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CRÍMENES MAX HAINES

Sea usted el juez

¿Era Scottie Mason culpable de asesinato o un cómplice ingenioso le tendió una trampa?. Max Haines

Muy bien, amigos, presten atención. Presentaré los hechos pertinentes de un caso de asesinato para que los examinen concienzudamente, tal y como fueron expuestos a un jurado británico por allá en 1923. Sólo deben considerar dos posibles veredictos: culpable o inocente. El asesinato por sí mismo carecía de las cualidades que conforman un caso notable. Fue el juicio el que tuvo las características de un gran drama.

El taxista Jacob Dickey estaba estacionado en el West End de Londres, esperando que se subiera al vehículo un pasajero de entre los cientos de individuos y parejas que se marchaban de ese ajetreado distrito de la ciudad, el cual ofrecía variadas opciones de entretenimiento. Antes de esa noche de mayo, Dickey, de 39 años, había llevado una existencia ejemplar y relativamente anónima. Todo eso cambiaría en un lapso de unos 40 minutos. Un pasajero abordó el auto y el chofer partió del lugar.

Más tarde, Jacob Dickey fue visto forcejeando con un hombre en Brixton, a cierta distancia de las brillantes luces del West End de Londres. Las puertas de su taxi estaban totalmente abiertas. La calle residencial estaba en silencio, salvo por los dos hombres enfrentados. El ruido de disparos perturbó la apacible atmósfera nocturna. Dickey cayó en la calle. Su atacante huyó corriendo.

La policía llegó a la escena del crimen en cuestión de minutos. Dickey yacía muerto a un lado de su taxi. A poca distancia de allí, en la calle, los oficiales encontraron una pistola que acababa de ser disparada. También hallaron un bastón con un peculiar mango de oro, un par de guantes de gamuza y una cachiporra.

La policía trató de seguir las huellas de la huida del asesino. Encontraron una linterna en el garaje abierto de una casa. Había pisadas y algunos arbustos partidos en el jardín que estaba detrás de la residencia. El rastro conducía a un muro, el cual rodeaba el patio trasero de la vivienda ubicada en el número 15 de Acre Lane. Dos mujeres vivían allí. Se sorprendieron al ver a un hombre saltar el muro hacia su propiedad. El hombre desesperado, a quien creyeron un ladrón, se dirigió a las mujeres, quienes no habían escuchado los disparos.

"Debo atravesar hasta la calle", les dijo. Las aterradas mujeres dejaron que el desconocido pasara.

A Scotland Yard no le tomó mucho tiempo rastrear el singular bastón hasta un ratero proveniente de Estados Unidos llamado Eddie Vivian. Eddie era bien conocido en Soho, y a menudo portaba una pistola en lo que era su línea de trabajo, es decir, entrar a robar en casas.

Eddie se encontraba en una residencia en Pimlico. Específicamente, estaba en la cama con su novia, la corista Hettie Colguhoun. Cuando le mostraron el bastón, reconoció ser el dueño. También admitió que la linterna ubicada cerca de la escena del crimen le pertenecía. Sin embargo, sostuvo que había estado en casa, en la cama, en el momento en que se cometió el asesinato, debido a un malestar estomacal. Hettie lo había atendido y corroboraría que no salió de la habitación. Pero Eddie afirmó que un amigo, Scottie Mason, de 22 años, había salido de prisión unos días antes del asesinato de Dickey. Ambos habían pasado algún tiempo en la cárcel, donde planificaron algunos "trabajos" para cuando Mason estuviera libre. El domingo antes del asesinato, Mason se presentó. Los dos habían observado algunas casas que podrían robar.

Cuando llegó la noche en que habían planeado el hurto, Eddie se sentía demasiado enfermo para participar. Scottie le pidió prestado su bastón, su linterna y la cachiporra. Según Eddie, Scottie salió a las 7:30 pm y regresó a las 11:30 pm en un estado deplorable. Su ropa y sus zapatos estaban sucios y manchados de sangre. El atribulado hombre le dijo a su amigo: "Metí la pata. Le disparé a un taxista".
Eddie le dijo a los detectives que le ofreció alojamiento a Scottie esa noche, y le dijo a Hettie que su amigo había sido golpeado por algunos rufianes. A la mañana siguiente, Scottie se marchó. No lo había visto desde entonces. Eddie fue detenido. Al día siguiente, Scottie Mason fue divisado por un agente de policía y lo arrestaron. Scottie fue colocado en una fila de sospechosos. Las dos mujeres que habían tenido la desconcertante experiencia de dejar pasar a un asesino por su casa fueron llevadas a la estación para ver si podían identificarlo de entre los demás hombres. Sin vacilar, las dos identificaron a Scottie.

