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Hemoglobina en picada

Aunque con frecuencia es desestimada, la anemia es una enfermedad que puede llegar a causar graves trastornos en el organismo si no es tratada a tiempo. Aclare sus dudas sobre esta afección y conozca todo lo que debe hacer para evitar su aparición. María de los Angeles Herrera

La anemia es una de las afecciones nutricionales más frecuentes en el mundo. Para este año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de dos mil millones de personas padecen de anemia por falta de hierro, cifra que resulta bastante alarmante si se toma en cuenta que, en realidad, esta anomalía puede tener múltiples orígenes, que no sólo tienen que ver con la carencia de este mineral. Más preocupante aún, es el hecho de que una persona puede tener anemia y no saberlo, pues los síntomas comienzan a notarse en fases avanzadas de la enfermedad, por lo que es fundamental acudir al médico de forma periódica para detectarla a tiempo, sobre todo en los niños, adolescentes, ancianos y mujeres embarazadas, que suelen ser los grupos más vulnerables.

Contrario a lo que muchos creen, la anemia no sólo está presente en las naciones en vías de desarrollo. Países como Estados Unidos y España también cuentan con un gran número de casos, debido a las deficiencias nutricionales que poseen muchos de sus habitantes, problema que tiene su origen en la mala alimentación, especialmente en el frecuente consumo de comida chatarra. Joaquín Inaty, hematólogo y presidente de la Fundación Venezolana contra la Anemia (Fundanemia), señala que aunque no se disponen de cifras exactas, en el país la situación es preocupante, sobre todo por el repunte de la anemia por déficit de hierro, que dentro de los tipos existentes, es la más común. Respecto al caso venezolano, la página web de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) explica que ese aumento se debe, en gran parte, a “los cambios estructurales en la disponibilidad de alimentos y al deterioro de los patrones de consumo dietético observados durante la última década”.

Bajo lo normal
La anemia es una afección producida por la disminución sustancial de la concentración de glóbulos rojos en la sangre o de la hemoglobina presente en ellos; ambos elementos son esenciales para transportar el oxígeno a los diferentes tejidos del organismo, es por esto que cuando una persona padece de anemia hay una falta de oxigenación en la sangre, que viene dada por una baja en la cantidad de glóbulos rojos o porque la hemoglobina que contienen es insuficiente para realizar adecuadamente el proceso. Este padecimiento puede producir fatiga, cansancio muscular, dolor de cabeza leve, palidez, mareos y falta de concentración; sin embargo, lo más común es que los síntomas aparezcan de manera gradual y que la persona se habitúe a ellos, atribuyéndoselos a problemas tan comunes como el estrés o el exceso de trabajo. Los casos más graves de anemia, cuando la hemoglobina se encuentra por debajo de 8 gramos por decilitros (gr/dl), pueden provocar taquicardia, hipotensión y debilidad extrema, síntomas que, generalmente, son los que ocasionan la consulta a un especialista.

Existen muchos tipos de anemia, que guardan una estrecha relación con la causa que produce la enfermedad. Aunque las más comunes tienen que ver con deficiencias nutricionales, especialmente por la reducción de los niveles de hierro, vitamina B12 y ácido fólico; también es posible que se presente por hemorragias severas, trastornos que ocasionan una producción escasa de glóbulos rojos o un aumento en su destrucción e, incluso, por enfermedades hereditarias que generan alteraciones en sus estructuras.

El tratamiento de la anemia debe estar orientado hacia la desaparición de la causa que la origina. En algunos casos, dependiendo de la severidad de los síntomas y de los signos del paciente, es necesaria una transfusión de sangre, si se desea un incremento rápido en los valores de glóbulos rojos; pero hay otros casos que se pueden beneficiar con el uso de un medicamento llamado eritropoyetina, que es similar a la sustancia que el cuerpo produce de forma natural para propiciar el aumento del número de glóbulos rojos.

