Con sabor a azafrán
Un exótico espacio en Caracas ofrece la posibilidad de degustar la auténtica comida iraní. El lugar se llama Persépolis y está ubicado en Las Mercedes. Allí, el responsable de la cocina fue traído directamente de Irán para ofrecer al paladar venezolano los exóticos sabores de esa tierra. Idalia De León. Fotos Natalia Brand

Persepolis significa capital de Persia en griego y es el nombre del complejo palaciego ideado por el rey Darío I el Grande como centro de ceremonias. Su construcción se realizó entre los años 486 y 521 aC. Los iraníes lo denominaron Takht-e-Jasmshid que significa El trono del rey Jamshid El Grande, quien fue el primer gobernador de Irán. De este maravilloso complejo arquitectónico sólo quedan ruinas debido a que fue saqueado e incendiado por Alejandro Magno en su campaña de Oriente. En 1979, Persépolis fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Acá, en Caracas, Persépolis denomina un restaurante que se está convirtiendo en el lugar predilecto de la comunidad iraní que vive en el país y de los no pocos venezolanos a quienes les encanta entregarse al placer de degustar nuevas sazones y sensaciones culinarias. Cerca de 75 por ciento de quienes visitan el restaurante es de venezolanos, lo cual no es de extrañar porque —amén del consabido paladar arriesgado de los nacidos por estas tierras—, Persépolis es el primero y único en Venezuela en su estilo. “Ni siquiera en Estados Unidos se puede encontrar un establecimiento como Persépolis”, comenta Loly Noghreh, esposa del dueño del establecimiento. ¿Ni en Nueva York?, se pregunta uno. Y ella argumenta que la mayoría de los restaurantes étnicos que se encuentran en las grandes ciudades se caracterizan en hacer fusiones; en cambio, en Persépolis, el chef se especializa en comida tradicional”.
El chef, por cierto, no habla una sola palabra en español y es un purista de los fogones. En efecto, en su cocina no hay artefactos eléctricos que le faciliten la labor. La única herramienta que acepta es el molino eléctrico. Para él, por ejemplo, no existe la olla de presión. “Cuando se instaló la cocina del restaurante mandamos a colocar un grill como el que tienen los mejores restaurantes de carnes de Caracas, dice Loly. El caso es que él ordenó quitarlo y colocar una cocina rudimentaria. Es por esto que nosotros decimos que en Persépolis se come igual que en cualquier restaurante iraní. Los alimentos se cocinan a la usanza tradicional y los ingredientes también son traídos de Irán”.
A pedir de boca
Quien nunca se ha aproximado a la cultura iraní lo primero que debe saber sobre su gastronomía es que el plato principal es el arroz, en especial el basmati. Este aromático grano lo sirven en diferentes variedades y se acompaña con las brochetas o estofados que elija el comensal. Una de sus presentaciones es el Shirin Polow que viene sazonado con pistacho, almendra, zanahoria, corteza de naranja y azafrán, este último el ingrediente principal de la comida iraní, que está presente incluso en sopas y hasta en los postres y el té. También se puede elegir una degustación de arroces. Uno en especial contiene lentejas, carne de res, pasitas iraníes y azafrán. Quien vaya buscando platos al vapor no los encontrará en Persépolis, porque la única licencia que ha permitido el chef de la casa es ampliar la oferta de ensaladas, pues para los iraníes, no hay más ensalada que la Maast-o-Khiar, a base de pepino y yogur aderezado con menta.
De martes a jueves el restaurante ofrece un buffet donde se puede escoger entre siete platos conformados por tres tipos de arroz basmati, brochetas y estofados (khoresht). La cultura iraní no incluye el licor, pero el restaurante sí los ofrece, también, como una excepción dentro de su rigurosidad culinaria.
En el restaurante se prescinde de los cubiertos occidentales y, al igual como lo han hecho en los locales asiáticos donde han enseñado a los de estos lados a comer con los llamados palitos chinos, en Persépolis la norma es comer con cucharilla o, si lo prefiere, con las propias manos como lo hacen los iraníes. l
ideleon@eluniversal.com
| COMO EN IRAN |
Poner un pie en el restaurante Persépolis es dar un salto a la cultura musulmana en sólo cuestión de segundos. Ahora, lo que probablemente seduzca más el recién llegado y al poco familiarizado con las costumbres iraníes, es descubrir que el aroma a durazno, a menta o manzana, que impregna el establecimiento proviene de la pipa de agua, popularmente denominada Gheliam. Este particular instrumento —también conocido como Shisha, Nargila, Argila, Boury o Gouza— ha sido utilizado por centenares de años con el objetivo de drenar el estrés y relajarse con amigos y familiares. La pipa de agua es originaria de India, luego se extendió a Irán y después al resto del mundo árabe, aunque fue en Turquía donde alcanzó su esplendor. El artefacto se confecciona actualmente en diversos materiales como vidrio, metal, oro, plata, madera o caña, y comúnmente está bellamente decorado.
La Gheliam entró en desuso con la aparición del cigarrillo. Actualmente es un pasatiempo al que se puede tener acceso únicamente en países como Irán o Turquía. Para quien tenga interés no sólo en probar los manjares de Irán, el restaurante Persépolis dispone de un lounge donde el visitante puede utilizar el servicio de la barra o bien degustar un rico té, a la luz de las velas, mientras aprende a disfrutar de las sensaciones que ofrece la pipa de agua. Una tienda que expende objetos iraníes como alfombras, esencias, la pipa de agua (Gheliam), té negro, de azafrán, jarrones, vajillas, lámparas, mermeladas, azúcar cristalizada, se encuentra en el local, para quien, seducido por la cultura iraní, quiera llevarse un poco de ella a casa. |
Coordenadas. Calle California con Calle Mucuchíes. Edificio Los Angeles. PB.
Las Mercedes.Teléfonos: 993.3987
De lunes a sábado. |
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