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Martirio
“Soy de cabaña y de palacio”
La cantaora que decidió combinar mantillas y peinetas con lentes
oscuros, tiene ya 21 años dándole a la canción tradicional española
matices de modernidad. A pocos días de su presentación en Venezuela, Estampas conversó con ella en exclusiva. Pablo Blanco
Salgo a escena como una guerrillera de la belleza, limpia de corazón y de cabeza. Antes de comenzar a cantar, pido ayuda a los seres superiores y a la diosa música y digo... ‘¡Venga!’. Con los cristales puestos, parece que nadie me ve. Es como si me cantara hacia adentro, o mejor, como si le estuviera cantando, a cada uno, a la oreja”.
Es la voz de Martirio, esa cantaora nativa de Huelva que decidió darle a la tonadilla española aires de vanguardia. Acoplados es el nombre de su más reciente trabajo musical junto al maestro manchego del jazz Chano Domínguez. “Es una recuperación de los grandes clásicos de la música española del siglo XX en clave de blues. La copla aporta poesía, histrionismo, lírica, historia y melodía. El jazz entrega sus toques de improvisación y supone la libertad que hace que las letras adquieran otra dimensión, lo cual le da, a cualquier artista, un abanico expresivo ilimitado”. La idea, que trajo consigo el término tonadijazz, fue congratulada, recientemente, con el Premio de Academia de la Música Española, otorgado a ambos artistas, por la Sociedad General de Autores de Palma en la categoría de Mejor Album de Canción Española. Para deleite de los venezolanos, este experimento musical, grabado por Domínguez y Martirio, podrá ser apreciado en vivo y directo, el próximo martes 27 de septiembre, a las ocho de la noche, en la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño, como parte de una gira latinoamericana, y a propósito de la celebración de los 30 años de la Emisora Cultural de Caracas. Todo lo anterior conforma la excusa perfecta para llamar a Martirio a su residencia en Madrid. El enigma detrás de los lentes
Tomó menos de un minuto comunicarse, telefónicamente, con el Viejo Continente para conversar con María Isabel Quiñones, como es el verdadero nombre de esta artista, de 51 años, quien manifestó una gran voluntad de seguir siendo una persona anónima. Con un pegajoso acento andaluz, Martirio se mostró esquiva, inteligente y simpática. Hizo gala, además, de un exquisito sentido del humor que le permite hablar, cotidianamente, en metáfora. Quizás, su esencia radica en la combinación de elementos dispares pero compatibles: la tradición y la modernidad, la timidez y la fortaleza, la peineta y los lentes, la copla y el jazz...
“Es que yo soy de cabaña y de palacio, hijo. Igual puedo cantar en un gran escenario o en un espacio limitado, en el que se me presente cierta dificultad. Yo me adapto, me amoldo... Lo del nombre de Martirio lo decidí porque, literalmente, le canto a la gente la verdad en su cara. Mis canciones son claras, directas y rompedoras. Y eso, en definitiva, es un martirio. Además, la palabra significa ‘testigo’, en griego, y yo he sido una testigo de mi tiempo”.
La respuesta a la pregunta sobre su nombre artístico era simple. Descartó toda suposición anterior sustentada en un posible homenaje al personaje homónimo de la obra La Casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca. Martirio, la hermana menos agraciada, la que no se casó, la depresiva, la pesimista. La asociación no la dejaba bien parada, pero no fue gratuita, ya que, en 1981, Quiñones debutó en la escena musical con el grupo de protesta andaluz Jarcha, el cual fusionaba el folclor con lo posmoderno. Precisamente, la banda bautizó uno de sus discos con el elocuente título de A la memoria de Federico García Lorca.
“Digamos que comencé a hacer música cuando ya habían pasado muchas cosas en mi vida. Me casé a los 18 años y tuve mi primer hijo a los 19. Siempre se me había dado lo de cantar por intuición. Mi infancia en Huelva estuvo rodeada de cariño y afición por la música. No en vano, mis padres se conocieron cantando zarzuela. Mi debut con Jarcha se dio cuando ya tenía 25 años y estaban en mí todas las influencias del rock, el pop y, por supuesto, el flamenco. La idea de unir géneros musicales es algo que he venido desarrollando durante toda mi carrera. Todo lo que se me ocurre, lo anoto en un cuaderno, que, hasta hoy, siempre llevo conmigo”.
