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CRÍMENES MAX HAINES

La tela
de araña de
Charlotte

Los maridos no
deseados a menudo
han sido eliminados
por esposas desagradecidas

Fred Bryant, de 26 años
de edad, un soldado inglés de servicio en Irlanda en
el año 1922, parecía un
buen partido para la joven Charlotte, de 19. Después
de todo, Fred era miembro
de la policía militar y estaba lleno de energía y vigor. Además, a él le encantaban las mujeres; particularmente, la morena Charlotte.


En 1922, cuando Fred completó su período obligatorio, se llevó a Charlotte con él a su casa en Somerset, Inglaterra, donde se casaron. Fred consiguió un trabajo en una granja de vacas en Over Compton, a unos cuatro kilómetros de Yeovil. Con el trabajo le dieron un pequeño chalet.

Las cosas, simplemente, no funcionaron. Charlotte estaba totalmente desilusionada, pues tan sólo era la esposa de un granjero de bajo salario. Ella deseaba tener la acción que había en Londonderry, donde se encontraban cientos de soldados cumpliendo servicio. Así que nuestra joven señora comenzó a caer en brazos de los muchachos locales, cuando se le presentaba la oportunidad. De tanto en tanto, su agitada vida sexual se interrumpía para dar a luz un bebé. Durante su turbulento matrimonio, Charlotte y Fred tuvieron cinco hijos.

Pronto Charlotte comenzó a aceptar pequeñas cantidades de dinero de los agradecidos muchachos, quienes apreciaban sus encantos. No vayamos a endulzar la realidad. Charlotte se convirtió en una prostituta a tiempo parcial. También se aficionó al ron y su apariencia sufrió bastante. Para empeorar las cosas, a Fred, simplemente, no le importaba un rábano. Fred lo veía así: "No me importa lo que ella haga. Cuatro libras por semana son mejores que 30 shillings".

En diciembre de 1933, Charlotte conoció a un gitano llamado Leonard Parsons. Len tenía apariencia de tipo duro y otros atributos que eran menos obvios para los observadores normales. El encuentro casual cambiaría la vida de Charlotte. A la alegre mujer no le importaba nada que Len estuviera casado con una chica llamada Priscilla Loveridge, y tampoco que hubieran cuatro pequeños Loveridge en casa. Ella invitó a Len para la cena de Navidad.

Cuando Len, quien era vendedor, se quejó de que estaba separándose de Priscilla y necesitaba un lugar adecuado donde vivir, el tonto de Fred le invitó a trasladarse a su casa. La oferta fue aceptada.

Inicialmente, Fred y Len se llevaban de maravilla. Por casi nada, Len tenía casa y comida. Por nada en absoluto, también tenía a Charlotte.

En 1934, Fred perdió su trabajo y el chalet, pero obtuvo un empleo en la granja de Coombe, un pueblo en las afuera de Sherbourne. El amante de su esposa también se trasladó con la familia. Pero ya bastaba. El lugar estaba repleto. Después de varios meses, Fred insistió en que Len se marchara, lo que precipitó una pelea. Len se marchó. Entonces Charlotte recogió sus cosas y se marchó con dos de los niños. Tres días más tarde, regresó a los brazos comprensivos de Fred.

La paz no duró mucho. El chulo de Len le envió a Charlotte un telegrama pidiéndole una reunión. Charlotte mostró el telegrama a Fred. Los dos decidieron encontrarse con Len en el pueblo de Babylon Hill. Una turbulenta pelea casi terminó en tragedia, pero este desarrollo violento se evitó cuando el trío estuvo de acuerdo en regresar al chalet en Coombe para vivir todos juntos.

Allí, Charlotte compartió su cama con Len mientras su marido se quedaba en el sofá. Algunas veces el arreglo se cambiaba. Para complicar más la situación, Charlotte quedó embarazada.

