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La droga del amor

¡Qué intensidad! Pero, esa sensación de desmayo de las rodillas que tenemos cuando nos enamoramos,
¿puede durar?
Valerie Frankel

Resulta que estoy mentalmente enferma. Algunos aspectos de mi química cerebral actual se parecen a los de una persona que sufre un desorden obsesivo compulsivo. No he comenzado a apagar y encender las luces repetidamente, ni a evitar a toda costa pisar las rayas en el suelo. Sin embargo, me ha dado una fiebre por comprar productos de belleza y ropa interior. Paso una vergonzosa cantidad de tiempo viéndome desnuda. Mis síntomas clásicos —preocupación involuntaria, estados de ánimo cambiantes, susceptibilidad emocional, mayor conciencia de la sensualidad— llevan a predecir el diagnóstico. Estoy locamente enamorada, estoy en pleno enamoramiento. Es tanto un estado psicológico como fisiológico. Es también el estado que quisiera denominar “hogar”.

Para ese estado se usan términos como: amor romántico, estar loco de amor, enfermo de amor, perder la cabeza, amour fort. Puede verse también que hay cierta relación en las palabras loco, enfermo, perder la cabeza. En esta situación, el cuerpo se droga a sí mismo poderosamente con hormonas que crean una sensación de regocijo. El éxtasis se equilibra con el pánico y el pavor de que pueda terminar; y terminará. El enamoramiento tiene fecha de vencimiento. Según algunos cálculos, usted tiene suerte si dura 18 meses. Yo lo he vivido por un año. Cuando pienso en que se me va a pasar en seis meses, me duele el estómago, la cabeza y me da nerviosismo. Igual que un adicto a la heroína.

“Usted no presentará un síndrome de abstinencia”, dice Dorothy Tennov, PhD, autora del revolucionario libro Love and Limerence, publicado en 1979. “Además, 18 meses me parece poco tiempo. Si el enamoramiento es correspondido, puede durar hasta tres años. Pero no despertará sin sentir nada del enamoramiento al día siguiente de su aniversario. Es más bien un declive gradual”.

Helen Fisher, autora de Anatomy of Love, le da dos años. “Dos, tal vez tres. Durante esta etapa, que yo llamo estar locamente enamorado, usted experimenta un aumento de los niveles de norepinefrina y dopamina en el cerebro, al igual que testosterona, dado que se presenta también un enorme deseo sexual”, dice. “Cuando pasa a la fase del afecto, donde tiene un incremento de vasopresina y oxitocina, las otras hormonas regresan a su normalidad. La mayoría de las parejas en esta etapa tienen menos sexo que aquellas en la etapa del enamoramiento”. La frase “adicto al amor” se aplica a las mujeres y los hombres que desean ardientemente la excitación (y el sexo) del enamoramiento, y van flotando de un romance intenso al siguiente, dejando tras de sí una cantidad de personas que buscaban una relación duradera, con el corazón roto.

Una vez que ha salido del enamoramiento y los niveles de hormonas bajan, entonces se entra en la etapa del afecto o se hace lo contrario. “No uso la palabra desapegarse en mi investigación, pero eso es lo que sucede”, señala Fisher. “Cuando la persona está desconsolada, las hormonas cambian de nuevo. Obtiene otro impulso de dopamina. Eso hace que no sienta deseos de comer al comienzo y al final de una relación apasionada”. Fisher prefiere abstenerse de presentar la evolución de una relación como una sucesión de etapas. “Puede deslizarse del enamoramiento al afecto y viceversa”, dice. “Algunas relaciones comienzan con el afecto —una amistad con amor—y luego cambian al enamoramiento loco y al ardiente deseo sexual”.

El escenario clásico, el único que yo conozco, es enamorarse locamente al comienzo, relación que con el tiempo pasará a ser un compromiso placentero, o sufrir una devastadora ruptura. Un matrimonio cómodo —también lo conozco— es fenomenal. El afecto es un alivio, un refugio seguro. Para la mayoría de las personas, es la última recompensa. Pero yo no contemplaría las fases de afecto o la separación cuando la etapa en la que me encuentro es, como la denomina Tennov, “la de mayor regocijo, el tope de la euforia, caminar en las nubes”. Cuando tenía veintitantos años, siempre estaba con la vista en el futuro, insistiendo en que las relaciones avanzaran para que fueran satisfactorias. Mi meta entonces era progresar hasta el matrimonio. Ahora, cuando me acerco a los 40, trato de vivir el presente. Mi meta actual: sacarle el jugo al glorioso estado presente. Me quedan de seis meses a un año. ¿No hay una manera de alargar este período, de disfrutar más tiempo que el par de años previsto?

“Bueno, el enamoramiento puede ser interminable”, dice Tennov. “He entrevistado a individuos que han alimentado una obsesión hacia el objeto de su enamoramiento durante décadas”. ¿Cuál es el truco? “Sus sentimientos no eran correspondidos”, indica. “El objeto de su pasión les daba señales contradictorias, como por ejemplo ignorarlos durante meses y luego llamarlos. La esperanza, la confusión y la incertidumbre mantenían la situación. El fenómeno se define, en parte, por la sensación de perder el control. La persona enamorada no puede dejar de pensar en el amado. ¿Qué me quiso decir con eso? ¿Cómo puedo interpretar su tono de voz? ¿Cómo está respondiendo? Algunos psicólogos consideran que la obsesión prolongada por alguien que no nos ama es una patología denominada erotomanía”.
Sin embargo, ése no es mi caso. “Si su objeto de enamoramiento le corresponde, como su novio, éste no envía señales contradictorias, usted no experimenta incertidumbre, el amor es mutuo y el enamoramiento va disminuyendo. A no ser que quiera comenzar a fingir que no siente nada por él, o a hacerse la inaccesible, vendrá el fin”, añade Tennov. Noticias nada alentadoras.

