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El gusto por las piezas de vidrio no ha pasado de moda, sólo se ha ido adaptando, de época en época, a las distintas tendencias. El arte murano, una cuidadosa y milenaria técnica, llegó de Venecia y se instaló en Venezuela hace ya 50 años
Por Betzy Barragán. Fotos: Natalia Brand

Cuando se escucha hablar de arte murano, indefectiblemente se piensa en las pesadas piezas de vidrio de brillantes colores y formas complejas que, durante los años sesenta, setenta y buena parte de los ochenta, adornaron uno o varios rincones de la mayoría de las casas. Pero al adentrarse en lo que verdaderamente encierra el trabajo del vidrio, se puede comprobar que va más allá de floreros, ceniceros, centros de mesas, figuritas de animales y payasitos, entre otros, que con mucho celo todavía se conservan en algunos hogares y que, en algunos casos, hoy vuelven a ocupar un lugar protagónico. Así lo comprueba la amplia gama de objetos, tanto utilitarios como decorativos, que se exhibe en la galería de ICET Arte Murano, fábrica establecida hace 50 años en los Altos Mirandinos. "Lo que ha cambiado -comenta Aurora Ava, hija del fundador, el señor Bruno Ava- es el gusto por determinadas piezas; además, el estilo de éstas se ha ido modificando según los cambios de las tendencias generales de la decoración. En una época, lo que más gustaba eran los objetos de diseño muy recargado, luego se pasó a otra en la que la preferencia estaba determinada por lo trasparente. Durante esos años, aproximadamente finales de los ochenta, la producción estaba centrada en objetos cristalinos. Es el período en el que el minimalismo empieza a cobrar una gran fuerza e influencia tanto en la decoración como en la arquitectura. Posteriormente, se regresa al color, pero en presentaciones más sólidas y dando prioridad a los tonos primarios. Ahora se puede decir que se fabrican piezas para todos los gustos; incluso, se ha hecho como una reinterpretación de aquellos objetos de los setenta, pero elaborados en tonalidades más actuales. El trabajo que aquí se lleva a cabo lo denominamos arte murano porque se practica el mismo método empleado por los artesanos venecianos desde el siglo XIII. Una de las pocas variaciones se ha dado en la modernización de la tecnología de los hornos: hoy se usa el gas como combustible, en lugar del carbón o la leña, lo que permite mantener temperaturas estables y así manejar mejor la materia prima".

El Arte
"No sólo es soplar y hacer botellas", dice el conocido refrán aludiendo a la aparente facilidad del oficio de crear objetos de vidrio. Sin embargo, es más difícil de lo que se ve y se cree. Sobre todo, si se tiene en cuenta que se labora con un material que literalmente "arde", pues para que el vidrio tenga características maleables tiene que estar a 1.200 grados centígrados.
A diferencia del cristal de roca, el vidrio se consigue mediante la unión de distintas sustancias como la arena de sílice, el carbonato de sodio y la cal, que fundidas a altas temperatura se amalgaman y dan vida a este elemento traslúcido.
Explica la señora Aurora que en ICET se realizan dos tipos de producción: la soplada y la manual.
La primera consiste en tomar -con la ayuda de la caña de vidriero, como se conoce a un instrumento de metal largo y hueco- una porción del vidrio líquido que se encuentra en el horno. Acto seguido, el artesano comienza a soplar a través de la boquilla de la caña, tan suave o tan fuerte como sea necesario; allí radica la destreza: en saber calcular la fuerza que hay que imprimirle a ese soplo. Mientras se va inflando dicho material, se le va dando forma mediante un molde, que puede ser de madera o de metal, y que se encuentra ubicado en una especie de fosa a los pies del trabajador. La caña se gira constantemente para darle equilibrio al objeto que se está creando. Al apreciar el proceso, pareciera que en realidad es como dice el refrán, pero "no es tan sencillo como parece -dice uno de los artesanos-, hay quienes tardan varios meses, hasta años, en aprender la técnica para dar origen a una pieza con una bonita forma". Si, por ejemplo, lo que se está produciendo es una copa, se puede decir que el procedimiento es mixto: una primera fase es soplada y corresponde a la confección de la parte que será el recipiente en sí, y luego se trabaja a mano el tallo o apoyo de dicha copa.
La segunda técnica también se vale de la caña, pero sólo para tomar la cantidad del elemento incandescente que se requerirá para hacer la pieza en particular. Sentado en un banquito de madera el maestro, con gran agilidad y rapidez, trabaja el vidrio líquido, en una carrera contra reloj, porque si se descuida, el material se endurece. Con la ayuda de pinzas, tenazas de corte y estacas -y sin quemarse- logra crear objetos de alto valor artístico, en un proceso que suele durar pocos minutos, dependiendo de la complejidad de la pieza.
En ambas producciones se trabaja en equipo, siempre hay más de dos artesanos involucrados en la elaboración: mientras uno extrae el material del horno, otro lo recibe y lo sopla, alguien más le da la el acabado final y otro recibe la pieza terminada y la lleva al lugar de enfriamiento.
Finalmente, los objetos se ponen a enfriar en un horno especial llamado témpera, el cual impide que la pieza sufra un choque térmico y se resquebraje. Los que quedan defectuosos se sumergen en agua y seguidamente se rompen dentro de un contenedor que reserva los desechos del material que posteriormente es reutilizado.

