Así LO VIVÍ
La Bomba
de los noventa
Liliana Melendéz
"Desde que era una niña siempre
me preocupé por ser elegante y, también, un poco irreverente, dentro de lo que me permitían mis padres. En esta foto, por ejemplo, tendría unos 16 años y, para poder ponerme esa falda -que era la más corta que tenía- mi mamá me obligó a usar esa blusa de 'faralados'. Madonna era mi mayor referencia, por eso, en alg?n momento, usaba el pelo cortico estilo Papa don't Preach. Por supuesto, también mucho encaje, muchas perlas y las hombreras, mientras más grandes y cuadradas, mejor.
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Eso sin contar que luego seguí la moda fosforescente. ¿Y qué me dices de la bomba que se usaba en los noventa? Aquí tengo 22 años y estoy en mi matrimonio civil luciendo, orgullosamente, la mía. Esa era la orden obligada en la peluquería: 'Por favor, bien alta la bomba'. Hacerla era todo un proceso: laca, peine, laca, peine y listo. Y háblame del modelito blanco que tengo en esa misma foto, era una regalía de mi suegra, que me quería mucho, como puede verse. Todo eso iba acompañado con delineador negro, bien marcado, y medias de lycra brillante, que eran las que daban la hora".
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Moda de pasillo
Carlos Cruz
"A finales de los setenta no me quitaba un pantalón 'chupi-chupi' y una franela pegadita. En ese entonces jugaba voleibol y, tanto para un deportista como para un salsero -como yo- mientras más grande el afro mejor. Me costaba mucho hacérmelo porque mi pelo no daba para eso. Era todo un proceso: justo después de bañarme lo que hacía era mover la cabeza para que se me ensortijara. Me quedaban unos mediobucles ahí. Entonces agarraba un ganchito de cortina y empezaba a darme para levantármelo. Cuando entré a Radio Caracas, en el 89, me lo corté. Esa foto en la que tengo la chaqueta de cuero colombiana me la tomaron mientras grababa una cuña de Navidad; era un look que representaba más o menos la moda de la época y también más o menos la que podía pagarme en ese momento (risas). La camisa en blanco y negro -tipo gitana- era mi 'carne mechada', ¿sabes?, esa que te queda bien con todo, que te saca de apuros en cualquier ocasión. Esa foto me la tomaron para ponerla en los pasillos del canal. Pero nunca lo hicieron (risas)".
A lo Dinastía
Flor Elena González
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"En los ochenta usaba las hombreras lo menos posible, jamás me gustaron a pesar del furor que causaron. Es que la contextura de mis huesos es como gruesa y sumarle unas hombreras era demasiado. En esa chaqueta que tengo puesta en la primera foto ya venían incorporadas, así que no tenía escapatoria (risas). Es lo mismo que implicaba para mí usar ese maquillaje tan recargado, me veía mayor, era terrible, pero, bueno, era lo que estaba in. El vestido que tengo en la segunda foto era uno de los tantos vestidos-strappless que estuvieron de moda para la época. Los hacían con unas telas súper rígidas. A pesar del furor que impuso Madonna en la moda yo me mantuve siempre en mi estilo clásico. Además, en ese entonces me convertí en mamá y eso como que incrementó mi clasicismo en el vestir. Como verás, una de mis referencias era la serie Dinastía. Cuando la estrenaron muchas queríamos lucir como Linda Evans en su papel de la bondadosa Krystle Carrington, pero, a medida que avanzaban los capítulos nos queríamos transformar, cada vez más, en Alexis Carrington (Joan Collins), millonaria, bella y malvada (risas)".
Moda de pasillo
Dora Mazzone
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"Esta foto es de cuando La Casa del Artista entregaba buenos premios, fue en 1996. Para la época El Universal sacó una nota que se titulaba El año de Dora Mazzone. Recurrí a una modista de teatro cuyo nombre no recuerdo y le pedí que me hiciera algo muy dramático, muy teatral, como correspondía. El resultado fue este encaje de terciopelo negro. Soy un poco antimoda. Me tildan de bohemia pero yo creo que más allá de eso soy una persona a la que le gusta estar cómoda, y no es gratuito: mi vida siempre ha sido una corredera. Quizás rompa un poco con esa omnipresente estética Miss Venezuela que se lleva en todo el país. Aquí, hasta en las mesas de Guanipa, las mujeres andan montadísimas. ¿En los ochenta? Sí llevaba la permanente, pero de onda natural, mi mamá no nos dejaba ni tocarnos el cabello. Pero ya va, aclaro algo: yo soy más de los noventa, no me puedes meter en el mismo grupo de toda esta gente que está aquí porque ellos son más viejitos que yo (risas)".
