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Cuál es mi dieta
Regímenes bajos en carbohidratos
y altos en calorías Vs. regímenes bajos en calorías
y altos en carbohidratos. Ludwig Johnson
"Mi hermana y yo estamos a dieta con diferentes
médicos. Ella come seis porciones al día y le prohibieron
la grasa. Su dieta es 60% carbohidratos y permite carne blanca,
frutas, vegetales, pan integral, leche descremada, cereales y arroz
-todo medido en gramos-. Mi doctor, por el contrario, me deja comer
cualquier cantidad de carnes, quesos, huevos, vegetales de hoja
verde y una taza de fruta.
¿Por qué las dietas son tan distintas?
Mi mamá está preocupada y quisiera saber cuál
es la dieta correcta?".
Es probable que Atkins, Scarsdale, la Antidieta,
South Beach, Ornish y the Zone sean nombres que le suenan a tu mamá.
También es probable que ella haya escuchado que las frutas
engordan, que las proteínas no son buenas en exceso, que
las grasas hay que evitarlas y que los carbohidratos son el problema.
Y ahora, como si fuera poco, resulta que al poner a sus hijas "a
dieta" con un profesional, la cosa se complica.
¿Qué es mejor, un régimen
bajo en carbohidratos o comer como lo indica la pirámide
nutricional? ¿Existen dietas que no son balanceadas y que
son adecuadas? ¿Por qué un tipo de dieta y no otro?
¿Cuántas dietas existen?
Bueno... hay mucho por decir. Empecemos con
la última pregunta.
Para adelgazar sólo existen tres tipos
de dietas. Las hipocalóricas o "come menos" -también
conocidas como "cierra el pico"-, las cetogénicas
o "no comas carbohidratos", y las que son alguna combinación
de estas dos. No importa la dieta que caiga en tus manos, siempre
es una de los tres tipos.
¿Cómo
empezó todo?
Hace mucho tiempo una persona comió poco y se dio cuenta
de que perdió peso. Ese día nació la ciencia
de las dietas para perder peso -gran día-. A principios de
la década de 1890, el señor Wilbur Atwater separó
los alimentos basándose en el calor en macronutrientes (proteínas,
grasas y carbohidratos), dando así origen al término
"caloría". Lo definió como la cantidad de
energía necesaria para elevar la temperatura de un litro
de agua en un grado centígrado. Un gramo de carbohidratos
o proteínas resultó tener cuatro calorías,
mientras que un gramo de grasa, nueve.
En 1891 un químico de la Universidad
de Yale aplicó el concepto de calorías al ejercicio,
logrando medir y comparar los ingresos en el organismo (comida)
con los egresos (actividad física y metabólica). Así,
los alimentos debían aportar X cantidad de calorías
al organismo, donde son "quemadas" para producir energía
y poder vivir. Cuando el número de calorías que "entraban"
era menor al número de las que "salían",
el peso debía bajar.
En 1917, una médico de Los Angeles,
Lulu Hunt Peters, publicó lo que sería el primer best
seller de los libros de dieta en la historia: "Dieta y salud,
con la respuesta en las calorías". Con sus dos millones
de ejemplares vendidos, la doctora Lulu logró tatuarnos su
propia visión moral en la ecuación calórica.
La gente que no podía contar sus calorías, y, por
ende, su peso, no tenía autocontrol ni disciplina (le debemos
a la doctora Lulu la creencia, todavía hoy presente, de que
el ser obeso es señal de debilidad).
La ciencia cambió, entonces, "cierra
el pico" por "cuenta tus calorías". Sin embargo,
este modelo tuvo dos inconvenientes. Primero, no especificaba la
cantidad de proteínas, grasas y carbohidratos que se debían
consumir, lo que produjo carencias nutricionales. Segundo, había
un grupo importante que decía sentir ansiedad por dulces
y harinas, que bajaba de peso lentamente y que siempre volvía
a engordar. De este grupo, la gran mayoría no lograba adelgazar
con este tipo de dietas y, peor aún, terminaba presentando
diabetes tipo II.
A finales del siglo XX el Departamento Norteamericano
de Agricultura le da solución al primer problema con la pirámide
nutricional, según la cual el 60% de las calorías
deben provenir de los carbohidratos, sin diferenciar las harinas
refinadas de las integrales.
No
obstante, en cuanto a las personas que no lograban perder peso no
se dijo nada. O tal vez sí, pero no se hizo público,
que es lo mismo. Se llegó a la peor de las conclusiones:
que el problema eran los pacientes. Si una persona no adelgazaba,
era porque le faltaba fuerza de voluntad. Frases como "O es
un problema de tiroides o es que no se quiere a sí mismo"
se hicieron populares. Los médicos recibían peticiones
de familiares bien intencionados de asustar a sus pacientes con
un inminente problema de salud. Sin embargo, entre paciente y paciente,
en ese cortísimo y privado momento que tienen los médicos
antes de llamar al siguiente, les quedaba la duda de si faltaba
algo más por descubrir.
