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Las aventuras de Chihiro
Un regalo de japón

La película que se llevó el Oscar como mejor filme animado, podrá ser vista en el país a partir del 6 de agosto. Descubra por qué la crítica y la audiencia mundial no se cansan de alabar el último trabajo de quien consideran un maestro de la animación. Raúl Chacón Soto

Lo extraordinario no es sólo que se haya ganado el Oscar frente a las favoritas Lilo & Stitch y Spirit: El corcel indomable o que se haya llevado la mayoría de los premios que reconocen el trabajo en el difícil terreno de la animación. Tampoco que sea la película que ostenta el récord de taquilla en su país con 234 millones de dólares en sus arcas, una cifra que supera a la conseguida por Titanic, cinta que a su vez había superado a otra producción del mismo director, Hayao Miyazaki, titulada La princesa Mononoke. Lo que dice mucho de la calidad de Las aventuras de Chihiro es lo bien parada que sale al compararse con cualquiera de los títulos de la cosecha cinematográfica del año pasado, llegándose a ganar, incluso, el Oso de Oro del Festival Internacional de Cine de Berlín 2002 (la primera vez que una película animada lo consigue en los 50 años de historia de uno de los festivales más prestigiosos del mundo), compartiéndolo con el film irlandés Bloody Sunday, de Paul Greengrass. La última película de Miyazaki se ha convertido, pues, en una muy agradable sorpresa para los espectadores occidentales, exceptuando, claro está, a los amantes del cómic japonés quienes saben de sobra las cualidades que siempre han acompañado a este artista, autor, además, de otros largometrajes de reconocida calidad, de series de televisión entre las que figuran la muy recordada -y popular por estas tierras-, Heidi; y también de algunos manga muy reconocidos dentro y fuera de su país.
La noche que le entregaban el Oscar a Las aventuras de Chihiro no estaban presentes ni el director ni los productores de la película. Todos se quedaron en Japón, y, más tarde, hicieron saber que no habían acudido al acto porque la situación del mundo, por aquellos días, era "tan profundamente triste", que las cosas no estaban para celebraciones. Con todo, dieron las gracias a quienes hicieron posible que la película fuera exhibida en Estados Unidos, sobre todo después de que una gran distribuidora se negara a hacer su tarea por considerar que el film no iba a ser bien recibido por el público estadounidense. Lo paradójico es que terminó llevándose el premio de más prestigio que ese país otorga a la producción cinematográfica.
Fue Disney la empresa que se dio a la tarea de dar a conocer el film de Miyazaki por aquellos lados. Algunos puristas temblaron ante la sola idea de que se introdujeran cambios que alteraran la historia (soluciones edulcoradas y ya vistas); algo que no sucedió; y también al imaginarse el efecto negativo que podía tener el necesario doblaje, pero, afortunadamente, los resultados fueron más que aceptables, no sólo porque se cuidó el espíritu de los diálogos verdaderos (mucho se debe a la supervisión de John Lasseter de Toy Story), sino porque se escogieron actores adecuados para cumplir con el compromiso. A Daveigh Chase, quien también se encargó de la voz de Lilo en Lilo & Stitch, le correspondió prestar la suya para el personaje protagónico, Chihiro, una niña de diez años (algunos dicen que a ratos es muy chillona); mientras que Suzanne Pleshette y Michael Chiklis (el protagonista de The Shield) se lucieron interpretando a la mala en cuestión, Yubaba, y al padre de la pequeña.
La versión que finalmente vieron los estadounidenses (y que será vista acá en Venezuela, aunque existe la posibilidad de que haya copias en japonés con títulos en español) es fiel a la original, y con toda seguridad encantará a quienes se muevan a verla. La animación nipona es distinta a la que se hace en los grandes estudios de Estados Unidos. El estilo de Miyazaki, en particular, y como lo ha dicho la crítica de Los Angeles Times, "es más pictórico, con una sensibilidad inconfundiblemente japonesa, y con un tono que, incluso cuando es ligero, nunca llega a lo chistoso o caricaturesco". La película sorprende en la medida en que se diferencia de las otras de su clase como las que generalmente se exhiben por estos lados.

Erase una vez...
...una pequeña llamada Chihiro quien no estaba muy a gusto con la idea de mudarse a una nueva casa. Su padre, ansioso por llegar cuanto antes a su nuevo destino, decide tomar un atajo que lo lleva directamente a la entrada de un misterioso túnel. A pesar de la resistencia de la pequeña, ambos padres deciden explorar qué se encuentra del otro lado del pasadizo. Allí encuentran lo que parece un parque temático abandonado y, más adelante, un restaurante donde están servidas las más deliciosas raciones de comida. Ellos empiezan a devorar lo que está a la vista mientras Chihiro se rehúsa al temer cierto peligro y decide echar un vistazo por su propia cuenta. Cuando empieza a caer la noche, la niña descubre la presencia de cientos de espíritus sin rostro inundando el lugar y corre para buscar a sus padres, a quienes encuentra convertidos en cerdos. Un niño llamado Haku le ofrece ayuda, lo que significará para la pequeña trabajar en una casa de baños (en la cultura nipona es un espacio público donde los clientes pueden no sólo bañarse sino acceder a servicios como sauna y vapor) frecuentada por miles de dioses y espíritus japoneses. Chihiro tendrá que esmerarse si quiere evitar que sus padres terminen devorados por algunos de los clientes del insólito local.