Organismo en equilibrio
En virtud de que las anemias carenciales son las más comunes, es importante que sepa cómo mantener un buen nivel de vitaminas y minerales en el organismo:

l Deficiencia de hierro: la OMS estima que cerca de 90 por ciento de los casos de anemia en el mundo se deben a la caída de los niveles de hierro, lo cual, generalmente, es motivado por una alimentación con escasas cantidades de este mineral (la dieta promedio contempla seis miligramos de hierro por cada mil calorías); pero esta carencia también puede deberse a hemorragias, pérdida de sangre gradual a través del aparato gastrointestinal y menstruaciones profusas, especialmente durante la premenopausia.

Pueden pasar meses antes de que un individuo presente síntomas de esta deficiencia, puesto que en la primera fase el organismo agota las reservas de la médula ósea y produce menos glóbulos rojos, que con el tiempo comienzan a ser cada vez más pequeños, y es allí cuando se evidencian las complicaciones.

Los productos de origen animal, sobre todo la carne, son la mejor fuente de hierro; aunque existen otros de origen vegetal, como las lentejas y las espinacas, que son ricos en este mineral. Hay sustancias que impiden la absorción del hierro cuando se ingieren junto con los alimentos que lo contienen, entre ellas las fibras vegetales, los antiácidos, los preparados ricos en calcio e, incluso, el consumo de té o café con las comidas; por el contrario, la vitamina C refuerza el proceso.

l Deficiencia de vitamina B12: puede ocurrir por padecimientos como crecimiento bacteriano anormal en el intestino, dietas vegetarianas estrictas, fallas en la absorción o falta de acidez estomacal pero, generalmente, la causa es la carencia del factor intrínseco, una proteína producida por el estómago que contribuye a que la vitamina pase al torrente sanguíneo. La falta de vitamina B12 genera anemia perniciosa, enfermedad muy frecuente en países europeos, que resulta peligrosa por su avance paulatino: pueden pasar de dos a cuatro años desde que el organismo dejó de absorber la vitamina para que las reservas del hígado se agoten y se desarrolle el trastorno, que puede ocasionar síntomas diversos, desde debilidad y pérdida de apetito, hasta estreñimiento y diarrea intermitentes, dolor abdominal y adormecimiento de manos y pies.

Usualmente se recomiendan suplementos de vitamina B12 (orales o inyectados); además de la ingestión de proteínas de origen animal, como carne, pescado, huevos y productos lácteos.

l Deficiencia de ácido fólico: es más frecuente en el mundo occidental que el de vitamina B12, y viene dado por fallas en la absorción, producto, entre otras cosas, de la mala alimentación, la ingestión de ciertos fármacos —como los antiepilépticos y los anticonceptivos orales—, el consumo excesivo de alcohol, el embarazo y la lactancia materna. Una dieta sin ácido fólico puede provocar la aparición de anemia en poco tiempo, debido a que el organismo sólo guarda una pequeña cantidad de esta vitamina en el hígado. Esta sustancia está presente en carnes, verduras y frutas frescas, pero la cocción generalmente la destruye, por lo que debe procurarse la ingestión de alimentos crudos, tomando en cuenta las normas de higiene necesarias.

Adiós a los mitos
Muchos son los comentarios que se hacen sobre la anemia. Entérese de cuál es la verdad en torno a algunas de las afirmaciones más comunes.

La culpa es de los parásitos. Aunque la presencia de parásitos puede ocasionar la pérdida gradual de sangre —por la succión que éstos realizan dentro del intestino— y entorpecer el proceso de absorción de vitaminas y minerales, es más frecuente que la anemia se deba a mala alimentación; y, en el caso específico del hierro, es más común que las menstruaciones intensas, las hemorroides y las úlceras gástricas sangrantes sean la causa del déficit de este mineral.

Suplementos de hierro. El hierro no es la panacea en el tratamiento de la anemia, pues ésta puede deberse a la carencia de otros minerales y vitaminas. Adicionalmente, el consumo de hierro en grandes cantidades tiene un efecto negativo, pues irrita el estómago y puede formar úlceras, causar indigestión y estreñimiento, por lo que sólo debe ser administrado en las cantidades sugeridas por el médico.

Todos somos iguales. Muchos podrían pensar que los valores sanguíneos de hombres y mujeres deben ser evaluados por igual; sin embargo, la pérdida mensual de sangre que tienen las mujeres en edad reproductiva hace que los niveles de glóbulos rojos y de hemoglobina disminuyan.

