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- El monitor. The Matrix II: un precedente visual
- El libro está de fiesta. Palabras encadenadas

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- Boda de altura
- Colecciones de nunca acabar
- A.R.S. Entrenamiento sin límites
- Valentina Bracho: Habitar en armonía
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Una mirada histórica

De coleccionistas ha estado llena la historia. Grandes nombres se dedicaron a reunir, casi de manera compulsiva, los más extraños objetos. Felipe de Borbón, duque de Orleáns, por ejemplo, sentía pasión por los insectos y por las monedas de todos los países. La reina de Cerdeña, Leonor de Arborea, coleccionaba halcones vivos, animalitos a los que daba vida de reyes y por los que creó leyes que los protegieran. Yukio Mishima, el reconocido escritor japonés, se dedicó a coleccionar trajes deportivos y zapatos para hacer ejercicios cuando se dio de lleno con el fisicoculturismo; cuentan que llegó a tener hasta 80 pares de zapatos de goma y 700 pantaloncillos de spandex. Otras aficiones también le eran gratas, pues también fue enorme su colección de espadas antiguas usadas por samuráis y la gran cantidad de gatos (más de 20) que levantó en casa a fuerza de salmón ahumado y langosta. Otros a quienes les gustaban los animales fueron el monarca de la India, Aurangzeb, hijo de la bella Mumtaz Mahal (a quien le dedicaron el Taj Mahal) y Jawaharlal Nehru, padre de la independencia de ese país. El primero llegó a disecar numerosas especies para su colección, mientras que el segundo, junto a su hija Indira, llegó a tener tigres, pandas, lagartos, perros, gatos, loros, faisanes y tortugas. Todo un zoológico, pues. Otros tenían aficiones más extrañas. Casanova, el célebre amante italiano, se quedaba con los vellos púbicos de sus numerosísimas parejas. El zar Pedro I, de Rusia, llegó a acumular hasta 400 piezas dentales tomadas de los pacientes a los que atendía cuando se las daba de dentista. El rey inglés Jorge III era afecto a modelos de barcos, monedas y medallas. Edgar Allan Poe, el escritor, no se deshacía de las botellas de licor que tanto bebía. Más recientemente, Imelda Marcos se hizo famosa por su clóset atiborrado de zapatos costosos, al igual que tiempo atrás, los zares Nicolás y Alejandra también fueron conocidos por todo lo que invirtieron en los huevos enjoyados de Fabergé. A Stalin y Churchill les dio por los puros y a Oscar Wilde por recetas de cocina. Algunos mal pensados afirman que tantas adopciones por parte de Josephine Baker y Mia Farrow, las hacen merecedoras de ser consideradas coleccionistas. .

Colecciones de nunca acabar
Adriana Gibbs, Idalia De León y Raúl Chacón / Fotos Julio Osorio

Algunos empezaron a atesorarlas casi sin darse cuenta, otros, con toda premeditación. Seis venezolanos le muestran a Estampas hasta dónde han llegado por su pasión.

No se trata de un simple acopio de objetos. Una colección es una suerte de diario, un inventario de sentimientos, estados de ánimo, emociones... el registro de esa necesidad de transformar el transcurrir de la propia existencia en una serie de objetos salvados de la dispersión. Dicen que el coleccionista es un preservador de la memoria, un historiador.
La fascinación que posee una colección, además de su propio contenido, radica en la historia personal de la misma, en cómo comenzó y se fue incorporando cada una de las piezas que la integran. Hay unas más llamativas que otras, otras más misteriosas, otras más "comunes", pero todas tienen algo que decir. Cada una revela algo importante. Como bien escribió Italo Calvino, "la fascinación de una colección reside en lo que revela y en lo que oculta del impulso secreto que la ha motivado". Esto lo dijo a propósito de una sugestiva colección de arena, llevada a cabo por una mujer que guardaba en centenares de frascos la arena recogida en una playa marina, a la orilla de un río, o de un desierto. Tan sugestivas como ésta, he aquí cinco colecciones de venezolanos. Cinco maneras diversas de compilar las pasiones, la vida misma.

