El POSEIDON
está de vuelta
Debieron pasar 34 años para que la gran ola volviera a atacar a la lujosa embarcación recreada en su momento por “el rey de los desastres” Irwin Allen. En esta oportunidad es el alemán adoptado por Hollywood Wolgang Petersen quien toma el timón para narrar una historia que —según asegura— tiene la prioritaria intención de colocar en el tapete de estos convulsionados tiempos una pregunta obligada: ¿Qué haría usted en una situación extrema de supervivencia?
María Elisa Espinosa. Los Angeles. Enviada especial. Fotos: Cortesía Warner Brothers Pictures

Ni falta hará decirlo, pero tampoco está de más: si hay alguna generación que tenga especial expectativa en torno a la película Poseidón de Wolfgang Petersen —que ya se exhibe en las salas de cine venezolanas— no quedan dudas de que es aquella que fuera testigo de primera fila de la versión original, Las aventuras del Poseidón (Ronald Neame, 1972), donde una inolvidable Shelley Winters pasada de kilos daba todo por el todo (de hecho, esto le mereció ese año una nominación al Premio de la Academia), al sumergirse bajo el agua para tratar de superar uno de los tantos obstáculos en una carrera contra el tiempo vivida, ¡para colmo de males!, en un barco literalmente puesto “patas arriba”.
El detalle de si Winters (en el rol de Belle Rosen, una adorable pero a la vez débil abuela judía que junto a su esposo se propone visitar a su nieto en Israel) lograba o no salvarse en aquel drama de la ola feroz que volteó por completo al legendario crucero en plena alta mar, de seguro permanece intacto en el disco duro de su más fiel audiencia de inicios de los años 70, década durante la cual justamente el productor responsable del film, Irwin Allen, catapultó el género de ciencia ficción —y muy particularmente aquellas películas que versaban sobre desastres— a la categoría de estruendosos éxitos taquilleros. ¿Cómo olvidar acaso otros títulos de su propia cosecha como Aeropuerto, Infierno en la torre y Terremoto?
Dicho esto, no extrañará que el más hollywoodense de los cineastas alemanes, Wolfgang Petersen (The Never Ending Story, Air Force One y Troya, entre otras), se ocupe de advertir que su Poseidón filmado en pleno tercer milenio está lejos de ser un remake de aquella película. El prefiere el término “versión” y explicó el por qué en un encuentro que, para tranquilidad de la prensa internacional asistente, sostuvo en las aguas mansas de un hotel de Beverly Hills junto a parte del elenco: “Yo no quise hacer la repetición de una película en la manera clásica que conocemos por remake, donde la historia que se cuenta es la misma y los personajes también. A mí ni siquiera me interesaba detallar mucho sobre quién era cada personaje, cosa que sí hace la película de 1972”, compara el alemán.
En todo caso, la fórmula de Petersen tuvo más que ver con su posición particular en cuanto a cómo confrontar el tema de los desastres, a propósito, por cierto, de que algunos no han sido precisamente cuentos de ficción: “Lo del 11-S en Nueva York y, seguidamente, lo del tsunami en Asia y Katrina en New Orleans, nos ha puesto a pensar más seriamente sobre este asunto... Personalmente tenía la sensación de que sería muy bueno para la audiencia conectarse con los temores que generan todos aquellos eventos que no se pueden predecir, bien sean causados por el terrorismo, la naturaleza o lo que fuera”, sentencia el director (también uno de los productores de esta película de Warner Brothers Pictures), a la hora de explicar cómo es que no le quedaron dudas de que su nuevo film podría resultar un éxito de taquilla, independientemente de que la idea original date de una década bien lejos de parecerse a los tumultuosos tiempos que corren hoy.
Juntos y revueltos. Lo primero que hicieron los responsables de la nueva versión de Poseidón antes de proceder a preparar todo lo que se les vendría encima (no poca cosa, por cierto, pero sobre todo agua y fuego), fue plantearle varias preguntas a la humanidad: ¿Qué haría usted si el mundo se le voltea hacia arriba? ¿Sería un líder con coraje o sería quien lo sigue detrás? ¿Caería en pánico? ¿Renunciaría o se mantendría firme?
La respuesta la dieron a través de un guión escrito por Mark Protosevich (La Célula) basado, como en el caso de La aventura del Poseidón, en la novela de Paul Gallico, aunque la nueva historia —tal como no se cansa de aclarar su director, pues tampoco se cansan de preguntarle los periodistas— apenas toma de la idea original el argumento central. A saber: un crucero de lujo es abrazado por una gigantesca ola justo cuando celebran el Fin de Año en el gran salón de baile, dejando a su tripulación y a sus cientos de pasajeros en la difícil situación de sobrevivir en un espacio donde lo que estaba arriba antes, ahora está abajo, y viceversa.
