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Comer para
destruirse
Pedro comía casi las 24 horas del día, se comportaba como un adicto y veía en los alimentos un refugio ante las angustias. Pedro fue un comedor compulsivo y vivió años entre la culpa y la obesidad. ¿Quiere saber cómo superó esta enfermedad que lo estaba llevando a la muerte? Su caso podría ser el suyo.
Por Efraín Castillo
'Yo comía una sola vez
al día: desde que me despertaba hasta que me
dormía. Y muchas veces interrumpía el sueño para comer". Este es el testimonio de Pedro, un hombre de 35 años que descubrió que era comedor compulsivo hace tres, pero que desde su adolescencia no pensaba en otra cosa sino en atracarse de alimentos y golosinas, aun sin hambre.
Los comedores compulsivos no tienen control sobre lo que ingieren porque para ellos el alimento es tan adictivo como la droga o el alcohol. Incluso, no comen para satisfacer una necesidad corporal o para llenarse de energía. "Yo comía por cualquier motivo. Si me agredían, si estaba cansado o si estaba alegre, por cualquier excusa yo comía. Además, nunca me permitía sentir hambre. Me aterrorizaba la idea y por eso me llenaba de comida a toda hora".
La Organización Mundial de la Salud y la Asociación Estadounidense de Psiquiatría incluyeron la sobreingesta compulsiva como un trastorno de la conducta alimentaria, al lado de la anorexia nerviosa y la bulimia. Según un ensayo de la Universidad Nuevo León de México, el síndrome de los comedores compulsivos "se caracteriza por la presencia de atracones recurrentes de comida, que provocan aumento de peso". En estos casos, la persona que lo padece "muestra un profundo malestar al recordar los atracones y una relación con la comida llena de angustia, culpa y vergüenza".

Foto: Archivo |
Para Pedro esta definición calza perfectamente en lo que estuvo viviendo por casi 20 años. "Mi compulsión llegaba a tanto que en mi casa se cenaba temprano y yo siempre tenía la necesidad de crear una comida paralela antes del desayuno. Por eso en las últimas horas de la noche hacía expediciones a la nevera, tratando de no ser descubierto, porque sabía que que estaba haciendo no era correcto. No podía evitarlo".
Como ocurre con los adictos, Pedro llegó a entrar en estados de "locura temporal" en los que hizo cosas de las que se avergüenza. "Tengo muy fresco el recuerdo de un quesillo que me robé una noche. El postre estaba hecho para agasajar a una visita. Llegué a la cocina y me dije que si comía un trocito nadie se iba a dar cuenta. A los tres minutos regresé por una lonjita más y a la hora y media no quedaba nada. No recuerdo cómo me lo comí todo. Sólo recuerdo la pena que sentí con los reproches de mi familia, que me llamaba abusador. Pero ni ellos ni yo sabíamos que estaba enfermo".
Se calcula que, como Pedro, dos o tres de cada 100 personas sufren este trastorno en todo el mundo. Los factores que pueden incidir sobre el desarrollo de la enfermedad son variados, pero los especialistas dejan claro que se trata de un problema psicológico. "Detrás de un comedor compulsivo -afirma Hany Chikhani, médico psiquiatra-puede haber situaciones como angustia, depresión, necesidad de afecto, rechazo, todo dependiendo de su mundo interno. No podemos encasillarlos en un solo patrón, pero desde el punto de vista psicoanalítico, los comedores compulsivos son personas que en un momento de conflicto hacen una regresión a la etapa oral en que recibían teta o alimento de la madre y se refugian en lo que su mente fijó como defensa (en este caso, la comida)".
Las presiones sociales también inciden en el desarrollo de este trastorno, que se presenta, sobre todo,entre personas obesas. Pedro es una prueba de eso. "Siempre fui señalado como el gordito y llegué a pesar 150 kilos. En el liceo nunca me escogían para jugar voleibol y si montaban un equipo de fútbol se burlaban diciendo que me pondrían a tapar toda la arquería. Eso duele y creo que eso hizo que comenzara a atacarme comiendo más, porque al final creo que uno come con rabia hacia uno mismo. Yo me veía en desventaja frente a mis amigos, porque eran más delgados. Yo sentía que eran mejores personas que yo, buscaba aceptación, pero no me aceptaba a mí mismo. No sé qué ocultaba, pero dentro de mí había mucha soberbia, mucha rabia contra los demás y por eso comía y comía".
Pedro llegó a hundirse tanto en su trastorno, que incluso pensó en convertir la comida en instrumento de su propia destrucción. "Hubo un momento en que llegué a pensar que comer era la mejor manera de morirme. Decía que así podía darme un infarto y salir de mis problemas para siempre".