A cada santo una vela
Armando Córdoba / Ligia Bianchi.
Talla de Santos
Las primeras palabras del economista Armando Córdova son para aclarar la situación. "No soy un coleccionista, yo sólo poseo una acumulación de tallas de santos y creo que eso no me hace coleccionista en el sentido estricto de la palabra." La aclaratoria, que manifiesta risueñamente, viene acompañada de la anécdota que lo colocó en la situación de ir llenando su casa de imágenes sagradas.
Cuenta que un amigo extranjero que trabajaba como agente viajero, recorría diferentes regiones del país e iba comprando tallas de santos en cada uno de los lugares que visitaba, con el fin de venderlas a clientes en el exterior. "En una oportunidad mi amigo abrió la maleta de su carro y vi que estaba llena con muchas tallas". Ver ese montón de figuras aglomeradas, colocadas de manera desordenada lo impactó. De esta escena ya han transcurrido cuarenta años, momento en que dicho amigo comenzó a traerle a él también, algunos de sus hallazgos. "Yo, por mi parte, empecé a comprar imágenes en los países que visitaba por razones académicas. Te estoy hablando de una época en la que uno ganaba mil bolívares mensuales y tener una pieza implicaba invertir algún dinero, no sé, 600 bolívares".
Cada icono tiene historia, y de alguna manera, cada una de las 87 piezas que él y su esposa Ligia Bianchi poseen, guarda un recuerdo, un momento especial. "En realidad hay muchas anécdotas y si empiezo a contarlas no terminaríamos nunca; pero hay una pieza en particular que me gustaría destacar porque se ha ido pasando, de generación en generación, entre los miembros de mi familia. Tiene gran valor para nosotros aunque ella, en sí misma, no lo tenga tanto. Mi tatarabuelo la encontró cuando él araba la tierra en el Estado Sucre, y es la imagen de la virgen de la Silla de Rafael. Está confeccionada en metal y se supone que formaba parte de los altares españoles de la época de la Conquista".
Pasea la mirada por las repisas repletas de figuras y encuentra una que les obsequió Alejandro Otero, y otra que compró en Maracaibo hace unos ocho años. Representa al Corazón de Jesús, y es, hasta el momento, su última adquisición.
"Mi esposa Ligia es pintora, es Premio Nacional de Artes Aplicadas, y en una época se dedicó a la restauración, así que ella es la que se ocupa de mantener en buen estado las imágenes. Hay una muy visitada y es la de San Antonio, nuestros amigos le colocan ofrendas y luego se quedan allí, haciéndole compañía. Situaciones como ésta convierten a nuestra colección en algo muy vivo", señala.

Inventario
Annella Armas. Recuerdos
"Esa mania de acumular y acumular me viene de mi padre (el escritor Alfredo Armas Alfonso), quien nunca botó periódico alguno y todo lo guardaba religiosamente; este hábito lo heredamos casi todos sus hijos", afirma Annella Armas en un intento de explicar el contenido de las cajas que la rodean. De una saca piedras, tarjetas, monederos, acuarelas; de otra saca un disfraz de arlequín, un traje de bautizo; de otra sale una muñeca... y es que, desde pequeña, Annella Armas ha ido guardando objetos vinculados con su periplo vital. Tiene 40 años y posee, como es de esperarse, un vasto universo de cosas. Cada una representa la evidencia de un evento, una fecha, un lugar, un afecto o una intención.
En 1996, esta diseñadora gráfica y artista decidió hacer de su colección parte de su trabajo creativo. Nació así Inventario personal, pieza que se exhibió en la Sala Mendoza. "Mi idea era aplicar las técnicas propias de la colección en lo que iba acumulando". Empezó, entonces, a organizar cada uno de sus objetos. Los fichó e identificó, envolviéndolos con papel transparente. Cada uno tiene su número, nombre, cronología y procedencia. "La obra -continúa Annella- quería ser una reacción contraria al apego. Sin embargo, todavía no puedo deshacerme de ninguno de estos objetos. Ellos no tienen un valor per se, pero para mí son representativos. Cada uno es un recuerdo, en su mayoría, de mi niñez y adolescencia".
Pero el hábito no la abandona y aún se descubre guardando papelitos y otras "nimiedades" de su cotidianidad. "Coleccionarlos es una suerte de trampa y me siento atrapada en el objeto", afirma.
Una larga trenza de cabello es uno de las piezas más entrañables para ella: "Siempre llevé el cabello largo y en 1996 decidí cortármelo. Lo hice de un solo tirón, y esa trenza significa ese tiempo de ruptura y de descubrimiento".
Luego de Inventario personal hizo una selección de la colección y ha realizado otras piezas que le han permitido transitar artísticamente por lo conceptual. "La selección ha obedecido más a mis emociones que a la razón", explica. Ahora su idea es hacer series a partir de los objetos que tiene; esto es, reunir todos los papeles, por ejemplo. "En las obras que trabajo ahora lo hago a partir de un mismo elemento; por ejemplo, las postales. Aún así, sigue siendo una hermosa lucha entre el caos y el orden".

