| El amor incondicional
de una mujer
Paralizada por un disparo de escopeta, las únicas palabras de Miriam eran: “Te amo” Max Haines
Las circunstancias que rodean los suicidios o los intentos, a veces son engañosas. A fin de ilustrar este punto, echemos una mirada a la vida y el aparente intento de suicidio de Myriam Fraysses.
Myriam, de 19 años, conoció y se enamoró de Bernard Cazes en marzo de 1982, mientras ella
trabajaba en el pueblo francés de Naucelle.
Llevó a Bernard a la granja para que conociera a su padre y a su madre. Bernard,
un desempleado que no perdía oportunidad de comer y vivir a costa de los demás,
se mudó con los padres de Myriam por seis meses. Durante ese tiempo comió bien, bebió vino tinto y nunca buscó un empleo remunerado.
Por otra parte, Myriam había logrado mejorar su estatus al conseguir un trabajo en una fábrica de tejidos cercana.
Finalmente, la joven pareja se mudó a una pequeña casa en el pueblito de La Capelle-Balaguer. La casa se mantenía únicamente con el ingreso de Myriam.
Bernard pasaba casi todas las noches en la barra de bares en las ciudades y
pueblos aledaños. Sus costosos hábitos eran financiados con lo que le podía quitar con lisonjas a Myriam y un cheque por desempleo que recibía mensualmente del gobierno.
La vida se desarrollaba de manera relativamente pacífica hasta la madrugada del 30 de julio de 1984, cuando los vecinos de la pareja fueron despertados abruptamente de su sueño por el estallido de un disparo de escopeta. Minutos después, Bernard estaba en la puerta de una vecina. Gritó: “¡Ayúdenme! ¡Llamen a un médico! Myriam se disparó”.
Una escopeta calibre 12, de un solo cañón, se encontraba en el piso, a un lado de la cama. Cuando la amable vecina trató de sentirle el pulso, se sorprendió porque Myriam aún respiraba.
La mujer, horriblemente herida, fue transportada de emergencia a Toulouse, la ciudad más cercana con instalaciones adecuadas para tratar su caso. El personal de la ambulancia quedó asombrado por el hecho de que Myriam hubiese sobrevivido al viaje.
Entretanto, los policías que investigaban el incidente se vieron confundidos por los padres de Myriam, René y Marie Fraysses, quienes insistieron en que su vivaz y alegre hija nunca intentaría quitarse la vida.
Los investigadores examinaron el dormitorio y la escopeta. El arma fue enviada a un laboratorio de la policía, donde se tomaron huellas de la culata y del gatillo. Éstas se compararon con las huellas de Myriam. No parecía haber duda de que la mujer había tratado de suicidarse.
Pasaron varias semanas. Los médicos confirmaron que Myriam sobreviviría, pero quedaría totalmente paralizada e incapaz de hablar. A medida que los meses se convertían en años, los padres de Myriam permanecían convencidos de que alguien había intentado asesinar a su hija.
Gradualmente, el estado de Myriam mejoró al punto en que
podía mover dos dedos. Pudo escribir. “Te amo. Te amo”. Sus padres, al igual que la policía, le imploraban que tratara de escribir algo más, pero nunca lo hizo. Sólo escribía, una y otra vez, “Te amo”.
Tres años después del incidente con la escopeta, por pedido
de la familia Fraysses, la policía estuvo de acuerdo en conducir una investigación exhaustiva en torno a lo sucedido a Myriam.
Inmediatamente después del accidente, establecieron que habría sido posible para Myriam dispararse en el lado de la cabeza que resultó herido con la escopeta. Sin embargo, ahora consideraron que habría sido imposible que ella dejara unas huellas claras en la culata y el gatillo; además, debido al culatazo del arma al ser disparada, ésta debería haber sido impulsada muy lejos de la cama.
Pidieron a varios expertos que estudiaran el dormitorio y analizaran el hecho de que una mujer había sido abaleada a quemarropa con una escopeta y no había dejado manchas de sangre apreciables en el piso ni las paredes. Concluyeron que era totalmente imposible. A los investigadores les pareció que Myriam había recibido el impacto del proyectil en la cocina antes de que la colocaran en la cama.
Todo esto ya era demasiado. Bernard fue detenido. Apenas fue puesto en una celda, un compañero de bebida llamó a la policía e informó que Bernard le había dicho que le disparó a Myriam después de una fuerte discusión. Ella no soportó más y le dijo enfáticamente que debía dejar sus parrandas y la bebedera. Bernard se enfureció y le voló la mitad de la cara con una escopeta.
Otro “amigo” llamó a la policía. Dijo que Bernard con frecuencia se había ufanado de haber cometido el crimen perfecto. Dado que Bernard estaba detenido, sintieron que era seguro establecer contacto con la policía.
En mayo de 1988, Bernard fue enjuiciado tras ser acusado de intento de asesinato. Fue encontrado culpable y sentenciado a 20 años de cárcel.
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Traducción: José Peralta.
Ilustraciones: David Márquez |