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Karina
"Puedo tenerlo todo"
Con 36 años, un disco nuevo
bajo el brazo, la chica de los ochenta regresa para vivir otro momento
en el mundo de la música. Idalia
De León. Foto: Natalia Brand
Para los venezolanos, Karina
es una referencia directa a los años ochenta. La niña
cuyas canciones de amor fueron la banda sonora de un grupo importante
de esa generación, es hoy una mujer de 36 años que
decidió que su lugar seguía estando en los escenarios
y frente al público. Increíblemente, guarda mucho
de la frescura de sus 16 años, cuando se le veía batir
su melena leonina en Sábado Sensacional. Su cabellera
negra la sigue identificando y la convierte en el blanco de las
miradas.
Pero Karina ha cambiado,
claro está. Conserva, eso sí, la franqueza que siempre
la caracterizó. No le interesa guardar las apariencias, y
la diplomacia, a veces, se le hace una compañera esquiva.
Pero Karina sonríe, su inteligencia queda al descubierto
con su fino sentido del humor. Responde todas las preguntas. Se
confiesa. Muy profesional se entrega a las sesión de fotos
a pesar del calor que siente y de las molestias que le produce la
panza de siete meses que, por estos días, moldea su silueta.
Será otra niña y se llamará Hannah (la primera
se llama Yasha y tiene siete años). Un rictus de cansancio
en su rostro invita a realizar la pregunta obligada...
¿Relanzamiento
con embarazo?
"Tengo el reloj estropeado. No sé qué decirte,
son esas cosas que pasan. Yo tenía otros planes, pero en
fin, afortunadamente la mujer de hoy ha demostrado que puede hacer
varias cosas a la vez. Es muy duro, porque el sacrificio siempre
es nuestro, somos las que tenemos que dejar al bebé, sacrificar
más. Pero todo en la vida tiene un precio y estoy dispuesta
a pagar éste. En mi primer embarazo yo no dejé de
trabajar, y ahora pienso hacer lo mismo. En ese momento, no me retiré
voluntariamente sino por problemas que se presentaron con la disquera.
En todo caso, todos los caminos me llevaron a que me ocupara de
mi hija y viviera a plenitud la experiencia de la maternidad. Igual,
ahora, esa experiencia es importante pero ya sé de qué
se trata".
A los 21 años Karina
empezó a viajar para explorar, vivir, tratar de recuperar
la juventud que había perdido trabajando. Después
descubrió, no sin pesar, que el tiempo no se recupera. Pero
viajó y vivió lo suficiente, asegura. "Viví
en Madrid, en Israel, en México estuve casi dos años,
pues tenía un novio allí del que me enamoré
como una loca. Iba, venía. Luego me casé, ya hace
siete años, con Marcello y me quedé en Miami, donde
ya tengo 12 años".
"Me casé y al
principio pensé que era un castigo pero ahora pienso que
es una bendición. Y es raro, porque la gente se casa muy
ilusionada, con un cuento maravilloso en la cabeza, pero yo no.
Yo empecé al revés; me casé embarazada con
un señor que escasamente conocía y que ahora se ha
transformado en el amor de mi vida. Fíjate que ahora no necesito
entenderlo. Yo lo quiero así. No se trata de entenderse sino
de aceptarse".
Cuéntanos de tu
nuevo disco
"Siempre Karina es un CD importante porque es el reflejo
de mi necesidad biológica de volver. El disco lo define muy
bien el título que lleva: Siempre Karina. Hay un poquito
de antes, mis grandes clásicos pero versionados en acústico,
con un sonido más actual. Allí están, por ejemplo,
A quien, Desde mi ventana y Sé cómo duele.
Son temas que la gente recuerda de una manera muy viva y que nunca
van a pasar de moda. Mis temas se caracterizan por su drama, son
intensos, y los nuevos no se escapan. Borrón y cuenta
nueva, por ejemplo, describe la historia de una mujer que ama
a alguien conflictivo. Marcello Azevedo, mi esposo, se hizo cargo
de la producción. El es muy reconocido en su área.
Hizo lo último de Paulina Rubio; el tema Torero, de Chayanne,
por ejemplo, es de él. Marcello es un genio".
¿Sientes nostalgia
de tu época exitosa?
