Fiel a la receta
El desconocimiento y la falta de disciplina
conllevan a que, en la mayoría de los casos,
los pacientes incumplan las indicaciones
médicas. Entérese de las peligrosas complicaciones que puede ocasionarle
esta práctica tan común.
María de los Angeles Herrera
Cada vez que se ingiere un medicamento, una gran cantidad de reacciones bioquímicas comienza a generarse dentro del organismo con el fin de aliviar dolencias, erradicar enfermedades e, incluso, regular el funcionamiento de los procesos naturales que se encuentren alterados. Pero pocos conocen todas las implicaciones que se esconden tras el acto —aparentemente simple— de tomarse una pastilla, pues dependiendo de la hora del día en que se consuma, el tipo de alimentación
con que se acompañe e, incluso, la frecuencia y dosis suministradas, pueden afectar notablemente a su organismo.
No es broma. Resulta una odisea para los especialistas lograr que sus pacientes sigan al pie de la letra las recetas indicadas, pues el desconocimiento sobre el funcionamiento real de los fármacos y la falta de disciplina de la mayoría de las personas, hace que muchas veces las dosis y los horarios sean obviados por
aquellos que —al menos en teoría— se encuentran bajo tratamiento médico.
Para empezar, no todos los organismos reaccionan igual ante los mismos medicamentos ni mucho menos frente las mismas dosis, por lo que seguir el tratamiento que le indicaron a un familiar o a un vecino no es buena idea. Tampoco
es recomendable que ante la presencia de síntomas parecidos a los de una enfermedad que ya usted ha padecido, intente repetir el tratamiento, debido a que existen gran cantidad de afecciones con signos coincidentes.
Efecto colateral
Todos los fármacos tienen asociados a su efecto principal algunas reacciones secundarias o colaterales, que no siempre resultan adversas. Luisa Helena Valdivieso, farmacóloga especialista en farmacovigilancia, comenta que los efectos adversos se pueden dividir en dos tipos, según dependan de la acción propia de los medicamentos o de las reacciones particulares del paciente frente al fármaco. Por ejemplo, ante una dosis normal de un antihipertensivo, un descenso excesivo de la tensión sería un efecto aumentado de la reacción esperada; por el contrario, si luego del consumo de penicilina se genera una reacción alérgica y súbita del paciente frente al antibiótico (shock anafiláctico), éste constituye un efecto completamente imprevisto.
Es importante alertar a la población que se automedica sobre los efectos que esta acción puede ocasionarle. Entre otras cosas, el consumo irracional de algunos medicamentos populares, como antibióticos, tranquilizantes y ciertos analgésicos puede generar resistencia bacteriana, farmacodependencia y daño hepático o renal, respectivamente.
A la hora que sea…
Valdivieso explica que todos los fármacos cuentan con una media vida, concepto entendido como el “tiempo en que se ha eliminado la mitad del medicamento ”
y que resulta fundamental para comprender cómo funcionan estas sustancias dentro del organismo. Según Valdivieso, “si un medicamento tiene una vida media de ocho horas, quiere decir que a las ocho horas el paciente tiene en su organismo la mitad
de lo que consumió, por lo tanto, a las 16 horas ya el medicamento no está haciendo efecto”, por lo que es preciso reponerlo.
Duplicar la dosis es uno de los errores más frecuentes, cometido sobre todo por quienes han olvidado tomarse alguna de las pastillas prescritas por el médico en el horario correspondiente; sin embargo, el proceso de eliminación natural de los fármacos sigue su curso independientemente de la cantidad ingerida. El caso de los antibióticos debe ser tratado con mayor cuidado, pues cuando alguien permanece mucho tiempo sin la protección del tratamiento, las bacterias pueden reproducirse y aumentar las complicaciones. Por su parte, la disminución del efecto de los antihipertensivos también puede resultar peligrosa, especialmente en quienes no han logrado controlar la enfermedad con la terapia farmacológica.
