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Al ritmo de la noche
La movida nocturna arropa a millones de venezolanos que no pueden
esperar la llegada del fin de semana para dejarse seducir por la buena
música, los tragos y, en la mayoría de
los casos, por la tentación de “echar un pie”. La brecha generacional
define estilos de rumba pero, sin
duda, todos comparten las ganas
de pasarla bien.
María de los Angeles Herrera
La naturaleza chancera y bonchona del venezolano promedio hace que en este país cualquier excusa sea buena para armar un jaleo que permita compartir con los amigos, pero, sobre todo, que ayude a liberar tensiones y a evadir los problemas cotidianos. No hay cumpleaños, graduación, boda o nacimiento que no brinde oportunidad para organizar una reunión, pero la llegada del viernes es —sin discusión— la razón por excelencia para comenzar la fiesta: mientras unos disfrutan de los lugares donde los ritmos bailables marcan la pauta, hay quienes prefieren vibrar con las mezclas de un DJ; otros, mucho más tranquilos, acuden a vinaterías y bares lounge para tumbarse en un puff con una musiquita chill out de fondo. Y es que la palabra rumba toma diversos significados dependiendo de la óptica de quien la pronuncia.
Para que tenga una idea de cómo es el movimiento, sólo de jueves a sábado entre las 7:00 pm y las 5:00 am, el Centro San Ignacio arrastra alrededor de 10.000 personas que buscan divertirse en alguno de sus 21 locales nocturnos, cifra que no impresiona si se le compara con las 700 cajas de whisky que consumen sus visitantes cada mes. Si a esto le suma la cantidad de gente que frecuenta Las Mercedes, La Castellana y el CC Macaracuay Plaza —por sólo nombrar tres de las zonas más populares— ya podrá imaginarse cuántos acostumbran a irse de rumba sólo en Caracas.
¡Hasta que el cuerpo aguante!
Contrario a lo que muchos creen, el vocablo rumba —como sinónimo de fiesta— no surgió de la extensión del baile afrocubano, sino a la inversa. El español Antonio Mora Ayora, autor del libro De orilla a orilla, lo deja claro al explicar que “La rumba, más que baile o canto, era un tipo de fiesta creado en determinadas circunstancias sociales por el africano”.
El Diccionario de la Real Academia Española, por su parte, acepta que la expresión sea equivalente a la frase “andar de parranda”, pero sólo en países latinos como México, Perú, Cuba y Puerto Rico, locaciones donde los noctámbulos son el centro de atención. En Venezuela la situación no es muy diferente, prueba de ello es la proliferación de páginas web que no sólo orientan a los rumberos sobre los lugares de moda, sino que dan cuenta de quiénes se dejan ver en las reuniones más sonadas. Y ni hablar del plan de telefonía celular que fue diseñado exclusivamente para quienes no se pierden una velada nocturna o de las campañas publicitarias que las utilizan como excusa para vender productos que ni siquiera están directamente relacionados con los vicios que esta supone, entre ellos desodorantes, cosméticos, fijadores para el cabello e, incluso, artículos de higiene personal.
En este rincón del mundo sobran las ganas de pasarla bien y, obviamente, tanto las marcas como los dueños de locales comerciales saben que la mejor forma de acercarse al público es a través de la buena música y de los tragos más populares; es así como cada vez resulta más común que se organicen encuentros promocionales que incluyan toques de bandas, eventos con DJ invitados y catas de algún tipo de bebida alcohólica, sobre todo de whisky, pues para asombro de muchos Venezuela tiene el índice de consumo per cápita más alto del mundo.
Estas iniciativas comerciales donde la rumba destaca no serían posibles —ni mucho menos rentables— si el grupo que disfruta del jaleo nocturno fuese reducido. No sólo los miembros de la llamada generación Y —aquellos que nacieron a partir de 1981— son los que rumbean, pues a los más creciditos también les gusta la parranda sólo que tienen estilos diferentes. Quienes toman las calles durante los fines de semana dan cuenta de cómo es su movida en medio de la noche caraqueña.
