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GWYNETH PALTROW
"Soy española porque
sé disfrutar
de la vida"
Su belleza no exuberante genera un dulce sosiego. Madre antes que actriz, hablamos de prioridades y casualidades, en exclusiva.
Por Fruela Zubizarreta
Londres. Viernes en la noche.
La recién implantada prohibición de fumar en los pubs se resume en hordas de eufóricos ingleses generando humo frente a los mismos. He quedado en el Soho con un buen amigo al que hace años que no veo. Toca ponerse al día entre los deliciosos dim sum y los noodles de Yauatcha, el asiático que el estrella Michelin Alan Yau posee en el 15 de Broadwick Street. Afortunadamente, tenemos reserva. Arropados por el bullicio de una muy satisfecha parroquia, llegamos al postre, momento en el que, dos mesas más allá, alguien reclama nuestra atención. "Mira. Están saludándote". ¿A mí? Lo dudo. "¡Que sí! Aquella chica rubia de allí". A ver... ¡No me lo puedo creer! Mi atónito amigo tampoco: "¡Es Gwyneth Paltrow! -exclama. Pues sí que te relacionas bien". Hola Gwyneth, ¡qué casualidad! Y ella, con su encantador acento entre californiano y español: "¡Qué gracia volver a verte! ¿Está todo buenísimo?". La caprichosa ley de las probabilidades quiso hacernos coincidir dos veces en un mismo día en una ciudad de ocho millones de habitantes. ¿Por qué? Tal vez para reafirmar la idea con la que la propia Gwyneth Paltrow titula estas páginas.
Nuestro primer encuentro había tenido lugar cinco horas antes en Mapesbury Road, al norte del popular barrio de Notting Hill, en una casa victoriana protegida por una densa piel de hiedra y dos guardaespaldas de dimensiones y espaldas formidables. Y no, no estábamos atravesando el umbral del hogar británico que la protagonista de Iron Man -el último héroe de Marvel que salta a la gran pantalla-- comparte con su esposo, Chris Martin, el cantante, compositor y líder de nuestra banda inglesa favorita: Coldplay.
Descendiente de la alta sociedad de Hollywood -su padre fue el prestigioso productor y director Bruce Paltrow y su madre sigue siendo la actriz Blythe Danner-, Gwyneth no emplea maneras de superestrella. Encantadora y dulce, su belleza emerge de una luminosa e insobornable personalidad. Recostada en un sofá de raso digno de Alicia en el país de las maravillas, la primera impresión que transmite es la de una mujer que no precisa del artificio para deslumbrar. Sin maquillaje, con un pantalón pitillo, una camiseta negra y una chaqueta malva, tomó la iniciativa. "Hola. Dos besos. ¿Te apetece que hablemos en español? Venga, que así practico un poco".

Retrato de familia. Gwyneth confiesa que en este momento la prioridad es criar a sus hijos Apple y Moses, al lado de su esposo Chris Martin,
líder de la banda Coldplay