Así las vestían

Lila Morillo
Del hot pant al moñongo
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"El espejo nunca miente. Él es el que te dice si estás 'regular' o 'extraordinaria'. Y lo 'regular' no va con Lila. Por ello nunca me he permitido ser una total esclava de la moda, sino que he adaptado las tendencias a mi propio estilo. En los setenta, por ejemplo, disfruté mucho de los hot pants y las minifaldas. Creo que ambas piezas me permitían sacarle provecho al lado sensual de la moda. Cuando se impusieron los trajes largos yo los usaba tan ajustados y escotados como fuera posible, porque tenía con qué. De zapatos ni te cuento. Pude sustituir aquel único par de tennis, a los que tenía que meterle cartón cuando era niña, por una gran variedad de sandalias y botas que logré comprarme cuando comenzó a despuntar mi carrera. Tenían que tener el tacón más alto que existiera, para caminar casi en puntillas (risas). ¿El moñongo? Se usaba desde la época de mis abuelas. No era más que un relleno que se colocaba debajo del moño para aumentar su volumen, aprendí a hacérmelo muy rápidamente. Pero, además, me surtía de pelucas y postizos de todos los colores. Eso sí, el cabello siempre lo he mantenido igual. Si se impone llevarlo corto se 'fregaron', porque largo es que resulta sensual para los hombres, al menos en mi caso. Tampoco me verán lucir uno de esos cortes puntiagudos de ahora, yo tengo mucho sentido del ridículo". |

Ruddy Rodríguez
La moda es un ratico
"¿Yo como modelo de Maxy's? ¡Uy!, nada más me acuerdo de esa foto y me asusto. Es una cosa horripilante (risas). Paradójicamente es de la misma época de la telenovela Niña Bonita (Venevisión, 1988), que no sólo fue una referencia en el corte de pelo sino también en toda la ropa que usaba mi personaje, cuyos diseños provenían de la tienda Ana Moneta. Las hombreras, como puede verse, eran protagónicas, al igual que los estrambóticos aretes de plástico, que ahora se han vuelto a poner de moda. Todas esas cosas me las ponía, exclusivamente, para tomarme fotos; es decir, yo agarraba la moda de a ratico. Recuerdo también cuando Maite Delgado, Tina Klioumi y yo nos vestíamos con la marca Eskenazi, que tenía su propia tienda en Parque Cristal, con diseños aerodinámicos que indicaban que, en cualquier momento, cualquiera de nosotras iba a salir volando".
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Mimí Lazo
Cuando Bolívar era cadete
"Nunca evoco las modas sino la época en la que tenía dinero y me podía comprar vestidos de Dior, Cloe y Valentino, que era en los ochenta. Una vez hasta quedé seleccionada en el grupo de las 10 mejores vestidas del país. Fui reseñada en la columna de Pedro J. Díaz de El Nacional, junto a Margarita Zingg, imagínate tú. Es el único recorte de sociales que he guardado en mi vida, no me lo podía creer. Pero cuando empecé a estudiar teatro con Juan Carlos Gené me olvidé de la moda, me empecé a vestir mal y, hasta lo momentos, lo he disfrutado. Ahora bien, cada vez que me critican el look les saco el recorte. ¿Esta foto? No sé, seguro es de cuando Bolívar era cadete".
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Susana Duijm
Moda a go go
"Ah, ¿tú dices la foto en la que cargo unas botas blancas que parece que estuviera inyesada (risas)? Eso fue como a finales de los sesenta, en un sembradío de flores que quedaba en El Hatillo. Creo que se trataba de una sesión para la revista Momento. Ese conjunto causaba furor. Era lo que más se veía en las revistas europeas de la época. Pero fuera de lo que era mi trabajo como modelo nunca estuve muy al día con la moda. Me sentía cómoda con mi camisita blanca y un jean, que creo que es el San Benito de todas las mujeres. Me encantaban, eso sí, los trajes a la medida, que se usaban mucho por aquellos años, y que hoy en día cuestan una fortuna".
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Sofía Imber
Evocando el arte
"Cuando veo mis fotos de antaño pienso que la moda que he usado se resume siempre a más o menos lo mismo. Una vez que mis bajos ingresos de periodista mejoraron, cuando asumí la dirección del museo, llegó a mi clóset el taller. Mientras estuve en televisión (en el espacio de entrevistas Buenos Días de Venevisión), si bien mi armario era bastante uniforme, la coquetería consistía en variar el modelo de blusa; de hecho, a veces creo que comentaban más mi blusa que el mismo contenido del programa (risas). Los únicos dos trajes largos que he tenido en mi vida fueron: uno de Jacques Fath y otro de Balenciaga. Los usé para eventos de alto calibre. El primero para una comida con la realeza en Europa y el segundo para uno de esos matrimonios de gala que se celebraban acá en el país en los años setenta. Fue un vestido muy comentado en las páginas sociales, con un hermoso encaje de Bruselas, una belleza, casi una pieza de museo, lo que se dice, literalmente, haute couture".
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