Más allá de eso, habrá que insistir en que no aparece en pantalla, por ejemplo, el sacerdote con dotes de liderazgo encarnado en 1972 por Gene Hackman, como tampoco el conflictivo ex policía personificado por Ernest Borgnine, ni la —para entonces— muy joven Pamela Sue Martin tratando de sobrevivir junto a su hermanito. Y mucho menos se llega a ver el personaje de la entrañable Winters, aunque el destino fatal de la señora Rosen sí lo detenta alguien en el nuevo guión de la película (el ¿quién? tendrá que descubrirlo usted acudiendo a verla).
Lo cierto es que el film Poseidón de 2006 se diferencia del que marcó pauta en los setenta de muchas maneras, comenzando por la tecnología, claro está, pero de eso ya quedará tiempo para hablar. En lo que respecta a los nuevos personajes, habrá que advertir que se cumple casi a cabalidad la “decisión consciente” de Petersen de no dar demasiadas señas sobre ellos a lo largo de la película, y mucho menos una vez que el barco se torna al revés. A partir de entonces, no quedará tiempo sino para ver cómo carrizo sobrevivir allí adentro.
Como mucho —o quizás en ese único caso se llega a contar demasiado y con cierto tono edulcorado— se expone en el pellejo de Kurt Russell (Dreamer, Tango & Cash, Silkwood) la historia del ex alcalde de Nueva York y recién divorciado cincuentón Robert Ramsey, quien lidia no sólo con los estragos dejados por la enorme ola, sino también con su tendencia a sobreproteger a su única hija Jennifer (Emmy Rossum, la mismísima Christine de El fantasma de la Opera de Joel Schumacher).
De resto, los personajes que bregan por salvarse (unos con mejor suerte que otros) en esta nueva Poseidón, pueden bien resumirse en poco más de media docena, comenzando por el arquitecto homosexual Richard Nelson, en este caso interpretado con rigor por el ganador del Oscar Richard Dreyfuss (La chica del adiós, Tiburón, Encuentros cercanos del tercer tipo), quien se debate entre el suicidio y la vida una vez que su pareja lo abandona; seguido por el apostador profesional ¡y muy apuesto! Dylan Johns, representado por Josh Lucas (A Beautiful Mind, Hulk, Sweet Home Alabama), quien junto al ex alcalde Ramsey asume —sin proponérselo ni quererlo así— el liderazgo en el camino hacia la salvación del grupo.
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FREDDY RODRIGUEZ Y MIA MAESTRO |
Junto a ellos comparten penurias el joven Chris, novio de la hija sobreprotegida a quien la repentina llegada de la ola le arrancó de cuajo el chance de pedir su mano, en este caso llevado a la pantalla por el novel actor Mike Vogel (The Sisterhood of the Travelling Pants); y tras él, la viuda Maggie James interpretada por Jacinda Barrett (Ladder 49, Bridget Jones: The Edge of Reason) y su pequeño hijo Conor (Jimmy Bennett, El expreso Polar), a quien por quererle brindar más atención de la que sus ocupaciones le permiten, decide esta vez darle una linda sorpresa. ¿Y qué mejor regalo que un asueto navideño disfrutado en alta mar?
Para completar el grupo, está la argentina Mia Maestro (vista en la serie de televisión Alias, y en la película venezolana Secuestro Express) encarnando a Elena, una latina que en calidad de polizón viaja en el Poseidón con el único interés de llegar a Nueva York para ver a su hermano enfermo; acompañada por Valentín (Freddy Rodríguez, Six Feet Under), justamente el joven mesonero responsable de haberla incluido como pasajera clandestina, así como responsable también de guiar en una primera etapa al grupo, habida cuenta de sus conocimientos con respecto a la distribución espacial de la enorme embarcación.