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Sólo de jueves a sábado entre las 7:00 pm y las 5:00 am,
el Centro San Ignacio arrastra alrededor de 10.000 personas
que buscan divertirse en alguno de sus 21 locales nocturnos.
Cada mes sus visitantes consumen 700 cajas de whisky |
Si no bailaste no rumbeaste
Apenas tiene 18 años, pero ya perdió la cuenta de las veces que ha amanecido bailando. Verónica Mata, una estudiante de Comunicación Social de la Universidad Santa María, reconoce que le encanta rumbear tanto en sitios nocturnos como en fiestas privadas a las que tiene el privilegio de asistir gracias a sus buenos contactos.
Dos veces a la semana, como mínimo, sale a disfrutar de alguna de las opciones de moda que —por ahora— se encuentran en los predios del Centro San Ignacio: “De acuerdo con la edad he ido a diferentes locales pero ahora voy a One, es chill out hasta las doce y luego ponen de todo; también voy a Le Club y a Vintage. Antes iba a otras discotecas que quedaban por Chacao pero ya caducaron, porque van demasiados niños de bachillerato”.
Acostumbra a salir en grupos mixtos, pero disfruta más de las noches de chicas: “Siempre te caen un poco de hombres, aunque nosotras no vamos pendiente de eso, sino de disfrutar y bailar entre nosotras. Si vamos solas es divertido, porque tenemos más libertad. Si vamos con amigos a veces se ponen celosos si quieres bailar con alguien más. Es un fastidio”.
En cuanto a lo que consume, Verónica es amante del vodka tonic y la cuba libre, bebidas que pide por servicio; confiesa que nunca come en los locales porque no tenía idea de que en ellos vendían comida, pero —como buena venezolana— sí acostumbra a comerse una arepa poco después de terminar la jornada.
Todo en un solo local
Carlos Julio Arias tiene 33 años y desde los 14 comenzó a rumbear. “La rumba —comenta— es la excusa perfecta para olvidarte de los problemas, por eso cuando salgo de noche procuro pasarla bien”. Aunque antes salía todos los fines de semana, desde que se graduó de Ingeniero en sistemas y comenzó a trabajar sus veladas nocturnas se redujeron, “porque a medida que uno va avanzando va adquiriendo mayores responsabilidades y hay otras prioridades: tengo dos hijos, un trabajo y estoy de nuevo en la universidad”.
Para Carlos el viernes es el mejor día para irse de bares, pues el sábado acostumbra a jugar dominó con los amigos. “Ese día salgo de la universidad como a las nueve, hago un predespacho y me tomo unas birras donde estén los panas —cerca de la universidad—, allí organizamos todo y nos vamos como a las 11:30 pm”. Carlos es fanático de los pub, espacios que dan cabida a todo lo que el cliente desee: “son sitios donde puedes hacer lo que quieras, desde sentarte en la barra a tomar algo, bailar, picar o sólo conversar. Además de que no van muchos chamos, ponen música variada y la pasas bien… No me gusta mucho Las Mercedes. Allí con 20.000 bolívares se rumbea y yo prefiero gastar un poquito más—cerca de 200.000 bolívares por salida— con tal de no encontrarme a todo el mundo. Rumbeo en Patatus Latino, porque ponen de todo un poquito; también me gusta Fig's, en Altamira; y del San Ignacio, Whisky Bar”.
Como muchos venezolanos, Carlos es amante del whisky doce años en las rocas, aunque también le gusta el popular vodka tonic. “Cuando era más chamo bebía cerveza pero la cambié por la panza (risas). Es que llega un momento en que te embucha, en cambio el whisky siempre te mantiene a tono”.

