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foto: www.shutterstock.com / Supri Suharjoto

TODOS A DORMIR
(de un tirón)

A algunos bebés les cuesta
más que a otros, pero al final todos aprenden a dormir 10 horas seguidas. Así puedes lograr que sus noches
sean mejores

Por Eva Calvo

Tu bebé ya está en casa y tú no puedes parar de mirarlo. Tan pequeñito, tan angelical mientras duerme... ¿o no? Seguro que nadie te había preparado para este "detalle" que empiezas a intuir: aunque pasa la mayor parte del tiempo durmiendo, no lo hace cuando a ti te viene bien. Por norma general (aunque depende de cada niño, así que si tu hijo no sigue este esquema no te agobies), un recién nacido duerme de 16 a 20 horas al día, despertándose cada dos o cuatro; a los dos o tres meses necesita al menos 15 horas de sueño y puede dormir cinco de un tirón por la noche. Y a los seis o siete meses, si tienes suerte, podrá dormir de 10 a 12 horas seguidas y echarse dos siestas de día. Para facilitárselo sigue unas rutinas desde ahora.

foto: www.shutterstock.com / Flashon Studio

ALIMENTARSE PARA DESCANSAR
¿Has oído hablar del período de "luna de miel" del recién nacido? Esta expresión alude a los primeros días tras el parto, en los que el bebé se encuentra aún bastante cansado (se está recuperando del trauma del parto y a la vez intenta adaptarse al nuevo mundo). Es en esta etapa cuando las mamás primerizas explican a todos la suerte que han tenido con su pequeño ("es buenísimo, duerme genial").

Si es tu caso, aprovecha mientras dura; tras esta "luna de miel", lo normal es que se despierte cada dos o tres horas (a veces cada cuatro) para comer y volver a dormir, tanto de día como de noche.

Y hay razón para ello: su estómago es diminuto y tu bebé sólo puede tomar cantidades de alimento muy pequeñas. Y, como además su alimentación es líquida, la digiere antes.

Si le estás dando tetero es posible que las tomas sean algo más espaciadas (la leche de fórmula suele saciarles más), pero debes vigilar que no trague demasiado aire para evitar los molestos gases. Si, por el contrario, le estás dando el pecho, no olvides que tu alimentación afectará la composición de tu leche y, por tanto, a tu hijo, así que evita excitantes como el café o el té.

A LA CUNA A SU HORA
¿Cuándo debo acostar
al bebé? Hazlo entre las
8:00 y las 9:00 pm. Parece que a estas horas es más fácil conciliar el sueño.
Durante el primer mes, lo más probable es que el bebé se despierte a eso de la medianoche. Luego, entre las 3:00 y las 4:00 am. Y por último, a partir
de las 6:00 de la mañana,
para comer.

Poco a poco dejará
de necesitar la toma de la medianoche y pedirá una a las 2:00 am y
otra a las 6:00 am.
A partir de los cinco meses es posible que si le acuestas a las 9:00 pm, duerma de un tirón hasta las 5:00 o las
6:00 am.

En todo caso, si entre el quinto y el sexto mes sigue con la toma nocturna, habla con su pediatra. Si te confirma que está ganando bien el peso, se la puedes quitar. Un truco: cuando te pida comer, ofrécele un poquito de agua en vez de leche: verás cómo pronto prefiere seguir durmiendo.

CABECITA EN DESARROLLO
Ya hemos visto que, biológicamente, el aparato digestivo de tu hijo no está preparado para tolerar la cantidad necesaria de alimento que le permitiría pasar la noche de un tirón. Pero es que su cerebro tampoco está listo para dormir tanto. Su inmadurez es la responsable de que necesite pañales, no sepa hablar ni andar... aunque esto no le extraña a nadie. Con el sueño ocurre lo mismo, con la salvedad de que lo controlará mucho antes que el resto de las habilidades mencionadas.

Los adultos nos regimos por ciclos circadianos (una especie de reloj biológico que controla cuándo tenemos hambre, sueño...) que duran unas 24 horas. Pues bien, en el caso de tu bebé, los ritmos no funcionan exactamente así. Él, en vez de tener un ciclo circadiano de 24 horas, tiene seis o siete de tres o cuatro horas cada uno. Es decir, en lo que tú vives un día, él vive por lo menos media docena. Además, mientras duerme tiene el doble de sueño liviano que un adulto, lo que significa que se despierta rápidamente, pero todavía no ha desarrollado las habilidades necesarias para volver a dormirse igual de rápido.

La buena noticia es que a partir del tercer o cuarto mes de vida, la zona del hipotálamo que regula estos ciclos habrá madurado lo suficiente como para que el bebé empiece a adoptar un ritmo biológico de 24 horas. Y, aún mejor, para lograrlo comenzará por ir aumentando paulatinamente las horas de sueño sin interrupciones por la noche y las de vigilia durante el día.

