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La hamaca
de terciopelo rojo

Evelyn tenía un aspecto angelical  y un comportamiento que exudaba inocencia. Max Haines

Harry K. Thaw caminó hasta la mesa de Stanford White en la terraza del Madison Square Garden de Nueva York, el 25 de junio de 1906, y le disparó tres veces.
El loco de Harry era multimillonario. Al cumplir los 21 años su padre le había dejado millones que había hecho en el negocio de los trenes.

Evelyn Nesbit y su madre habían llegado a Nueva York en 1901. El objetivo de su viaje era ir tras la incipiente carrera de modelaje de Evelyn y al mismo tiempo buscar su fortuna. Evelyn era una muchacha hermosa. Tenía un aspecto angelical y un comportamiento que exudaba inocencia. No tenía problemas para formar parte de una línea coral en el musical Floradora, y luego hacerlo en Broadway.

Evelyn acababa de cumplir 16 años cuando un miembro del elenco le presentó a Stanford White. Era el arquitecto más distinguido de América, habiendo creado estructuras tales como The Hall of Fame en la Universidad de Nueva York, el Memorial Arch en Washington Square y el Madison Square Garden.

Tanto Mamá Nesbit como la inocente Evelyn estuvieron maravilladas cuando el distinguido arquitecto pidió permiso a la madre para acompañar a Evelyn a cenar. White, quien tenía la reputación de ser un Don Juan, no tardó en sugerir que la vida en Nueva York estaba teniendo un efecto adverso en la salud de la mamá. De hecho, se le veía bastante demacrada. Mamá Nesbit aceptó a regañadientes la generosa oferta de White de financiar un viaje de vuelta a la limpia y saludable Pittsburg.

Según Evelyn allí fue cuando Stanford, de 52 años, la invitó a una fiesta en su estudio. Luego de mucho champagne el viejo perro de caza pensó que Evelyn debía probar la hamaca de terciopelo rojo. La hamaca instalada en el estudio para tales ocasiones le permitía a Stanford una visión vívida de las piernas de sus amigas, mientras se hamacaban por el aire.

Después del champagne, la hamaca y sólo Dios sabe qué más, Evelyn luego juró que sintió una punzada en la cabeza. Se recostó en la cama de Stanford, la cual naturalmente estaba rodeada de espejos.

Lo próximo que la pobre niña recordaba era haberse despertado desnuda. Incluso peor, al lado del arquitecto más prominente de América, también desnudo. Evelyn dijo haber gritado y llorado. Stanford le puso una bata. El confesó que si bien Evelyn podía ser muchas cosas, ya no era una virgen. Stanford hizo lo correcto para un caballero. Le sugirió a Evelyn que no le dijera nada a su madre sobre lo que había ocurrido, y luego la llevó a la casa. Evelyn estaba tan aturdida que continuó acompañando a Stanford a obras de teatro, clubes nocturnos y restaurantes a partir de ese momento.
Mientras tanto, ¿quién estaba enviando a Evelyn docenas de rosas con billetes de 50 dólares enroscados en sus tallos?... el loco de Harry Thaw. Ahora la chica no podía evitar tomar seriamente a Harry, a pesar de que se rumoreaba que, a los 34 años, estaba más loco que sano. Tampoco le escapaba a la cocaína. Más allá de todo esto había  una cosa sobre Harry que no podía ser ignorada. Se esperaba que heredara  40 millones de dólares.

A los 18 años Evelyn era la amante de Harry. Durante toda su relación continuó viendo a Stanford White.

Al final, Harry y sus millones salieron ganando. En abril de 1905 él y Evelyn se convirtieron en marido y mujer. Mientras estaban de viaje por París Evelyn le contó a Harry sobre la noche en que Stanford White la había desflorado y había tenido relaciones a la vieja usanza con ella. Incluso le contó sobre la hamaca roja.
Harry estaba furioso. El recuento de Evelyn de cómo había perdido la virginidad con Stanford White quedó prendido en la mente de Harry. A partir de ese momento hizo todo lo que estuvo en su poder para arruinar la reputación del arquitecto.

Todo el lío se hizo presente esa noche de junio fatal en el techo del Madison Square Garden. Luego de terminar la cena los Thaw se levantaron para marcharse. Mientras Harry caminaba al lado de la mesa de White abruptamente se dio la vuelta, sacó un revólver y le disparó dos veces en la cabeza y una en el cuerpo. El arquitecto estaba bien muerto. Evelyn corrió hacia Harry, gritando: “Dios mío, Harry ¿qué has hecho?”. “Probablemente haya salvado tu vida, querida”, contestó. “Harry, me quedaré contigo”, dijo la estimada Evelyn. Y como segundo pensamiento agregó: “Mi Dios, estás metido en un terrible lío”.

Apenas Harry estuvo bajo custodia el dinero de los Thaw se puso a trabajar para recuperarle la libertad. La madre de Harry declaró que gastaría un millón de dólares para liberar a su hijo. Cada palabra fue verdad. Firmas de abogados enteros fueron contratadas para defender a Harry. Una compañía de relaciones públicas fue encargada de plasmar la mejor  imagen de Harry que fuera posible. Uno de los juicios más publicitados que jamás tomara lugar en Nueva York comenzó el 21 de enero de 1907. Evelyn contó todo.

Se le aconsejó a Evelyn que la mejor defensa sería ilustrar que Harry estaba loco en el momento del asesinato y no sabía que lo que estaba haciendo estaba mal. La chica recontó con detalle sórdido su desfloración y cómo el efecto de la historia golpeó a Harry. También reveló que Harry una vez la había llevado a un castillo en Austria, donde la había golpeado sin piedad con un látigo para caballos. Lloró en el estrado.
Los rumores indicaban que Evelyn había recibido 200.000 dólares por su testimonio. La tenía buena. Un veredicto de culpabilidad significaba la muerte de Harry.

El jurado estaba dividido. Siete favorecían el veredicto de culpable y cinco sentían que Thaw estaba loco y por ende era inocente. En enero de 1908 se llevó a cabo un segundo juicio. Esta vez Harry fue declarado inocente por el asesinato debido a su locura. El juez que presidía lo envió a un hospital para dementes. No se habían terminado de cerrar bien las puertas de la institución donde se encontraba Harry cuando su familia comenzó a hacer todo lo posible para liberarlo. Finalmente en 1915, luego de varias acciones legales, Harry fue juzgado, se le consideró sano y fue liberado. Una de las primeras cosas que hizo fue obtener el divorcio de Evelyn. Durante la reclusión de Harry, Evelyn se había convertido en la novedad del momento, y había aparecido en varias obras de teatro. Luego del divorcio se había casado rápidamente con su compañero de baile.

Harry continuó metiéndose en problemas con la ley durante el resto de su vida. Fue arrestado varias veces por alterar el orden y era un buen partido para sus amigas damas, a quienes persiguió con pasión hasta el fin de sus días.

Harry Thaw murió en Miami en 1947 a los 76 años. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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