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Perder la lotería
Max Haines
Ganar el gordo de la lotería puede
ser contraproducente
En
determinados paises, algunos delitos rara vez se cometen. Por ejemplo,
el secuestro es relativamente desconocido en Australia.
Los australianos probablemente están agradecidos por la ausencia
de este delito pero, dada la rareza de los secuestros, la policía
no está en las mejores condiciones para resolver uno cuando
se produce.
En junio de 1960, Bazil Thorne estaba fuera de la ciudad, en viaje
de negocios, cuando recibió la jubilosa noticia de que había
ganado el premio gordo de 100.000 dólares australianos en
la lotería. La familia Thorne vivía en Bondi, un barrio
residencial de Sydney. Pese a su nueva riqueza, Bazil, su esposa
Freda, y su hijo de ocho años, Graeme, siguieron viviendo
de la misma manera que antes de ganar la lotería.
Cada mañana, Graeme salía para la Escuela Scots a
las 8:30 de la mañana. Salía de su casa y llegaba
hasta la esquina de las calles Edward y Wellington. Luego, bajaba
por la calle Wellington hasta la calle O'Brien. Ahí, Graeme
se encontraba con Phyllis Smith, cuyos hijos también iban
a la Escuela Scots. La señora Smith le llevaba el resto del
camino hasta la escuela.
El 7 de julio, por la mañana, la señora Smith esperó
a Graeme, pero éste no apareció. Se fue hasta casa
de los Thorne y le dijeron que Graeme había salido para la
escuela a las 8:30, como era habitual. Luego, la señora Smith
fue a la escuela donde se enteró de que Graeme nunca había
llegado. Volvió a casa de los Thorne para comentar que Graeme
había desaparecido. Freda Thorne llamó a la policía
de Bondi.
El sargento O'Shea llegó momentos después. Acababa
de empezar a interrogar a la señora Thorne cuando sonó
el teléfono. Freda Thorne tomó el auricular. "¿Es
usted la señora Thorne?", dijo una voz."¿Está
su esposo ahí? Tengo a su hijo". La señora Thorne
le pasó el teléfono a O'Shea, susurrándole
que fingiera ser su esposo. La voz al otro lado del teléfono
dijo: "Tengo a su hijo. Quiero 25.000 libras antes de las cinco
pm".
"¿Cómo voy a conseguir ese dinero?", respondió
O'Shea.
El pobre O'Shea, que había ido a hacer un interrogatorio
de rutina, se encontró negociando con un secuestrador, sin
saber que Thorne había ganado el gordo de la lotería.
La voz respondió: "Tienes suficiente tiempo hasta las
cinco. No estoy de broma. Si no obtengo el dinero, se lo echaré
a los tiburones. Más tarde me pondré en contacto con
usted". Y colgó el teléfono.
Lo único interesante que O'Shea pudo decirle a sus superiores
fue que la persona que había llamado tenía acento
europeo.
La policía de New South Wales tenía capacidad más
que suficiente para resolver la mayoría de los delitos, pero
no tenía experiencia ninguna para investigar un secuestro.
En Australia, tan sólo se había producido un secuestro
antes, y de eso hacía 28 años.
La policía inundó la casa de Thorne, seguida por los
reporteros. El secuestrador pudo enterarse por la prensa de que
había hablado con un detective, y no con el padre del niño.
Personalidades hicieron llamamientos al secuestrador para que entregara
al niño.
Recibieron un montón de llamadas falsas y cada una fue verificada
meticulosamente, sin obtener resultados. Luego, el 8 de julio, un
hombre encontró la cartera de Graeme en un vertedero. El
11 de julio, se encontraron su bolsa de comida y su libro de aritmética
a una milla del vertedero. Luego, nada.
Cuarenta detectives trabajaban a tiempo completo en el caso. Se
estableció un centro para llevar exclusivamente este delito.
De todas las pistas que llegaron al centro, sólo una parecía
tener importancia real.
Un hombre joven llamado Denmeade se presentó con el dato
de que el 7 de julio por la mañana él y su novia habían
pasado por donde la señora Smith iba a recoger a Graeme.
Dijo que había visto un Ford azul de 1955 estacionado en
la acera. Lo recordaba muy bien porque tuvo que rodearlo para poder
pasar.
La policía comprobó la historia de Denmeade con mucho
cuidado, y resultó que este dato era cierto. Tras comprobar
con Tráfico, descubrieron que había 270.000 Fords
en New South Wales, y un total de 5.000 Customlines de 1955.
Sabían que la tarea de localizar el vehículo les llevaría
meses, eso, si llegaban a conseguirlo.
Diez días después de la desaparición, la policía
seguía sin tener pistas sólidas. Estaban buscando
a un hombre con acento extranjero que posiblemente tenía
un Ford azul. También estaban empezando a pensar que el secuestrador
había cejado en su empeño de conseguir el dinero del
rescate.