Entre la electrónica y la pachanga
Desde que era adolescente a Walter Sánchez le encantaba salir de noche. “Rumbeo absolutamente todos los fines de semana del mes y, a veces, también salgo durante la semana”, comenta. Como es un chico “multifacético”, acude sin problema a lugares de diversos estilos, la movida siempre va a depender del grupo que lo acompañe y del ánimo general: “No siempre hago predespacho, pero cuando lo hago puede ser en mi casa, en casa de unos amigos o jugando pool en algún lugar como Pepino's, en Las Mercedes. Luego, cerca de la medianoche, me voy a Be —lo que era Loading en el CCCT— donde ponen música electrónica y mezclan DJ reconocidos. También voy a Li Bar, un sitio adulto contemporáneo donde ponen de todo; y a Vintage (en el Centro San Ignacio), que es un buen lugar para buscar mujeres porque hay muchas niñas lindas. De vez cuando, voy a Piú, también en Las Mercedes”.
En su opinión, el mejor día para salir es el sábado, “porque los domingos puedo dormir hasta tarde. Los viernes salgo pero sólo hasta temprano, debido a que me gusta hacer mis cosas en la mañana o en la tarde y no desperdiciar todo el sábado durmiendo”.
Walter suele salir de su casa luego de comer, en parte para evitar que la bebida lo tome por sorpresa. Una vez en el local, se toma un whisky 18 años o un vodka tonic. “Antes, cuando tenía 16 años —recuerda—, la plata no alcanzaba para un whisky y me tomaba un ron”. Sus consumos rondan los 120.000 bolívares por noche, eso incluye sólo bebidas porque son excepcionales las veces que le da hambre durante la noche.
Sinónimo de compartir
Hilda Bellorín tiene 42 años y rumbea desde que tenía 13, edad que no causa sorpresa tomando en cuenta que tiene tres hermanos mayores y viene de una familia donde todas las razones son buenas para celebrar. Para ella una rumba se traduce en “Una oportunidad de compartir con la gente, puede ser bailar, tomarse unos tragos, comerse algo rico o escuchar música”. Hilda es administradora y asiste a muchos eventos debido a su trabajo en una emisora de radio, pero cuando está libre también se escapa con sus amigos o sus hermanos.
“Me gusta conocer sitios nuevos, a veces los veo, leo información sobre ellos y trato de probar a ver qué tal”, comenta. El San Ignacio, a su juicio, es una buena opción, porque “Siempre hay cosas chéveres”, pero los sitios que más frecuenta están en Las Mercedes, como Tao y La Suite, ubicados en el Tolón Fashion Mall, y un espacio para los amantes de la música electrónica llamado Piú, que está localizado en el California Mall. Pero no siempre rumbea en Caracas, pues su familia es de Puerto La Cruz y viaja mucho los fines de semana. Para quienes visitan ese rincón costero del país, sus recomendaciones incluyen sitios como Déja Vû, un bar de Harley Davidson ubicado en Nikki Beach y el popular Bambuda Bar, “que tiene varios ambientes y es muy agradable”.
Consume whisky 12 años, vino tinto o champaña, porque no le gustan los cocteles, y para asombro de muchos, confiesa que se tomó la primera cerveza como a los 21 años. También le gusta picar algo mientras rumbea, especialmente tequeños, fiambres y ensaladas. Entre 100.000 y 300.000 bolívares puede consumir en una noche promedio, pero todo depende de qué tan animada esté la movida.
¡Viva la salsa!
Durante 26 años, sus fines de semana han transcurrido en lugares nocturnos donde los grupos en vivo son protagonistas. Ana Mata tiene 44 años y siempre ha disfrutado de las rumbas bailables. Antes salía más que ahora, pues entre sus labores como estilista, el cuidado de su hijo adolescente y los oficios del hogar poco es el tiempo libre que le queda; sin embargo, al menos dos veces a la semana —jueves y sábados por la noche— sale con su pareja y su grupo de amigas a bailar, a tomarse unos tragos y a tratar de pasarla bien.
