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Padres a la altura

Del ámbito deportivo, uno de los que brinda indiscutibles satisfacciones al país, Estampas ha seleccionado a cuatro admirados atletas para presentarlos en su más entrañable faceta: la de la paternidad. Raúl Chacón Soto

 

Con su hijo Víctor David de nueve años de edad
Víctor David Díaz
El más valioso de la temporada 2004 de la Liga Profesional de Baloncesto, es, sin duda, el mejor jugador nacional del momento. El atleta, de 1,98 metros, ha terminado la temporada número 17 en Venezuela (16 con las Panteras de Miranda), con numeritos envidiables que avalan tal distinción. Fue miembro de la selección nacional que obtuviera la medalla de plata frente al dream team estadounidense en el Torneo de Las Américas, uno de los momentos inolvidables en la historia del baloncesto del país

¿Lo más difícil de ser padre?
"Sinceramente no lo veo nada difícil. Todo ha sido positivo. Criar a un hijo tiene su responsabilidad, claro; en especial por la época que estamos viviendo. Yo tuve una educación en casa que me ha hecho la persona que soy. Por eso es importante tener el ejemplo de los padres; porque tiene mucho que ver con lo que va a ser uno después".

¿Cuál ha sido su mayor desafío como profesional y como papá?
"Para tener éxito profesional hay que tener éxito personal. Mi hijo es mi inspiración en esos momentos cuando el cuerpo y la mente dicen que no... No es fácil ser deportista profesional".

¿Le gustaría que su hijo siguiera sus pasos?
"Bueno, ya conoce el baloncesto completamente... a los jugadores de la liga local y los de afuera. Siempre me acompaña. Es mi crítico número uno. Por ahora lo tengo concentrado en sus estudios. El deporte es el plan B. Sólo tiene nueve años y es muy prematuro para someterlo a las presiones del juego. A los 11 años verá a qué se dedica. Como padre deportista sería lo ideal. El ha visto baloncesto desde que está en la barriga. Si toma esta decisión yo le enseñaría, pero si escoge otro camino lo apoyaría como papá que soy".

¿Lo mejor de ser padre?
"Que alguien está hecho a imagen y semejanza de lo que eres y de lo que haces. El tiene muchos de mis gestos y comportamientos. Por eso la responsabilidad es muy grande".

Un momento inolvidable con su hijo...
"Verlo crecer, aprender a hablar... ponerlo en palabras no es suficiente. Están todas las satisfacciones que tienes cuando logran buenas calificaciones. Recuerdo un concurso de lectura donde ganó como el Mejor Lector. Tenía cinco años. Fue su primer logro individual. Es un diploma que tiene en la puerta de su habitación".

¿El mejor regalo que le ha dado?
"Un dibujo hecho por él, un Día del Padre. Dibujó a un jugador de baloncesto. Todavía lo tengo en la mesita de noche. Le puso escarcha y los colores del equipo. Es uno de los regalos que más me han gustado".

Con sus hijos Asier, de siete años, e Iker, de cinco
Martín Echeverría
¿Quién no se emocionó cuando junto a sus compañeros del Proyecto Cumbre, llegó al Polo Norte donde izaron la bandera tricolor? Echeverría, montañero vasco afincado en Venezuela, dijo en ese momento: "Representa el sueño de todos, un sueño que no ha sido fortuito, no ha sido causal, fue producto de estar, en los tiempos difíciles, al pie del cañón"

¿Qué ha sido más difícil, llegar al Polo Norte o levantar a sus hijos?
"Criar a los dos chamos y la montaña tienen muchas cosas en común y muchas de diferencia. Los hijos son un proyecto más largo y de mucha mayor trascendencia. Las cosas que hemos hecho en montaña las tienes que ir trabajando por muchos años. Cuando nos planteamos subir el Everest fue a finales de los ochenta y lo hicimos muchos años después. Lo que tienen en común es que ambos han requerido un compromiso de vida. He moldeado mi vida a hacer montaña y a tener este proyecto de los niños".

¿Cuál ha sido su mayor desafío como padre?
"El proyecto de ser padres ha tenido muchas dificultades, algunas muy críticas, principalmente de salud, que han sido muy sufridas. Iker tuvo problemas de nacimiento. Fue un momento muy difícil, vivimos una situación comprometida, pero muy puntual. Es mucho más difícil velar por una crianza de valores".

¿Qué le han enseñado sus hijos?
"En este proceso es mucho lo que hemos aprendido. Ellos nos han ayudado a descubrir cosas de la vida, la belleza de la vida... todo un mundo. Es curioso, porque, por mi profesión, siempre ando descubriendo mundos. Ellos me han abierto uno nuevo lleno de sensaciones, de compromisos, de retribuciones. Es inexplicable y sólo lo entiende quien es padre. Es como la montaña, un mundo de belleza, de superación, una fuente inagotable de retribuciones".

¿Le gustaría que sus hijos siguieran tan elevados pasos?
"Me gustaría que fueran deportistas. Que el deporte fuera relevante en sus vidas. No necesariamente tiene que ser la montaña, pero me gustaría compartirla con ellos. Lo que tiene de bonito esta práctica, al tener tantas facetas, es que puedes compartirla con diferentes generaciones. Todas las disciplinas deportivas dejan enseñanzas invalorables. Ellos juegan fútbol y esa es su prioridad. Pero sí, me gustaría que fueran montañistas. No tengo ninguna intención de imponerles esa afición. Lo más importante es que aprendan a disfrutar de la naturaleza".