Hasta el final
¿Cuántas veces no ha suspendido un tratamiento médico ante una notable mejoría de los síntomas? Esta es otra de las faltas más comunes, que resulta particularmente peligrosa cuando se trata de procesos infecciosos. Advierte Valdivieso que en estos casos es preciso “cumplir el ciclo, porque si no la bacteria puede regenerarse, activarse y regresar la infección”. También las personas que atraviesan por procesos gripales que afectan las vías respiratorias deben culminar los tratamientos para no correr el riesgo de que sus afecciones se agraven, pues una gripe mal cuidada puede llevarlos a padecer de broncoespasmos, y neumonías.
Añade la especialista que en el caso de enfermedades crónicas, entre ellas hipertensión y diabetes, es preciso que los pacientes comprendan que su salud dependerá del consumo perenne de los medicamentos, en el horario y las dosis establecidas por su médico tratante.
Por la boca muere el pez
Está comprobado que existe una importante interacción entre los alimentos y bebidas consumidas y el efecto de los fármacos, especialmente en los ancianos y las personas que padecen de diabetes, enfermedades cardiovasculares y malnutrición. Lo ideal es que siga —al pie de la letra— las instrucciones del récipe y, en caso de que tenga dudas, lo más recomendable es preguntar, pues un error podría no sólo restarle efectividad al tratamiento sino también causarle efectos adversos indeseados.
Según explica Valdivieso, “cuando un medicamento se administra por vía oral debe ser absorbido a nivel intestinal para que pase al torrente sanguíneo y de allí vaya a los sitios de acción”, es por esto que a menos que el especialista le indique lo contrario, es recomendable que ingiera el medicamento sólo con agua, pues el consumo de algunos alimentos puede impedir o retrasar la llegada de estas sustancias a la mucosa intestinal y, por ende, disminuir su absorción. No obstante, en algunos casos las comidas son favorables, ya que no sólo potencian el efecto de los fármacos sino que pueden evitar la presencia de reacciones adversas, como náuseas, vómitos y acidez, causadas por el impacto de estas sustancias en el estómago.
Ejemplos concretos de ambos casos son algunos antibióticos —como las cefalosporinas orales y la azitromicina— cuya absorción mejora notablemente
si son ingeridos con agua, al menos dos horas antes o después de las comidas; mientras que hay casos más comprometedores, como el de algunos antihipertensivos bloqueantes de calcio —entre ellos la nifedipina— que si son acompañados por un jugo de toronja pueden generar una crisis de tensión baja, porque se potencia el efecto del fármaco. De igual manera, las incomodidades estomacales causadas por
la aspirina y los antiinflamatorios no esteroideos pueden evitarse al consumirse en medio de las comidas.
Un traguito más
Cuando una persona ingiere alcohol, algunas enzimas hepáticas —que también se encargan de metabolizar los medicamentos— aceleran su trabajo para degradar rápidamente las toxinas y expulsarlas del organismo, es por ello que el consumo de alcohol debería estar restringido para quienes siguen un tratamiento farmacológico, debido a que las enzimas degradarán velozmente los fármacos consumidos y sus efectos terapéuticos se reducirán. Sin embargo, hay algunos casos específicos donde el alcohol puede inhibir el metabolismo de los medicamentos, por lo cual la acción prolongada del fármaco terminará generando efectos secundarios indeseables.
El alcohol también agrava la somnolencia que causan algunos medicamentos, en especial los antialérgicos y los ansiolíticos (tranquilizantes), ya que estos también actúan como depresores del sistema nervioso central y pueden inducir el sueño, anular sus reflejos y ocasionar accidentes, sobre todo cuando se está frente al volante. En casos extremos, donde el consumo de ansiolíticos y alcohol es excesivo, también se pueden presentar problemas respiratorios.
Adicionalmente, cuando el alcohol es combinado con ciertos medicamentos pueden producirse efectos colaterales graves. Luego de una noche de tragos, ¿cuántas veces no ha intentado calmar el dolor de cabeza generado por el ratón con una —o varias— dosis de acetaminofén? A pesar de ser tan común, esta práctica resulta bastante peligrosa, pues tanto el alcohol como estos antiinflamatorios no esteroideos afectan el funcionamiento del hígado, lo cual a la larga puede generar fallas hepáticas importantes.
Choque de titanes
La polifarmacia, advierte Valdivieso, implica el consumo de varios fármacos que pueden generar complicaciones, debido a la interacción de los medicamentos entre sí y de éstos y los alimentos ingeridos. Los antiinflamatorios no esteroideos, por ejemplo, pueden disminuir el efecto de los antihipertensivos, como el captopril. Algunos antibióticos incrementan el efecto de los antialérgicos; los antidepresivos naturales del tipo St. John Worth (hierba de San Juan) pueden llegar a disminuir el efecto de las pastillas anticonceptivas; e, incluso, la ingestión de algunos antibióticos —entre ellos la eritromicina— puede potenciar los efectos secundarios de varios antimicóticos como el ketoconazol.
Es importante que el paciente consulte a su médico tratante antes de tomar cualquier remedio de venta libre, incluso los llamados naturales, que no por tener esta condición deben ser considerados como inocuos. Así mismo, es preciso que quienes tienen tratamientos médicos y deban acudir a otro especialista para controlar una afección diferente, le informen a éste sobre la receta prescrita con anterioridad, lo cual evitará efectos colaterales que causen estragos en su organismo y deterioren su calidad de vida. l
mespinosa@eluniversal.com
| ¿ANTIQUEEEEE? |
Cada tipo de medicamento permite aliviar una clase distinta de afección,
pero a menudo tienen extrañas denominaciones que resultan difíciles de recordar. A continuación se presenta una pequeña guía de consulta para que conozca la función de los más nombrados:
Analgésico: medicamento utilizado para calmar el dolor
Antiácido: neutraliza el efecto de los jugos gástricos dentro del
estómago
Antibiótico: sustancia que inhibe el crecimiento de las bacterias,
actuando sobre la pared celular de los microorganismos (bactericida)
o sobre la síntesis de proteínas que ocurre en su interior para evitar su multiplicación (bacteriostático)
Antiespasmódico: también conocido como espasmolítico, contribuye a aliviar los espasmos del estómago, el intestino o la vejiga. En algunos casos se aplica una terapia combinada con antiácidos para
el tratamiento de las úlceras pépticas, mientras que hay otros donde se busca prevenir las náuseas y vómitos producto del movimiento intestinal
Antidiarreico: empleado para suspender las evacuaciones líquidas
Antiemético: aquel que alivia las náuseas
y vómitos
Antihistamínico: ayuda a eliminar los síntomas ocasionados por las alergias, desde los simples estornudos hasta las erupciones cutáneas que generan picazón
Antipirético: aquellos que disminuyen la fiebre
Antiinflamatorios no esteroideos: también llamados AINEs, estos fármacos son los más vendidos en el mundo debido a que tienen una triple acción, pues intervienen como antiinflamatorios, analgésicos y antipiréticos. Aunque son de venta libre, su consumo debe ser racional para evitar efectos adversos, sobre todo en quienes cuentan con antecedentes de problemas hepáticos y renales
Antidepresivo: fármaco que calma la depresión al modificar la concentración de neurotransmisores cerebrales
Ansiolítico: conocido como tranquilizante, es un medicamento que actúa sobre el sistema nervioso central para reducir la ansiedad y los niveles de tensión o angustia
Antitusígeno: destinado a aliviar la tos, a través del efecto que ejerce sobre el centro de la tos en el cerebro (acción central) o sobre las terminaciones nerviosas bronquiales (acción periférica)
Broncodilatador: fármaco utilizado, generalmente, por las personas asmáticas, debido a que relaja los músculos que se encuentran alrededor de las vías aéreas, para permitir un mayor flujo de aire hacia los pulmones
Eupéptico: favorece la digestión de los alimentos
Expectorante: ayuda a expulsar la flema y las secreciones que se depositan
en los bronquios
Hipnótico: droga que induce el sueño en casos severos de insomnio
Vasoconstrictor: genera la contracción de las paredes de los vasos sanguíneos y es utilizado para elevar la presión sanguínea o disminuir el flujo de sangre a nivel local
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| ESPECIALISTA CONSULTADO |
Luisa Helena Valdivieso. Farmacólogo y especialista en farmacovigilancia.
Directora del Centro de Farmacovigilancia de la Universidad Central
de Venezuela (CEFARVI)
Telf.: 605.2698 |
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