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Una venezolana en
Pakistán

Se llama Marta Luchsinger, es asesora del Aga Khan Trust for Culture, en Pakistán del Norte, y entre sus proezas está la de haber editado un libro de recetas de esas tierras. He aquí parte de su historia. Adriana Gibbs

A ella le cambio la vida, y de qué manera. De ser asesora legal en el área financiera internacional en los ministerios de Hacienda, Cordiplan y con la banca de inversión Lehman Brothers, en Nueva York, Marta Luchsinger aterrizó un día en Pakistán. Allí la guió el firme propósito de demostrar que el rescate del patrimonio histórico es un buen camino para el desarrollo social. Lo logró y no sólo eso: allí hizo "pequeñas" proezas como la de convocar a un grupo de mujeres para hacer un libro de recetas de esas tierras tan lejanas, en las que ella nunca imaginó vivir de la manera tan compenetrada como lo hizo y como anhela seguir viviendo.

En Pakistán hay sitios donde no van las mujeres, hay lugares que se asemejan a un paisaje lunar, y hay imágenes inmemoriales como la de los albaricoques secándose bajo el cielo. Desde el lado más frívolo, si se quiere, estas tierras representaron para ella despedirse del maquillaje y del suavizante de ropa, y desde lo más íntimo, el valle de Hunza ha sido para Marta tierra de amores y desamores. "Allí se me abrió el cielo", afirma.

Tiene 40 años, es venezolana, y su casa en Venezuela huele a curry, a especias, amén de estar habitada por postales, objetos y reliquias traídas de Pakistán, y sus alrededores. Siempre le interesó el tema del patrimonio, y esta historia comenzó a finales de los años noventa cuando le tocó asesorar al Instituto de Patrimonio Cultural de Venezuela, lo cual la llevó a hacer una investigación sobre el vínculo entre conservación y desarrollo social.

"Llegué al valle de Hunza (ubicado en la parte norte de Pakistán) por destino. Cuando estaba culminando una maestría en desarrollo internacional en la Universidad de Bath, UK, quise documentar un caso que mostrara la relación entre rescate patrimonial y progreso. No había algo escrito sobre el tema. Un amigo me habló del Aga Khan Trust for Culture (AKTC) y me vinculó con ellos con la idea de que hiciera mi tesis con una de las experiencias de la organización. Yo dije que sí, jurando que me iban a mandar a Ginebra... y resulta que fue Pakistán del Norte la tierra que me recibió. Mi mamá no me quería dejar ir y yo no tenía ni la menor idea de a dónde iba, en verdad".

Corría el año 2001. Luchsinger se pagó el pasaje, y Salman Beg, ejecutivo del Aga Khan en Pakistán, le ofreció alojamiento, comida y un señor como compañía. El acompañante la esperó en el aeropuerto, y estuvo con ella en su primera salida por el lugar, en un carrito por puesto, bajo unos 45 grados de calor y en un paisaje que, en un primer momento, significó para ella toda una contaminación olfativa, visual y auditiva. "Yo en jeans, en una ciudad que no conocía, sentada cerca del chofer, y con el deber de seguir como mujer unas reglas de comportamiento con relación al hombre, que desconocía por completo".

Las normas que rigen el comportamiento adecuado de la mujer se conocen como la "purdah". En Hunza hay una versión más moderada. Las mujeres llevan una "dupatta" sobre los hombros y sólo en presencia de hombres no conocidos, se cubren la cabeza. Cuando las mujeres cruzan la calle del mercado, considerado el espacio masculino por excelencia, no sólo deben cubrirse el pelo, sino que deben actuar como si no existiesen y fuesen invisibles, caminar, por ejemplo, como si tuviesen un gran apuro.... Las extranjeras no tienen la obligación de usar "dupatta"; sin embargo, las que visitan Pakistán saben que el territorio es conservador y generalmente se visten de acuerdo.
Sabiendo esto, la primera actividad que ella hizo fue mandarse a hacer el "shelvar camise". Tanto en Pakistán como en la India lo usan las mujeres y los hombres, menos las clases altas. Son dos piezas: el "shelvar" son los pantalones amplios y de tobillos estrechos, y la "camise" es la camisa larga o batola. Como en casi todos los países islámicos, en Pakistán las mujeres se deben cubrir el pelo.

