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El gurú entrecano
Max Haines
Huyó durante años de la justicia, pero al final lo pescaron Ira
Einhorn se autodenominaba el "Unicornio" porque en alemán su nombre
significa "un cuerno".
En
los años setenta, era una personalidad a tener en cuenta. Se codeaba
con activistas de la talla de Jerry Rubin, Abby Hoffman y Allan
Ginsberg. Sin afeitarse, sin bañarse, pero culto e instruido, conducía
a los no iniciados a la Era de Acuario. Fumaba abiertamente marihuana
y, según algunos, tomaba suficientes drogas como para haber matado
a una ballena. Ira, incluso, dio clases en la Universidad de Harvard.
Era un hombre encantador, le gustaban las mujeres y todo parece
indicar que a ellas les gustaba él. Al menos por un tiempo. No se
tomaba muy bien que lo rechazaran. Romper con él era como cavar
su propia tumba. Una novia que puso fin a su relación casi muere
por asfixia. A otra le golpeó en la cabeza con una botella.
En 1972, Ira conoció a Holly Maddux en un bar. Holly era de una
belleza excepcional: serena, frágil y etérea. Era graduada del prestigioso
Bryn Mawr College.
A los pocos días de conocerse, la pareja se hizo inseparable. La
relación duraría casi cinco años, hasta que Holly empezó a conocer
de verdad al gurú entrecano y decidió romper con él.
Como era habitual, Ira no se lo tomó bien. Por teléfono, le dijo
que arrojaría sus pertenencias a la calle. Holly se dirigió apresuradamente
al apartamento de Filadelfia que ambos compartían. Esa fue la última
vez que se supo de Holly Maddux. Ira les dijo con toda tranquilidad
a sus conocidos que había ido a hacer unas compras y nunca había
vuelto.
En Tyler, Texas, los padres de Holly no podían entender por qué
su hija llevaba varias semanas sin llamarlos, algo que nunca había
hecho. Los padres, preocupados, se pusieron en contacto con la policía
de Filadelfia, que efectuó una investigación somera. Como no había
prueba alguna ni sospecha de violencia criminal, dejaron correr
el asunto.
Los Maddux no quedaron satisfechos. Contrataron a una pareja de
detectives privados para que investigara la desaparición de su hija.
Así lo hicieron durante un año, descubriendo varios hechos sorprendentes.
En 1977, en otoño, un estudiante que vivía en un apartamento debajo
del de Ira Einhorn, había oído un grito aterrador. El estudiante
y su compañero de piso añadieron que, semanas después de haber oído
el alarido, empezó a rezumar un líquido marrón oscuro por el techo.
Cuando se quejaron al conserje, se llamó a un fontanero, pero Einhorn
no les dejó acceder a un armario empotrado cerrado con un candado,
que daba a su habitación.
Los detectives privados presentaron los frutos de su investigación
a la policía. El 28 de marzo de 1979, un agente, con un palanca,
fue a ver a Ira y abrió el armario empotrado, encontrando un baúl.
Dentro, entre periódicos de agosto y septiembre de 1977, estaban
los restos momificados de Holly Maddux. Ira fue arrestado y acusado
de asesinato. Se le liberó al depositar una fianza de 40.000 dólares;
de este total, 4.000 tenían que entregarse al tribunal. Tan buenos
contactos tenía Einhorn que la fianza fue pagada por Barbara Bronfman
de Montreal.
El juicio se fijó para el 14 de enero de 1981. Poco antes de esa
fecha, Ira desapareció. Denis Weaire, catedrático del Trinity College
de Dublín, Irlanda, pensó que el encantador y excéntrico americano,
Ira Einhorn, y su novia, Jeanne Morrison, quienes se alojaban en
su casa, formaban una pareja de lo más original. Cuando el catedrático
visitó Chicago, le habló de Ira a unos amigos a los que les pareció
recordar que ese nombre había sido famoso por algo. Lo comprobaron
en periódicos de Chicago y le dijeron al profesor Weaire que estaba
dando hospedaje a un sospechoso de asesinato.
El profesor echó inmediatamente a Einhorn. Una vez más, el "Unicornio"
había huido de la justicia. Irlanda no tenía ningún tratado de extradición
con Estados Unidos. Durante cuatro años, Einhorn pasó de Inglaterra
a Gales, para volver después a Irlanda. Nos podemos imaginar la
sorpresa del profesor Weaire cuando vio a Einhorn, tan campante,
comiendo en la cafetería del Trinity College. Dio parte a la policía.
En esos cuatro años, Irlanda había suscrito un tratado de extradición
con Estados Unidos pero, una vez más, Ira huyó tan sólo unas horas
antes de que la policía llegara a la cafetería. Barbara Bronfman
admitió que le había dado dinero a Einhorn hasta 1988, momento en
que se dio cuenta de su verdadera calaña.
Comentó que Einhorn estaba viviendo con una belleza sueca llamada
Annika Flodin. Cuando el FBI, la Interpol y la policía sueca quisieron
intervenir, Einhorn ya había desaparecido. Annika, quien sostuvo
que ella sólo era la casera, les dijo a las autoridades que estaban
cometiendo un terrible error. Su inquilino se llamaba Ben Moore.
Con el tiempo, Annika se fue a vivir a Dinamarca donde, durante
un rato, intentó caer en el olvido. En 1993, un decidido fiscal
de distrito de Filadelfia decidió juzgar a Einhorn, pese a no estar
éste presente. Después de oír todas las pruebas, en sólo dos horas,
un jurado lo declaró culpable.
Cuando se emitió el programa de televisión Unsolved Mysteries (Misterios
sin resolver), a la policía le llovieron pistas, pero ninguna les
llevó a ninguna parte. Una mujer sueca, que vivía en California,
vio el programa y se puso en contacto con las autoridades. Explicó
que su familia tenía mucha influencia en Suecia y que, si lo deseaban,
podía ayudarles a examinar los archivos oficiales suecos. Las autoridades
de Filadelfia aceptaron la oferta de la mujer. De esta manera, los
detectives pudieron obtener el número sueco de seguridad social
de Annika Flodin. Lo cotejaron con vehículos suecos. Y, finalmente,
en 1994, la novia de Einhorn había presentado el examen para obtener
el permiso de conducir en Francia, con el nombre de Annika Flodin
Mallon. Los detectives no se equivocaron al suponer que Annika se
había casado con Einhorn y que éste había cambiado de apellido,
para llamarse Mallon. Su dirección francesa estaba precisamente
en la solicitud del permiso de conducir. Esta vez, Ira no sabría
de ninguna manera que le acechaba el peligro.
En 1997, policías franceses, haciéndose pasar por turistas y pescadores,
localizaron la encantadora vivienda de Eugene Mallon en la pintoresca
ciudad de Champagne-Mouton, y estuvieron vigilándola varias semanas.
No había duda alguna de que sus habitantes eran Ira Einhorn y Annika
Flodin. Durante años, Ira y Annika habían vivido felices en esta
remota región del sur de Francia. En el pueblo creían que era un
escritor americano que había buscado un paraíso tranquilo para dedicarse
a su trabajo. Por fin había concluido su búsqueda, que se había
prolongado 16 años. La policía agarró a Ira, lo esposó y lo metió
en la cárcel.
En la víspera de su extradición, celebrada en 1977, sus abogados
arguyeron que cualquier persona que había sido juzgada y declarada
culpable en otro país en su ausencia no podía ser extraditada. Tres
semanas después, el tribunal francés así lo confirmó, negándose
a extraditar a Einhorn. Se necesitaron cuatro años de pleitos, apelaciones
incluidas, antes de que en julio de 2001, Francia respondiera a
la solicitud estadounidense de extradición, pero sólo lo hizo cuando
se garantizó que sería juzgado de nuevo y que no correría peligro
de sufrir la pena de muerte. El 20 de julio de 2001, Ira Einhorn
fue entregado a las autoridades estadounidenses. Fue juzgado y declarado
culpable de asesinar a Holly Maddux y sentenciado a cadena perpetua
sin posibilidad de libertad condicional.
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