Es cierto que tiene un aire que recuerda al de las historias de hadas, esas que empiezan con la frase Erase una vez... donde hay niños que se convierten en dragones y aldabas que caminan y hablan; y también que recuerda mucho a Alicia en el país de las maravillas, no sólo porque se trata de una niña heroína, sino de la visita a otro mundo, paralelo, que se encuentra no detrás de un espejo, pero sí a la salida de un túnel... todo ello es cierto, pero hay muchas diferencias. Lo que el espectador ve ante sus ojos es nuevo, fresco, sorprendente... y nunca predecible. Miyazaki se vale de las aventuras de su encantadora Chihiro (los niños y los adultos fácilmente viven en carne propia todo lo que esta pequeñita dibujada siente y padece en lo que al final es la historia de una niña que se encuentra a sí misma sin la ayuda de sus padres), para hablar de temas como el poder del amor y la amistad, la importancia de saber quién se es en este mundo (Yubaba, la bruja, le ha robado el nombre cambiándoselo por Sen, como una manera de mantenerla como esclava y borrarla como ser humano), la naturaleza corrupta de la avaricia y la gula, y de que todo es posible para aquellos quienes tienen fe. No faltan las referencias al tema ecológico y a los daños producidos por la contaminación del hombre, asuntos que son constantes en toda la obra de este autor... y todo contado con una gama tan amplia de recursos visuales que sorprende. El japonés, que aquí deja muy en claro porqué se le considera un maestro, hace gala de su poderosa imaginación y combina perfectamente escenas que causan no poca conmoción con otras poseedoras de una tranquilidad y pureza que maravillan, como aquellas en las que aparece el tren que viaja sobre rieles sumergidos en el agua dirigiéndose a ninguna parte. La belleza de los backgrounds no deja indiferente a nadie, y es un marco excelente para los personajes que fueron animados de una manera más tradicional. Tal como lo dice la nota de Los Angeles Times, "el sueño y la pesadilla, lo grotesco y lo bello, lo terrorífico y lo encantador vienen juntos para subrayar la unicidad de las cosas, para señalar cuán pequeña es la distancia entre esos estados aparentemente distantes; al final mucho menor de lo que cualquiera imagina". l

rchacon@eluniversal.com

El Walt Disney de Japón
Hayao Miyazaki nació en Tokio en 1941. Aunque estudió Economía y Ciencias Políticas, con los años se dedicaría a lo que realmente le gustaba; es decir, dibujar. Comenzó su carrera en 1963 como asistente de animación en el Estudio Toei. Desde el principio llamó la atención por su increíble habilidad para el dibujo y su inagotable capacidad para generar ideas cinematográficas. Como jefe de animación participó en la adaptación de La isla del tesoro dirigida por Kei Iyima e Hiroshi Ikeda en 1973, y en la serie televisiva inspirada en Heidi. Hizo su debut como director en 1979 con Lupin III: Castle of Cagliostro. En 1984, dirigió el éxito internacional de nombre Kaze No Tani No Nausicaa (Nausicaa del valle de los vientos). La buena acogida le permitió fundar Studio Ghibli en 1985. También ha publicado varios libros de cómics manga. Su penúltimo trabajo, La princesa Mononoke, fue recibido con entusiasmo en el mundo entero. En Japón se ganó el premio al mejor film del año (1999) y recaudó en taquilla 150 millones de dólares, un récord para aquel momento. Uno de los pioneros en la animación de su país ahora es su creador más destacado. En una gacetilla enviada a la prensa se dice: "Más que cineasta es considerado poeta, trovador que da fe del fin de siglo y del amanecer de un nuevo milenio. Es un verdadero artesano. Sus películas son edificios monumentales construidos como las catedrales, con una devoción y fervor casi religiosos". Por cierto, odia que le digan el Walt Disney de Japón.

 

Personajes entrañables
Chihiro
Es una niña de diez años que de pronto se encuentra en un extraño mundo donde se ve obligada a volverse útil para poder salvar a sus padres de su nada envidiable destino
Haku
Es el jovencito que
le ofrece ayuda
a Chihiro. Haku trabaja a las órdenes de Yubaba, la villana que regenta la casa de baños. Tiene el poder de convertirse en dragón y, por ende, volar
Yubaba/Zeniba
Extraña y poderosa
bruja que detenta el poder en este mundo paralelo.
Poseedora de una inmensa cabeza coronada con un peinado como el que llevaban las damas victorianas, tiene la capacidad de convertirse en ave y, desde el aire, controlar sus dominios
Kamaji
Es una criatura
de seis brazos encargada de
las calderas que mantienen en funcionamiento
la casa de los baños. Usa mostacho
y lentes oscuros

Boh

Es el hijo de Yubaba.
Un bebé gigante
que se verá convertido
en un simpático personaje
Lin
Es una de las empleadas del local.
Es quien ayuda
a Chihiro con las primeras tareas y,
al final, se convierte en su mejor amiga
Akio y Yugo
Los padres de Chihiro.
Con el aspecto del fotograma aparecen muy pocos minutos, pues pronto su glotonería hará que se transformen en cochinos. Chihiro tendrá que esforzarse para devolverlos a su apariencia original
Dioses y mas dioses
Los hay de todas
las formas, tamaños
y colores... Todos productos de la imaginación del director y, claro está, muy relacionados con la cultura japonesa


Ver también en Encuentros:
- Agosto en movimiento
- Ana Torroja. Después de la tormenta

 
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