"Sí, a veces sí. Extraño la ingenuidad,
porque ahora todo es muy rápido, las niñas se hacen
mujeres antes. Me acuerdo mucho de los colores, de la prosperidad.
Los ochenta eran una época muy prolífica en muchos
aspectos. Había muchos artistas diferentes. A pesar de que
he ocupado mi tiempo en otras cosas no he perdido el contacto con
la música porque me casé con un productor, tenemos
un estudio el cual manejé por tres años, pero no he
estado haciendo lo que yo hago, cantar. Aparte me dediqué
a mi vida doméstica, y bueno, cocino, hago esas actividades
que no había explorado, me volví persona".
"De todas maneras tengo
la expectativa de alcanzar un buen momento ahora, y lo voy a disfrutar
de una manera diferente, porque ahora puedo apreciar otras cosas.
Siento que el momento fue maravilloso cuando fue, pero me perdí
de muchas cosas porque era muy inconsciente y muy niña. No
estaba alerta y no tenía desarrollada la sensibilidad, así
que pasaron cosas importantes que no pude captar porque todo era
igual para mí. Me puse mimada. Por otro lado yo no tengo
expectativas muy definidas, pero ya para mí estoy logrando
lo que quiero porque estoy haciendo lo que quiero, y ya lo demás
es un regalo, es chévere".
¿Y antes qué
eras?
"Era del mundo de la fantasía y del color, del mundo
del Mago de Oz. Lo que pasa es que yo empecé muy temprano
y me acostumbré a una vida de fama, dinero, glamour, color,
efervescencia, noche. Era otra época y yo prácticamente
era una niña porque antes, a los 16 años, eras una
niña. Ahora tengo 36".
¿Qué música
escuchas actualmente?
"Siempre escucho música porque ese es mi oficio. Ahora
oigo a Belinda e Hillary Duff, porque a mi hija le encanta, pero
yo escucho muchas cosas diferentes. Lo último que compré
es de un grupo que se llama The Killers. Me gustan Macy Gray, Avril
Lavigne, Alicia Keys, Lenny Kravitz. Cuando me casé con Marcello,
quien es brasileño, descubrí el gran mundo de la música
brasileña, el cual era absolutamente desconocido para mí.
Me enganché con Caetano Veloso, quien era un clásico
obvio para todo el mundo menos para mí. También me
gustan Gilberto Gil, Simone, los obvios. Lo que pasa es que nunca
tuve afinidad con lo brasileño, nunca me llamó la
atención ni me parecía que el idioma fuese sexy. Para
mí era un país en donde unas mujeres negras bailaban
samba y tomaban caipirinha. Pero ahora pienso diferente porque he
tenido que viajar a Brasil y me ha tocado conocer sobre su cultura,
su apertura mental. Es verdad que es un país pobre, pero
es muy avanzado mentalmente, son súperdesprejuiciados".
¿Ves a tu hija
en el mundo del espectáculo?
"No la incentivaría para que se meta en este mundo.
Yo voy a esperar a que ella me lo pida. Claro que este mundo es
una opción. Su papá es músico y yo cantante,
y ella tiene talento, pero prefiero no alimentarle esa vena, además,
no pienso que sea un buen lugar para los niños. Es un mundo
cruel, ingrato, y creo que uno tiene mucho tiempo para experimentarlo.
La protegeré hasta donde pueda. Incentivarla no, darle la
herramienta, sí".
¿Cuánto
has cambiado?
"En lo único en que no he cambiado es en mi pasión
por las cosas. Soy muy extremista, intensa para todo, para lo bueno
y para lo malo, como buena Escorpio. Pero antes yo era una niña
inconsciente, inmadura, como todas las niñas era muy impulsiva.
El cerebro y la boca los tenía conectados directamente. Todavía
tengo ese problemita, pero ahora pienso las cosas dos veces antes
de decirlas. Me he apaciguado aunque me cuesta mucho. Es un trabajo
diario no decir lo que pienso, o decirlo más suave o adornarlo.
Esa manera de ser me trajo muchos problemas".
¿En cuál
aspecto creciste?
"Ahora me siento plena porque estoy haciendo lo que me gusta;
ya salí de la fase experimental de todo -aun cuando uno no
termina de experimentar cosas- pero sí de esa etapa de la
vida hogareña. Creo que ya me toca tener un poco de todo.
Pienso que uno lo puede tener todo. Ahora me siento más segura
de mí". l
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