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Flor Núñez
El talento
está aquí


A
propósito
de sus 30 años
de carrera,
la respetada
actriz
venezolana
reveló
a Estampas
sus infalibles
métodos
histriónicos,
además
de su filosofía
de vida y sus
actuales
compromisos profesionales
.
Por Pablo Blanco.
Fotos: Contratipo

 

 


Pensar en Flor Núñez es pensar, inevitablemente, en Pastora Lara Portillo, aquel frío y calculador personaje de instinto criminal al que le diera vida esta actriz, hace ya 16 años, en la telenovela El Desprecio, de Julio César Mármol. Parece mentira que esa temible villana hubiese sido interpretada por la misma mujer amable y sonriente que llega puntualmente a las instalaciones de RCTV para este encuentro. Mientras transcurre la entrevista, aún era una incertidumbre el regreso de esta señal a través de la televisión por cable. En todo caso, Flor sigue dándole vida a La Generala, mamá de la protagonista en la telenovela Mi prima ciela. "Una mujer que me recuerda a mi mamá Lisenda: así como es de estricta es de noble y, sobre todo, luchadora". Pero éste no es el único compromiso en su abultada agenda: a finales de este año tiene pendientes dos estrenos internacionales: la obra O.K., de Isaac Chocrón, en Nueva York, y el remontaje, en las ciudades de Cádiz y Madrid, del espectáculo Pareja de damas, que batió récord de taquilla en Puerto Rico (su segundo lugar de residencia después de Miami). Por si fuera poco, también espera que se concrete, a la brevedad posible, la negociación con una disquera nacional para el lanzamiento de su primer álbum de boleros —actualmente en fase de postproducción— con el cual espera poder presentarse en vivo por todo el país.
Eso sin mencionar que está a cargo del Flor Núñez Drama Center, una escuela
de actuación para talentos latinos que funciona en Florida, Estados Unidos.

Su look actual —¿debido a su personaje?— es más señorial que los anteriores.
El tinte rojo de su cabello deja algunas canitas al aire. Cual Cielito Lindo tiene
un lunar junto a la boca y otro, del mismo tamaño, más cerca de la barbilla. Su rostro, de cincuenta años "y un poquito más", conserva su atractivo de antaño. La "pinta", antes de posar para estas fotos, es bastante informal: blue jean ajustado cubierto por una larga franela negra con un explícito letrero blanco, a la altura del busto, que dice: "El talento está aquí". Nadie lo duda. No en vano la artista celebra, este año, tres décadas de trabajo actoral. Talento es lo que le sobra. Entonces ¿cómo no aprovecharlo durante esta cita?

Por amor al arte

Flor aceptó resumir, en 10 pasos, algunos
de los métodos histriónicos que ha puesto
en práctica durante 30 años de trayectoria.

1) Descubrir si la vocación existe

"Hay que reflexionar sobre el porqué se quiere
ser un actor: si es por ganar aplausos, dinero,
fama o por verdadero amor a este oficio,
que consiste en interpretar las emociones
del ser humano".

2) Tomar en cuenta que no es fácil


"Esta carrera puede ser muy dura, de muchos tropiezos y desilusiones, pero,
si uno ama la profesión, estos factores no hacen mayor peso. Es, al mismo
tiempo, un trabajo muy gratificante".

3) Aplicar principios básicos

"El maestro ruso Constantin Stanislavsky hablaba de tres preguntas fundamentales para darle forma a un personaje: ¿Quién soy?, que se refiere a las características psíquicas y físicas del rol; ¿De dónde vengo?, que tiene que ver con su historia de vida; y, una de las más importantes, ¿Cómo vengo?, que es la que determina con qué intención se entra a una escena; es una recreación propia de lo que ocurrió antes del parlamento y es algo que sólo sabe el actor".

4) Humanizar los personajes

"A los roles que se interpretan hay que amarlos sin prejuicios. Que sea el público el que los juzgue, no el actor. Hay que meterse en la piel del personaje para entender su moral, su punto de vista, preguntarse cómo puede pensar, sentir, caminar... No se puede encasillar al antagonista alzando la ceja, sino buscarle su lado flaco. El de Pastora Lara Portillo, por ejemplo, era su amor por Misael. Porque todo delincuente quiere a su mamá, si no, a su hijo o, al menos, al dinero... a alguien quiere. Por otro lado, a las protagonistas hay que buscarles imperfecciones. El mayor error de 'la mujer sin rostro', que era 'buena', fue no saber perdonar a su pareja".

5) Nutrirse de la psicología
y la sociología


"Mientras más grande sea el universo del actor, mientras más lea y conozca, mucho mejor podrá llevar a cabo este oficio porque tendrá más referencias para trabajar".

6) Relacionarse con la escenografía

"Tratar de sentir que la silla en la que nos vamos a sentar —si ese fuera el caso— es la silla de nuestra casa, donde tenemos toda la vida sentándonos. De otra forma siempre vamos a lucir como unos recién llegados puestos en el espacio".

7) Aprovechar la música

"Para mí la música es un recurso fijo de concentración. Es como un puente que me hace pasar de mi mundo al mundo del personaje. Una vez, en una propuesta teatral multimedia, me tocó interpretar a María Estuardo. El tema musical del montaje era We Are The Champions, de Queen. Y cada vez que yo escuchaba esa canción retrataba automáticamente el rostro de la Reina de Escocia".

8) Aprender a decir no


"Cuando un personaje no te gusta o no te convence, lo más recomendable es no asumirlo. Porque si no te lo crees tú, nadie te lo va a creer".

9) La protagonista es la historia

"Es importante percatarse de que se está contando algo interesante. Si el escritor es bueno hay, al menos, una garantía de que se puede hacer un trabajo satisfactorio y digno. Dependerá del actor aprovechar las bondades de la pluma de turno".

10) Pasarse el "suiche"

"Entender que los personajes deben existir sólo en el set de grabación, de rodaje o en el escenario. No hay que llevárselos para la casa, si no, imagínate...".

Toda una vida

¿Qué tanto has cambiado en 30 años?

"En esencia sigo siendo la misma. Cuando comencé a protagonizar en televisión un periodista, gran amigo mío, me dijo: 'Flor, tú tienes que ser siempre sencilla como lo eres ahora'. Muchos años después he intentado comunicarme con él y nunca está para mí. O sea, que la que cambió no fui yo (risas)".

Muchos de tus personajes son vengativos...

"Yo no lo soy. Lo que tú siembres lo recogerás. Y lo mío es sembrar bonito. Y mira que bastante que se han burlado de mí, pero, bueno… ¡problema de ellos! Yo no puedo invertir mis valores".

¿Quién se ha burlado de ti?

"(Risas) Vamos a repetirte la novela, a pesar de que la gente ya se la sabe. El actor Félix Loreto es el padre de mis hijas, pero también el padre de mis tormentos. Me divorcié de él hace año y medio. Nos casamos muy enamorados y las mentiras y traiciones se encargaron de desenamorarme. Era un círculo vicioso: lo perdonaba y él volvía a cometer los mismos errores. Entonces decidí terminar esa relación".

¿Y ahora?

"Ahora soy libre. Me he liberado del dolor. Vivo para mis hijas: Olga Virginia, de 20 años, y Andrea, de 15, que también son actrices. Ahora soy para mí misma, retomé mi espacio personal y he seguido alimentando ese duende que vive dentro de mí que me permite darle forma a tantos personajes. Ahora pienso seguir actuando hasta que Dios lo tenga designado".

¿Algún dato inédito?

"Que estudié bachillerato con Anita Vivas. Ella formó el primer grupo de danza y yo el de teatro del liceo Antonio Arráiz. Que Daniel Farías fue quien impulsó mi carrera a través del montaje de la obra Lecho Nupcial. Que el puertorriqueño Daniel Lugo fue quien me dio la primera oportunidad de actuar en su país, en donde he recibido muchas bendiciones. Y, bueno, no sé qué tan inédito es que la película Las Combatientes, en la que fui dirigida por la puertorriqueña Sonia Valentín, ganó, en 2005, el premio Spirit of Moondance en el Festival de Cine Internacional de Moondance de Colorado. Es una historia muy hermosa alusiva al cáncer de mama".

¿Qué es lo más hermoso que te han dicho?


"Una vez Alfredo Sadel se arrodilló ante mí y me dijo: 'Eres la única mujer que me ha hecho llorar'. Se refería a que había visto una escena de La mujer sin rostro que lo había conmovido. Yo le dije: 'Alfredo, levántese, por favor, ¿cómo hace eso?'. El me contestó: 'El talento se arrodilla ante el talento'. Y me hizo llorar".


pblanco@eluniversal.com

 

 

Por culpa de Lorca y Cervantes

Flor Eloína, quien heredó los nombres de las abuelas materna y paterna respectivamente, dice que lleva la actuación en la sangre desde pequeña. Se crió en la parroquia 23 de Enero. "En la casa siempre cantábamos y tocábamos la guitarra. Mi papá nos dejó esa herencia antes de abandonar el hogar para casarse con otra mujer. Desde ese entonces somos el mejor ejemplo de que las familias sin padre están igualmente completas. En el colegio, yo era la que más levantaba la mano cuando se trataba de recitar un poema. A los 15, me leí el Quijote, que ahora es mi libro de cabecera. Me parece muy hermosa esa característica del personaje principal de ver el mundo a través de sus sueños. Decidí que en ese mundo es donde existen mis personajes". A la pluma de Miguel de Cervantes se sumó otra que también pasó a ser predilecta para la intérprete. "Cuando ingresé al liceo Andrés Bello conocí al profesor Eduardo Calcaño, quien me animó a protagonizar la obra de teatro La zapatera prodigiosa, de Federico García Lorca. A partir de ese momento entendí, más que nunca, que yo lo que quería era ser actriz. De paso me convertí en lorquiana por excelencia".

 


Ver también:
- Flor Núñez El talento está aquí
- Dubai fantasía de súper lujo

- Isabel Pantoja ¨ Lo que no mata me hace más fuerte ¨



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