- Las jugadas
de Jonathan Rhys Meyers

- Amílcar Rivero: El eterno novio

CRONICA
- Viaje al mundo Swarovski
- El Poseidón
está de vuelta
- Ronaldinho
Las diez verdades
del 10
- Acoge a un chiquitico en casa
SALUD
- Problema
a la vista
BELLEZA
- Dorado express
DECORACION
- Baños,
todos los materiales
COCINA
- Un paseo
por la cocina peruana
MASCOTAS
- Decisión acertada
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
E-viajes
 
 

Viaje al mundo Swarovski
Carla Tofano

 

No todos los días recibimos buenas noticias, así que por elemental política de supervivencia, nunca olvido los momentos de buena fortuna con los que el destino me honra. Aquella tarde,  la que me plantó de cara al universo Swarovski, estaba en mi carro, embotellada en un tráfico inerte cuando sonó mi celular. No hay teléfono móvil que no te ofrezca conectividad con el mundo que avanza furioso a pesar del congestionamiento de las horas pico. Sin embargo, la comunicación que se activa con cada llamada, sólo algunas veces pone en marcha coyunturas piadosas. Esa tarde, el repique de una llamada a mi teléfono celular precipitó la oportunidad de volver a Nueva York.

“¿Tienes vigente tu visa para Estados Unidos?, ¿te gustaría asistir a un fastuoso evento de lanzamiento en el que van a reunirse periodistas de toda América para conocer la colección otoño-invierno de la marca líder mundial en cristal tallado?, ¿tendrías algún problema en ausentarte durante tres días de tus labores para acompañarnos?”. Como imaginarán, las respuestas fueron una seguidilla de felices afirmaciones, y al cabo de un mes, después de recibir interesantísimas píldoras informativas acerca del evento y de los líderes internacionales que podría entrevistar durante la visita, pude aterrizar en el corazón de un universo construido a partir de macizos destellos.

Conciliar opuestos complementarios como pasión y precisión, poesía y tecnología, innovación y tradición, ha sido el gran reto de una marca que inició su recorrido por el espinoso sendero de la moda, el arte y la belleza en 1895. Sin embargo, hasta mi llegada al New York Palace aquella tarde nublada de 2006, mi experiencia ignoraba tales encuentros. En mi imaginario personal Swarovski era sinónimo de lujo y ostentación pero al mismo tiempo de romanticismo y creatividad. Al evocar la marca, inevitablemente recordaba la colección de animalitos en miniatura que mi mamá coleccionaba como un claro gesto subversivo y tremendista. La vitrina de miniaturas Swarovski que atendía con esmero representaba un claro desafío a su inquebrantable personalidad bohemia. Y para bien o para mal, esa era mi referencia mejor cristalizada.

A la salida del aeropuerto J.F. Kennedy de Nueva York, para llevarnos a Eva Ekvall, Beverly Cohen y esta servidora hasta el hotel, situado en la Avenida Madison con calle 52 nos esperaba un lujoso auto negro. Me asignaron la habitación 602, y como la agenda de encuentros estaba perfectamente sintonizada con la naturaleza austriaca de la firma anfitriona, debíamos dejar las maletas, tomar un baño, acicalarnos y emprender sin demora un viaje a través del traslúcido y evocador firmamento Swarovski. La primera parada fue en el Rockefeller Center, donde presenciamos una maravillosa caída de cristales con más de catorce mil piezas que brillan como espejos de agua, suspendidos a lo largo de los tres pisos del Grand Atrium Lobby del lujoso edificio, a 35 pies de altura. Después de disfrutar una inmejorable panorámica de la ciudad desde la terraza del Rockefeller Center, cenamos a cuerpo de reyes.

El día siguiente superó en atenciones al anterior. Sin embargo, el buen gusto con el que se concibieron todos los pormenores, hizo posible que reinara un clima de agradable informalidad a pesar de las magnas locaciones y las inmejorables presentaciones que se hicieron de Poetic Night. Los periodistas apreciamos extasiados las joyas y los accesorios creados por la directora artística de la firma Rosemarie Le Gallais, en un exquisito homenaje al figurativismo Art Noveau y a la nocturnidad femenina.

Sólo un Swarovki, descendiente directo de Daniel Swarovski, puede ser parte del comité ejecutivo de la compañía. Quizás por ello, la fórmula que da vida al cristal de Swarovski se ha mantenido como el secreto mejor guardado por la compañía desde hace más de 100 años. Sin embargo, los estilismos que lucieron las modelos de la gala de presentación de la nueva colección fueron la auténtica revelación de mi aventura periodística. Lánguidas y etéreas, las chicas que desfilaron evidenciaron que el arte del estilo es sobre todo un asunto de proporciones. Las prendas que lucían se advertían vitales, modernas, precisas, preciosas. Aunque las joyas y los accesorios eran una oda al maximalismo glam, tomaron vida sin verse fuera de todo orden real.

El tercer día llegó y ni siquiera pude pasear por la Quinta Avenida ni hojear la revista Time Out New York. Sin embargo, volví a casa con la sensación de haber sido conmovida por el milagro de la creación y por la solvencia de una tradición genuina e incorruptible. Swarovski es la metáfora de una marca que crea materia a partir del deseo, y la parábola de una organización habitada por 16.000 empleados con sede en 40 países, que ha logrado custodiar el discurso poético del cristal, bajo un poderoso manto de romanticismo y misterio. l

tofano@hotmail.com

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso