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La semana pasada, tuve la oportunidad de visitar a una buena amiga al final de un día que para ella resultó muy complicado y lleno de trabajo. Fue a llevarle a su hija pequeña unos cuadernos al cuarto y se dio cuenta de que la niña había derramado una bebida sobre su cama. Es posible que en otro momento, esto hubiera sido sólo un pequeño incidente sin mayor importancia, pero ella perdió el control y comenzó a gritarle producto del estrés, con toda su ira. Le dijo cosas como: “¡Te dije que no comieras en tu cuarto!”, “¡eres una irresponsable”, “¡te lo advertí, pero no te importa lo que te diga!”, “¡apúrate y límpialo inmediatamente!”. Presa de su rabia, cansancio y frustración, maltrató a su hija y agravó más la situación.
Es muy común que en nuestras familias, se tenga la costumbre dañina y destructiva de hacerle comentarios agresivos e hirientes a nuestros hijos. Parece que creemos que así podremos motivarlos a cambiar o a corregir su comportamiento. Pero en realidad, lo que logramos con esto es bajarles la autoestima, quebrarles la seguridad y hacerles perder la confianza en nosotros.
Los niños que son víctimas constantes de insultos, amenazas y críticas, tendrán una estima cada vez más baja y por lo tanto enfrentarán una gran dificultad en el futuro, en sus trabajos y en sus relaciones con los demás, pues no sólo seguirán usando ese mismo mecanismo en la relación con sus seres queridos y en la educación de sus hijos, sino que también es posible que se sientan incapaces de ponerles un límite a las personas que intenten maltratarlos en algún momento, creando un círculo vicioso de maltrato, dolor y baja estima.
Nuestros hijos responden mejor a los actos, los gestos y a las palabras alentadoras y cariñosas, que al castigo excesivo o a los comentarios denigrantes y descalificadores, pues éstos acaban con su estima y les dejan heridas emocionales difíciles de sanar. El apoyo, el reconocimiento de sus logros y esfuerzos y la calificación constante los fortalece, los capacita para enfrentar la vida, y los hace sentir queridos e importantes. Si tienes hijos pequeños, todavía estás a tiempo de corregir tu comportamiento, para brindarle un trato más cariñoso y amable, consciente de lo importante que es y será para ellos.
Conductas para aprender:
ELIGE EL MEJOR MOMENTO: hasta la crítica más constructiva y hecha de la forma más delicada, pero dicha en un mal momento, puede ser devastadora para tu hijo. Reclamarle delante de sus hermanos, de sus amigos o en público, es en extremo hiriente y puede afectarlo para toda la vida. Es preferible esperar que te sientas más sereno para llamarle la atención y evitar así herirlos profundamente.
EVITA LOS COMENTARIOS IRÓNICOS: cuando se mezcla el elogio con la descalificación, los hijos se fijan más en lo negativo de nuestro comentario. Por ejemplo si tu hijo arregla su cuarto, no puedes entrar diciendo: “¡Qué maravilla, te felicito!, pero los juguetes van en su caja y la ropa en el clóset”, pues tu comentario
se traduce en: lo hiciste bien, pero podrías haberlo hecho mejor.
NO USES EL SENTIDO DEL HUMOR: los dobles sentidos les crean confusión, pues los niños no entienden cuándo hablas en broma y cuándo lo haces en serio. Los apodos “cariñosos” o en broma como “mi gordito”, “flaquita...”, pueden traerles en el futuro consecuencias negativas, pues al crecer tendrán una opinión negativa de su aspecto, no se aceptarán y tendrán una baja estima.
RESPETA SUS SENTIMIENTOS: no minimices los sentimientos de tus hijos para protegerlos. Si tu hijo se siente frustrado por no haber ganado un partido de fútbol, déjalo que viva y exprese su frustración. No lo contradigas tratando de ayudarlo a
salir de ese estado, diciéndole que eso no tiene mayor importancia, que otra vez
será. Mas bien escúchalo, dile que lo comprendes y acepta respetuosamente sus sentimientos, y pregúntale: “¿Cómo crees que puedas solucionarlo?”. Así ellos aprenderán a hacerle frente a sus sentimientos y a buscar su propia solución.
NO LO ETIQUETES: Si le dices a tu hijo que será un fracasado, torpe, o distraído, siempre se verá y se sentirá de esa manera. Y si en el futuro logra cosas buenas, pensará que es debido a la suerte o a la casualidad, y si le salen mal, será porque
es un fracasado. Vale la pena que refuerces sus capacidades y talentos y minimices sus limitaciones y debilidades, apoyándolo para que las supere con cariño y paciencia.
CUMPLE TUS AMENAZAS Y PROMESAS: el no cumplir con las amenazas o las promesas que les hicimos acaban con la confianza y el respeto que los hijos nos tengan. Te recuerdo que ellos dependen absolutamente de ti, y será tu trato y la atención que les brindes el medio a través del cual ellos reciban tu amor.
¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa, todo va a estar bien!
QUERIDA MAYTTE, he sido una persona honrada toda la vida y mi esposo también, pero estoy preocupada, pues he comenzado a notar dinero de más en la casa. Mi esposo no ha cambiado de trabajo, pero ahora sobra el dinero; ha cambiado sus costumbres y dice que las cosas han mejorado. Cuando le pregunto: “¿De dónde sale tanto dinero?”, él sólo me dice que disfrute y que no me preocupe. C.G.
En la vida, hay momentos en los que se nos presentan grandes tentaciones, en las que podemos comprometer nuestra integridad y arriesgar la honestidad, a cambio de dinero fácil, poder, amor o fama.
Si tu esposo te miente al decirte cómo obtuvo esos ingresos extra, tienes dos problemas: el dinero y la mentira, que seguramente te harán dudar de su actuación y te llevarán a perder la confianza en él.
La honestidad y el buen carácter, son la base para mantener relaciones sanas y de calidad con amigos, familia, pareja y socios en los negocios. Hacer siempre lo correcto; es decir ser honestos y actuar con principios, a pesar de las circunstancias o de lo que hagan los demás, a veces se vuelve muy difícil, pero lograrlo resulta bastante gratificante.
A la larga la honestidad es la mejor inversión que podemos hacer en nuestra vida, pues al final la reputación será tu principal activo, uno de los valores más determinantes para ganar la confianza y el respeto de otros y será vital para alcanzar el éxito y felicidad. Habla con tu esposo, exprésale lo que sientes y sin señalarlo o juzgarlo, adviértele que no comprometa su honorabilidad, que no vale la pena hacerlo por un poco más de dinero o reconocimiento, pues acabará con su reputación, perderá tu confianza y la de los demás, así como su propio respeto y dignidad. Ser honestos, responsables e íntegros moral y humanamente, nos gana el derecho a continuar teniendo oportunidades, recursos y facilidades en la vida, pues el universo siempre conspira para que recibamos el fruto de lo que entregamos y hacemos limpiamente.

MAYTTE, fui un niño maltratado físicamente por mi padre. En este momento él está viejo y solo, yo le ayudo económicamente pero a veces siento que debo perdonarlo y hacer un contacto más directo con él, pero no sé si en realidad quiero hacerlo. Siento una mezcla de resentimiento y culpa. R.L.
Tal vez lo más importante de tu comentario, es que sientes dudas acerca de tu comportamiento hacia él, esto significa que ya es tiempo de perdonar y de sanar las heridas afectivas que mantuviste abiertas durante tanto tiempo, y que se convirtieron en dolor inicialmente y luego en resentimiento. A través del perdón puedes conseguir tu paz y el equilibrio interior. Liberarse de la rabia y el resentimiento no es tarea fácil, pero es muy importante hacerlo, pues estos sentimientos negativos nos quitan energía, nos desgastan y trastornan nuestro carácter y manera de ser. Aunque parezca increíble, perdonar a otros, nos hace más bien a nosotros, que a la persona que perdonamos. Por eso te sugiero que perdones a tu padre, comprendiendo que él no tuvo ni la educación, ni el ejemplo que necesitaba para comportarse de una mejor manera. Además seguramente repitió contigo lo que le enseñaron y no tenía la conciencia que tú tienes ahora para reconocerlo y corregirlo. Eso sí, no esperes nada distinto, tu padre ya no puede cambiar, acéptalo como es y dáte la oportunidad de brindarle el apoyo, la compañía y el cariño que te hubiese gustado que él te diera a ti. Esta es tu oportunidad de reconciliarte con tu pasado, para que puedas continuar viviendo el resto de tu vida abierto a recibir y a valorar el cariño y la compañía de tus personas queridas, sin dejar que el resentimiento que guardabas te impida disfrutarlo.
Recuerdas que eres tú el que va a entregar, así que no esperes recibir... Libéralo y libérate. Te deseo mucha suerte y paz esencial.

MAYTTE, soy una persona joven y normal, con una buena filosofía de vida, pero mi familia es el caos total. ¿Cómo hago para cambiarlos y que se den cuenta de la vida que están llevando? T.S.
No podemos cambiar a otros, así que no vale la pena que entres en discusiones acerca de lo que consideras puede ser una buena forma de vida para ellos. Mientras más trates de convencerlos, más se resistirán a escucharte. La forma más segura y efectiva de motivarlos para que reflexionen al respecto, y consideren la posibilidad de hacerlo, es con tu ejemplo. Tampoco nos han dado la misión de ser los salvadores del mundo, nuestra responsabilidad primaria consiste en tratar de mejorarnos a nosotros mismos. En la medida en que ellos observen tus cambios y los efectos positivos de hacerlo, tal vez se sientan interesados en saber cómo lo hiciste y en conocer más acerca de tus teorías y herramientas. Ten paciencia, recuerda que cada uno de nosotros tiene su momento para darse cuenta y cambiar.
maytte@maytte.com
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