Su movida comienza a las 8:00 pm, hora en que arriba a los locales que frecuenta, entre ellos el “City Day, en Sabana Grande, El Sarao, en Bello Campo, y La Triana, también en Sabana Grande”. Si tiene que trabajar al día siguiente permanece allí hasta las dos de la mañana; pero los sábados amanece bailando y luego se va a Plaza Venezuela a una arepera que está abierta 24 horas.
Respecto a las razones que la llevan a visitar esos locales en particular, Ana comenta: “Me gustan estos negocios porque la música es muy buena, se me hace más fácil el acceso y también porque no me agrada mucho la gente que va, por ejemplo, a Las Mercedes o, incluso, a El Maní, donde los salseros son más bohemios”.
Su día favorito para rumbear es los jueves, en parte porque la afluencia de personas es más reducida, pero también porque “la gente es diferente”, sentencia.
Cerveza y vodka con jugo de naranja son sus bebidas preferidas, productos que le llevan a invertir un mínimo de 50.000 en cada una de sus salidas, cifra que puede variar sustancialmente cuando se anima a comer en los locales o cuando la falta de transporte la obliga a tomar taxis para llegar o salir de ellos.

| Para tomar en cuenta |
Los rumberos consultados ofrecen algunas de sus recomendaciones:
• Procure visitar locales nocturnos que le hayan recomendado previamente; de lo contrario, opte por
acudir en grupo, al menos esa primera vez.
• Si la zona en la que va a estar es muy concurrida y no tiene garantizado el servicio de estacionamiento,
es preferible que usted y sus amigos se distribuyan en el menor número de vehículos posibles. También
puede recurrir al servicio de alguna línea de taxi conocida, sobre todo
si se dispone a beber.
• No acepte tragos ofrecidos por personas que no conoce y nunca aparte su vista de las bebidas.
• Prefiera los centros comerciales que tienen varios locales nocturnos para ir a rumbear, pues en ellos
hay mayores garantías de seguridad; además de que si no le agrada
el ambiente de un local puede
encontrar otro rápidamente.
• Si no tiene con quién salir escoja un local con el que esté familiarizado. De esta manera se sentirá un
poco más cómodo y, probablemente, se topará con rostros conocidos.
• Vaya preparado para gastar:
dependiendo de la marca, un servicio de whisky ronda los 200.000 bolívares, mientras que el de vodka supera los 120.000. Si va a realizar consumos por trago, los precios
oscilan entre 12.000 y 16.000 bolívares por unidad. |
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Dos espacios del este de Caracas arrojaron datos interesantes en torno a la movida nocturna. José Ignacio Camacho, gerente de Whisky Bar del Centro San Ignacio, comenta que alrededor de 800
jóvenes los visitan durante la noche del sábado; día bastante movido pero no tanto como el jueves, cuando ascienden a 900 los que acuden a escuchar su popular selección musical de rock y pop de los años ochenta y noventa. El target varía bastante en ambos casos: mientras entre semana los mayores de 30 marcan la pauta, los fines de semana el lugar es invadido por los más chamos.
Por su parte, La Suite —local ubicado en el Tolón Fashion Mall de Las Mercedes— recibe entre 300 y 400 personas durante los fines de semana. La mayoría de sus asistentes pasa de los 30, ya que el concepto de un cabaret francés de los años cuarenta suele causar mayor impresión en los adultos contemporáneos.
La proporción de mujeres y hombres en ambos sitios se mantiene invariable durante la semana: por cada 10 personas hay seis mujeres y cuatro hombres. Sin embargo, Willy Del Nogal —uno de los socios de La Suite— aclara que en su negocio la distribución tiende a invertirse todos los jueves, día en que son los ejecutivos quienes salen a divertirse. |
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Fuentes consultadas
www.radiorabel.com
www.producto.com.ve
www.directomed.com
www.producto.com.ve
www.encolombia.com |
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