El 16 de agosto, dos niños de ocho años que estaban
jugando en el bosque a unas 10 millas de Bondi descubrieron el cadáver
de Graeme envuelto en una alfombra roja.
Había sido asesinado poco después de su secuestro.
Tenía el cráneo fracturado y presentaba pruebas de
estrangulamiento.
La ropa con la que iba el cadáver, y la alfombra, fueron
enviados al despacho de investigación científica de
Sydney. Tras un escrupuloso examen, se encontró pelo adherido
a la alfombra. La bufanda, la chaqueta, los pantalones y los zapatos
se examinaron microscópicamente y se encontraron extrañas
muestras de polvo rosa adheridas a estas prendas. En la chaqueta,
la bufanda y los pantalones también se encontraron diminutos
tallos y hojas adheridos.
Un especialista en comparación de pelo quedó encargado
de la investigación. Las muestras de polvo fueron enviadas
a un experto del Museo Geológico de Sydney, mientras que
de la investigación de los tallos y las hojas quedó
encargado el doctor Joyce Vickery, de los Reales Jardines Botánicos
de Sydney. Estos especialistas darían sus resultados a la
policía.
El doctor Cameron Cramp fue el primero en comunicarle a la policía
sus resultados respecto a las muestras de pelo encontradas en la
alfombra. Logró descubrir que se trataba del pelo de un perro
pequinés. Horace Whiteworth identificó el polvillo
rosa como argamasa utilizada frecuentemente en las viviendas australianas
unifamiliares de dos pisos.
El doctor Vickery dijo que las muestras de raíces y hojas
que aparecían en todas las prendas eran de variedades de
cipreses. Una de ellas era extremadamente rara y la otra común.
El botánico dijo que encontrar ambas variedades en el mismo
lugar sería tan raro que eso indicaría el sitio donde
se perpetró el asesinato.
A dos detectives se les entregaron muestras de ramitas de ambos
tipos de cipreses. Asumieron la tediosa tarea de intentar encontrar
una casa donde crecieran ambas variedades. Hacia fines de septiembre,
los detectives habían encontrado con frecuencia una u otra
de las variedades pero nunca las dos juntas.
Luego, durante un interrogatorio rutinario a carteros, uno sugirió
que pensaba conocer una casa con ambas variedades vegetales.
Cuando los detectives llegaron al número 28 de la calle Moore,
que no estaba ni siquiera a dos millas de donde se encontró
el cadáver de Graeme, ya sabían que estaban cerca
de la pista. A ambos lados de la puerta del garaje, se veían
claramente las dos variedades de cipreses. Por el suelo había
ramas y hojas esparcidas. En los cimientos se veía la argamasa
rosa.
Las personas que vivían en la casa no tenían nada
que ver con el caso. Se habían mudado después del
secuestro. Cuando se les preguntó a los vecinos, dijeron
que los anteriores inquilinos eran Stephen Bradley, su mujer Magda,
y sus tres hijos. Stephen era de Hungría y al hablar inglés
tenía acento. Tenía un Ford Customline azul de 1955.
También tenía un perro pequinés. Los Bradleys
se habían marchado de la casa el 7 de julio, el día
del secuestro. El carro se lo había comprado a Bradley el
dueño de un taller. En la antigua casa de Bradley, se encontró
una borla que era idéntica a una que le faltaba a la alfombra
en la que se encontró envuelto el cadáver de Graeme.
Se inició la operación de busca.
Los amigos de Bradley y los conocidos de su trabajo hicieron afirmaciones
tan contradictorias sobre su paradero que resultó obvio que
había contado una serie de mentiras para cubrirse las espaldas.
Pese a ello, por fin se le localizó a él y a su familia
en un barco, El Himalaya, cuyo destino final era Londres, Inglaterra.
El
barco fue interceptado en Colombo, Ceylán. Un grupo de detectives
voló hasta Ceylán y llevó a Bradley de vuelta
a Australia. A su familia se le permitió seguir hasta Inglaterra.
Bradley empezó a confesar tan pronto como estuvo de vuelta
en Australia. Dijo que se había enterado de que a Thorne
le había tocado el gordo y decidió secuestrar a su
hijo. Siguió al niño unos días y se dio cuenta
de que le podía convencer para llevarle en su vehículo
mientras el chico esperaba a la señora Smith.
Se fue directamente al garaje de su casa, donde ató y amordazó
al chico, y lo colocó en el maletero. Sostuvo que cuando
luego abrió el maletero, el chico estaba muerto. El fiscal
no tardó en recordar que el chico tenía una fractura
craneana. En marzo de 1961, Stephen Bradley fue declarado culpable
de asesinato y sentenciado a cadena perpetua. l
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