| “Un campesino paciente se casó con una mujer con fama de tener un carácter muy fuerte. Todos en el pueblo comentaban que ese matrimonio no duraría mucho pues la novia era malcriada y no respetaba a ningún hombre. De regreso a la finca, después de la ceremonia, la mula en la que se transportaba el novio trató de tumbarlo y él le dijo muy tranquilo ‘va una’. Más adelante volvió a pasar lo mismo y, sin molestarse ni alzar la voz, le dijo a la mula: ‘van dos’. Llegando a un riachuelo la mula brincó de nuevo y esta vez sí lo tumbó. El jinete le dijo: ‘van tres’, y a la primera persona que se cruzó con ellos en el camino se la regaló. La mujer, muy molesta ante la incomprensible acción de su nuevo marido, le comenzó a gritar: ‘Bruto, tú no sabes lo que me costó ese animal. ¿Qué has hecho? ¿Eres tarado? ¿Qué te pasa?’, y comenzó a tirarle cuanto tenía a la mano. El se le quedó mirando fijamente y, sin levantar la voz, le dijo: ‘va una’. Cuenta la leyenda que a partir de ese momento la pareja se respetó mutuamente y vivieron felices por siempre”.
Debido al estrés del ajetreo diario y a las presiones a las que estamos sometidos, en el trabajo, en el tráfico o en la calle, nuestro margen de tolerancia se vuelve muy pequeño, haciendo que perdamos la paciencia con nuestros seres queridos, en especial con nuestros hijos pequeños que terminan siendo las víctimas más grandes de nuestro descontrol. Lamentablemente terminamos gritando o maltratando a las personas que más amamos. Cuando maltratas a tus hijos física o psicológicamente, su autoestima se debilita, pierden la confianza en sí mismos, se convierten en personas tímidas, resentidas y hasta agresivas, perdiendo su sonrisa y la posibilidad de ser felices. Por ninguna razón castigues a tus hijos con violencia o usando la humillación, nunca les grites o los intimides, pues te tendrán miedo y se alejaran de ti. Evita la manipulación o la agresión psicológica, no los compares, no los amenaces ni los hagas sentir menos que nadie. ¡Amalos!
¡Los hijos son un préstamo que nos hace la vida! Cuando los recibimos, asumimos una responsabilidad, con nosotros mismos y con el universo, de cuidarlos, educarlos y amarlos incondicionalmente. Maltratarlos física o psicológicamente los marcará para toda la vida.
Todos los extremos son negativos. Por ejemplo, algunos padres piensan que es positivo dejar que sus hijos hagan lo que quieran, sin establecer reglas o límites algunos para educarlos y protegerlos. De esta manera se permite que se conviertan en pequeños tiranos que con su mal comportamiento afecten a sus compañeros, a sus familiares, incluso a ellos mismos. En estos casos será la vida la que encuentre el instrumento y la situación perfectos para enseñarles otra manera de vivir.
Como padres debemos estar siempre de acuerdo en lo que vamos a enseñar o a decirles a nuestros hijos, para que comprendan que tenemos una sola posición; esto les dará seguridad y estabilidad. Al momento de reprenderlos, recordemos que las acciones son más efectivas que las palabras, porque los niños entienden la relación entre causa y efecto.
Un correctivo firme e inmediato hará que los niños entiendan que su mala conducta tiene una consecuencia.
Para corregirlos
El aislamiento. Apenas comience la pataleta, lleva o envía a tu hijo a su cuarto. Hazlo sin regañarlo o sin justificarte, dile que estará ahí hasta que se calme. Una vez que se tranquilice, levántale el castigo. No lo pongas en un lugar donde tenga juguetes o televisión, pues debe ser un sitio aburrido. Nunca lo dejes en sitios oscuros ni peligrosos y, aunque no le hables, es importante que él sepa que tú estás cerca.
Corta la comunicación. Si tu hijo comienza un show, vete a tu cuarto o al baño inmediatamente, sin alterarte y sin decirle nada. Al darse cuenta de que no tiene público presente tendrá que acabar su función. No cedas ante el embrujo de su ternura; si lo haces una vez perderás el respeto y la autoridad.
La responsabilidad es compartida. No dejes que tu pareja evada su responsabilidad de educar a los hijos y que ésta recaiga sólo sobre ti. Es importante que ambos participen en su educación y desarrollo. La congruencia, la tolerancia y la flexibilidad son necesarias al momento de enseñar a nuestros hijos.