Fue así como, de sus anotaciones, surgieron trabajos musicales con distintas propuestas discursivas y musicales. Estoy Mala, su primera producción en solitario en los vanguardistas ochentas, dio paso, en los noventas, a álbumes más románticos como He visto color por sevillanas y Coplas de Madrugá, su primer coqueteo con el blues, y por primera vez junto al piano de Chano Domínguez, con quien visitó el Aula Magna de la UCV en septiembre de 2000, poco después de su debut en este país en junio del mismo año. Una vez culminada la gira Acoplados, planea grabar un disco junto al maestro cubano José María Vitier, para la Fundación Autor de Poesía Lírica Española y Latinoamericana. Según comenta, la música de este continente es otra de las cosas que le apasiona.
“Yo creo que más temprano que tarde improvisaré algo con algún género musical venezolano. Mi gusto por vuestra música no me deja más remedio que entregarme al polo o la malagueña. Por otro lado, he sido fan de Soledad Bravo desde que tenía 20 años. Sólo de oír sus discos he aprendido a cantar. También soy una gran admiradora de artistas como Simón Díaz, Cecilia Todd, Huáscar Barradas y Neise Peña, quien, además, es una gran amiga”.
La cantante de guardia
Con amigos, charlas y comidas, Maribel ocupa lo que le queda de tiempo libre, aunque no es mucho, según cuenta. Se autodefine como “la cantante de guardia”, ya que no para de investigar sobre el folclor de su tierra y el de las ajenas. De su vida personal se enumeran un divorcio y un hijo. Este último lidera la banda Son de la frontera, con la cual la artista planea grabar una producción próximamente. De amores habla con serenidad, pero siempre de manera genérica, manteniéndose oculta tras sus gafas.
“Ahora mismo estoy en ese estado maravilloso de tranquilidad del amor que ya se fue. ¿Sabes a lo que me refiero? Es ese momento donde tú dices ‘pero qué bien estoy ahora’. Sin embargo, siempre procuro que mis separaciones terminen bien, para luego poder ser amiga de toda la gente que he amado. Cuando las cosas se enfrían, es bueno retomar a esa persona como esa parte de tu vida que siempre va a estar ahí. ¿Lados vulnerables? Tengo muchos todavía, gracias a Dios (risas). Es que cuando ya se tiene tiempo de vida no importa decir las vulnerabilidades. No pasa nada...”.
Esas vulnerabilidades salen a flote en La vuelta a Martirio en 40 trajes, su primera, y, hasta la fecha, única incursión editorial, una de esas pocas cosas que se saben sobre la construcción de este enigmático y teatral personaje que tiene una visión del amor marcada por las creaciones copleras. Entre otras cosas, también se sabe que su peinetero la acompaña desde hace 25 años, que sus vestidos se los diseña, últimamente, ella misma y que, de los artistas contemporáneos, le gustan jóvenes exponentes del hip hop hecho en España como Junior y Bebe. También tiene breves incursiones cinematográficas con directores no comerciales, aunque dada su apariencia no es difícil imaginarla en una película de Pedro Almodóvar, con quien nunca ha trabajado. Su próximo invento musical la llevará a cantar la copla en inglés. No tiene temor a las críticas, en este sentido, y confía en que el mercado anglosajón tiene mucha “hambre” de flamenco. Su carácter reservado y elegante contrasta con esa Martirio “desnuda”, que ella dice asumir cuando canta las coplas de las cuales se siente protagonista. De hecho, ha confesado que la canción que más le gusta interpretar alude directamente a su físico: Ojos Verdes, de Rafael De León.
“Yo creo que me queda mucho camino por recorrer para poder irme de este mundo como yo me quiero ir: habiendo dado lugar a muchas cosas hermosas y siendo, sobre todo, sabia, que es lo que más me interesa. Mi lado fuerte es atreverme a hacer todos los días lo que hago, con ilusión y por encima de mis propias mediocridades. ¿Qué le diría a los venezolanos? ¿Qué más les voy a decir? ¡Que estoy loca por volver a veros!”. l
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