"Envuelta con mi shelvar camise me sentí extraordinariamente bien, porque es comodísimo, y hay la posibilidad de colores y combinaciones muy sensuales. Además, en verano las telas son algo transparentes y se pierde por completo la intención de que la mujer no 'tiente' al hombre. Ahora bien, las veces que me puse un jean y una camisa occidental, guao, mis compañeros del Aga Khan se emocionaban y me pedían que siempre me vistiera así", cuenta Marta.

La primera noche en Pakistán, lo que hizo antes de dormirse, fue pararse frente al espejo y decirse: "Bueno, Marta, ¿tú no querías ver pobreza?... ¡Aquí la tienes!".

Al rescate de Hunza. Este valle, así lo describe Luchsinger, es tierra de contrastes con ancestrales edificaciones levantadas entre una naturaleza diversa con llanuras y nevadas montañas. Sólo el 5% de sus tierras es fértil, hay carencia de agua, y año tras año les tocan largos inviernos (de ocho meses), por lo que allí ha emergido una economía de subsistencia. "Un lugar en el que la felicidad es la posibilidad de la limpieza", sentencia.

La apuesta de Marta y con el visto bueno del Aga Khan, ha sido la de reducir la pobreza a través del patrimonio. Esta ha sido su labor desde la Unidad de asuntos culturales del Aga Khan.

A los dos meses de vivir en Hunza la evacuaron por la guerra de Irak. Siguió trabajando desde otros lugares y regresó en el año 2003 para quedarse allí durante siete meses.
Una de las primeras tareas que la ocuparon fue realizar un estudio sobre el impacto social del proyecto de conservación del patrimonio cultural del caserío rural de Ganish, en Pakistán del Norte. Lo que hizo, para ello, fue reproducir las palabras de la gente. Ella entrevistó a todo el pueblo, hombres y mujeres, puso a dibujar a los niños y a los adolescentes los motivó a escribir historias sobre su pueblo. Toda esta data fue analizada con el apoyo de un equipo multidisciplinario. A todos les encantó el proyecto y éste será replicado en otras geografías. Es un modelo de evaluación que da cabida a experiencias de desarrollo.

Se dedicó también a otras faenas: Salman Beg, del Aga Khan, le pidió asistencia para nominar ante la Unesco un palacio pakistaní construido entre los siglos XIII y XIV. "Yo le propuse nominar cuatro mezquitas que tienen cerca de 400 años, talladas todas en madera, que en conjunto crean un espacio vacío en el corazón del caserío histórico de Ganish, el más viejo de Hunza. En esas mezquitas se celebraban las recepciones y bailes del rey de Hunza. Presenté las nominaciones de las mezquitas y el 'jataq', que es como se llama el espacio abierto, y se ganaron el primer lugar del Asia-Pacific Unesco Heritage Award 2002. Las volví a nominar para el British Airways Tourism of Tomorrow, y a pesar de que esta línea canceló sus viajes a Pakistán desde el 11 de septiembre de 2001, ganaron el único premio en la categoría de Built Heritage".


Marta Luchsinger (en el centro) con las autoras de las recetas

A fuego lento. Al tiempo que Luchsinger se aclimataba en Hunza, un proyecto empezó a cocinarse a fuego lento. Todo empezó cuando las mujeres del pueblo la invitaron un día a comer como gesto de gratitud. Al ver tantos platillos, dispuestos de manera tan hermosa sobre un colorido mantel, se le alborotó el deseo por documentarlos, y editar un libro con sus recetas. El recetario se titula Cooking in Hunza, y en el Banco Mundial se ha convertido en modelo.

Por si fuera poco, el año pasado Luchsinger trabajó con la división Aga Khan de Egipto en El Cairo, en la reformulación de siete proyectos de desarrollo social y rescate de patrimonio cultural en el barrio islámico Darb al-Ahmar. Como corolario de esta consultoría, surgió la iniciativa, conjuntamente con el embajador de Venezuela en Egipto, de una donación de árboles exóticos venezolanos para el parque más grande del Medio Oriente a ser inaugurado próximamente, promovido por el príncipe Karim Aga Khan y diseñado sobre un milenario botadero de "escombros" cuya superficie incluye piezas de cerámica desde el siglo IX hasta el XIX.