Tómense un tiempo como pareja. Enséñales a los niños que hay un tiempo para ellos, en el cual dejamos todas nuestras ocupaciones para atenderlos y acompañarlos, pero que también existe un tiempo para ustedes, que ellos deberán aprender a respetar. l
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HOLA, MAYTTE. Desde muy joven he sido una persona un poco indecisa, pero siento que ahora me está afectando en casi todas las áreas de mi vida. Cada vez que tomo una decisión vienen a mi cabeza una cantidad de razones negativas del porqué no debo hacerlo, haciendo que me sienta completamente bloqueada. Pienso que la vida siempre acaba decidiendo por mí. ¿Qué puedo hacer? MG
No tomar ninguna decisión conscientemente, para quedarnos quietos en la misma situación, también es una forma de decidir. En algunos casos una de las razones por las que las personas no toman decisiones es porque no quieren o no se sienten preparadas para asumir la consecuencia de sus elecciones, y prefieren que los demás asuman la responsabilidad. A las personas a las que les cuesta mucho tomar decisiones les falta autoestima.
Algunas herramientas que puedes usar: •Visualiza el futuro. Imagina lo que sucederá si tomas una u otra decisión. Luego analiza las ventajas y las desventajas de cada posibilidad y elige la mejor.
Recuerda que nunca podremos alcanzar la certeza absoluta de que las cosas ocurrirán como lo pensamos, por eso tenemos que estar abiertos para lo inesperado, sin pensar que hemos fracasado.
•Asume riesgos. ¡El que no se arriesga no pierde, pero tampoco gana! Anímate a tomar pequeñas elecciones y en la medida en que lo hagas ganarás seguridad y confianza en ti misma. Pregúntate: ¿qué es lo peor que puede pasar?, proyéctalo y resuélvelo para que puedas afrontar el riesgo con más seguridad. Cambia la imagen que tienes de ti misma. Deja de repetir mentalmente ¡No soy capaz de tomar decisiones!, y crea frases afirmativas que te ayuden a superarlo. Nadie sabe de lo que es capaz hasta que lo prueba.

SEÑORA MAYTTE, llevo tres años de matrimonio y siempre he sido muy independiente, mi esposo dice que más bien soy dominante, pero yo no lo creo así. El siempre quiere tener la razón y manejar la relación, si no se la doy se forma tremenda discusión. La situación se está volviendo insoportable y ya no salimos de una continua pelea. Yo lo quiero mucho, ¡pero esto no es vida! RC
En estos casos es bueno pensar en que más importante que tener siempre la razón es compartirla con otros, si esto nos ofrece paz y armonía. Algunas personas dicen que para solucionar un desacuerdo ambos tienen que negociar, para que la relación continúe en mejores términos. Pero yo creo que algunas veces hay que estar dispuesto a ceder, aunque sepamos que tenemos la razón, pues en el terreno del amor entregar significa hacerle un regalo al otro, y como somos una sociedad, el beneficio de esta acción siempre regresará a nosotros.
¿Qué es lo que queremos de un relación de pareja? Sentirnos a gusto en compañía de la otra persona, querer y ser queridos, ser aceptados y reconocidos, crecer y madurar juntos, respetando nuestras diferencias. Una relación de pareja es un jardín donde plantamos, cuidamos y recolectamos la más maravillosa de las cosechas, nuestro propio ser.
Es tiempo de cambiar juntos las reglas del juego, te sugiero que busques la oportunidad de sentarte con él a conversar sobre la relación, que establezcan acuerdos que los involucren y los tomen en cuenta a los dos. Recuerda que deben evitar juzgar, señalar o criticar el comportamiento o la actitud del otro. Si prevalece el amor y el deseo de compartir la vida juntos podrán transformar esta situación difícil y convertirla en una experiencia positiva de la vida.

MAYTTE, mi esposo está pasando por una situación muy difícil, pues perdió el hijo mayor de su primer matrimonio. Siempre está como en otro mundo y en estas noches lo oí llorar, aunque trataba de no hacer ruido. Me asusté mucho pues nunca lo había visto así. Estoy desesperada. ¿Podría usted darme una cita para que nos ayude en este problema? TL
Mi querida amiga: hace ya mucho tiempo que no doy citas personales, no dispongo del tiempo para hacerlo. Generalmente respondo a algunas inquietudes de mis lectores a través de esta página en Estampas, y por medio de la Fundación hacemos unas reuniones públicas, en donde contesto a las personas que asisten y que lo necesitan.
En cuanto a tu esposo, está viviendo una de las situaciones mas difíciles de superar: la pérdida de un ser querido. El tiempo es la mejor medicina para aceptar y recuperar la fortaleza y la alegría de vivir. Permítele que viva su duelo, acompáñalo y compréndelo. Dale su espacio sin presionarlo, que llore es la señal de que está viviendo su duelo y sacando su dolor. Tu esposo debe ser una persona noble que no te quiere hacer sufrir, que reprime sus sentimientos, para no afectar a otros con ellos. Estoy segura de que pronto sanará su alma. Dale tu apoyo y amor, pues ahora te necesita.
maytte@maytte.com
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