Amor, psicoterapia y voluntad
Pero a Pedro le cambió la vida una amiga que, preocupada por el deterioro de su estado de salud, le habló de Comedores Compulsivos Anónimos (CCA), organización que, con el mismo esquema de funcionamiento de Alcohólicos Anónimos, recibe a personas que no tienen control sobre la ingesta de alimentos y trabaja para detener esta conducta autodestructiva, en un clima de fraternidad. "Al principio me negué a aceptar que estaba enfermo, pero cuando llamé por teléfono y escuché una voz tan amorosa, sentí que ese lugar era para mí. Me dijeron que nadie iba a juzgarme, que no entraría a un club de dieta y que tendría la oportunidad de compartir fortalezas y esperanzas con personas como yo. Allí entendí que no estaba solo con mi problema, que había gente que pasaba por lo mismo y me incorporé de inmediato".
En los primeros ocho meses, Pedro rebajó veinte kilos, pero no lo hizo con pastillas milagrosas. "En CCA encontré una hermandad que me ayudó a aceptarme como soy, a entender que tenía un problema y a trabajar para superarlo, enfrentándolo desde tres ópticas: la física (el problema de salud que representa la obesidad), la emocional (entender qué sientes y padeces como ser humano) y la espiritual (cómo manejar los sentimientos y percepciones propias). Creo que al final se trata de amor y voluntad, de tomarse el tiempo para reflexionar sobre tu propia vida, sobre las cosas que no están funcionando en ti mismo y lo que debes hacer para encontrar esos niveles de satisfacción personal que te permitan estar bien contigo mismo, con los demás y así abandonar la compulsión de comer".
El programa de Comedores Compulsivos Anónimos funciona sobre la base del cumplimiento de 12 pasos. Admitir que se tiene un problema, entregar la enfermedad a una fuerza superior, reconocer las propias faltas, reparar el daño hecho a seres queridos, y ayudar a otros en situación similar forman parte del programa de la organización. Todo utilizando herramientas como literatura especializada, un plan de comidas y reuniones de ayuda. Eso sí, no hay fórmulas mágicas. "La gente busca una solución que lo convierta en un Charles Atlas en 15 días y, por supuesto, eso genera frustración, porque nunca llega a concretarse. Incluso, puede llevarte a una recaída".

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Tampoco alientan soluciones extremas como las dietas agresivas o las cirugías. "Yo decidí hacerme una gastroplastia (colocación de banda elástica para reducir la capacidad estomacal) pero no funcionó, porque me operaron el estómago pero no el cerebro. Yo seguía comiendo compulsivamente, pero mi organismo no aceptaba físicamente tanto alimento y se me sumó otro problema: empecé a vomitar lo que comía y me volví bulímico". Sólo cuando entendió que tenía que recuperar su autoestima y su autoconfianza, Pedro comenzó a ver el cambio. Aprendió a vivir un día a la vez. "Éste es un programa para aprender a vivir y yo aprendo a vivir todos los días. Yo siento todos los días que soy mejor persona y ya no busco la aceptación de nadie, sólo soy mejor persona para mí. Ahora me concentro en conservar los amigos que tengo, soy capaz de decir no sé, soy capaz de decir no puedo, sé que no tengo que ser perfecto. Sé que tengo una limitación ante la comida, pero aprendí a vivir con eso. Y no tienes idea de la felicidad que tengo de mirarme al espejo y saber que estoy luchando por mi salud, que no me voy a morir de un infarto. Para mí es una bendición poder estar vivo".
Los especialistas también recomiendan combinar psicoterapia y asistencia nutricional. "Lo ideal es construir con el paciente un plan que incluya la quema de calorías para resolver el problema de la obesidad, mejorar la alimentación y trabajar el área psicológica", asegura el doctor Chikhani. "Como terapeuta, uno sabe que el comedor compulsivo está tratando de drenar su angustia a través de la fijación en la comida, por eso uno busca que el paciente tenga conciencia de sus problemas para transformar esta conducta en otras que no le hagan daño. En la medida en que el paciente resuelve sus conflictos, abandona la compulsividad. Eso sí, sólo si tiene disposición a ayudarse. El paciente que va por iniciativa propia es el que mejora".
efcastillo@eluniversal.com
| Esta puede ser una señal |
Los comedores compulsivos no tienen control
de lo que ingieren porque para ellos el alimento
es tan adictivo como la droga o el alcohol.
Incluso, no comen para satisfacer una
necesidad corporal o para llenarse
de energía.
Foto: Archivo
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Festines y atracones:
¡pura culpa! |
Foto: Archivo |
Las bodas, bautizos o cumpleaños pueden dejar más que
un dolor de estómago entre los comedores compulsivos.
