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Final de fotografía

Una foto fue la clave para develar
un asesinato.
Mark Haines

Nada es mas frustrante para los oficiales de policía que estar seguros de tener a su hombre, pero ser incapaces de probarlo. Esto casi ocurrió el 26 de abril de 1960, en las afueras del pueblo de Ankeny, Iowa.

John Muehlenthaler conducía hacia su casa, después de haber visitado a un pariente a las 7:30 de la mañana, cuando se percató que el cuerpo de una mujer yacía boca abajo en una cuneta al lado de la carretera. John pisó los frenos, corrió hacia la mujer y rápidamente vio que ya no se podía hacer nada por ella.

Pensó que era una víctima que había sido atropellada y abandonada en el lugar, pero estaba equivocado. John condujo hasta el teléfono más cercano y a los pocos minutos la policía estaba esparcida por toda la escena del crimen.

El médico forense Leo Luka examinó el cuerpo en la cuneta. Contó 22 heridas de cuchillo en el cuello y el pecho. Luka expresó su opinión diciendo que el asesinato había ocurrido apenas dos horas antes de que el cuerpo fuera descubierto.
El forense creía que el asesinato se había producido en el mismo lugar que se había encontrado el cuerpo, muy posiblemente mientras la víctima estaba tumbada. No había evidencia de que se hubiera resistido a una pelea. La víctima, muy bien vestida, llevaba falda, blusa y una chaqueta, todo estaba empapado en sangre. Su única joya era un reloj de pulsera.

Cerca del cuerpo, la policía observó una única pisada y una marca de neumático. Aunque no era seguro que estas pistas tuvieran alguna conexión con el crimen, se tomaron muestras de ambas marcas. Cuando la investigación tenía sólo unas horas de antigüedad, ciudadanos independientes informaron que habían pasado por la escena del crimen a tempranas horas de la mañana y habían observado un Ford blanco 1955 estacionado allí mismo. Un hombre y una mujer se encontraban adentro del vehículo, pero ningún testigo pudo describirlos. Una tercera ciudadana, que supo del crimen, se presentó de voluntaria para ver el cuerpo, creyendo que ella podría identificar a la víctima. Con lágrimas en los ojos, la joven señora dijo que reconocía el cuerpo de Inez Ringgenberg, de 33 años de edad, secretaria con la que había trabajado. No podía aclarar mucho más, excepto que Inez solía frecuentar bares y tenía una hermana cuyo nombre era Pearl.

Pearl Ringgenberg fue localizada el mismo día y comprensiblemente se sintió devastada al saber las noticias del asesinato de su hermana. Pearl le dio a la policía alguna información valiosa. Su hermana Inez casi siempre llevaba un bolso de mano de plástico blanco. La policía se preguntó si el asesino se habría llevado consigo el bolso desaparecido.

Mientras tanto, los detectives vigilaron los bares del pueblo, intentando localizar a alguien que hubiera estado con la mujer asesinada la noche previa. Tras varias respuestas negativas, dieron con algo.

Inez Ringgenberg era bien conocida en el club Amvets. Los empleados les dijeron a los detectives que ella había estado allí la noche anterior con un hombre joven cuyo nombre era Russell Shafer. Todo el mundo en el club conocía a Russell. El trabajaba en una tienda local y pasaba su tiempo libre o bien en el Amvets o en otro bar, el Wagon Wheel. La policía localizó a Russell en el último club. Alto y atractivo, Russell Shafer estaba sentado solo, disfrutando de una cerveza.

Cuando le preguntaron si conocía a Inez, recibieron una sorpresa. En vez de negar cualquier conexión, Russell admitió rápidamente que conocía a la mujer muerta. También dijo a la policía que había estado con ella la noche anterior en el mismo lugar donde se le encontró muerta.

Russel fue conducido a la comisaría. Aquí está la historia exacta según la contó cuando fue interrogado. "Inez y yo habíamos estado bebiendo en Amvets. Después de irnos, conduje fuera de la ciudad hasta donde encontraron su cuerpo. Nos sentamos en el auto e intenté hacerle el amor, bueno, supongo que llegué demasiado lejos y ella me abofeteó. Le devolví el golpe y entonces ambos salimos del auto, pero ella aún se resistía a mis avances y en un forcejeo los dos salimos rodando. Me levanté, caminé hacia mi auto y cuando me alejaba en el coche, la vi que estaba de pie insultándome. Me fui directo a casa y eso es todo lo que sé. Quien fuera que la matara debió llegar justo cuando yo me marché".

La policía estaba segura de que Russell era su hombre, pero su historia encajaba con todos los hechos conocidos e incluso presentaba un escenario que se había repetido cientos de veces: amante rechazado castiga a su novia haciéndola caminar a casa.

Un detalle, el bolso de mano. Uno de los investigadores le preguntó: "¿Viste su bolso de mano?". Russell contestó: "Cuando me estaba yendo, lo vi en el asiento trasero y se lo lancé".

Se registró la casa de Russell de arriba abajo con resultados negativos. Su Ford blanco fue examinado meticulosamente por el personal del laboratorio médico forense de Iowa. No encontraron manchas de sangre o cualquier otra evidencia. Sin embargo, encontraron evidencia de que el vehículo había sido limpiado concienzudamente.

Cuando hicieron un interrogatorio rutinario a la familia de Inez, los detectives descubrieron que otra hermana, la señora Clinton Doolittle, una vez le había entregado a Inez una foto de su hija Jeanette. La señora Doolittle había escrito "Jeanette Doolittle, nueve años de edad" en la parte de atrás de la foto. Por razones sentimentales, Inez siempre llevaba esa foto de su sobrina en su cartera desaparecida.

Una vez más, se registraron la casa y el garaje de Russell. No se encontró nada. Justo cuando los oficiales estaban abandonando el garaje, uno de ellos se dio cuenta de que una de las maderas del suelo crujía. Se sacó la madera. El policía encontró tierra suelta. Excavó como un metro de profundidad y descubrió un cubo de metal, el cual parecía contener únicamente tierra.

Después de examinarlo, se encontraron en el cubo, cenizas, un trozo de papel bastante quemado y lo que parecía un trozo de cuerda quemada. Usando unas pinzas, los detectives pusieron el trozo de papel y la cuerda en un contenedor de plástico y lo enviaron a un laboratorio del FBI en Washington D.C. El papel quemado fue sometido a rayos infrarrojos. La imagen de una pequeña niña apareció pronto. En el reverso de la fotografía, los técnicos del FBI pudieron leer la inscripción: "Jeanette Doolittle, nueve años de edad". Lo que parecía ser una cuerda resultó ser una porción de una tira de un bolso de plástico blanco.

Al conocer los resultados de Washington, los oficiales de policía de Iowa se sintieron aliviados. Al final, habían pillado a Russell Shafer en una mentira. También rescataron pertenencias de la mujer muerta enterradas en el garaje de Shafer.
Cinco meses después del asesinato, Russell Shafer fue sometido a juicio por asesinato. Se sorprendió al saber que el único material que le unía a la víctima había sido encontrado e identificado positivamente. Era la fotografía de Jeanette Doolittle.
Russell Shafer fue declarado culpable por asesinato en segundo grado y sentenciado a 50 años en la prisión estatal de Iowa. El 10 de marzo de 1972, consiguió la libertad provisional después de haber cumplido 12 años de su sentencia.
l

Ilustraciones: David Márquez

 
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