Buenas juntas. La actriz siempre había querido trabajar con Robert Downey Jr. Fue él mismo quien la llamó para convencerla de participar
en la versión fílmica de Iron Man
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En nuevos terrenos
Sinceramente, no te imagino
de pequeña leyendo cómics
de Iron Man y similares...
"¡Qué va! A mi hermano Jake le encantaban, pero yo prefería leer las maravillosas historias de Roald Dahl: Charlie y la fábrica de chocolate, James y el melocotón gigante... Reconozco que nunca me han interesado los cómics".
Observando tu carrera, con títulos como Grandes Esperanzas, El talentoso Mr. Ripley, Sylvia..., llama
la atención este giro hacia la
acción y la fantasía…
"Lo cierto es que siempre había querido trabajar con Robert Downey
Jr. (responsable de dar vida al
hombre de hierro) porque es un auténtico genio, uno de los mejores. Cuando me ofrecieron este proyecto, dirigido por un tal Jon Favreau del
que no había oído ni hablar, dije no. Jon me llamó y me prometió que
iba a hacer una buena película de
la que no tendría que avergonzarme... Pero yo seguía en mis trece. Hasta
que un día descuelgo el teléfono
y me encuentro con Downey al
otro lado diciéndome: 'Pero bueno, Gwyneth, cómo es que no quieres estar en una película que va a ir a
ver tanta gente. Por favor, aunque sea por una vez, prueba a experimentar lo que significa formar parte de una superproducción'. Y pensé, por qué no, tal vez tenga razón. Si voy a separarme de mis hijos durante el rodaje, al menos que sea por un proyecto que la gente va a querer ver".
Cuando se gana un Oscar con 26 años, como te ocurrió a ti con Shakespeare in Love, ¿qué queda por hacer?
"Era demasiado joven para un premio tan importante, pero yo soy de ese tipo de personas que piensan que nada en la vida sucede por accidente. El Oscar trajo cosas buenas y cosas malas, pero no cambiaría nada de lo que pasó porque me dio otra perspectiva, otra dimensión de la profesión".
¿A qué cosas malas te refieres?
"A bastantes, la mitad ni te las imaginas. Mucha gente pareció volverse loca a mi alrededor. Al menos, tuve la inmensa suerte de contar con una familia de lo más normal, siempre pendiente de mí. Ya sabes que mi padre no quería que fuese actriz".
Imagino que el disgusto en casa cuando decidiste serlo fue mayúsculo…
"Sí, pero me empeñé como nunca antes en nada. Provoqué una discusión enorme en la familia porque, además, tampoco quería volver a la universidad. Mi padre se ponía enfermo. Hasta que un día fue a verme actuar en una obra de teatro. Tras la función me dijo: 'De acuerdo, tienes talento. Si quieres ser actriz te apoyaré'. Fue uno de los momentos más importantes de mi vida, sin duda".

Buen elenco Paltrow y Downey Jr.
estuvieron acompañados de grandes actores como Terrence Howard
y Jeff Bridges
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Has actuado en The Good Night, la primera película de tu hermano
Jack. ¿Qué tal se lleva recibir
órdenes del pequeño de casa?
"Leí su guión como actriz y como amiga y me pareció realmente bueno. Entonces empecé a dejarme querer. 'Bueno, Jack, si lo ves oportuno, puedo hacer alguno de las papeles pequeños de la película'. Y él: 'No, no... Ni de broma, no quiero que la gente piense que he podido hacer esta película porque tú eras el gancho'. Y, bueno, ahí me dejó. Con el tiempo consiguió unos estupendos actores (Penélope Cruz, Martin Freeman, Danny De Vito) y un buen día me llama y me dice... porque él se había disgustado al tener que dejarme fuera: 'Oye, ahora, como ya tengo a Penélope, me gustaría darte un papel'".
¿Qué tal con Penélope?
"Nos hemos hecho buenas amigas. Cuando coincidimos en la misma ciudad siempre intentamos vernos. Es una persona realmente buena y muy sencilla".
¿Qué te pareció España, años atrás, en tu primera visita como estudiante?
"Todo me resultaba chocante, demasiado distinto. Recuerdo como si fuera hoy que el autobús que me llevaba hasta Talavera no llegaba nunca. Me sentía tan lejos de mi familia que la primera semana me la pasé llorando. Hasta que, de repente, todo cambió y empecé a sentirme muy feliz. No quería volver".
¿En qué aspectos te ha cambiado la maternidad?
"En que ahora tengo claro que mi prioridad es criar a mis hijos. Espero poder hacer una o dos buenas películas al año pero, por encima de eso, están ellos; cada día que pasamos juntos es especial. Me gustaría disfrutar al máximo de su infancia, porque el tiempo pasa volando y no quiero perderme nada. Apple y Moses (el nombre de sus hijos) me han cambiado la manera de ver el mundo. Para mí es importantísimo que sepan que estoy junto a ellos compartiendo sus ilusiones, porque, sobre todo, los respeto".
¿En qué eres superespañola?
"En España aprendí algo realmente importante: que hay que trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Mi prioridad es estar con los míos a toda hora. Soy muy española porque sé disfrutar de la vida".
En Yauatcha, la salida de Gwyneth y sus amigos ha generado cierto revuelo. Cerca de la puerta nos dijo adiós con la mano. Mi amigo y yo nos sentimos observados.
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