Para 1950 se sabía que la obesidad era
un problema de salud. Se conocía la existencia de dos tipos
de diabetes, una que se presentaba durante la juventud, la tipo
I, en la que el páncreas dejaba de producir insulina (sin
la que es imposible movilizar el azúcar hacia las células),
y que tiene valores de glicemia (azúcar en la sangre) sumamente
elevados. Y otra, la diabetes tipo II o del adulto, en la que la
situación era distinta. Como la gran mayoría de los
que la presentaban tenían sobrepeso, se pensaba que las personas
al engordar lesionaban su páncreas y por eso no tenían
insulina. De manera que si alguien tenía diabetes tipo II,
era porque había engordado. "Usted tiene diabetes porque
no tuvo la fuerza de voluntad para seguir una dieta hipocalórica".
Punto.
Sin embargo, la historia probó algo
completamente distinto. A finales de 1960 se desarrolló la
prueba de laboratorio para medir la insulina en sangre y se descubrió
que muchos diabéticos tipo II tenían la insulina en
exceso (el páncreas de estos pacientes no se encontraba destruido
como se pensaba)... ¿Cómo era posible? ¿Azúcar
alto y mucha insulina? ¿Acaso no era que estos pacientes,
por no tener fuerza de voluntad, habían engordado y destruido
su páncreas?
En aquella época los endocrinólogos
no tenían respuesta a esta paradoja.
En 1988 el doctor Reaven logra demostrar que la diabetes tipo II
se debe a lo que denominó "resistencia a la insulina"
(una condición en la que los músculos y el hígado
no responden completamente a la insulina, por lo que el páncreas
la produce en exceso en el intento de que estos órganos la
"lean"). Dicho de otra forma, se supo que el primer paso
para tener diabetes tipo ll no era engordar. El primer paso para
tener diabetes tipo II era tener "resistencia a la insulina",
lo que conllevaba producir la insulina en exceso (hiperinsulinismo)
que, como se comprobó mas tarde, producía hambre y,
además, hacía engordar (todo un círculo vicioso).
Se supo que en todo paciente con hiperinsulinismo,
por muy hipocalórica que fuese una dieta, si las calorías
provenían en su mayoría de los carbohidratos, produciría
tanta hambre que sería casi imposible de manejar.
Los pacientes que originalmente no toleraban
las dietas hipocalóricas y que sentían deseos por
harinas y dulces, tenían la insulina elevada. No era la falta
de fuerza de voluntad que hizo popular nuestra amiga la doctora
Lulu, sino la resistencia a la insulina, el primer paso para llegar
a tener diabetes tipo ll en el futuro.
Así fue como nació la nueva hoja
del libro "La historia de la pérdida de peso en nuestro
planeta". Primer capítulo: "Cierra el pico".
Segundo capítulo: "Cuenta tus calorías",
y ahora, el tercer capítulo: "Descubre si tienes la
insulina elevada para ver si puedes o no comer 60% de las calorías
de los carbohidratos, y entonces, después, y sólo
después, cuenta tus calorías".
| Para tener
en cuenta |
La
resistencia a la insulina es la mayoría de las veces
un rasgo heredado que va de la mano con los hábitos alimentarios.
Lo digo porque es frecuente escuchar que las personas tienen
resistencia a la insulina porque engordaron. Y es verdad que
engordar empeora la resistencia a la insulina, y que adelgazar
la disminuye y hasta la puede hacer desaparecer, pero lo que
no es cierto es que toda persona que engorda la presenta. Existen
quienes son delgados y la tienen, como también existen
quienes presentan sobrepeso sin tenerla (muchos comedores compulsivos).
Este punto es fundamental porque libera de mucha culpa a la
persona con sobrepeso. No se tiene insulinorresistencia porque
se engordó. Se engordó porque se tiene insulinorresistencia.
Aunque ambos se potencian, y aunque eventualmente la persona
que no la presenta y es obesa, de seguir engordando la presentaría,
y aunque es cierto que de vivir 300 años todos llegaríamos
a ser insulinorresistentes -empeora con la edad-, tres de cada
cuatro personas parecieran actualmente gozar de una ventaja
metabólica. El hecho de que existan personas con obesidad
que no tengan insulinorresistencia -son los menos- y que, además,
cuando hacen dieta adelgacen mucho mas rápido que los
que la tienen, corrigió la manera en la que habíamos
venido tratando el tema de los kilos. Hago esta aclaratoria
porque he visto cómo muchas personas sin tratamiento
se someten a un régimen de pérdida de peso, pierden
seis kilos y luego se estancan sin importar lo estricto que
hagan la dieta. Bajaron sus niveles de insulina, sí,
pero siguen estando elevados. Lo suficiente como para no permitir
que se siga perdiendo peso. Claro que no se puede generalizar.
Muchas personas logran seguir sin estancarse hasta corregir
el problema, pero un grupo numeroso requiere de la ayuda de
algunos medicamentos. Anteriormente era frecuente pedirle al
paciente -sin problemas con el azúcar- que hiciera lo
propio sin medicamentos para corregir sus valores de insulina.