¿Lo mejor de ser padre?
"Lo mejor de ser papá es ese mirar de los hijos, ese abrazo, esa necesidad de uno, ese derroche de cariño. Es un poco la herencia de uno en la humanidad".

Un momento inolvidable con ellos...
"En esta pasión pasas por muchos momentos de soledad y te viene la necesidad de recordar algunos instantes de felicidad. A veces no recuerdo un momento en especial. Es una sensación general. El recuerdo de un hijo es una sensación integral. No es algo que es importante para uno, sino que es uno mismo. Yo los tenía dibujados a cada uno en un esquí durante la expedición al Polo Norte. Muchas veces les hablaba, los escuchaba. Estábamos haciéndonos compañía".

¿El mejor regalo que le han dado?
"El abrazo cuando uno llega de una expedición es el mejor regalo que he recibido de mis hijos".

Con Fernando José, Carolina, Corina y los morochos Javier y Carlos, de 30, 26, 20 y ocho años

Fernando Maciá
Campeón Nacional de Motocross en más de 10 oportunidades, logró el primer campeonato latinoamericano de motocross en 1975. 26 años después, su hijo Fernando, también se consagró como campeón latinoamericano de la especialidad

¿Qué ha sido lo más difícil de criar a sus hijos?
"Nada, es impresionante. Hay miles de sacrificios que uno hace pero todos son compensados... Todos los niños vienen con una maleta debajo del brazo. A uno, siempre, cuando viene otro, le preocupa la plata, pero siempre sale...".

¿Qué le ha costado más, ser campeón o ser padre?
"Lo deportivo, sin duda. Los niños no. Yo fui padre a los 23 años. En ese momento tenía una vida por delante, por lo que a veces no les dedicaba suficiente tiempo por ambiciones personales, pero cuando eres padre más viejo compartes mucho más con tus hijos y los disfrutas más; y las dudas de la paternidad ya no las tienes. Con mi primer hijo tenía muchas, y era más estricto".

Sus hijos también practican motocross, incluso el mayor es campeón... ¿Cómo surgió esa afición?
"Con el grande fue muy bonito. Ando con él desde que tenía 12 años. Todos los fines de semana andaba conmigo montando en moto. No sé si él sentía que me debía el ser campeón. Pero la satisfacción que me ha dado es enorme. Yo no se lo inculqué pero sí se lo presenté. Uno pone las situaciones, pero son ellos los que tienen que abrir la puerta. Los morochos hacen motocross, les gusta, pero lo que sí quiero es que sean atletas, deportistas. El deporte es una parte integral en la vida del hombre. También juegan fútbol. Si fuera motocross lo voy a disfrutar con ellos. Son buenos en las dos cosas, pero no sobresalientes... todavía. Las muchachas saben manejar motos, pero no son deportistas...".

¿Lo mejor de ser padre?
"Lo mejor es tener una familia... la pareja, los hijos. Tener descendencia. Ellos son la continuación de tu propia vida".

Un momento inolvidable con sus hijos...
"Cuando estamos todos juntos. Nosotros vivimos separados; el grande en su propia casa, mis hijas con su mamá; yo, con mis hijos menores y mi nueva pareja. Por eso cuando nos reunimos es una fiesta".

¿El mejor regalo que le han dado?
"(Ríe)... Son muchos. No pienso en ninguno en particular. Pienso en cuando los veo a todos juntos en momentos especiales. Fuimos al concierto de Chayanne la semana pasada... y de pronto estaba llorando porque estaba allí con mis hijas. ¡Qué felicidad ser tú viejo y estar allí con tus hijas, en un concierto de Chayanne!... Estaba llorando a escondidas. Poder rumbear con ellas, qué chévere... fue un momento muy bonito".


Con sus hijas Luisa Fernanda, de cuatro años,
y Luismar, de uno
Luis "El pájaro" Vera
La reciente lesión del capitán de la Vinotinto ha dejado en claro que su calidad es insustituible dentro del combinado. Uno de los mejores centrocampistas del país pudiera ser protagonista, junto a sus compañeros, de uno de los sueños largamente esperados por los venezolanos: participar en un Mundial de Fútbol

Lo más difícil de ser padre
"Ha sido estar por momentos lejos... por compromisos de trabajo, de campeonatos. Estar separado de ellas".

¿Cuál ha sido el mayor reto en lo que respecta a la paternidad?
"Al principio, aprender a ser un buen padre. Aprender de ellas, entenderlas... aun a esa corta edad. Es importantísimo".

¿Le gustaría que sus hijas fueran deportistas?
"Seguro, me gustaría que lo fueran, pero ellas lo decidirán a su tiempo".

¿Lo mejor de ser padre?
"Tener las dos niñas que tengo. Disfrutarlas, criarlas, educarlas. Eso es lo mejor. Es una experiencia linda. Antes de ser papá no lo sabes, pero después nace ese amor natural. Es una experiencia espectacular".

¿Un momento inolvidable?
"El nacimiento de Luismar. Ya Luisa Fernanda estaba grande. Tenía dos añitos. Ese día ella estaba conmigo cuando llevaron a Luismar al retén. Es uno de los momentos más bonitos que he vivido con ellas".

¿El mejor regalo que le han dado?
"Ha sido apoyarme en lo que estoy haciendo. Llegar después de un partido y que su mamá me diga que Luisa Fernanda estuvo pendiente. Ella vio todo el partido con Uruguay, entiende el juego a su edad, sabe que yo soy uno más de la selección... hasta la más pequeña canta la canción de la Vinotinto".

rchacon@eluniversal.com


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