- Gira de la nostalgia.
- ¿De dónde son los modelos? El Dato: autores inéditos.
- De colección.

 CRONICA
- No se la pierdan
- Keanu Reeves
Salva al mundo
de nuevo
- Una venezolana
en Pakistán
- Dulce tentación
SALUD
- Aloe-vera. La cura-lo-todo
BELLEZA
- ¡No se arrugue, eso envejece!
MODA
- Viva el plástico
COCINA
- Cocinando
con naranja
MASCOTAS
- Un perro sagrado
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 
  No se la pierdan
Mónica Montañés

 

Pongámonos en el siguiente caso. Es, digamos, viernes, ya de tarde, y su adolescente le dice, al rompe y sin previo aviso, mañana tengo que ir a la Quinta Anauco para una tarea de Historia, a las doce del mediodía, con Fulanita y Zutanita, y te tienes que quedar en la visita guiada porque ninguna otra mamá podía y yo dije que tú sí. ¿Usted qué responde (internamente, honestamente)? Que qué fastidio. Primero porque sí. Segundo porque se le había ocurrido cualquier otro plan para un sábado al mediodía menos ese. Tercero porque usted ya ha tenido que acompañar a su adolescente en años anteriores a otras visitas guiadas en otros museos y, por lo tanto, sabe por experiencia que más que un placer suelen parecerse a una suerte de rally enloquecido por un bojote de salas viendo un bojote de cosas de las cuales es imposible acordarse de nada de tan apurado que fue el recorrido. Pero no tiene opción, ya la ensartaron y ni modo. Como es obvio deducir, esto que acabo de relatar me acaba de ocurrir y ahí estaba yo en la Quinta Anauco, mi sábado a las doce del mediodía, dispuesta a aburrirme responsablemente. Y resulta que aquí me tiene, domingo en la mañana, todavía entusiasmadísima, escribiendo esta columna con el firme propósito de convencerlo a usted de que agarre su cartera y su carro y salga volado a gozar un puyero con la visita guiada que le brindan por la módica suma de dos mil bolívares en la preciosa Quinta de Anauco, que es como se llama en realidad. ¿Por qué? Porque lo pasé buenísimo, porque está bellísima y muy bien conservada, porque la visita guiada es divertida y generosamente documentada y porque uno sale de ahí con un orgullo patrio sabrosito y perdurable. Le cuento. A mí y a mis tres adolescentes con su sempiterna expresión de qué fastidio todo, típica de su edad, nos tocó como guía un joven extraordinario, llamado Romel Daniel, quien logró en un segundo introducirnos en la época colonial y quitarnos la cara de fastidio de una. Incluso a las adolescentes, lo juro. Sin prisa alguna, dueño de la escena y de miles de datos curiosos y fascinantes, nos fue llevando sala por sala, durante la hora y cuarenta minutos que dura la visita, haciéndonos reír, sorprendernos y aprender una pila de cosas sobre la vida cotidiana de la Colonia que todos deberíamos saber para entender mejor porqué somos como somos, como hablamos, como actuamos, de dónde venimos y para dónde podemos ir ahora que sabemos lo que él nos cuenta. Que además lo va contando sin disimulo alguno del orgullo inmenso que él tiene de trabajar en un lugar como ese, de que exista un lugar repleto de maravillas curiosas e interesantes y valiosísimas como la Quinta de Anauco. No sé si los demás guías son como él pero no tengo porqué dudarlo porque nada allí parece producto de la suerte o la improvisación, al contrario. Yo de verdad lo pasé buenísimo y lo que es más raro aún, las tres adolescentes que llevé también. Por eso se los cuento, porque vaya si vale la pena, así sea para que la próxima vez que usted esté sentado en una butaca de un cine o un teatro, aquí o en cualquier ciudad del planeta, sienta el sabroso orgullo de saber que eso, la butaca, fue inventada nada menos que en Venezuela, producto de nuestro riquísimo mestizaje y en una época en que las modas se adaptaban y no se adoptaban como ahora. De verdad mis más sinceras felicitaciones al equipo de la Quinta de Anauco y gracias, mil gracias. l

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso