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¿Que
debería hacer un hombre?
Sandra Debele
No sabe manejar o armar una estantería
y sólo le gusta realizar las tareas domésticas. ¿Es
por ello menos hombre? Pues bien, sí, dice la confundida
autora... y no.
Recientemente conocí a un hombre. Durante nuestra intensa
fase de conocimiento mutuo, con renuencia reveló que no sólo
no tenía auto sino que nunca había aprendido a conducir.
Tenía 42 años.
Justo cuando intentaba convencerme a mí misma de que los
guerreros ecológicos me parecían sumamente atractivos
y que, de cualquier manera, yo sí tenía carro, de
modo que el transporte no era realmente un problema, me miró
con un dejo de desesperación. "No es como si careciera
de pene", me dijo.
En lugar de emprender una rápida retirada, realicé
un sondeo telefónico entre mis amigas en el refugio del baño
más cercano. ¿Era esto normal? ¿Tenía
razón de perturbarme? ¿Debía recoger mis cosas
y largarme? No necesariamente, en opinión de Natasha. "Me
parecería fascinante", me dijo. "Dejaría
entrever un aspecto más interesante de la persona. Podrías
descubrir que ha vivido toda su vida en una isla desierta y por
eso no pudo aprender a conducir, aun queriendo". Sin embargo,
Mary fue menos clemente: "En Londres, no conducir está
bien. En otro lado, definitivamente algo anda mal". Desde luego,
la incapacidad de este amigo al volante no ha debido ser problema
alguno. Hablaba varios idiomas, tocaba el piano y montaba a caballo.
¿Por qué tenía qué importarme que no
contara con la más común de las habilidades? Hay que
reconocer que en el terreno práctico, había ciertas
consideraciones. Si nos convertíamos en pareja, ¿me
vería condenada a llevar una vida sirviéndole de chofer?
De cualquier manera, conduzco mucho y tengo un viejo sueño
de emplear un chofer. No obstante, si soy honesta, lo que hizo que
este hombre fuera una posibilidad menos atractiva se redujo a lo
siguiente: era hombre y por consiguiente debía saber conducir.
Las habilidades propias de cada género eran un asunto sencillo
en la época de mis padres. Cuando era niña, era mi
padre quien hacía la carpintería, cortaba la grama
y cambiaba los bombillos. Mi mamá cocinaba, se encargaba
de la ropa y me cuidaba. Mi madre aprendió a conducir más
tarde en su vida, pero incluso después de hacerlo, era mi
padre quien más tiempo pasaba tras el volante.
Hoy en día, el hecho de que muchos de nosotros hayamos vivido
por nuestra cuenta antes de establecernos en pareja significa que
nuestra base de destrezas es mucho más amplia que la de nuestros
padres. Los hombres solteros cocinan y las mujeres solteras no temen
pasar una noche ensamblando un mueble desarmado de paquete.
Las distinciones entre las ideas tradicionales de tareas relacionadas
con el género se han vuelto imprecisas. Sin embargo, si bien
algunas mujeres dicen que esperan que sus hombres realicen las compras,
cocinen, limpien y se ocupen de los niños, las pruebas indican
que desean, además, que luzcan musculosos cuando pintan la
casa, sean versados en plomería de calentadores y, pues bien,
que sepan conducir.
Sara ha vivido con su novio durante siete años. Según
calcula, él realiza más tareas del hogar que ella:
plancha, lava y limpia vigorosamente el baño, con lo cual
se siente encantada. Sin embargo, no puede aceptar que él
prefiera llamar a un plomero que reparar el calentador cuando éste
se daña. "Realmente me siento decepcionada y me irrita,
si bien tampoco tengo idea de cómo arreglarlo".
Por su parte, los hombres pueden sentirse inseguros por las habilidades
de sus parejas en campos tradicionalmente del dominio masculino.