Como si la situación no fuera lo suficientemente volátil, Fred cayó gravemente enfermo. Llamaron a un médico local, Fred mejoró rápidamente y volvió a sus obligaciones en la granja.

En noviembre de 1935, Len Parsons abandonó el chalet para siempre. La rosa, definitivamente, se había secado. Charlotte debía estar devastada por la deserción de Len.

El 11 de diciembre, Fred cayó enfermo nuevamente. Charlotte preguntó por su seguro, pero le informaron que su esposo estaba demasiado enfermo como para que la póliza cubriera todos los gastos. Charlotte, ahora atrapada con un esposo enfermo y abandonada por su amante, encontró un nueva amiga, una viuda cuarentona, Lucy Malvina Ostler. Lucy se fue a vivir al chalet para acompañar a Charlotte y ayudarla. Justo antes de las navidades, Fred empeoró peligrosamente. Vomitó hasta que, finalmente, una mañana fue trasladado al hospital Yeatman en Sherbourne. Fred falleció esa misma tarde.

Una autopsia indicó que su muerte se debía a envenenamiento con arsénico. Se encontraron rastros de arsénico en las uñas de Fred, indicando que el veneno se le había administrado durante largo tiempo.

Se examinó cada rincón del chalet. Se retiraron muchos objetos de la casa para ser analizados. Se excavó el jardín centímetro a centímetro.

Cuando Lucy se dio cuenta de que era sospechosa, confesó. Le dijo a la policía que Charlotte le había mostrado una lata verde, diciendo: "Tengo que deshacerme de esto". Lucy siguió diciendo que estaba limpiando la chimenea unos días más tarde cuando descubrió la lata verde, quemada. Análisis revelaron rastros de arsénico adheridos a la lata. Las cenizas de la chimenea también contenían rastros de arsénico.

Charlotte fue arrestada y acusada del asesinato de su esposo. El 27 de mayo de 1936, Charlotte se presentó
a juicio. Lucy, quien había sido bienvenida en la casa, ahora decía que Charlotte había procurado la muerte
de Fred. También contó que Charlotte le dio sopa
a Fred con una cuchara la mañana que murió, y que le había dicho varias veces que odiaba a su marido.
El día después que la policía había visitado el chalet, Charlotte intentó limpiar todo lo que había a la vista.

Incluso Len Parsons subió al estrado para añadir leña al fuego. Cuando se le preguntó si tuvo relaciones con la acusada, respondió: "Oh, sí, mucho, desde el momento en que la conocí hasta que me marché". Len también declaró que en el chalet había arsénico para matar las malas hierbas.

Durante todo el juicio, Charlotte mantuvo su inocencia, pero no pudo explicar los restos de arsénico descubiertos en el bolsillo de uno de sus abrigos. El jurado tardó una hora en volver con un veredicto de culpable. No obstante, el caso de Charlotte Bryant deja una duda pendiente. La prueba absoluta de la posesión de arsénico nunca fue establecida.

Charlotte apeló. Se reveló que las cenizas provenientes de la chimenea no tenían más cantidad de arsénico que la habitual contenida en la ceniza de carbón. Un experto, que condujo los experimentos iniciales, había cometido un gran error. Sobre todo, nadie podía descubrir ningún motivo para el asesinato. Sin embargo, es posible que Charlotte haya terminado detestando a su marido.

La última carta de Charlotte desde su celda de condena contenía una línea:
"La culpa de que esté aquí es toda de...". La policía censuró la carta y borró el nombre, lo que deja a los estudiantes del caso preguntándose si Charlotte
estaba bajo la influencia de otro individuo. Charlotte, cuyo cabello se puso
blanco como la nieve mientras estuvo en la cárcel, pasó sus últimas horas
rezando. A las ocho de la mañana del 15 de julio de 1936, Charlotte
Bryant fue colgada por el asesinato de su marido.

Traducción: José Peralta
Ilustraciones: David Márquez
davidmarquez@cantv.net

 
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