Los Artesanos
Más de tres décadas tiene el señor Obdulio Pérez -mejor conocido como Yulo- moldeando el ardiente vidrio. Aprendió directamente de los maestros que a finales de la década de los cincuenta llegaron directamente desde Venecia con el propósito de llevar a cabo, en suelo venezolano, una técnica que durante muchísimo tiempo estuvo reservada sólo a los habitantes de la isla de Murano. El señor Yulo tuvo el privilegio de obtener el preciado conocimiento de primera mano; ahora es él quien se encarga de crear las piezas de mayor complejidad, aquellas de gran tamaño, peso y diseño intrincado. Su labor se centra en el proceso manual, no se vale de moldes, todo reposa en su habilidad e ingenio, y si bien se guía según las directrices derivadas de los planes de producción de la empresa, no cabe duda de que su vena artística queda en evidencia en cada pieza terminada.
Sin contar a un joven muchacho quien hace pocos meses ingresó a la fábrica y quien se encarga de recibir las piezas para llevarlas a la témpera, el artesano que menos tiempo tiene trabajando en esta empresa es el señor Hugo Alcántara, quien lleva 21 años en el oficio; al lado de Yulo, comparte el trabajo manual.

Las Piezas
El empeño por utilizar la materia prima de mejor calidad es lo que caracteriza la producción de ICET Arte Murano. "Es fundamental, si lo que se desea en un momento dado, por ejemplo, es desarrollar piezas con un encanto tan cristalino que no deje la menor duda -aclara Aurora Ava-, mi hermano Fulbio es quien se encarga de concebir el diseño de los objetos, tanto utilitarios como decorativos, que aquí se fabrican. Él trabaja mano a mano con los maestros artesanos en el taller, indicando y guiando al momento de crear una pieza nueva".
El encanto del vidrio radica en que con él se pueden elaborar tanto objetos de mero carácter artístico como otros cuyo fin es servir en las tareas cotidianas. Por eso se dice que este elemento ocupa un lugar un tanto indefinido entre el arte y la utilidad. El valor de una pieza está determinado, básicamente, por la complejidad en su elaboración; por ejemplo, "lograr un florero, una jarra, una copa… completamente transparente -explica Aurora-, que no deje escapar un tono verdoso, requiere un proceso meticuloso. También están las piezas grandes, para lograrlas hay que manejar una gran cantidad de material que requiere resistencia y mucha destreza. Igualmente, hay otras de colección muy valoradas, bien sea porque llevan la firma de algún maestro veneciano famoso o porque fueron elaboradas en siglos pasados. En el caso de nuestras piezas el valor se lo da el arte que lleva impreso".

Lo que viene
"Si bien se puede decir que en esta época conviven muchos estilos decorativos, siempre tratamos de sacar una propuesta que sirva de anuncio de lo que va a ser la tendencia del siguiente año. Y para estar al día, tratamos de hacer una visita anual a Italia, para traernos lo más novedoso en cuanto al trabajo con el vidrio", señala Ava.
De esta manera, una de las tendencias en la decoración de interiores para el cercano 2008 va a ser el uso del blanco y el negro en los objetos decorativos. En este sentido, y adelantándose un poco a lo que va a ser esta moda, se ha desarrollado un conjunto de piezas en estos tonos monocromáticos. Jarrones, centros de mesas, hojas y flores, entre otros, de estilizado diseño, líneas sencillas y presencia contundente, serán los protagonistas en esa mesa de centro, comedor o vitrina, de aquellos hogares donde la moda se sigue al pie de la letra. Igualmente, el señor Fulbio Ava, a finales de cada año, produce una copa de champaña dediseño especial para celebrar las festividades navideñas.
La historia
En 1957, el señor Bruno Ava, un italiano llegado a esta tierra con la intención de establecerse, vio la posibilidad de fundar un taller donde se trabajara el vidrio de la misma manera que, desde hace más de ocho siglos, se lleva a cabo en la Isla de Murano. Para ello se trajo de su país natal tanto la mano de obra como los equipos necesarios para dotar la fábrica. A pocos minutos de la capital, en las frescas montañas de los Altos Mirandinos, se levantó ICET Arte Murano, sitio donde se da vida a este delicado y colorido arte. Aún en la actualidad se conserva el secreto de las minuciosas mezclas y las proporciones exactas de las sustancias que le dan color y resistencia al cristalino material. Los descendientes del fundador guardan celosamente este legado que, una y otra vez, hace florecer al vidrio en sorprendentes objetos de excepcional belleza.

Coordenadas
Vía La Mariposa. Urbanización Potrerito. San Antonio de los Altos. Telfs.: 372.0312 / 0391

ASISTENTE DE FOTOGRAFÍA: ANITA CARLI

La historia
En 1957, el señor Bruno Ava, un italiano llegado a esta tierra con la intención de establecerse, vio la posibilidad de fundar un taller donde se trabajara el vidrio de la misma manera que, desde hace más de ocho siglos, se lleva a cabo en la Isla de Murano. Para ello se trajo de su país natal tanto la mano de obra como los equipos necesarios para dotar la fábrica. A pocos minutos de la capital, en las frescas montañas de los Altos Mirandinos, se levantó ICET Arte Murano, sitio donde se da vida a este delicado y colorido arte. Aún en la actualidad se conserva el secreto de las minuciosas mezclas y las proporciones exactas de las sustancias que le dan color y resistencia al cristalino material. Los descendientes del fundador guardan celosamente este legado que, una y otra vez, hace florecer al vidrio en sorprendentes objetos de excepcional belleza.


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