BUENAS COSTUMBRES
Aunque en las primeras semanas poco puedes hacer para alargar el sueño de tu bebé, si empiezas a adoptar buenas costumbres, cuando su organismo esté preparado para dormir más le costará menos conseguirlo. Toma nota:

Ayúdale a distinguir día y noche. Al principio tu hijo se queda dormido a cualquier hora y en cualquier sitio. Por eso conviene que desde el primer momento adoptes una conducta diferente durante el día y la noche; con ello le ayudarás a que, poco a poco, su reloj biológico se acostumbre al ciclo de 24 horas. Por el día, deja su cuna donde estés tú, asegúrate de que el lugar esté iluminado y no evites los ruidos. Por la noche, ponle a dormir en su habitación, sin ruido y a oscuras. Y, como al principio se despertará varias veces, una vez que le hayas dado la toma y cambiado el pañal, vuelve a colocarlo en su cuna siguiendo las mismas pautas que al inicio de la noche.

En vez de tener un ciclo circadiano
de 24 horas, un bebé tiene SEIS o siete de tres o cuatro horas.
En lo que tú vives
un día, él vive media docena


Sigue una rutina antes de dormir
. Gracias a ella el bebé podrá ir anticipando lo que va a ocurrir y aprenderá por repetición. Una buena rutina hasta los tres meses de vida es: baño, toma, gases, pañal y cama. Cuando sea un poquito más mayor puedes darle primero la cena y luego un baño más largo. Una vez seco y con el pijama, cuéntale un cuento echado en su cunita. Así se dormirá contento, lo que le ayudará a hacerlo mejor.

foto: www.shutterstock.com / David W Hughes


No le duermas en brazos
. Por el día tómalo en brazos todo lo que te provoque, mécele, cántale y bésale. No hay nada como el contacto físico para que tu hijo se desarrolle sano y feliz. Ahora bien, por la noche acuéstale en su cuna mientras esté despierto. Abrázale, dale un beso y despídete de él con voz suave. De este modo poco a poco irá entendiendo que no te necesita para dormirse y si se despierta por la noche, le costará mucho menos volver a quedarse dormido él solito.

Vigila la temperatura a la que está. Tanto el frío como el calor pueden hacer que se despierte muy pronto. Tócale la nuca; si suda, el niño está demasiado arropado. En cambio, si su naricita está fría, necesita más ropa. Ten en cuenta que el recién nacido suele encontrarse muy a gusto envuelto en su cobija, pero a medida que va creciendo ya no le gusta estar tan arropado.

Acorta la toma nocturna. Al principio, para él es lo mismo la toma de las doce del mediodía que la de las tres de la mañana, pero tiene que diferenciarlas. Cuando le des las de la noche, no las prolongues, hazlo con luz tenue y no caigas en la tentación de jugar con él: irá entendiendo que de noche se duerme. Así, puede que a los dos meses, de las dos tomas nocturnas pase a una. Y que hacia los tres, ésta dure 10 minutos y le sirva para aguantar unas horas, hasta que se despierte. Eso sí, casi siempre demasiado temprano.

SOS para padres agotados

ACUÉSTENSE PRONTO
Durante los primeros meses es esencial intentar mantener un tiempo de pareja... pero también descansar. Al menos cuatro o cinco días a la semana, intenten acostarse casi a la misma hora que el bebé; si no, aunque el niño duerma siete horas seguidas, ustedes dormirán cuatro o cinco.

APROVECHEN LOS CICLOS
Durante una noche normal de ocho horas, un adulto experimenta unos cinco ciclos de sueño; cada uno dura unos 90 minutos y está probado que si nos despertamos en mitad de uno de ellos, estaremos mucho más cansados al día siguiente. Por esta razón, si piensan que el niño va a aguantar tres horas y media por la noche, acuéstense 30 minutos después de que él se haya quedado dormido. De este modo se asegurarán de despertarse en un buen momento.

REPARTAN LAS TAREAS
Establezcan en la pareja una rutina para las noches. Si el bebé está lactando, que sea el padre quien le cambie después y le acueste. Si toma tetero, que él se encargue de alguna toma nocturna. Y si los dos están agotados, pide a alguien de la familia que pase un par de noches con ustedes y que se encargue de alguna toma, para que descansen.


Algunas DUDAS sobre el sueño

¿Debo ir a su cuna cada vez que se despierte?
Si llora sí debes ir, para ver qué le pasa; si no, espera un poco a ver qué ocurre. Durante las fases de sueño REM (las más ligeras) es normal tener momentos de vigilia y es posible que le oigas hacer ruiditos y gorgoteos (en un lactante esto puede ocurrir entre cinco y ocho veces en una misma noche). Si vas a la primera de cambio le espabilarás, mientras que si esperas un poco puede que se duerma.

¿Qué hago si duerme bien por el día y mal de noche?
Si tiene menos de tres meses, deberías intentar retrasar la última toma un poquito, para asegurarte de que está cansado cuando le acuestes. Si ya tiene entre cinco y seis meses, trata de acortar un poquito el par de siestas que se echa por el día, sobre todo la de la tarde.

Si viajamos con él... ¿afectará a su sueño?
Cualquier cambio en las rutinas puede afectarle (un lactante tarda unos 10 días en reajustar su reloj biológico), así que lo ideal es mantenerlas todo lo posible.

¿Debe dormir en su cuarto o en el nuestro?
En el primer y segundo mes puede dormir en la habitación de ustedes. Pero debe hacerlo en su cuna y no en la cama con ustedes (esta costumbre eleva el riesgo de muerte súbita). Después, dependerá de cómo se vaya adaptando, pero a partir de los cuatro meses lo recomendable es que duerma en su cuarto.

 

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