La tradición social de atiborrarse de comida en estas fiestas (así como en las cenas de navidad o año nuevo) es tan peligrosa como una botella de whisky para un alcohólico
y termina por desencadenar recaídas en muchas personas diagnosticadas con este trastorno. "En enero llegan muchos
de nuestros compañeros a las reuniones de Comedores Compulsivos Anónimos (CCA), llenos de culpa y vergüenza
por haberse dejado tentar y queriendo empezar de nuevo.
En CCA los recibimos con los brazos abiertos, porque no juzgamos a nadie y siempre pueden volver a empezar",
dice Pedro, miembro de esta agrupación sin fines de lucro
que funciona en el país para escuchar y atender a quienes
padecen esta enfermedad.
Sin embargo, Pedro asegura que lo mejor es prepararse para enfrentar con coraje y valentía la "mesa de manjares". "No hay que aislarse, no puedes dejar de ser un ser social. El problema no lo tienen los demás sino uno mismo. Por eso hay que entender que uno es impotente ante la comida, por lo que lo más sano es identificar aquellos alimentos que nos producen compulsión y comerlos con moderación. Debemos saber qué debemos y cuánto debemos comer, y hacerlo no sólo por placer sino pensando en nuestra salud".
CCA también utiliza otra herramienta entre los miembros de su grupo: "La llamada del primer bocado compulsivo". "Las ganas de dar el primer mordisco a un alimento que nos produce
adicción puede tener un efecto de bola de nieve y terminar generando un atracón que nos hará daño. En CCA recomendamos que cuando eso ocurra, siempre tengamos a mano el teléfono de algún compañero de grupo y lo llamemos para contarle nuestra inquietud. Puedes estar seguro que escuchar la voz de un amigo que te comprende es muy efectivo. No hay nada como una palabra de aliento". |
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| La comida como escape |

El comedor compulsivo drena su angustia a través de la fijación en la comida. En la medida en que el paciente resuelve sus conflictos, abandona la compulsividad.
Foto: Archivo |
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| Las 16 preguntas de un comedor compulsivo |
El 19 de enero, Comedores Compulsivos Anónimos celebró 48 años de fundación. La organización nació en 1960 en Los Ángeles, Estados Unidos, y funciona con la misma filosofía de Alcohólicos Anónimos. Se basa en el principio de que sólo con la voluntad de cambio de quien padece esta enfermedad es posible superarla. Para ello, la asociación parte de la necesidad de que el comedor compulsivo reconozca su limitación ante la comida y utiliza un breve cuestionario como guía para quien crea tener este desorden alimentario. Tómese unos minutos para leerlo. Podría ser un comedor compulsivo y no saberlo. Y como dice CCA en su página web: "No es una vergüenza admitir que tienes un problema. Lo más importante es hacer algo al respecto".
1.- ¿Sufre de bulimia o anorexia?
2.- ¿Come usted cuando no tiene hambre?
3.- ¿Se da usted parrandas de comida sin razón aparente?
4.- ¿Siente culpa y remordimiento luego de comer en exceso?
5.- ¿Dedica usted demasiado tiempo y atención a la comida?
6.- ¿Anticipa usted con placer y expectación los momentos en que pueda
estar solo para comer?
7.- ¿Planea usted atracones secretos de comida?
8.- ¿Come usted con mesura frente a otros pero en exceso cuando está solo?
9.- ¿Está su peso afectando su manera de vivir?
10.- ¿Ha tratado de hacer dieta por una semana o más, sin haber logrado su meta?
11.- ¿Se resiente usted de los consejos de otras personas cuando le dicen que use su voluntad para dejar de comer excesivamente?
12.- A pesar de que no lo logra, ¿continúa usted afirmando que puede hacer dieta "por sí mismo" cuando lo desee?
13.- ¿Siente ansias de comer a una hora del día o en la noche aparte de las horas de comida?
14.- ¿Come usted para escapar de las preocupaciones o de los problemas?
15.- ¿Alguna vez le ha tratado un médico por exceso de peso?
16.- ¿Su obsesión por la comida hace infeliz a usted o a otros?
Si responde afirmativamente al menos tres de estas cuestiones, podría tener un problema con su forma de comer. CCA cuenta con grupos de reunión en Caracas, San Cristóbal, Barquisimeto y Maracaibo, y propone un método de recuperación basado en la hermandad y el respeto entre sus integrantes. Ponen a disposición la página web www.ccavenezuela.org, las direcciones ccavenezuelajns@yahoo.com y ccavenezuelajns@hotmail.com, así como el número telefónico 0414-712. 6746, para información sobre lugares y días de reunión.
Fuentes consultadas
www.respyn.uanl.mx
www.obesidad.net
Coordenadas
•Hany Chikhani. Médico Psiquiatra. Instituto Alergia e Inmunología
Bello Campo. Teléfonos: 0414- 333.0822 0212-265.2132
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