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El intruso interior
Max Haines
Nada indicaba que un desconocido hubiese
cometido los asesinatos en la casa de los Routier
Era
la voz de una mujer histérica. El policía de servicio
esa noche en Rowlett, Texas, oyó las palabras: "Alguien
ha entrado en mi casa. Acaban de apuñalarme a mí y
a mis hijos. Mis niños están muriéndose; Dios
mío, mis niños están muriéndose".
Era el 6 de junio de 1996. La voz desesperada del otro lado del
teléfono era de Darlie Router, del número 5801 de
la calle Eagle, en el barrio rico de Dalrock Heights Addition.
Desde la planta de arriba, en la casa, Darin Routier, de 28 años,
oyó gritar a su mujer y corrió abajo. En el suelo,
cubiertos de sangre, estaban sus dos hijos, Devon, de seis años,
y Damon, de cinco. Ambos estaban emitiendo sonidos guturales, como
si se ahogaran. Darin intentó efectuarle una reanimación
cardiopulmonar a Devon. En medio del salón, Darlie estaba
fuera de control, gritando que el intruso todavía podía
estar en la casa. Llevaba un trapo alrededor del cuello, donde a
ella también la habían apuñalado.
La policía y el personal médico llegó pronto
al lugar. Devon murió en el suelo. Damon fue trasladado urgentemente
al Centro Médico Baylor pero murió a consecuencia
de sus heridas, antes de llegar al hospital. Ambos niños
habían recibido dos puñaladas directamente en el pecho,
y la hoja les había llegado a los pulmones.
En Tagle Drive, la policía registró la casa para asegurarse
de que el intruso ya no estaba allí. Darlie le dijo a los
detectives que se quedó dormida en el sofá del salón
y, al despertarse, tenía a un hombre encima. Gritó
y forcejeó, escudándose como pudo. Al final, el intruso
huyó, saliendo de la casa por el garaje. No había
oído la agresión a sus hijos. Dijo que el hombre llevaba
una gorra negra de beisbol, unos vaqueros negros y una camiseta
negra. Después de declarar, Darlie fue trasladada al Centro
Médico Baylor para recibir atención. Aunque le sangraba
mucho el cuello, su herida era superficial y no fue considerada
grave.
A las tres de la madrugada, los detectives empezaron su tarea de
análisis del lugar del crimen. El arma del asesinato parecía
ser un cuchillo de carnicero ensangrentado, que Darlie dijo haber
encontrado en el suelo y colocado en la mesa. Arriba, los detectives
encontraron a un perro que ladraba, de nombre Domain, y que tenía
muy mal genio. Los vecinos dijeron que el perro hubiera ladrado
y mordido a cualquier extraño que entrara en la casa. Los
agentes encargados de la investigación se preguntaron dónde
estaba el animal cuando los miembros de la familia eran agredidos.
Además del perro, los Routiers tenían un bebé,
que dormía arriba mientras se cometió el doble asesinato.
La situación parecía amañada desde el principio.
La zona alrededor del fregadero estaba llena de sangre, pero el
fregadero estaba limpísimo. Parecía raro que el asesino
se hubiera molestado en limpiarlo. Utilizando Luminol para detectar
la sangre invisible a simple vista, los técnicos encontraron
una huella de una mano ensangrentada de niño en el sofá
de cuero. También resultaba raro que un asesino limpiara
una mancha de un sofá.
La policía examinó un corte en el mosquitero del garaje
por donde Darlie dijo que el asesino había salido. Sí
que había un corte, pero no se veía ningún
desgarro que habría sido obvio si un hombre adulto hubiera
entrado y salido por la ventana. La policía se preguntó
por qué el intruso no había quitado todo el mosquitero,
tarea fácil. Además, el polvo del alféizar
de la ventana estaba intacto.
El salón, donde, según Darlie, el asesino había
apuñalado a sus dos hijos y la había agredido a ella,
estaba muy limpio y ordenado. Se había caído una lámpara,
pero eso era todo. No había nada más fuera de su sitio.
En la cocina, había una aspiradora caída y un vaso
de vino roto, cuyos fragmentos estaban esparcidos en el suelo. Las
manchas de sangre debajo de todo ello les indicaron a los detectives
que el vaso se había roto y la aspiradora había sido
tirada después de las puñaladas, no antes. El bolso
y las joyas de Darlie estaban intactas en la mesa de la cocina.