"Hoy me encontraba trabajando en unos planos estructurales",
me cuenta mi amiga Anna, "mientras Steve se dedicaba a lo que
sabe hacer de maravilla: poner las cosas en orden". Sin embargo,
cuando Anna armó la computadora de ambos, Steve no sabía
dónde esconderse. "Había sido despojado de su
papel. Si nos acostumbramos a desempeñar ambos papeles cuando
vivimos por nuestra cuenta, desarrollamos muchas habilidades que
nos resultan útiles. Sin embargo, resulta difícil
hallar el ritmo con otra persona en una relación".
Aparentemente, cuando ambos en la pareja pueden realizar la mayoría
de las tareas domésticas, no necesariamente se logra la base
de la vida en armonía. De acuerdo con la Future Foundation,
el cabalgamiento de habilidades domésticas puede generar
confusión, tal y como lo explica en su informe Vidas complicadas:
"La brecha entre los papeles tradicionales y las realidades
contemporáneas están estrechándose. Aunque
sea bien acogido, esto significa que las vidas de las personas están
menos predeterminadas por el género, lo cual crea cierta
incertidumbre, la necesidad de mayor negociación y, ciertamente,
mayor complejidad"; mayor negociación, léase
más discusiones, lo cual trae como consecuencia que muchas
parejas busquen asesoría profesional.
"Hay muchas cosas con relación a quién hace qué",
dice Denise Knowles, consejera. "Ahora vemos a los hombres
llevar a los niños a la guardería y convertir la cocina
en su dominio. Los papeles están cambiando y de lo que se
trata es de reconocer quién tiene qué fortalezas y
debilidades".
Knowles afirma que muchas parejas cometen el error de comparar cómo
realizan las tareas domésticas con modelos anteriores desarrollados
por sus amigos o sus padres. Su consejo es sencillo. "Hay que
definir el papel de cada cual en términos de materia, espacio
y tiempo. Se trata de algo muy personal". Además, hay
que reconocer también que puede haber algo sexy en un hombre
que sea tan capaz en tareas tradicionales como en asuntos contemporáneos.
Necesitábamos separarnos de las rutinas de nuestros padres
-él, bajo la gorra de la marca de su auto, ella, batiendo
una torta- para probar que podíamos lograrlo. Ahora que lo
hemos hecho, ¿por qué no admitir que, en ocasiones,
nos gusta dividir las tareas domésticas de una manera que
no es tan distinta de la de los hogares de los años cincuenta?
"Realmente era muy sexy ver a Paul emplear el vaporizador para
retirar el papel tapiz", reconoce Mary. "Lo hacía
mucho mejor que yo".
Las habilidades fuera de lo común tienen garantizado provocarnos
un desmayo. Ruth se sintió atraída por Gareth cuando
escuchó el motor de su Nikon. "Fue un momento al estilo
Duran Duran. Estoy acostumbrada a mi Instamatic y me dije: "¡Vaya
que sabe de cámaras!". Además sabe enrollar un
cigarrillo con ambas manos apoyadas sobre el volante, mientras conduce
con las rodillas".
Inevitablemente, todo se reduce a lo siguiente: deseamos que las
personas que amamos sean buenas al hacer algo. Cuando alguien sobresale
en algo, podemos admirarlo y quererlo por ello. Por extensión,
si nuestro ser amado no puede realizar ciertas tareas domésticas,
debemos aprovechar la oportunidad de ser buenos con él, para
que nuestra pareja nos ame y admire más, o contratar un profesional
para que lo haga por nosotros sin reproches.
El hombre de mi cuento ya es historia -si bien el final nada tuvo
que ver con que no supiera conducir. La idea de una pareja que no
conduzca sigue haciéndome sentir un tanto ambigua, pero quizás
lo corrija.
Denise Knowles indica que al percibir a un hombre que no sabe conducir
como un problema potencial, es probable que no haya captado lo esencial.
Es probable que mi amigo jamás haya esperado que me convirtiera
en su chofer sino que hubiera contratado un conductor y hubiera
realizado mi sueño de toda la vida. Quizás haya una
lección en todo esto.
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