Pero hay una esperanza
“Las barreras y los obstáculos en una relación alargan la euforia del enamoramiento”, indica Fisher. “Por ejemplo, suponga que uno de los dos está casado, o vive en otra ciudad. La dificultad es romántica. ¿Usted dice que su pareja viaja mucho por el trabajo? Eso está bien. El dolor de la partida y la alegría del regreso pueden prolongar esa etapa”. Eso podría comprarme unos seis meses adicionales.

Exploré otras opciones de adversidad. Siempre he tenido la habilidad de buscar peleas. “Una fuerte discusión puede intensificar el sentimiento, lo lleva a hacer un gran esfuerzo para arreglar las cosas”, apunta Fisher. Pero hay que tener cuidado: parte del enamoramiento está en el disfrute del descubrimiento. A medida en que conoce al objeto de su amor, lo que descubre lo impulsa a la próxima etapa. Si la ama más por lo que es realmente, entra en la fase del afecto. A la inversa, si ella resulta ser una loca, lunática que busca provocarle, la separación sería la decisión sabia. Efecto: se le resta seis meses al enamoramiento de todos modos. Sólo dolor, nada de ganancia.

Otros factores que le restan vida a esta etapa de arrobamiento son: irritación crónica, intereses y metas disímiles, disfunción sexual, antipatía de cada uno por la familia y amigos del otro, miedo a perder la libertad personal e identidad, traer al presente decepciones de relaciones pasadas, incapacidad de discutir de manera productiva. Esta es una lista de las principales causas (y sin duda la perspectiva de ir más allá del embeleso es atemorizante, hay muchos asuntos que pueden hacer estallar la burbuja). El factor que encabeza la lista, según Fisher, es “el aburrimiento, la falta de novedad. Ustedes tienen que tener aventuras continuamente, hacer cosas nuevas juntos. No tienen que ser grandes cosas o implicar un enorme gasto. Si puede introducir constantemente nuevas experiencias en la relación, puede alargar el romance, o incluso mejor, vivir un arranque de ese viejo sentimiento dentro de la etapa de afecto”.

Mi novio y yo tenemos muchas buenas ideas para hacer cosas nuevas juntos. Por ejemplo, él quiere enseñarme cosas relacionadas con la ópera y la música clásica. Pero cada vez terminamos obviando los planes y haciendo las mismas cosas de siempre, en el mismo lugar, cada noche.

“Bien, hablemos del sexo”, contesta Fisher. “Quiero hacer una distinción entre el ardiente deseo sexual y el enamoramiento. Tener un ardiente deseo no significa estar enamorada. Muchas parejas comienzan con una pasión sexual y luego pasan al arrobamiento. Sin duda, usted puede enamorarse sin sexo. Pero enamorarse dispara su impulso sexual. De repente, todo lo que su novio hace es sexualmente atractivo. Tiene altos niveles de dopamina en su cerebro, y desea hacerlo constantemente. Puede ser que eso sea lo que más tema perder, la razón por la cual desea detener la etapa del arrobamiento”. No admito nada. “No tiene que perder el deseo. Hay una gran cantidad de maneras de experimentar sexualmente, y vivimos en un mundo en el que hay una enorme riqueza de información fácilmente accesible sobre cómo hacerlo”.

Entonces, ¿la pornografía en Internet puede regalarme unos cuantos meses más de infusión de testosterona? Naturalmente, estoy dispuesta a probar todo. Fisher también insta a prolongar el enamoramiento con mejoras en la apariencia física. Quizás perder unos kilos y eliminar algunas canas me proporcione otro año. Al combinar eso con los frecuentes viajes de mi pareja y nuestras futuras aventuras nuevas, aumentaré mi potencial para el arrobamiento a un gran total de cinco años.
Los doctores no respondieron favorablemente a mis cuentas. “Algunas personas nunca se enamoran”, indica Tennov. “No se sabe por qué, pero no pueden experimentar la sensación de estar locamente enamoradas; y para la mayoría de los enamorados, el sentimiento no es correspondido. La pasan muy mal”.

“Dejar una etapa no es el fin”, dice Fisher. ¿Es acaso un nuevo comienzo? “Mi opinión es que las relaciones pueden fluir. Usted puede ir de una etapa a otra si es capaz de ponerle energía y atención a la relación”. Obviamente, no se puede pasar fluidamente de la separación a cualquier otra cosa anterior. Supongo que una podría romper y después regresar con la pareja, pero entonces el amor no tendría el mismo entusiasmo del embeleso. Además, advierte Fisher, poner demasiado esfuerzo en mantener el estado de una relación podría generar problemas (y no del tipo de las “peleas románticas”). Fisher me dice que debería dejar que el enamoramiento siga su curso y disfrutarlo al máximo. ¿Quién sabe? Tal vez cuando termine, ya lo haya disfrutado lo suficiente. Les contaré, en cuatro años. l


 
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