Juegos de adultos
Alexis Rodríaguez. Figuras de acción
Alexis Rodriguez y su esposa María de los Angeles no están solos. Los acompañan Freddy Krueger, el grande liga Alex Rodríguez y el teniente Mulder, entre otros personajes más. Cerca de 250 figuritas se agrupan prolijamente en repisas y estantes; otras mil están guardadas a falta de espacio para ubicarlas convenientemente. "Tengo bastantes muñecos, es verdad, pero no me interesa tenerlos todos, no voy a comprar algo que no me guste lo suficiente", explica Alexis, ilustrador y diseñador gráfico de 28 años, quien empezó, casi sin querer, en esta aventura de acumular este tipo de juguetes.
Dice que ser coleccionista es más bien una consecuencia de su profesión. "Cuando estudiaba Ilustración en el Instituto de Diseño de Caracas siempre utilizábamos como modelo una figurita de madera, la cual me resultaba limitada e inexpresiva. De manera que decidí comprar algunas que me ofrecieran más posibilidades para mi trabajo creativo. Así fue que empecé y en eso ya tengo como 10 años".
Aunque ha adquirido algunas en el país, prefiere hacerlo vía Internet o bien cuando tiene oportunidad de viajar al exterior. Sus preferidas son las confeccionadas por los escultores de la empresa estadounidense MacFarlane Toys. Están hechas con resina y son pintadas a mano. Dos de esas destacan encima de una biblioteca: la fallecida cantante Janis Joplin, y la representación de una de las escenas de la película Tiburón (Steven Spielberg), esa en la que el pez logró hundir el bote y está, literalmente, engullendo a la imagen en miniatura de Quint (Robert Shaw).
Aunque ha conformado una divertida colección de juguetes para mirar y admirar, piensa que ahora no deben tener mucho valor; más bien se inclina a pensar que, en el futuro, se convertirán en piezas únicas y con precios muy revalorizados. Su única preocupación, por los momentos, es mudarse a un lugar más amplio donde quepa toda la familia, la real y la de ficción.

