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Ni el G-3 ni el G-5 ni el G-22, mis amigas
y yo formábamos un grupo envidiado por maridos, novios, amantes
y ex: el G-7; y periódicamente nos reuníamos a discutir,
chismear, analizar y, por supuesto, votar en contra o a favor
de determinadas mociones que estratégicamente pudieran ser
convenientes o no para las relaciones bilaterales establecidas con
nuestras respectivas parejas o, como bien podríamos denominar,
el bando contrario. Funcionábamos, con toda propiedad, como
una asociación internacional que buscaba aunar esfuerzos
en torno a intereses comunes en materia social, ambiental o económica,
y así impulsar nuestras regiones hacia el bienestar que toda
sociedad ansía.
Esa tarde, el G-7 convocó urgentemente
a todos sus miembros a sesionar el viernes en su sede de Caracas
para discutir la delicada situación en que se encontraba
la hermana República de Rosi, pues a ésta, a última
hora, se le presentó un grave impasse en sus relaciones bilaterales
con una de las mayores potencias tabacaleras del planeta, y el humo
residual aún le es indispensable para su cotidiano funcionamiento,
hasta tanto no surja un sucedáneo para el vital combustible.
La República de Argelia se declara imposibilitada de atender
un evento de tal magnitud debido a compromisos adquiridos con antelación,
por ello envía disculpas junto con la promesa de entregar
refuerzos en materia de vapores acres que de alguna manera hagan
subsistir a la nación en medio de tan apremiante crisis.
Representantes de la República de las Yolandas deciden participar
de modo virtual en la votación fijada para la fecha, debido
a que sus mandatarios se encuentran ocupados en viajes diplomáticos,
de manera que su presencia allí no será posible. No
obstante, mandan un cargamento de placebos que podrían auxiliar
en las tribulaciones propias de este tipo de conflicto.
Viéndose drásticamente reducido
a un G-4 presencial, aunque nada despreciable en vista del aprieto
en el que se halla el noble Estado, el Ministro de Relaciones Exteriores
del país de Rosi, junto con los de las demás naciones,
adelanta los acuerdos que serán suscritos por sus respectivos
líderes al momento de la honorable sesión. Los presidentes
de las Repúblicas de Carmen, Jor y Naya confirman su asistencia
a la reunión.
Una vez instalados los mandatarios, comienza
la sesión extraordinaria con una agenda compuesta por único
y urgente punto que se narra sin tardanza ni apuro. Ya culminado
el indispensable relato, se da inicio a una acalorada discusión
que desemboca en la opinión dada por el país de Naya
que recomienda, frente al riesgoso panorama que se vislumbra, declarar
las relaciones congeladas por el momento, dejando un encargado de
negocios, pero retirando el embajador y al resto del cuerpo diplomático;
a lo que el mandatario de la República de Carmen también
aconseja congelar las relaciones, pero con tono amistoso, sin que
se creen roces que puedan impedir el que se reanuden futuros vínculos
beneficiosos para ambas naciones. El país de Jor resalta
la conveniencia de mantenerse firme en el NO, debido a la seria
afrenta de que ha sido objeto la soberana República de Rosi.
Al tiempo que se definen asuntos de tal envergadura,
en las adyacencias surgen protestas por parte de grupos ambientalistas
y de antitabaquismo que gritan consignas a favor de los no fumadores
y denuncian el estado de deterioro en el que se encuentra el país
en cuestión, debido a la sistemática dominación
a la que ha sido expuesto mediante gases tóxicos, que seguro
le impedirán tomar decisiones acertadas en circunstancias
críticas como las que atraviesa.
En cambio, nuestra región, nuestra verde
Amazonia contaminada y narcotizada, según algunos, da muestras
de heroicidad sin par y, en un rapto de suprema conciencia, declara
estado de excepción en todo su territorio y adelanta que
nadie será admitido dentro de sus límites en los próximos
días. Nos vemos en Ginebra, señores. (Se levanta la
sesión). l
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