Un día después del doble asesinato, los detectives
estaban convencidos de que no había habido ningún
intruso.
Cuando se volvió a interrogar a Darlie sobre las muertes
de sus hijos, ésta dio una descripción más
detallada de los acontecimientos. Esta vez dijo que estaba despierta
cuando Damon se acercó a su lado, gritando: "¡Mamá,
mamá!". Esto estaba en contradicción directa
con su anterior declaración en la que dijo no haber oído
la agresión a sus hijos y que sólo se había
dado cuenta de que les habían apuñalado cuando el
intruso la despertó.
Al funeral de los dos niños asistieron amigos y vecinos.
Muchos comentaban que Darlie parecía estarse tomando la tragedia
bastante bien. Nunca vertió una sola lágrima. Una
mujer que trabajaba de vez en cuando como mucama para los Routiers,
dijo que le había mencionado a Darlie que, además
de la tragedia, ella y su marido tenían que asumir los costos
de un oneroso funeral. Se quedó anonadada cuando Darlie respondió:
"No me preocupa. Voy a obtener 5.000 dólares por cada
uno de los niños".
Darin y Darlie Routier se habían conocido de adolescentes
en la escuela secundaria. En agosto de 1988, se casaron. Darin,
graduado de una carrera técnica, consiguió trabajo
en el sector informático. Fundó su propia compañía,
Testnec, en Rowlett. La empresa despegó y, para 1992, se
había convertido en un pequeño negocio muy rentable.
La pareja se compró una vivienda en un barrio residencial
cercano al lago Ray Hubbard. De puertas afuera, parecía que
los Routiers habían logrado el sueño americano. Tenían
un barco de ocho metros amarrado en un puerto cercano y un Jaguar
en su puerta.
Pero no todo era color de rosa. Darlie había engordado un
poco, una situación que a Darin no le hacía gracia.
Los dos tenían gustos de lujo. Darlie tenía un guardarropa
inmenso compuesto por ropa muy cara. A veces, dejaba a los niños
desatendidos. Los vecinos se daban cuenta. El próspero negocio
no era lo suficientemente próspero como para financiar el
lujoso estilo de vida al que los Routiers se habían acostumbrado.
Cuando Darin y Darlie se negaron a reducir gastos efectuados con
el dinero de la compañía, la empresa se resintió.
Los proveedores, impacientes, pidieron que se les pagara. Para satisfacerlos,
dejaron de percibir sus sueldos. No fue suficiente. El 1ª de
junio, justo cinco días antes de los asesinatos, el banco
de los Routiers les negó un préstamo de 5.000 dólares.
Había cuestiones aún sin resolver. El asesino tenía
que haber estado ensangrentado. En la casa se encontró sangre
pero no se encontró sangre fuera de la ventana por la que
supuestamente salió. No parecía lógico que
un intruso matara a dos niños pequeños y dejara a
la madre de testigo para identificarlo. ¿No era más
probable que un asesino hubiera llevado su propia arma en vez de
utilizar un cuchillo de carnicero que estaba en la casa? Como no
se habían llevado nada de la casa, ¿cuál era
el móvil del asesino? ¿Cómo podía un
asesino pasar por un salón lleno de sangre y no dejar ni
una sola huella dactilar ni una pisada?
Los médicos que habían examinado a Darlie y a los
niños en el hospital coincidían en que las heridas
de los niños se debían a una agresión contundente,
mientras que las de Darlie eran superficiales. Añadieron
que había habido una cierta vacilación en las puñaladas
recibidas por Darlie. Cuando la puñalada dolía, la
hoja del cuchillo se había apartado reflexivamente. De las
pruebas, los agentes llegaron a la conclusión de
que los asesinatos habían sido planeados por adelantado.
El 18 de enero de 1997, la policía de Rowlett arrestó
a Darlie Routier y la acusó de los asesinatos de sus dos
hijos. En su juicio, fue declarada culpable y sentenciada a muerte.
Hoy está en el callejón de la muerte de Texas. Sus
abogados están presentando recursos de apelación,
arguyendo fallos en el enjuiciamiento.
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