¿Y los vegetarianos? Las personas que no consumen proteínas animales, como carne, pescado, huevos y lácteos, no pueden mantener en equilibrio sus valores internos, a menos que consuman suplementos que les proporcionen los minerales y vitaminas requeridos.

Exceso de alcohol. El beber frecuentemente puede ocasionar anemia. Aunque suene poco creíble, las personas que consumen alcohol en grandes cantidades son propensas a desarrollar gastritis, enfermedad que puede dañar la mucosa intestinal, lo cual interfiere con el proceso de absorción de nutrientes, vitaminas y minerales. Por otra parte, es usual que las personas que ingieren alcohol tengan una alimentación deficiente, carente de los nutrientes que el organismo necesita para funcionar adecuadamente. l

mherrera@eluniversal.com

 

No son sinónimos

La hemoglobina, los hematocritos y los hematíes son determinaciones utilizadas en el diagnóstico de la anemia. Aunque todos están íntimamente relacionados, los exámenes sanguíneos los muestran como valores distintos. He aquí las principales diferencias:

l Hematíes: son los glóbulos rojos que transportan el oxígeno desde los pulmones hacia los diferentes tejidos del organismo. Los rangos ideales deben ubicarse entre 4 y 5 millones por milímetros cúbicos (mm3).

l Hemoglobina: es una sustancia orgánica compleja, compuesta principalmente por hierro y proteínas, que se encarga de transportar el oxígeno dentro de los glóbulos rojos. Los rangos de referencia varían entre 12.5 y 16.5 gramos por decilitro (g/dl) para los hombres, y 11.5 y 15 para las mujeres.

l Hematocritos: es la proporción de glóbulos rojos y plasma dentro
de la sangre. Lo ideal es que el valor se ubique entre 36 y 55 por ciento.

Contacto local
La Fundación Venezolana contra la Anemia (Fundanemia) fue creada recientemente con el propósito de educar a la población y lograr que tome conciencia sobre la importancia de la prevención, como medida para reducir el impacto de la enfermedad. Además de la realización de charlas y de la organización de actividades en las comunidades de menores recursos, la fundación organiza jornadas gratuitas para la detección de este padecimiento.
Para mayor información puede visitar la página web www.fundanemia.org.ve o llamar a los teléfonos 409.0205 y 0416 622.8398.
Casos especiales

El hematólogo Joaquín Inaty señala que existen grupos que, por sus condiciones particulares, son más propensos a padecer de anemia, por lo que requieren de dietas balanceadas, que contemplen alimentos de todos los grupos y que sean ricas en vitaminas y minerales:

Niños: debido a que están en pleno proceso de crecimiento, los infantes tienen mayores necesidades nutricionales, que de no ser oportunamente cubiertas desencadenan la enfermedad. Los niños son el grupo que más se ve afectado por la anemia, pues dificulta su desarrollo motor, su rendimiento escolar y su capacidad de prestar atención y memorizar información.

Mujeres embarazadas: tienden a sufrir de bajos niveles de hierro, debido a la absorción de nutrientes que realiza el feto; adicionalmente, pierden fluidos a través de los vómitos que se presentan durante la gestación, y sangran profusamente durante el proceso de parto. El riesgo es mayor en las mujeres que tienen varios embarazos consecutivos —situación muy común en Venezuela—, debido a que el organismo no tiene tiempo de sobreponerse a las carencias alimentarias.

Ancianos: las personas de la tercera edad, con frecuencia, padecen de enfermedades crónicas, pérdida de apetito, problemas en la masticación y deglución de los alimentos, situaciones que aumentan el riesgo de falla en el proceso de absorción de los nutrientes.

Fuentes consultadas:
l www.fredmeyer.com
l Manual Merck de información médica general
l www.entornomedico.org
l http://escuela.med.puc.cl/
l http://medlineplus.gov/spanish
l www.contusalud.com
l http:// saludhoy.colserer.com
l www.alimentacion-sana.com.ar
l www.clarin.com

 
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