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EN LA URBANIZACIÓN ALTAMIRA

RAMÓN J. VELÁSQUEZ
Vio la ciudad atónita por la muerte de Gómez, la lucha política que prosiguió, la dictadura de Pérez Jiménez, el desarrollo de la urbe, y el fluir dentro de Miraflores
Por Johan M. Ramírez Foto: Natalia Brand

"Venirme acá definió mi carrera política"

Se vino de San Cristóbal por la carretera transandina. Fueron cinco días tediosos a lo largo de interminables trochas polvorientas. Por allá, en una tarde perdida y aletargada, efusivos aplausos lo sacaron del irresistible sopor. Confundido, se disponía a preguntar cuál era la razón del alboroto, cuando alguien gritó emocionado: "¡Entramos a la civilización!". Obviamente, dice ahora Ramón J. Velásquez, habían llegado a Caracas.

Era ésa una ciudad tranquila, sumida en el silencio de la dictadura. En ella se hizo estudiante de Derecho en la Universidad Central, y un día, como a las 4:00 pm, recuerda un encuentro inolvidable en la remota capital de los años treinta.

"Estaba con un amigo en la esquina de Cuartel Viejo, y de repente me dijo: 'No se mueva, y quítese el sombrero'. Pero no entendí, hasta que me dio con el codo: '¡Mire para allá y salude!'. Cuando volteo, veo un Cadillac enorme, negro -¡todavía lo sigo viendo!-, y en el fondo, vestido de uniforme verde, estaba Juan Vicente Gómez haciendo adioses", rememora. Fue la única vez que se topó con el Benemérito, y confiesa: "¿Sabes qué sentí? Que estaba ante una leyenda, el General Gómez, el dueño del país".

Más tarde, cuando muere el dictador, recuerda a la ciudad incrédula ante la pasmosa noticia. El día cuando se confirmó el hecho, cuenta que los pregoneros, por temor, no gritaban a vox populi los titulares de la prensa que publicaban: "Ha muerto Gómez".

"Pero después llegó la alegría a las calles y, luego, la lucha política. La gente salió a manifestar y a quemar las oficinas del gobierno", dice. Él no faltó a aquella eufórica cita, quizá la primera de tinte político a la que asistió en esta siempre activa capital, como aquella concentración de 1936, cuando protestó contra la censura de la prensa. Marcharon desde La Candelaria hasta Miraflores. "Éramos 30 mil personas, ¡qué suceso para una ciudad de 250 mil habitantes!", señala.

"Y al oeste del Guaire -sonríe-
los chinos
de Caracas cultivaban todas
las legumbres
del mundo"

Ahora, con 91 años, reconoce que Caracas sí fue determinante en su vida. "Venirme acá definió mi carrera política. Aquí viví la caída de Medina Angarita, la frustrada candidatura de Diógenes Escalante, los tres años del gobierno revolucionario de Betancourt, y los 13 de la dictadura de Pérez Jiménez, de los cuales yo pasé cuatro en prisión", dice.

"Aquí he visto el desarrollo admirable de la ciudad. Quince años después de haber llegado leí un cartel que decía: 'A 40 Bs. el metro de terreno', y estaba en la entrada de una gran hacienda de café llamada Altamira, propiedad del señor Luis Roche. Caracas llegaba hasta el Parque Carabobo, y luego había otra hacienda: la Ibarra -donde se construyó la Ciudad Universitaria. Después venía un pueblecito muy bonito llamado Sabana Grande -añade-, y una alcabala: la entrada al estado Miranda. Y más haciendas: El Rosal, Las Mercedes, El Marqués, Caurimare y Blandín, donde ahora está el Country Club".

"Y al oeste del Guaire -sonríe- los chinos de Caracas cultivaban todas las legumbres del mundo".

Los años pasaron y él se hizo diputado, senador, secretario de la Presidencia y, finalmente, Primer mandatario nacional por ocho meses, en medio de unas confabulaciones imposibles de mencionar en estas páginas… en fin, fue Presidente de la República.

"Esa Caracas se va siempre en el Palacio. Yo recibía gente hasta las 8:00 pm, y luego, de forma más cordial, hasta las 11… y al día siguiente me levantaba a las 5. Fue difícil presidir una crisis, pero salimos adelante: la ciudad no colapsó ni el país se nos vino abajo", se consuela.

johan_ramirez3@hotmail.com

Asistente de fotografía: Anita Carli

 
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