Se estancaba, se desmotivaba, abandonaba la dieta y volvía
a engordar. Sin embargo, hoy el especialista reconoce el momento
a partir del cual debe o no indicarlos, esto evita estancamientos
mayores a los normales, disminuye la "necesidad de los
dulces o carbohidratos", y le permite al paciente seguir
sobre el camino del éxito. |
La actualidad
A partir de esos últimos días, nuevos personajes comenzaron
a tener éxito. Tal fue el caso del cardiólogo Robert
Atkins, quien desde los años setenta se atrevió a
voltear la pirámide nutricional convirtiéndola en
cono. Pocos carbohidratos, poca insulina. Así de simple.
Una tesis que encontró justificación médica
con los estudios del todavía hoy profesor emérito
de la Universidad de Stanford, doctor Reaven.
Al hablar de dietas para bajar de peso,
no nos referimos a los regímenes que tenemos que llevar por
el resto de nuestras vidas. A lo que nos referimos es a la mejor
estrategia, muchas veces provisional, que nos permita tomar el control
sobre nuestras adicciones al comer sin llegar a comprometer la salud.
Esto siempre implicará moverse entre dos escenarios: comer
bajo en calorías y/o comer bajo en carbohidratos.
No soy de los que piensan que se puede
adelgazar consumiendo cualquier cantidad de calorías con
tal de que no se ingieran carbohidratos, pero sí soy de los
que ha visto cómo el paciente termina consumiendo menos calorías
gracias a un apetito disminuido por no consumir los carbohidratos.
Para adelgazar todos sabemos lo que hay
que hacer. Comer poco, sin azúcar y sin harinas. El problema
es que no sabemos cómo hacerlo. Aquí es donde un tipo
de dieta resulta beneficioso, aun sin ser todo lo "balanceada"
que esperaríamos. Los alimentos se comportan tal como si
fueran medicamentos. Afectan el apetito, las emociones y el metabolismo
de forma particular. La palabra alimento debería ser sustituida
por la de nutrifármaco. Cuando lo que se busca es adelgazar,
no hay que hablar de dietas, de lo que hay que hablar es de pacientes.
Existen, por ejemplo, personas que comen
"sin grasa" y que tienen el colesterol alto como consecuencia
del hiperinsulinismo. Decirles que hagan dietas sin grasa para bajar
el colesterol es como decirles que mantengan sus autos limpios para
que corrijan el problema. Existen igualmente quienes no tienen hiperinsulinismo
y su colesterol también está elevado. Sus organismos
no saben "leer" cuando parar la producción del
colesterol endógeno (aquel que produce el propio metabolismo).
Y existen los que comen toda la grasa del mundo y tienen siempre
el colesterol dentro de los rangos deseables. Las dietas para bajar
de peso, al igual que los medicamentos, están indicadas en
condiciones particulares. En este sentido, decir que una dieta es
mejor que otra, es igual a decir que un analgésico es mejor
que un antialérgico.
Nunca
veremos a la señora "nutrición adecuada"
vivir sin su pareja, el "señor paciente". El arte
de perder peso no es la ciencia de la nutrición. La incluye,
pero no lo es todo. Adelgazar está lleno de aristas. Es un
tema poliédrico, donde la psicología, la medicina
y la nutrición se encuentran con el paciente y su motivación
personal. "Ver" la dieta y no el conjunto, es ver muy
poco.
En cuanto a la dieta ideal para vivir,
no me atrevería a sugerir a micrófono abierto tomar
el 60% de las calorías de los carbohidratos. ¿Por
qué?
Porque a menos que seamos de los pocos
de la población mundial con el metabolismo funcionando perfectamente,
sin sobrepeso, con la oportunidad de consumir comidas sin refinar,
con la suficiente fibra, sin sensibilidad a ningún tipo de
alimento, haciendo ejercicio a diario, metabolizando los granos
sin esfuerzo, sin alteraciones en el metabolismo del azúcar
y con gran gusto por los vegetales, entonces vamos a tener problemas.
En nuestra batalla por librarnos de la
grasa, hemos sustituido su presencia con más carbohidratos
de los que, en mi opinión, nuestro sistema es capaz de digerir.
Más aún, esos no son los carbohidratos "sanos"
de los que los bien intencionados nutricionistas nos hablan cuando
nos piden que comamos más de ellos. Son azúcares refinados
y harinas blancas que se encuentran bien escondidos en nuestras
comidas, cargados de calorías vacías en aporte nutritivo.
Este tipo de comida puede que sea bajo en grasa, pero nos engorda
y nos está enfermando.
Para terminar, sólo una observación.
Jesús, en uno de sus milagros, multiplicó panes integrales
(carbohidratos de bajo indice glicémico) y peces (proteínas
con grasas sanas o cardioprotectoras como la Omega 3). La Biblia
no lo dice, pero yo creo que comía algo de fruta (sólo
en la época del año en que se daban) y muchos vegetales
cargados de nueces y semillas.
¿Qué opinas sobre la dieta
del Maestro?
Hasta pronto,
Dr. Johnson
ludwing900@hotmail.com
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