-¿Y su sueño, ahora?
"Ahora, desde Caracas, estoy coordinando la búsqueda de fondos para otorgar materiales, con la idea de que el pueblo de Ganish construya un aula para los niños de 4to. grado, pues éstos actualmente reciben las clases al aire libre". Está en proyecto también hacer un museo en la torre Shikari. "La idea -explica- es que este museo cuente su historia local, porque en los libros escolares de Hunza, por ser parte de Pakistán, no le enseñan nada de ese valle". Y la de editar el libro de cuentos, El fantasma de la torre, que Marta escribió inspirada en cuentos que escuchó en boca de los niños. "Espero en 2005, continuar asesorando a la Fundación Aga Khan en Pakistán del Norte". De algún modo, ella sigue viviendo en Hunza.
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La sazón de Hunza Estas mujeres cocinan con el corazón. Las recetas escritas, las medidas y los pesos no existen en sus sencillos fogones. Por eso, las siguientes cantidades son simplemente una referencia, pues la idea es añadir o quitar según el gusto de quien las prepara.

Diram phitti
Si la palabra "diram" proviene de la semilla sagrada de la vida según la historia oral de Hunza; la palabra "phitti", a su vez, revela que este postre tradicional no es más que otra versión de su alimento básico, el pan (pita).

Diram phitti es un pan muy especial, de sabor extrañamente dulce, más húmedo que crujiente y con nombre propio. Ha sido, desde siempre, el postre por excelencia en Hunza. Lo que lo hace tan especial es que no contiene azúcar, un ingrediente de uso reciente y ausente en las recetas tradicionales. Para su dulzura se usa un método natural muy particular. En lugar de secar el trigo fresco recién cosechado, para luego molerlo, se mantiene húmedo y sin secar, hasta que comienza a germinar, fermentándose ligeramente. Sólo entonces es cuando se muele en harina. Así, esta harina fermentada y dulce se combina con harina normal para preparar el diram phitti.

Ingredientes
l 250 g de harina dulce fermentada
l 125 g de harina de trigo
l 150 ml de agua

Preparacion
1. Se mezclan los dos tipos de harina y se amasan añadiendo el agua poco a poco. Amasar aproximadamente durante 10 minutos.
2. Dar forma a la harina en varias pelotas redondas y convertirlas en pelotitas individuales aplastadas como de dos centímetros de espesor.
3.Engrasar un sartén plano o una 'crepera' con aceite a fuego lento. Coloque las secciones de masa sobre el sartén y dorar ligeramente. Darle vueltas para que no se queme y hornear luego, por 15 minutos, hasta que esté con una conchita por fuera, pero suave al tacto.


Haneetze berikutz
(Chappati con pasta de nuez de albaricoque)
La comida en Hunza en general no suele ser picante. Siéntase libre de adaptar la cantidad de ajíes verdes de acuerdo con su gusto. Como regla general, puede dejar las semillas de los ajíes si se prefiere más fuerte o eliminar las semillas para un sabor menos fuerte.

Ingredientes
l 150 g de nueces de albaricoque
l 250 g de crema fresca o requesón
l Tres cebollas medianas
l Tres a cinco ajíes verdes picantes
l Sal al gusto
l Ocho chappatis

Preparacion
1. Preparar ocho chappatis siguiendo la receta que se indica abajo y mantenerlos a un lado.
2. Triturar las nueces de albaricoque. Cortar finamente las cebollas y los ajíes picantes. En una licuadora mezclar las nueces de albaricoque, cebollas, ajíes picantes, requesón y sal al gusto hasta que se produzca una pasta suave.
3. Untar cuatro chappatis con esta pasta y cubrirlos con los cuatro chappatis restantes. Cortar en trozos para servir.

Chappatis (tipo de pan) Rinde ocho porciones
l 500 g de harina
l 200 ml de agua

En un recipiente se amasa la harina con aproximadamente 2/3 partes del agua. Lentamente se añade el remanente del agua hasta que la masa se vuelva más firme y no se pegue del recipiente. Amasar por aproximadamente 10 minutos. La masa del chappati debe quedar suave pero no pegajosa. Añadir más harina si es necesario. Cocinar a la plancha en un budare.

 

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