Eddie Vivian fue puesto en libertad y a Scottie Mason lo acusaron de asesinato.
Todo lo que Scottie dijo fue esto: "No puedo entenderlo. No estaba ni siquiera cerca de Acre Lane esa noche. No sé nada sobre el asesinato. Cometen un error. No lo hice". Cuando quiso hacer una declaración, le dijeron que como no tenía asesoría legal, era mejor que esperara hasta que se designara a un abogado defensor que lo representara.

 

Las dos mujeres que tuvieron
la experiencia
de dejar pasar a
un
ASESINO por su casa identificaron a Scottie

El 11 de julio de 1923, Scottie Mason fue enjuiciado por el asesinato sin haber dado realmente su versión de la historia. Eddie Vivian fue interrogado por el abogado de Scottie, A.C. Fox-Davies. La defensa sostuvo que Eddie inventó su historia de haber estado enfermo para ocultarle a Hettie el hecho de que él y Scottie tramaban un robo.

Fox-Davies reveló que Scottie había salido del nido
de amor de Vivian a las 7:30 pm, mientras que Hettie se había marchado a las 8:30 pm, lo cual le daba a Eddie suficiente tiempo para encontrarse con Scottie. El defensor acusó a Eddie de haber abordado el taxi esa noche y de ser el asesino de Jacob Dickey. Eddie negó la acusación rotundamente.

El acusado subió al estrado en su propia defensa. Scottie declaró a la corte que la enfermedad de Eddie había sido un pretexto para apaciguar las preocupaciones de Hettie, quien temía que intentaran un robo. Habían planeado reunirse. Eddie le dijo a Scottie que conocía a un taxista que no haría preguntas y conduciría para ellos.
Scottie fue a esperar a Eddie y al taxi. Mientras el vehículo se aproximaba, Scottie escuchó a ambos hombres discutir. Las puertas se abrieron y el taxista y Eddie comenzaron a pelear en la calle. Se dispararon varios tiros. Scottie no esperó. Se largó del lugar, saltó una verja y permaneció durante varios segundos ante un garaje abierto. Fue allí donde dejó la linterna.

Eddie saltó por encima de la misma verja. Desesperado, miró a Scottie y le dijo: "Por Dios, Scottie, ayúdame, no puedo caminar". Scottie no estaba de humor para ayudar a nadie. Saltó un muro, donde lo vieron las dos mujeres que lo dejaron pasar por su casa. Luego regresó a la habitación de Eddie, quien ya se encontraba allí.

La historia de Scottie tuvo el efecto deseado en la corte. Muchos creyeron que decía la verdad. Había ubicado a Eddie en el taxi de Dickey. Había explicado la presencia del bastón, la linterna y la cachiporra de Eddie encontrados cerca de la escena del crimen. Pero lo más importante era que su historia aclaraba por qué las mujeres lo habían identificado. Ahora le toca a usted. Tiene ante sí a dos sujetos que eran unas joyitas. Ambos habían purgado condena en prisión por robo. Ambos admitieron haber planificado un asalto la noche del asesinato. Sin embargo, contaron historias muy distintas.

¿Cuál es su veredicto? ¿Encontró el jurado culpable o inocente a Scottie Mason?
Pese a que su historia era plausible, el jurado inglés se tomó sólo 17 minutos para encontrar a Scottie Mason culpable de asesinato. Fue condenado a muerte. Cinco días antes de su ejecución, recibió una conmutación de la sentencia. El Ministro del Interior, William Bridgeman, más tarde divulgaría que la versión de Mason plantó la semilla de la duda, por lo que se emitió la conmutación.

Un aspecto interesante del caso salió a la luz cuando el fiscal, Sir Richard Muir, informó que durante todo el juicio había consultado un viejo plano del área donde se cometió el crimen. Tenía como costumbre visitar el lugar de cada asesinato en el que oficiaría como fiscal. Sin embargo, el día en que acudió a examinar la escena del asesinato de Dickey, una terrible tormenta se desató. Debido a ello, no se bajó del auto, sino que realizó sus estimaciones con base en el viejo plano.

En los años transcurridos desde el momento en que se elaboró el plano y la fecha del asesinato, se habían construido varios edificios. La ruta de escape que, según Scottie, tomó Eddie, era imposible de seguir. Scottie había inventado la historia para incriminar a Eddie. Era realmente el culpable, pero le perdonaron la vida debido a una tormenta eléctrica. Scottie Mason pasó 14 años en prisión antes de recibir libertad condicional en 1937. Sirvió como marino mercante en la II Guerra Mundial y se perdió en el mar.

 

TRADUCCIÓN: JOSÉ PERALTA. ILUSTRACIONES: DAVID MÁRQUEZ. DAVIDMARQUEZ@CANTV.NET

 
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