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Navidad reencantada

En su libro El encanto cotidiano. Un año de esplendor y sencillez, su autora Sarah BanBreathnach, reflexiona y ofrece sugerencias para el último mes del año... una suerte de guía para flirtear con los días decembrinos. Adriana Gibbs

El viejo año declina. diciembre une doce meses para formar otro año más. Este mes implica, por sí solo, emociones contradictorias, expectativas exageradas y agotamiento. "He aquí, ante mí, la manifestación metafísica de la duplicidad femenina con respecto a las fiestas navideñas: expectación y terror", escribe Sarah Ban Breathnach, en El encanto cotidiano. Un año de esplendor y sencillez.

Lo primero que sugiere es "aceptar" que ha llegado diciembre. "Los deseos no cambian las cosas pero, por experiencia, sé que aceptar la mayoría de las situaciones las hace variar, probablemente porque cambia nuestra manera de pensar por más que las circunstancias sigan siendo las mismas. Todo en la vida, cuando lo aceptamos, cambia". La autora inglesa invita a abrirse al generoso regalo de lo que diciembre todavía es: "Mejor que las navidades es prepararse para ellas".

No son una fecha... son un sentimiento. En el ensayo Qué es la Navidad a medida que nos hacemos mayores el autor Charles Dickens escribe: "Llegó la hora en la que el día de Navidad nos dejó sin nada que echar de menos o qué buscar. Por lo tanto, cuando crecemos, sería bueno sentir más gratitud por las lecciones que trae consigo. Bienvenidos los proyectos y anhelos, por más efímeros que sean, a nuestros escondrijos entre las luces más firmes que arden a nuestro alrededor".
Lo que pide diciembre, asegura Ban Breathnach, es que creamos: "¿Qué creamos en qué?... ¿Por qué no empiezas por las cosas que puedes ver, oír, saborear, oler y tocar que te produzcan satisfacción en esta época del año?", inquiere. Ella convoca a que en estos días se corteje con lo cotidiano. "Resérvate un atardecer claro y radiante para dar un paseo. Sí, un paseo. Las cosas más comunes nos darán verdaderas sorpresas cuando les prestemos atención. Sobre todo, durante esas fiestas que tanto temes".

Para los "fantasmas navideños", esos que agobian cuando se está pasando por alguna pena, algún dolor, y que hacen que las navidades sean época de emociones encontradas, propone lo siguiente: "Recuperar la Navidad eliminando todo lo que puede ser una carga o resultar demasiado doloroso; conservar los objetos navideños que siempre se han apreciado. Pensamos que las navidades están labradas en tablillas de piedra pero, en realidad, son como las recetas y se adaptan perfectamente, si las dejas, a las nuevas circunstancias. Si introducimos rituales festivos nuevos cada año en nuestras celebraciones, nos aseguraremos de que nuestra capacidad de maravillarnos siga intacta y de que los futuros recuerdos de las navidades pasadas nos aporten felicidad y renovación".

Hay que volver atrás. Como bien escribió Gladys Taber, las navidades son un puente para cruzar el río del tiempo que fluye. Las navidades de hoy han de tener como objetivo crear horas felices para el mañana y revivir las del ayer. Por ello, hay que empezar a recordarlas: "Recréate en los recuerdos que hicieron que unas navidades fueran una experiencia positiva y alegre -invita Ban Breathnach-, quédate con ese recuerdo y luego ve por más; quédate con cada uno el tiempo suficiente para comprender qué hay en él que todavía tenga significado para ti. Cuando los hayas recuperado todos se convertirán en tu impronta personal. La dicha de los recuerdos te ayudará a dar forma a los planes para las fiestas de ahora", escribe la autora.
Y llega la noche del 24: "En Nochebuena, el amor va ataviado con vestimentas visibles, con regalos y palabras escritas. El amor que el resto del año queda silenciado por el ajetreo de la vida se expresa en forma de belleza tangible, escribió Abbie Graham, en 1928. Ban Breathnach destaca: Hay, también, que regalarse: "Las mujeres saben dar pero son tacañas a la hora de recibir. Sería bueno regalarse obsequios para mimarse: una hidratante para el cuerpo, unos jabones artesanales, chocolates, un cepillo de buena calidad para el cabello...".

Cuando se avecina el 31 de diciembre, la invitación es a ingeniarse nuevas maneras de dar la bienvenida al Año Nuevo. Cierra la autora citando a Evelyn Underhill: "Espero que las navidades hayan tenido un pequeño toque de eternidad entre el ajetreo y el ir y venir y todo lo demás. Siempre parece tanto una mezcla de este mundo y el siguiente... pero, al fin y al cabo, de eso se trata". Hay veces en que la vida sorprende y puede suceder cualquier cosa, incluso aquella, precisamente, que se estaba esperando. l

 
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