditarias, como el tipo de mordida (muy abierta o hacia fuera, o por lo contrario, una mordida profunda o cerrada), ocasionadas por hábitos como chupar dedo, respirar a través de la boca o por tener un hueso maxilar grande.

 

l Los más propensos a sufrir traumatismos dentales son los niños que comienzan a caminar, pues suelen tropezarse con esquinas de mesa o escaleras; asimismo, están los pequeños deportistas de disciplinas como karate, beisbol y fútbol.

 

l Según las estadísticas, los dientes incisivos centrales superiores son los más afectados por trauma, seguidos de los incisivos laterales superiores, debido a que son las piezas más expuestas al medio ambiente.

 

l Los niños varones sufren dos veces más lesiones en la dentición permanente que las niñas; factor que está relacionado con su participación activa más intensa en juegos y deportes. No obstante, esta preponderancia masculina no es tan marcada durante la dentición temporal, por cuanto la actividad de ambos sexos es muy similar.

l Hay ciertos niños que están más propensos a sufrir múltiples traumatismos a lo largo de su vida, ya sea porque son muy inquietos, porque practican algún deporte que propicia ese riesgo, por la posición de sus dientes, o por cumplir con más de uno de estos factores juntos.

 

l En dientes de leche o temporales es más frecuente que ocurran desplazamientos en lugar de fracturas o avulsiones; esto se debe a que el hueso es más “esponjoso”; en casos de dentadura permanente, ocurren más fracturas de la corona ya que el hueso es más compacto.

 

l En el caso de que un trauma produzca la intrusión del diente dentro del alveolo o cavidad, tarda en bajar por sí solo entre dos y cuatro meses (tratándose de un diente temporal o de leche); si es permanente, es necesario monitorearlo (muchas veces hay que ayudarlo a bajar con ortodoncia).

 

l Cuando un diente permanente se cae a causa de un accidente, es importante tomar las siguientes precauciones: se agarra la pieza por su corona (nunca por la raíz para evitar daño del ligamento periodontal); se lava suavemente con suero fisiológico o agua, de manera de remover los cuerpos extraños o bacterias; se reimplanta manualmente al alveolo; el niño debe mantener el diente en su lugar con el dedo o mordiendo una gasa hasta que llegue al odontólogo.

l En el caso de que dé miedo colocar el diente en su lugar, el procedimiento es el siguiente: se introduce en un vaso de leche fría (medio libre de bacterias que permite preservar las células del ligamento periodontal), aunque también queda la opción de sumergirlo en suero fisiológico o saliva, eso sí, acudiendo lo antes posible al odontólogo.

 

l Mientras se llega al especialista, se debe limpiar bien la zona del golpe, colocar hielo y dar un antiinflamatorio.

 

l A pesar de que el diente pegue (con la regeneración del tejido que rodea la raíz), siempre hay que mantenerlo en observación para asegurarse de que la evolución es buena.

 

l Como medidas de precaución ante este tipo de accidentes Feldman recomienda: monitorear muy bien la actividad de los niños más pequeños; usar el cinturón de seguridad y sillas de carro para los más pequeños; los niños más grandes que hacen deporte deben usar protectores bucales especialmente diseñados para este fin; si el niño tiene problemas con la posición de sus dientes, debe recibir tratamiento de ortodoncia lo antes posible.

 

 

 
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