Así que historias más, historias menos, he allí el meollo anecdótico en torno al cual se desarrolla esta superproducción que, en palabras de Richard Dreyfuss, a quien poco le cuesta bromear, termina rindiendo honor a aquella pieza infantil que cantada en inglés dice: “One little, two little, three little Indians...”, pero que en el caso particular del Poseidón de Petersen se explica de esta manera: “Primero eran 10 indiecitos, luego fueron nueve, más tarde ocho y así sucesivamente. Todos (en el ínterin) queremos saber quién logra sobrevivir y quién no y por qué. Esa es la naturaleza humana y una gran tradición cinematográfica”. •
mespinosa@eluniversal.com
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Ficción, aunque no tanto
Poco tarda en precipitarse la tragedia en esta nueva entrega de Poseidón: exactamente 12 minutos desde que
el público se sienta en las butacas y comienza la película. Difícil, pues, que el tobo de cotufas se haya vaciado
para el momento en que la descomunal ola abraza al lujoso trasatlántico, dejándolo al revés. Luego de esto se desarrolla una agobiante historia de supervivencia, plena de efectos especiales, aunque sus responsables aclaren que cosas como estas ¡pueden pasar! De hecho, en las notas de producción del film se precisan interesantes datos al respecto: “Más allá de las leyendas marítimas, estas
paredes de agua reportadas por
testigos están siendo actualmente observadas por científicos a través de la tecnología satelital... Serias investigaciones iniciadas en los años noventa confirman que estas olas son responsables de daños ocasionados a cruceros
y embarcaciones petroleras”.
Más específicamente se señala que “reportes de radar en el Mar del Norte dan cuenta de que, en los últimos doce años, se han manifestado aproximadamente 500 asaltos de olas con estas características.
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WOLFGANG PETERSEN |
Y, peor aún, se ha llegado a sugerir que dichos eventos pudieron haber sido la causa del hundimiento de
algunos barcos en las dos últimas décadas”. Siendo esto así, para nada resultaba caprichosa la idea de Petersen de emprender este viaje cinematográfico a bordo de su propio Poseidón. Y mucho menos si, tal como él mismo ha confesado, el agua le resulta “el más peligroso, dramático e impredecible de los elementos (de la naturaleza)”. Quizás por ello tampoco resultan gratuitas sus incursiones debajo y sobre el agua, experimentadas previamente con el film alemán que le abriera las puertas de Hollywood con dos nominaciones
al Oscar (Das Boot, 1981), así como con La tormenta perfecta (del año 2000), basada en hechos reales,
gracias a la cual se consolidó aún más como director de “La Meca”. |
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Producción desbordada
No poca cosa implicó concretar esta superproducción, rodada en más de 100 días con la más moderna tecnología, pero asimismo valiéndose de las herramientas clásicas del cine.
En cuanto a lo primero, sus productores destacan la utilización de la computación gráfica para crear la imagen del océano, los exteriores y el barco entero sin comprometer su escala, así como la pared de agua
de 150 pies de altura que termina sorprendiendo a su tripulación y pasajeros. Tamaña hazaña, pues, considerando que el Poseidón es una nave de 20 pisos, con un total de 800 camarotes y 13 cubiertas, con más de mil pies de longitud y con capacidad para 4 mil personas.
Para lograr ser fidedignos con ese inesperado mundo al revés en el que se convierte la embarcación, se trabajó “al viejo estilo” con concreto, acero y otros materiales resistentes al agua en los estudios de la Warner Bros. en California.
Uno de ellos fue el ya famoso “Estudio 16”, donde el propio Petersen
tuvo la oportunidad de rodar La tormenta perfecta cinco años atrás. El hecho de que dichos espacios cuenten con un tanque con capacidad de 1,3 millones de galones de agua, lo hicieron ideal para recrear el salón de baile del Poseidón cuando era atacado por la inesperada ola.
Pero además se necesitaron otros cuatro estudios para albergar tanto aquellos sets que simulaban el interior del barco en su estado natural (incluido el #19 donde se replicó el mismo salón de baile pero “sano y salvo”), como los demás que retrataban con pasmoso detalle los estragos dejados por el sacudón acuático.
Tampoco resultaron desdeñables
los esfuerzos de los actores a la hora de realizar las escenas de riesgo. Al respecto, coinciden en que fue Josh Lucas el que más lejos llegó
en eso; no sin pasar sustos, eso sí,
como cuando por ejemplo en una larga escena debajo del agua se dió un duro tropezón con Mike Vogel,
lo que le hizo de inmediato sangrar la cabeza, y exactamente así quedó plasmado para la posteridad. El resto es un mar de anécdotas que de seguro recordará el elenco de por vida. Especialmente —aseguran ellos— porque Poseidón les dio
la oportunidad de colocarse en una situación extrema donde la pregunta básica: ¿Qué haría yo en un caso
como éste?, sólo pudo ser respondida en el campo de la ficción. ¡Afortunadamente! |
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