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Acromegalia:
crecer de más

Cuando se instala en el organismo es difícil detener su avance. Se trata de una enfermedad hormonal que produce un crecimiento excesivo de las extremidades. Debe diagnosticarse a tiempo para así detener su avance y revertir el padecimiento. Idalia De León

Cuando el cuerpo produce exceso de la hormona de crecimiento (HG) se desarrolla la acromegalia, mejor conocida como la enfermedad del crecimiento. Este término define un tipo de padecimiento poco común que se manifiesta con el crecimiento exagerado de las extremidades, lo cual conlleva una deformación de la apariencia del individuo y la manifestación de problemas que, a la larga, afectan la salud y la psiquis de la persona.

Cuando se inician los síntomas de este padecimiento -más común en personas mayores de 50 años que en niños- es difícil advertir de qué se trata pues puede confundirse con otro tipo de enfermedades, y porque, además, las transformaciones físicas se producen muy lentamente sin que la persona advierta que algo raro está pasando con su cuerpo. Cuando el problema se presenta en niños, la enfermedad se denomina gigantismo, cuando se trata de un adulto recibe el nombre de acromegalia.

Comúnmente, el problema se presenta a causa de un tumor en la hipófisis, órgano ubicado en la base del cráneo (silla turca) y que es el responsable de producir las hormonas del crecimiento y las vinculadas a la función sexual. El desarrollo de la enfermedad es paulatino y, muchas veces, ya es muy tarde cuando la persona obtiene un diagnóstico. En todo caso, la presencia simultánea de varios síntomas específicos, encienden la señal de alarma para acudir al médico. Algunos de los síntomas son artritis, síndrome del túnel carpiano, disminución de la líbido, alteración del ciclo menstrual, sudoración excesiva, hipertensión arterial, dolor de cabeza, pólipos, diabetes y pérdida parcial de la visión. Algunas mujeres segregan leche por los senos (galactorrea) como consecuencia de un aumento excesivo de la prolactina, otra de las hormonas que se producen en la hipófisis. Los signos propiamente dichos de la acromegalia, y los que en definitiva le otorgan el nombre, son agrandamiento de manos, pies y circunferencia craneal. Así mismo, se presentan cambios en el tamaño de la lengua, la mandíbula inferior, lo cual a su vez, ocasiona la separación de los dientes (diastema). El aumento de la circunferencia craneal, de los arcos superciliales, y del corazón, son otros factores que determinan la presencia de la acromegalia.

¿Callejón sin salida?
Al igual que el cáncer, la acromegalia es una enfermedad que debe ser diagnosticada a tiempo para detener su avance, sin embargo, el problema radica en que las deformaciones se producen en el lapso de ocho y 10 años, lo cual dificulta su detección temprana. Una vez que el conjunto de síntomas inclina la balanza hacia la posible existencia de un cuadro acromegálico, el médico especialista, para iniciar el despistaje, procede a realizar un examen para detectar el rango en que se encuentran las hormonas, específicamente, si la hormona del crecimiento registra un exceso. Luego, una serie de exámenes confirmarán o no, que se trata de acromegalia.

Los tratamientos aplicados hasta ahora se orientan a controlar los niveles hormonales. Uno de ellos, el más drástico pero más eficaz es el método quirúrgico, el cual busca eliminar el tumor causante del desorden hormonal. El éxito de los resultados dependerá siempre del tamaño del adenoma; si se logra quitar completamente, el paciente quedará liberado de la acromegalia. Si, en cambio, el tumor ha invadido áreas vecinas, dificultando la labor quirúrgica, el trabajo del cirujano especialista sólo garantizará una curación parcial de la enfermedad. En este caso, el individuo tendrá que someterse a tratamientos suplementarios de orden farmacológico bajo estricta supervisión médica. Otra posibilidad es la radioterapia, pero el procedimiento es objeto de cuestionamientos debido a que sus resultados, no siempre óptimos, sólo se logran a muy largo plazo, ocasionando, además, efectos colaterales indeseables.

Si la acromegalia avanza sin que se aplique un tratamiento, el enfermo sufrirá, muy probablemente, de enfermedades del corazón y respiratorias que afectarán su esperanza de vida. Se calcula que la mitad de las personas no tratadas muere antes de los cincuenta años. Lamentablemente, una vez que la acromegalia se ha instalado, así se apliquen tratamientos, es difícil revertir el mal. Sólo dependiendo de lo avanzado del padecimiento podrán aliviarse los síntomas.

En Venezuela, uno de los pocos centros que se ocupan de atender la acromegalia es la Clínica de Patología Hipofisiaria del Servicio de Neurocirugía del Hospital Clínico Universitario. l

En el diccionario
La palabra acromegalia proviene del griego akron, que significa extremidad, y megas, grande. Fue a finales del siglo XIX, cuando Pierre Marie describió por primera vez la enfermedad.
 
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