Las esta cazando
Edward Miranda. Comics
Le gustan las dificiles, las que tardan un buen tiempo en caer en sus manos. Algunas le excitan tanto que no se cansa de recorrer la ciudad por encontrarlas, de visitar y visitar los lugares donde están por llegar, a ver si las hace suyas de inmediato, antes de que otro poseso se le adelante y lo deje con las ganas. "Es la emoción... es mi único vicio. Es como una cacería... lo más importante es la satisfacción que sientes porque las has conseguido". Su ex novia se ganó el prefijo porque nunca lo logró entender en su pasión. La actual, por el contrario, se ganó su puesto, entre otras razones, justamente por comprenderlo. "A ella no le gusta tanto, pero lo acepta. Hasta me dice dónde están, me las ha conseguido". Son más de 600 las publicaciones de cómics que conforman la colección de Miranda director de arte del Grupo 35 Publicidad. Seis centenas de títulos que ha ido reuniendo desde 1977, cuando compró un número de la revista Heavy Metal (atrás quedarían sus kilos de revistas de superhéroes, y sus colecciones de carritos, de piedras y de monstruos de goma de la niñez). Deslumbrado por el nuevo mundo que había descubierto -la publicación estadounidense le sirvió de guía para toparse por primera vez con el rico imaginario de los autores europeos- pronto se volvería un fanático de las obras provenientes, curiosamente, del Viejo Mundo, sobre todo de creadores como Moebius, Paolo Eleuteri Serpieri y Milo Manara. De estos artistas son sus piezas más preciadas; de todos ellos, los títulos que más le ha costado conseguir y de los que se siente más orgulloso. "Uno de los estilos que más me gustan es el de Moebius. La serie del Incal me costó dos años conseguirla y sólo son seis títulos. El último que compré fue el primero". También tiene todo lo de Druuna, la inquietante -y muy sensual- criatura que creó Serpieri, y de la que se tejen mil y una historias sobre la identidad de la modelo que sirvió de inspiración. Pocas imágenes de esta chica serían publicables en esta revista, y es que si algo tienen en común los creadores más admirados por Miranda, es que sus obras, a pesar de lo distintas, son para adultos, con fuertes dosis de sexo, violencia y también de ciencia ficción. No se debe pensar en pornografía. Es otra la intención y hay mucho elemento artístico de por medio. "Me gusta Druuna por lo hiperrealista del dibujo. De Manara me encanta cómo maneja la figura humana". Otros que le gustan son Richard Corben, Miguelanxo Prado, Adam Warren y algunos japoneses como Masamune Shirow y Katsuhiro Otomo. Siempre a la caza de nuevas propuestas, de obras que le sorprendan por el trazo de líneas, por elementos novedosos y nada predecibles, ha extendido su búsqueda a nuevos terrenos: los electrónicos. Pasa horas navegando en la red con el sólo objetivo de capturar piezas esquivas, de esas que le levantan el ánimo a cualquier cazador. Ya tiene álbumes dedicados a diferentes autores, repletos de imágenes que ha mandado a imprimir, y acompañados de la biografía y hasta de la foto del creador. "Me interesa saber quiénes son. Por qué lo están haciendo". Su actual preocupación es conseguirle espacio a sus revistas ahora que se va a mudar... y también a las casi quinientas figuras de La guerra de las galaxias que todavía conserva.


Beatlemania con orquesta
Alfredo Rugeles. Todo de los beatles
Tenia 15 años cuando fue a un concierto de The Beatles en París, en 1965. La entrada de ese espectáculo, sin proponérselo, fue la primera pieza de una colección que el compositor y director de orquesta Alfredo Rugeles ha ido armando pacientemente a lo largo de casi 40 años. "Ese concierto tuvo un tremendo impacto en mí; de hecho, al poco tiempo compré una guitarra eléctrica y empecé a tocar algunas de sus canciones", y a comprar cada disco que lanzaba la banda en el mercado musical. De acetato, en ese entonces.
Regresó a Venezuela y armó una banda de rock en el colegio. Se llamaba The Fishman y el repertorio estaba integrado por varios de los temas de la banda. Simultáneamente a la movida musical de Rugeles, su colección empezó a crecer y diversificarse con publicaciones de diversa índole: revistas, afiches, postales y libros.
Años después, siendo ya compositor y director de orquesta, Rugeles llevó la batuta en un concierto de la Orquesta Municipal de Caracas con temas de The Beatles. "Fue el primer concierto en Venezuela en el que se interpretaron temas de la agrupación en compañía de una orquesta", destaca. Luego repitió experiencias similares con el grupo Instrumental de la Universidad Simón Bolívar; y con la orquesta Mariscal de Ayacucho y Biella Da Costa, dirigió The Long and Winding Road, un tema muy especial para él.
De toda la colección uno de los objetos más especiales para Rugeles es un libro que tiene casi todas las partituras de los temas de The Beatles. "En mí hay un impulso por conservar las cosas -explica Rugeles- y formo parte del club virtual, Thebeatles.com, site que me mantiene actualizado en la materia".
En el país tiene amigos con los que comparte esta afición e intercambia objetos. Rugeles ha asistido a subastas -organizadas por tiendas de antigüedades - donde ha adquirido cintas y videos de vieja data. Entre las adquisiciones más recientes está una publicación dedicada a las grabaciones emblemáticas del grupo. La casa de Rugeles rinde tributo a la banda: anaqueles repletos de su discografía, afiches en el cuarto y hasta imanes en la nevera con motivos de The Beatles. "En Nueva York visité religiosamente todos los lugares consagrados a Lennon, y en Londres caminé por la famosa calle que inmortalizó el cuarteto, y claro que en ambos casos me tomé las fotos de rigor". En él hay pasión para rato.


 

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- A.R.S. Entrenamiento sin límites
- Valentina Bracho: Habitar en armonía

 
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