Disfraces de película
Los más recientes sucesos fílmicos mundiales se asoman como una excelente fuente de inspiración para disfrazarse en este carnaval. Tanto niños como adultos podrán colocarse en la piel de un King Kong más descomunal y cinematográfico que nunca. O qué tal volar con la capa del fiel Superman que una vez más está de regreso; vivir las peripecias del ahora adolescente Harry Potter; o ponerse en los raídos pantalones del siempre acontecido Oliver Twist. ¿Y qué hay de bueno para ellas? En el caso de las mujeres, podría aplicar trajearse de geisha con todo y sus memorias. El asunto está en poner a rodar la imaginación. Pues, entonces, ¡qué ruede! María Elisa Espinosa
Superhombre y/o periodista
Siendo uno de los héroes dilectos de niños y adolescentes de varias generaciones, no falla sin embargo el adulto que admire y siga con detenimiento las andanzas de Superman por donde quiera que vaya o vuele. Por algo será que no han faltado —¡nunca sobrado!— las versiones cinematográficas y televisivas de este personaje cocinado en los fogones de DC Comics. Así que, aprovechando las circunstancias de que este año llegará una nueva producción en torno al hombre de la capa a prueba de balas (en esta ocasión de la mano de Bryan Singer con la superproducción Superman Returns), nada más oportuna la decisión de vestirse de superhombre o, en su defecto —para quienes prefieran pasar desapercibidos—, del mismísimo Clark Kent, y así llevar la fantasía a donde se quiera ir en este carnaval. Para el caso de los niños, la cosa es más que sencilla, pues sobra en las tiendas el tradicional disfraz de este personaje. Los más grandes, sin embargo, tendrán que poner a volar la imaginación o, definitivamente, optar por el traje del particular periodista del Daily Planet: flux (mientras más pasado de moda, mejor), gomina en el cabello, lentes de pasta y mirada acongojada por llegar siempre tarde al lugar donde se produce la noticia. Opcional: una franela debajo de la camisa con una enorme S pintada justo en el pecho y entrar a la fiesta arrancándose los botones. No faltarán las Lois Lane que desfallezcan entonces.
El más facilito de todos
¿Quién no guarda en el fondo de su armario un pantalón raído que no se atreve a botar por puro sentimiento? Si usted es una de estas personas, anímese a trajearse de Oliver Twist, pero no de cualquier Oliver Twist, sino del que llega de la mano del cineasta Roman Polanski como su ópera prima en historias infantiles. Sin dudas, disfrazarse del huérfano más famoso de todos los tiempos (esto gracias a la pluma del también muy famoso Charles Dickens) resultará una opción cuando menos extraña para quienes están acostumbrados a otros colores en carnaval. Pero no la descarte del todo; piense en lo fácil que puede ser encontrar ropa vieja que, ayudada por un poquito de betún aquí y allá, logrará el efecto deseado.
Un gorila en el cemento
Peter Jackson marcó la pauta a finales de diciembre pasado con el estreno a nivel mundial de la superproducción King Kong. El cuento es el mismo, o muy parecido al original de 1933: Un gorila de exageradas dimensiones, escondido en una recóndita selva, repentinamente es descubierto por un equipo de filmación de una película, incluida su bella protagonista. Palabras más, palabras menos, la historia se termina torciendo cuando el peculiar animal es trasladado de la jungla a Nueva York y, para remate, se enamora de la rubia muchacha. Toda una producción que bien podría replicarse —guardando distancias y tamaños, claro está— por quien se quiera poner en la piel de este muy cinematográfico gorila para hacer de las suyas en las próximas fiestas del, también rey, Momo. Y si de pareja se trata, por qué no llegar de la mano de una glamorosa Ann Darrow, vestida a la usanza de los años treinta. O mejor aún, queda la opción de una pequeña comparsa en la que se incluya al rival en la película, Jack Driscoll (personificado por Adrien Brody), para lo cual sólo hace falta vestir unos pantalones kakis, franelilla abajo, camisa abierta y binoculares guindando del cuello… Eso sí, ¡no olvidar poner cara de pánico ante la presencia de su compañero de farra!
Un sueño hecho kimono
Nada más prestado al carnaval —en su mejor concepción como las fiestas donde niños, mujeres y hombres se esconden detrás de esa fantasía con la que tanto han soñado— que el traje de geisha, tan lleno de lujos y sobrio a la vez, tan plasmado de color y discreto al mismo tiempo. Nada más propicio entonces, y muy a propósito de todo esto, que el inminente estreno de Memorias de una geisha (Rob Marshall, 2005) para vestirse con esta joya que por siglos ha acompañado a la cultura japonesa. No faltará alguna mujer de latitudes criollas que haya guardado uno de estos trajes comprado años atrás por puras ganas de tenerlo. Pues le llegó la hora de sacarlo del clóset, ¡y sacarse la espinita también!, vistiéndose como una de estas damas japonesas, consideradas por algunos meras meretrices, pero dibujadas magistralmente por Arthur Golden, el autor de la novela que dio paso a la película, como “artistas de la vida”.De ellas se dice mucho, entre otras cosas, que con un simple movimiento de abanico despiertan emociones. Así que, si esa es su intención, no llegue a la fiesta sin uno.
Con las hormonas revueltas
No es nueva, habrá que admitir, la idea de vestirse de Harry Potter en carnaval. El furor generado por la saga literaria de J.K. Rowling ya ha dado para eso y muchísimo más. Pero precisamente por ello habrá que decir que cualquier niño, ¿y por qué no también cualquier joven?, puede lucir más atinado que nunca en las fiestas entrando vestido como este particular estudiante del colegio de brujerías de Hogwarts. Lo novedoso, en todo caso, recae en la actitud con la cual se llegue. Pues para nadie es un secreto que Harry ya no es el mismo en la última película. A los avatares que una vez más tiene que enfrentar como alumno, se le suman los propios de la edad, incluyendo el gran temor por invitar a una chica a bailar. A esto también se le puede agregar el nuevo look que ostenta el personaje, consistente en un corte de cabello menos acartonado (de hecho, bastante más “a lo rebelde y natural”), uniforme clásico aunque sin importar ya tanto cómo quede la corbata, y un sobretodo o capa de mago que no debe faltar. Como tampoco, léase bien, los anteojos, que siguen siendo tan redondos como en la primera película. l
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